Patti Smith o la mística del punk
David Miklos – Edición 518

Cantautora, sí, pero sobre todo una artista total. Así puede resumirse la trayectoria de una de las figuras más relevantes de la segunda mitad del siglo XX, de lo que va del XXI y, en última instancia, de la posteridad
Jesus died for somebody’s sins, but not mine.
—Patti Smith, “Gloria: In Excelsis Deo”, Horses (1975).
La puerta está abierta. La mujer se detiene, sorprendida, en el umbral y lleva sus manos, las yemas encontradas, a la boca, en una especie de rezo, una oración súbita; el pelo entrecano, largo, peinado con un par de trenzas que descansan sobre la parte frontal de su saco, los ojos detrás de sus lentes sumados al asombro, igual que el resto de su cuerpo de 79 años, suspendido por un instante en estado de gracia, gracia bajo presión.
En ese momento, el hombre al otro lado del umbral tiene 70 años y está vestido íntegramente de blanco, incluido el solideo que le cubre la parte superior de la cabeza; su rostro, que vemos de perfil, muestra una sonrisa amable, pacífica, casi contenida; un gesto de cálida bienvenida y reconocimiento absoluto.
Ambos, hombre y mujer, nacieron en Chicago.
Sus nombres son Robert —aunque ahora le dicen Leo— y Patti.
Robert Prevost, es decir, León XIV, y Patti Smith: un papa y la reina del punk.
1946-1964/1969-1974: nacimiento y germinación de una artista total
Decir que Patti Smith es una cantautora, es decir, una poeta que le otorga voz, ritmo, estilo y música a su escritura —al revés que los griegos homéricos, aunque en la misma dirección: la posteridad—, es mencionar apenas una de las aristas de su larga carrera como artista total, si bien una de las maneras más sencillas de contar su historia es por medio de los discos que ha grabado y las influencias y asociaciones musicales y artísticas que ha tenido.
Nacida el 30 de diciembre de 1946 en Chicago, es la hija primogénita de Beverly Smith, una cantante de jazz que trabajaba como mesera, y Grant Smith, un maquinista de la compañía Honeywell; cuatro años después, la familia se mudó a Filadelfia y, luego, a Nueva Jersey, en donde los Smith terminaron de asentarse junto con su hija mayor y sus hermanas Linda, Todd y Kimberly. Hacia 1964, nuestra artista ya era una entendida de la música y su madre le regaló Another Side, de Bob Dylan, acaso una de sus primeras y más detonantes influencias. Ese mismo año, Smith concluyó la preparatoria, para luego ingresar a la universidad, cuyos estudios no concluyó.

En 1969 se fue a París en compañía de su hermana, donde comenzó a hacer arte performativo; de regreso en Estados Unidos, se estableció en Manhattan, su sueño, y conoció al fotógrafo Robert Mapplethorpe, con quien vivió en el hotel Chelsea y mantuvo una relación amorosa que devino en una amistad profunda y una mancuerna creativa sin parangón.
Ya en Nueva York, a inicios de los años setenta se dedicó a la pintura, la escritura y la actuación; en 1971 coescribió la obra de teatro Cowboy Mouth con Sam Shepard, al que le dedicó varios poemas, fruto de su relación. Ese mismo año, Patti Smith ofreció su primera lectura de poesía, acompañada por el guitarrista Lenny Kaye, y fue en ese momento que la música terminó de entrar en su vida: escribió la letra de varias canciones del grupo de rock Blue Öyster Cult, que la consideró como su posible cantante.
En 1973 se alió nuevamente con Kaye y reclutaron al pianista Richard Sohl para conformar un trío que, pronto, evolucionó en una banda completa, con la suma del bajista y guitarrista Ivan Král y del baterista Jay Dee Daugherty. Es así como en 1974 nació el Patti Smith Group, cuyo primer lanzamiento fue el sencillo Hey Joe, una reversión del clásico de Jimi Hendrix intervenida por una pieza hablada sobre Patty Hearst y cuyo lado b es “Piss Factory”, canción en la que Smith habla de su mala experiencia en la línea de producción de una fábrica en la que trabajó después de concluir la preparatoria.
Ese mismo año, Patti Smith colaboró con Ray Manzarek, tecladista de The Doors, en “I Wake Up Screaming” (le dieron el crédito de poetess, poetisa, hoy en franco desuso), canción de su segundo álbum solista The Whole Thing Started with Rock and Roll Now It’s Out of Control, en donde recita “Ensenada”, poema de Jim Morrison (muerto tres años antes) aparecido en The New Creatures (1969), otra de sus preclaras influencias creativas junto con Hendrix y Arthur Rimbaud, su poeta de cabecera.
1975-1979: el florecimiento de la reina y madrina del punk
En 1975 se cumplió un lustro de la desintegración de The Beatles en Inglaterra y del paso de The Velvet Underground (1967-1970) por Estados Unidos, en donde comenzaban a refinarse el rock comercial y de estadio, el motown y la música disco.
A la par de lo más evidente, el punk, un nuevo género, que en realidad era una nueva actitud ante la escena sonora, aflora de manera simultánea, pero disímil, en ambos lados del Atlántico: allende el Reino Unido, se formaron los Sex Pistols (que no lanzará su debut sino hasta 1977, poco antes de su separación), mientras que en Estados Unidos el garage rock dio pie a bandas tan distintas como Ramones y Television, cuyos antecedentes inmediatos eran —además de The Velvet Underground— Suicide y MC5, hoy definitivos emblemas y vanguardistas del protopunk.
Es entre todos ellos que Patti Smith, junto con su grupo, aparece como una verdadera punta de lanza, la primera artista en grabar algo completamente nuevo a partir de algo totalmente asentado: el rock. Mezclado con la poesía —a la Jim Morrison—, el estilo de Smith es de una crudeza quintaesencial, un entrecruzamiento del rock más básico, insuflado de vida por la energía y arrojo de la cantante y la visión musical de Kaye, uno de los guitarristas fundamentales de la época, junto con Tom Verlaine y Richard Lloyd de Television.
De todos los debuts de 1975, Horses es el más original y desmarcado del resto. Lanzado el 10 de noviembre, el disco producido por John Cale y publicado por Arista abre con una canción en la que Smith muestra su habilidad para insertar la poesía dentro de la aparente convencionalidad de una canción de tres acordes ya exitosa para entonces: “Gloria”, original de Them, sencillo de The Angry Young Them, compuesta por Van Morrison y transformada 11 años después en “Gloria: In Excelsis Deo”, que comienza con un verso seminal y una declaración de principios: “Jesús murió por los pecados de todos, menos los míos”, para desembocar en un in crescendo casi delirante y progresivo.

Incluso la portada es una declaración de principios: retratada por Robert Mapplethorpe en una sesión de apenas 12 fotos —hacia la octava el fotógrafo le dijo a la cantante que “ya la tenía” —, Patti Smith, andrógina y sin maquillaje, despeinadamente peinada, aparece en una pose desafiante a la Charles Baudelaire, con una camisa blanca arremangada y desabotonada, pantalón negro, un saco con un broche de un caballo en la solapa al hombro y un listón suelto que va del cuello a la cintura, todo un reto a la visión que la industria discográfica tenía de las mujeres (Camille Paglia dijo que era uno de los mejores retratos hechos a una mujer).
Y no sólo eso: Horses va firmado nada más (y nada menos) por Patti Smith. Una solista, una mujer acompañada de puros hombres. Una mujer protagónica. La madrina, para no decir la madre, del punk.
Pese a la dificultad de la producción dadas las naturalezas de la cantante y de su productor (ambos de una grandeza y una determinación artística notables), Smith quedó satisfecha con el disco, sobre todo con dos de sus canciones, las más largas de la obra: “Land” y “Elegie”. En el disco colaboran los guitarristas Tom Verlaine y Allen Lanier (Blue Öyster Cult) y, además de las influencias ya citadas en los párrafos previos, Smith cierra con una reversión de “My Generation”, de The Who, perenne canto de rebelión y desafío a la autoridad.
Además de Horses, el Patti Smith Group lanza tres discos en la segunda mitad de los setenta (cuatro obras de una discografía total de once long plays, es decir, la tercera parte de su discografía): Radio Ethiopia (1976), Easter (1978) y Wave (1979).
La obra segunda es, sin duda alguna, la más complicada (no siempre la más compleja). Si Horses es potente, un clásico instantáneo y desmarcado, Radio Ethiopia es el preclaro ejemplo del punk de la palabra de Patti Smith. Una obra energética, más que potente: es la velocidad de la luz, el saberse única y saber que lo es para quien la abraza y la escucha. La fotografía de la portada es de Judy Linn; el disco está dedicado a Rimbaud y Constantin Brâncusi, además de que en su contraportada muestra el mensaje “Free Wayne Kramer” (Kramer, activista y antiguo guitarrista de MC5, fue encarcelado después de una condena por vender cocaína a unos policías encubiertos).

Superado el miedo al abismo del sophomore, la tercera obra es una consolidación absoluta: Easter, producido por Jimmy Iovine, se abre al tiempo presente desde un punto de vista abarcativo, tanto así que Patti Smith rescata una canción en apariencia fallida de Bruce Springsteen, la contiene, la abraza y le da voz y vida, el sencillo más exitoso y reversionado de nuestra artista: “Because the Night”, que The Boss gusta de cantar en vivo. Ambos, Smith y Springsteen, derivaron de manera natural al pop, ese género entre la genialidad y la basura, la empresa mayor. Y ambos lo lograron, cada uno a su modo, cada uno a su tiempo. Smith lo hizo de inmediato en Wave, producido por Todd Rundgren, con su canción más alegre y en estado puro: “Dancing Barefoot”, además de su más amorosa canción de amor: “Frederick”, dedicada también a su prometido, Fred Sonic Smith –de MC5, la mención previa no es gratuita– y ritornello a “Because the Night” y “So You Want to Be a Rock ‘n’ Roll Star”, una apropiación de la original de 1967 de The Byrds aparecida en Younger Than Yesterday, de McGuinn y Hillman.
La portada de Wave es quizá la más hermosa de las portadas de Smith, con fotografía y diseño de Mapplethorpe, en donde Patti, vestida holgadamente de blanco, aparece junto a una planta de la que parece estar saliendo, mirándonos de frente. El disco está dedicado a Juan Pablo i, que fue papa durante el mismo lapso de 33 días de 1978 en el que Patti Smith grabó su Wave, dedicado a la humildad y la sonrisa de Su Santidad. Y es que la religión es fundamental en el ser y la persona y la conciencia que es Patti Smith, educada como Testiga de Jehová, en realidad judía patrilineal, admiradora de los mejores papados y, en el fondo y en la superficie, respetuosa de la espiritualidad, en todas sus facetas.

1988: la era familiar
La década de los ochenta significó un remanso para nuestra artista, cuya vida se asentó en más de un sentido. Después de una larga relación con Allen Lanier, Patti Smith casó con Sonic Smith (muchos bromeaban con que el matrimonio había sido posible porque Patti no tendría que tomar el apellido de Fred) y tuvo dos hijos: Jackson, nacido en 1982, y Jesse Paris, nacida en 1987.
El mismo año del nacimiento de Jesse, Patti y Fred grabaron un nuevo disco: Dream of Life, lanzado en junio de 1988, nueve años después de Wave. El primer sencillo fue “People have the Power”, una canción de rock puro, con un sonido fiel a sus tiempos y con una producción fina, más cercana al rock de estadio que al punk y el garage de Smith. Más que un parteaguas, Dream of Life es una obra de madurez, de comprensión del paso del tiempo; en suma, una obra de adaptación al presente y a las nuevas circunstancias y prioridades vitales de Smith: la familia y sus amistades cercanas. En su portada —un retrato de su cómplice eterno, Robert Mapplethorpe— vemos a una Patti sosegada y plena, la mirada calma, en una actitud no rebelde sino receptiva, de madurez consumada.
En 1989 muere Mapplethorpe, golpe que ayuda a explicar el súbito silencio discográfico de Patti Smith durante más de un lustro. Veintiún años después de la muerte de su soulmate creativo, Smith publicó el libro de memorias Just Kids, en donde cuenta los pormenores de la compleja relación que tuvo con el fotógrafo y artista. La obra fue acreedora del National Book Award en la categoría No-Ficción.
La carrera como escritora de memorias de Patti Smith prosiguió en 2015 con la aparición de M Train, obra a la que se sumó Bread of Angels en 2025, en una senda distinta a la de su obra discográfica y que permite constatar su habilidad narrativa y literaria, sumada a su feroz poética trascendental. Una artista total, valga la redundancia.

1995-1997: las elegías y el duelo profundo
Animada tanto por el poeta beat Allen Ginsberg, viejo amigo, como por el cantante de R.E.M. Michael Stipe, con quien inició un vínculo amistoso, luego colaborativo, Patti volvió a la escena y al escenario, aunque brevemente, en compañía de Bob Dylan en diciembre de 1995; Stipe fue el fotógrafo de los conciertos, cuyos retratos —por ahí aparece Ginsberg— se convirtieron en el libro Two Times Intro: On the Road with Patti Smith (2011).
En 1996, Smith y su grupo volvieron al estudio, aunque sin Richard Sohl, muerto el 3 de junio de 1990, una de sus primeras pérdidas significativas después de la de Mapplethorpe, a la que se sumó la de Fred, su marido, el 4 de noviembre de 1994; un mes después, el 4 de diciembre, murió su hermano menor, Todd, que también fuera su road manager.
Gone Again es un disco elegíaco por donde se le escuche: además de un tributo a Fred, contiene un par de canciones coescritas con Patti, sumadas a “About a Boy”, dedicada a Kurt Cobain, muerto a los 27 años el 5 de abril de 1994 después de una carrera que, aunque fugaz, marcó la historia del rock y sus derroteros. Durante varias de sus apariciones en vivo, Smith tocó su versión de “Smells Like Teen Spirit”, fruto de la admiración que Cobain, su fan –como Stipe y tantos otros–, había provocado en ella.
El sexto disco de Smith es, desde su portada (un retrato de la cantante realizado por Annie Leibovitz), un álbum de duelo y contención, de acompañamiento, en donde encontramos de nuevo a John Cale y a Tom Verlaine, además de una reversión de “Wicked Messenger”, de Bob Dylan. En esta obra sobresale la colaboración de Jeff Buckley, que aporta su voz angélica y en estado de gracia a la canción de duelo funerario “Beneath the Southern Cross” (coescrita con Lenny Kaye), así como el esraj (un instrumento de cuerdas de Asia del sur) en “Fireflies”; estas fueron sus últimas grabaciones en estudio antes de morir ahogado el 29 de mayo de 1997. Cuenta la historia que Buckley nada más andaba de paso por el estudio Electric Lady, en Nueva York, en el momento preciso; una afortunada casualidad.
Además de lo anterior, en 1996 se consolidó la amistad entre Smith y Stipe, cuyo resultado fue la invitación que R.E.M. le hizo a grabar su voz, su palabra con ellos en “E-Bow the Letter”, el primer sencillo de New Adventures in Hi-Fi, décimo álbum de la banda lanzado el 19 de agosto de 1996.
En 1997 vio la luz Peace and Noise, una suerte de coda y verificación del regreso en forma de Smith, cuya forma de encarar el duelo y las demasiadas pérdidas fue mantenerse creativa. En 1998, el único sencillo del disco, “1959” (compuesto junto con Oliver Ray, poeta callejero del ruido, reclutado como nuevo miembro del grupo), fue acreedor de una primera nominación al Grammy. En su última canción, “Last Call”, podemos escuchar la colaboración vocal de Michael Stipe, prueba de la consumación de una fructífera amistad personal y creativa.

2000-2026: reina del punk y artista total definitiva en el nuevo milenio
En la primavera de 2001, Patti Smith lanzó su octavo disco y última grabación en estudio con el sello Arista: Gung Ho (“trabajemos juntos”, en chino), cuyo primer sencillo, “Glitter in the Eyes”, con las colaboraciones de Verlaine y Stipe, le significó una segunda nominación al Grammy. También contiene la canción elegíaca “Grateful”, dedicada a Jerry García, muerto el 9 de agosto de 1995, otro guiño preclaro a las influencias y afinidades electivas de Patti Smith dentro de la arena musical estadounidense.
El 19 de marzo de 2002, a un paso de la primavera, Patti Smith lanzó Land (1975-2002), una compilación de 17 piezas y poco más de 70 minutos dedicada a Richard Sohl, entre las que sobresale la reversión de “When Doves Cry”, del entonces aún vivo Prince, su última pista.
Primer disco de Smith con el sello Columbia, Trampin’ (2004) es una suerte de obra de renovación total (aunque pleno de su estilo y su voz quintaesencial), en la que la nueva alineación del grupo y sus colaboradores invitados demuestran, una vez más, el alcance creativo, ilimitado, de nuestra artista total. Lo dicho puede escucharse en Trampin’… Live aux Vieilles Charrues, aparecido poco después.
En 2008, Patti Smith editó un par de grabaciones en vivo de The Coral Sea (1996), realizadas en 2005 y 2006 en compañía de Kevin Shields, guitarrista de My Bloody Valentine. Se trata de un largo poema dedicado a —y protagonizado por— Robert Mapplethorpe en su viaje último a ver la Cruz del Sur, una épica odiseica hacia la morada última.
Twelve (2007) es una obra desmarcada del pleno de su obra anterior; original en un sentido distinto: el del arte de la reversión. Está integrado por canciones aparecidas entre 1967 y 1992, admiradas, afines e influencias transparentes en nuestra artista: de The Jimi Hendrix Experience, The Beatles (con una canción de George Harrison), The Doors, The Rolling Stones y Jefferson Airplane a Nirvana y R.E.M., pasando por Crosby, Stills Nash & Young, The Allman Brothers Band, Stevie Wonder, Bob Dylan, Paul Simon y Tears for Fears. Entre todas sobresale “Smells Like Teen Spirit”, finalmente grabada en estudio por Smith, uno de sus homenajes más emotivos.
El último y más reciente disco de Smith es Banga (2012), producido por su propio grupo. Fue lanzado en la fecha en la que Horses fue grabado, en 1974, y es, desde un punto de vista de producción, la obra más fina de Patti Smith: abre con “Amerigo”, canción acompañada de cuerdas, y es seguida por su sencillo único, “April’s Fool”, casi una balada, para cerrar con “After the Gold Rush”, de Neil Young, una de las reversiones más estremecedoras encarnadas y encaradas por Smith. El onceavo disco de Patti Smith es también una reunión de amigos, colaboradores y familia, por cuyos tracks circulan sus hijos Jackson y Jesse, Johnny Depp y Tom Verlaine (muerto el 28 de enero de 2023), entre otros.

Coda
El 29 de abril de 2026, Patti Smith fue condecorada con el premio Princesa de Asturias de las Artes “por su impetuosa creatividad, que conecta el rock, la poesía simbolista y el espíritu de la contracultura con una gran potencia expresiva. Intérprete de estilo vigoroso, ha plasmado la rebeldía del individuo en la sociedad en canciones palpitantes, algunas de las cuales ya son iconos de la música popular de nuestro tiempo. Como escritora, ha transmitido una visión poética de la vida, comprometida con ofrecer un mensaje de esperanza frente a las injusticias. Con una actitud inconformista y transgresora, ejemplo para muchas artistas, ha conmovido a oyentes y lectores de todo el mundo y sigue inspirando a las nuevas generaciones”. Hace apenas unos meses, Patti Smith visitó el Vaticano y fue recibida por León XIV, al que la artista total tuvo en gran estima. Es la misma artista cuya carrera musical inició, de manera declarada, con el verso “Dios murió por los pecados de todos, excepto los míos”, poseedora por siempre de su pecado original, que es en realidad la virtud iluminada y la mística gracia.
