El hambre dejó de ser hambre

El hambre dejó de ser hambre

– Edición 515

Imagen de la serie “What We Do in the Shadows”.

La idea de que comer es sólo un acto de supervivencia es, probablemente, la ficción más conveniente que hemos dicho colectivamente sobre el cuerpo

Hambre es una de esas palabras que creemos entender perfectamente hasta que alguien la usa en un contexto que no esperábamos. Decimos que tenemos hambre de justicia, de contacto, de reconocimiento, de venganza, como si el cuerpo y sus necesidades fueran el único lenguaje disponible para describir lo que nos falta. No es casualidad. El hambre, en su sentido más amplio, ha funcionado durante siglos como el marco más honesto que tenemos para hablar de deseo: de lo que queremos, de lo que se nos niega, de lo que tomamos sin permiso y de lo que ofrecemos cuando algo se aleja de nosotros.

La idea de que comer es sólo un acto de supervivencia es, probablemente, la ficción más conveniente que hemos dicho colectivamente sobre el cuerpo. Porque en cuanto te das la oportunidad de rascar un poco, lo que encuentras es que la forma en que una cultura decide alimentarse, lo que prohíbe, lo que glorifica, lo que convierte en tabú, dice mucho más acerca de sus jerarquías, sus miedos y sus deseos que cualquier declaración explícita. El ayuno medieval no era únicamente abstinencia: era poder. La delgadez contemporánea no es solamente estética: es disciplina moral con un nombre más fácil de tragar. Y el canibalismo, desde que existe literatura para contarlo, no ha sido nunca una rareza al margen: ha sido la forma más extrema de preguntar dónde termina un cuerpo y empieza el de otro.

Lo que sigue es una exploración de esas intersecciones, de los lugares donde el hambre deja de ser literal y se convierte en el argumento central de cómo nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos.

“Comida, placer y simbolismo sexual en el arte”

¿Por qué la comida en el arte se siente tan erótica? Julia Salinas responde con un ensayo que va de Caravaggio y el Edén hasta Helmut Newton y Carol J. Adams, con la inolvidable escena del durazno en Call Me by Your Name, seguida de haber analizado los clásicos. Explora cómo comer y desear comparten los mismos circuitos cerebrales, y cómo eso ha dado a los artistas un lenguaje poderoso para hablar del cuerpo sin nombrarlo directamente. Entre otros argumentos habla de cómo el simbolismo alimentario ha reducido históricamente el cuerpo femenino a algo consumible y cómo el arte feminista lo ha revertido.

Heroin Chic 1997

El debate en torno a la estética heroin chic nunca fue si se estaba glamurizando la enfermedad (es obvio que lo hacía): la discusión real siempre se trató de por qué una estética sombría se volvió tan poderosa, tan codiciada, tan odiada y tan amada al mismo tiempo. Había ahí una ruptura deliberada con cualquier ideal de salud o aspiración de belleza: una belleza que no prometía nada bueno, y que por eso mismo se sentía más honesta que todo lo que vino antes. Me parece urgente revisitar este video hoy; en un mundo cada vez más polarizado, el auge del fitness extremo como estilo de vida está abriendo de par en par la puerta de regreso a uno de los momentos más oscuros de la cultura popular.

“La gente con hambre no puede tener relaciones sexuales”

La lógica católica de que controlar el cuerpo aleja la lujuria reapareció en la cultura contemporánea del autocontrol sin que nos diéramos cuenta. En este ensayo se plantea la convincente idea de que tu relación con el sexo, el dinero y la comida son, en el fondo, la misma cosa. Un discernimiento en torno a uno de los temas más hablados del siglo XXI que, con un lenguaje figurativo perfectamente asertivo, traza una línea directa entre el ayuno medieval de las monjas que se negaban a comer para mantenerse puras y la cultura actual que sigue, sin amenaza aparente, vendiendo la delgadez como virtud.

What We Do in the Shadows

“¡Ya no los hacen como antes!” (hablo de los mockumentaries, no de los hombres). Me atrevo a decir que no ha vuelto a existir un peak de comedia desde 2014 con What We Do in the Shadows, de Taika Waititi y Jemaine Clement. Una parodia documental sobre vampiros neozelandeses que parecen humanos sólo cuando necesitan apoyo emocional para beber sangre y cuya narración de esas convivencias eternas ofrece un guion infinitamente citable. De esas con la esencia de aparecer exclusivamente en el Canal 5 o en mubi (no hay un punto medio).

“Canibalismo en el teatro inglés de principios de la Edad Moderna”

Shakespeare y sus contemporáneos ya ponían en escena el acto de comerse al otro como una forma de hablar de venganza, deseo y poder, con una naturalidad que dice mucho acerca de lo que esos públicos entendían del cuerpo humano y sus límites. En este videoensayo se rastrea cómo obras como Titus Andronicus, La Tempestad o ‘Tis Pity She’s a Whore revelan una capa que la lectura escolar nunca menciona y que tiene mucho más que ver con el miedo al otro y con los límites de lo humano que con cualquier idea de horror convencional.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MAGIS, año LXII, No. 515, julio de 2026, es una publicación electrónica mensual editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: José Israel Carranza Ramírez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Édgar Velasco, 1 de julio de 2026.

El contenido es responsabilidad de los autores. Se permite la reproducción previa autorización del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO).

Notice: This translation is automatically generated by Google.