Intriga y ciencia
Juan Nepote – Edición 517

La historia de la ciencia está llena de episodios de intriga en relación a las mujeres: de 645 premios Nobel, sólo 27 han sido mujeres
Desde una perspectiva gramatical, se trata de dos sustantivos femeninos. Pero, en la experiencia cotidiana, se trata de dos asuntos controlados por hombres. El Diccionario de la Real Academia Española (RAE) —un consorcio que desde su fundación en 1713 ha reunido a 485 académicos, de los cuales sólo 16 han sido mujeres— define Intrigar como: “Manejo cauteloso, acción que se ejecuta con astucia y ocultamente, para conseguir un fin”. En cambio, el diccionario que realizó sin ayuda de nadie más la filóloga y lexicóloga, archivera y bibliotecaria española María Moliner enuncia que una intriga puede ser la “intensa curiosidad que despierta en alguien cierta cosa”. Lo cierto es que la propia Moliner fue víctima de una intriga al estilo RAE, cuando el académico Camilo José Cela consiguió en 1972, con astucia y ocultamente, que no se convirtiera en la primera mujer aceptada como parte de la Real Academia Española.
La historia de la ciencia está llena de episodios de intriga en relación a las mujeres, tanto en el sentido que señala el diccionario académico como también a partir de esa “intensa curiosidad” de la que hablaba María Moliner. De esto último es posible hallar evidencias al menos desde el siglo XVI, cuando la danesa Sophie Brahe se dedicó a indagar el cielo cuando todavía no se habían inventado los telescopios, así que tuvo que ingeniar sus propios aparatos para observar con curiosidad los cuerpos celestes: sextantes, astrolabios esféricos o cuadrantes, herramientas todas ellas con las que pudo combinar su habilidad matemática con sus vastos conocimientos astronómicos; pasando por la suiza Maria Sibylla Merian en el siglo posterior, cuya habilidad técnica extraordinaria le facilitó pintar insectos y plantas, inventando también sus propios instrumentos de dibujo o modificando las que ya existían para mejorarlos. Sus libros, como Nuevo libro de las flores o La maravillosa transformación de las orugas y las plantas que las nutren, fueron auténticos ejercicios de innovación científica y artística, porque nunca antes se habían representado los insectos y las plantas con la profundidad y con el cuidado a los detalles que ella tuvo; la estadounidense Josephine Garis Cochrane, en el siglo XIX, quien descubrió que lavar los trastes a mano no sólo podía provocar accidentes, sino que esa actividad también exigía mucho tiempo. Así, convirtió aquella vieja cabaña que tenía en la parte trasera de su casa en un laboratorio tecnológico: midió el tamaño de los platos, las tazas, los vasos, los cubiertos, dibujó compartimentos para contenerlos al interior de depósitos donde recibían agua caliente mezclada con jabón gracias a un motor y a una caldera de cobre. Es decir, diseñó y construyó el primer lavavajillas de la historia y obtuvo la patente de invención por ello, entre muchos casos más; hasta llegar al episodio de la inglesa Rosalind Franklin, quizás el mayor caso de infamia científica: especialista en cristalografía, estudió el carbón y el grafito a nivel molecular y luego analizó la estructura genética de los virus de las plantas. Su talento para emplear las herramientas de laboratorio y hacer pruebas experimentales la convirtieron en la persona que lograba las mejores fotografías de moléculas. Una de sus imágenes sirvió como prueba esencial para descubrir la estructura de doble hélice del ADN, uno de los hallazgos más importantes del siglo XX, aunque nunca recibió el justo reconocimiento por ello.
Que poco o nada escuchemos acerca de estas mujeres cuando el relato histórico de la ciencia atraviesa siempre los mismos nombres (Pitágoras, Galileo Galilei, Isaac Newton, Charles Darwin, Albert Einstein) es otro ejemplo más de intriga científica en contra de las mujeres, que se puede medir también así: en toda la historia de los premios Nobel se han entregado 645 galardones en sus tres categorías científicas: Fisiología o Medicina, Química y Física, de las cuales únicamente 27 han sido para mujeres.