A toda intrigosa le llega su hora
Abril Posas – Edición 517

Le dio vergüenza aceptar que fue de las últimas personas en saber que se deben construir tramas a su alrededor para atrapar el cariño de alguien. Que la intriga que más odiaba era el engaño del cariño que llegaba por sí solo
Si le preguntan va a decir que es porque le explicaron mal. O tal vez no entendió bien. Pero la cosa es que, según sus conclusiones, la idea era que la gente se gana el cariño. O mejor dicho: ella se debe ganar el cariño de otra gente. Se trata de un ejercicio de méritos, de una acumulación de argumentos que sustenten recibir el amor de alguien más. En la escuela católica a la que asistió hasta la secundaria se profesaba una idea parecida, porque cada mes se tenía que autoevaluar frente al resto de la clase de Educación en la fe, poniendo a los pies de las demás los aciertos y los errores que sumaban o restaban puntos. La propia calificación la decidía cada una; para ella significaba qué tanto merecía recibir y nunca era mucho porque esto es algo serio, no un concurso más para adornar el currículo.
Hasta que un día aprendió que no era exactamente así. La escritora Brenda Navarro dijo en un tuit: “¿Saben qué cambia el mundo? La pasión, no el buenismo”. Se refería al fútbol, y de todas formas aplica a cualquier otra cosa. Entonces las películas románticas la habían convencido de una realidad torcida: no te quedas con el protagonista por ser buena gente, sino por química. Y como con la química, se puede hacer trampa. Si no producimos suficiente serotonina, la ingerimos: si necesitamos una sobredosis de serotonina, la buscamos en donde sea, por muy breve que sean su efectos.
Así que se cansó de ser justa y se volvió tan corrupta como agente de la FIFA, como político poscampaña. Amañó elecciones, pactó resultados de marcadores, regaló comida a los votantes, hizo promesas que sabía que no iba a poder cumplir. Mintió sin un ápice de remordimiento: “Claro que me gusta Korn”, dijo fingiendo que no le importaban las burlas de sus compañeros cuando se le acercó el estudiante de arquitectura después de clases; hasta declaró que le era sumamente difícil ser cruel con alguien más —en realidad es, ante la sorpresa de nadie, lo más sencillo del mundo y, modestia aparte, le sale muy bien—.
No era la única. Le dio vergüenza aceptar que fue de las últimas personas en saber que se deben construir tramas a su alrededor para atrapar el cariño de alguien. Que la intriga que más odiaba era el engaño del cariño que llegaba por sí solo. Que por la pasión por ser feliz, podría decirse, necesitaba un plan: una visita “improvisada” con un six, no tan espontánea porque primero se aseguraba de tener libre el día siguiente, por si acaso… Y una vez le funcionó espectacularmente, a diferencia de otras de sus intrigas, al menos durante un tiempo. Encontró a alguien que pensaba que era buena idea entregarle todas sus horas gracias a esas cervezas un viernes por la noche. El último de los ingenuos, pensó, también el último de los buenos.
Hasta que el ardid se fue desmoronando. No le consta, pero sospecha que la intriga quedó de alguna manera expuesta, ¿y a quién podría sorprenderle? Los cimientos eran tan sólidos como el litro y medio de malta que lo empezó todo. Reprobó la última evaluación. Una verdadera lástima.
Pero a toda intrigosa le llega su hora.
Sin sospechar nada, mientras un castillo de naipes se caía, otra persona le estaba poniendo atención, tomaba sus notas, esperaba el momento justo para poner a correr sus planes. Ella no tuvo que hacer nada, no sabía que estaba a prueba, no entregó ofrendas ni ganó puntos. Es más, hasta fue cruel. No movió un dedo para ganarse a nadie. Y quién sabe cuánto tiempo después, mientras preparaban el café una mañana de domingo, la invadió una pequeña epifanía —al igual que con las coincidencias, existen de diferentes tamaños, aunque eso no influye en su importancia—.
“Tú… ¿planeaste todo esto?”, le dijo, más como una afirmación que como una pregunta. Él nada más sonrió. Oh, entonces ella es la última de las ingenuas, de las no tan buenas, que ahora tiene una intriga favorita.