Luis Barragán, laberinto y magia, novedad y memoria

Luis Barragán, laberinto y magia, novedad y memoria

– Edición 490

La Casa ITESO Clavigero fue proyectada por Luis Barragán. Fotos: Oficina de Comunicación Institucional

“La gran lección de Barragán: conectar la tradición de México con la modernidad, una operación imposible que en su obra es posible”, afirma Guido Morpurgo, quien trabajó con estudiantes de Arquitectura en el ITESO para destilar los elementos fundamentales de la Domus Barraganiana

Ninguna arquitectura de Barragán es perenne.
Depende del existir, el suyo o el del Otro. De los gestos del existir. Como templo que se rehace cíclicamente, pero de otro modo, esa Arquitectura en continua degradación se reconstruye en la Memoria; se encuentra en las ruinas, en el lujo de un fresco milagrosamente conservado bajo la Tierra, dispuesto al redescubrimiento, bajo los venenos del aire.
Ninguna innovación abandona la antiquísima razón.
No hay innovación. Hay un reencuentro de la inocencia, una conquista del Estado de Gracia, para que no se pierda la Memoria.

—Álvaro Siza1

Aunque toda la obra de Luis Barragán desapareciera, la memoria de sus enseñanzas permanecería en el mundo. Y con ella se podría hacer nueva arquitectura. Este espíritu de inmortalidad creadora está en la base del taller Domus Barraganiana, que Guido Morpurgo impartió en el ITESO.

En el taller, con el que se inaugura un convenio de intercambio con la Università IUAV di Venezia, los estudiantes participantes trabajaron con los planos de casas de Barragán, por ejemplo, la Gilardi, situada en Ciudad de México, y la Cristo, en Guadalajara. Luego de reflexionar acerca de múltiples factores, cada equipo realizó una variante de los proyectos originales.

Las casas de Luis Barragán (Guadalajara, 1902-Ciudad de México, 1988) están en el centro de las indagaciones de Morpurgo, quien, para empezar, habla sobre los jardines y los patios en esos hogares: “No son elementos que se hacen después, sino que forman parte de un organismo en el que hay espacios abiertos y cerrados. La poética de Barragán es laberíntica. Los espacios interiores se articulan de manera compleja. En la Casa Luis Barragán (en Ciudad de México), por ejemplo, existe un espacio interior en el centro, que es el nudo de articulación de todos los espacios, incluido el jardín. Esa habitación, donde está la escalera, es mágica”, afirma el arquitecto y profesor italiano.

Guido Morpurgo (Milán, 1964), doctor en Arquitectura por el Politécnico de Milán, enseñó Diseño Arquitectónico ahí de 2011 a 2020, año en que comenzó a dar clases en el IUAV (Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia). Pertenece a la Academia Nacional de San Lucas desde 2021. Fundó en 2006, junto con Annalisa de Curtis, el despacho Morpurgo de Curtis Architetti Associati, en donde han creado, principalmente, museos y equipamiento para exposiciones, vivienda (casas y departamentos), interiores, diseño urbano y de paisaje.

Algunos de sus proyectos más recientes son el complejo de edificios de departamentos Abitare Pioltello y el museo Memorial de la Shoah de Milán. “En general, nuestros proyectos ‘escuchan’ el espacio en el que cobrarán vida y destacan lo que ya existe, mejorando el contexto, recuperando su preciada historia y su calidad, al tiempo que transforman un espacio público en un espacio comunitario, a pesar de sus funciones originales y su equipo”, se puede leer en el sitio de Morpurgo de Curtis.

La casa, según Barragán

Entre la práctica real y actual de Guido Morpurgo y las enseñanzas de Barragán hay puntos de contacto importantes. El nombre del taller impartido en el ITESO vincula la historia de la casa, en general, con la propia propuesta del arquitecto tapatío. La idea de la Domus Barraganiana “es la posibilidad de realizar proyectos de interpretación como variantes sintéticas de algunos casos, siempre con la idea de construir una conexión con la ciudad, de hacer una propuesta para la ciudad; de reconocer el valor urbano de las casas de Barragán”.

Muchas de las casas de Barragán en Guadalajara fueron construidas en los años veinte del siglo pasado (como la Casa González Luna, hoy Casa ITESO Clavigero); sin embargo, como advierte Morpurgo, “es raro encontrar una interpretación de esas primeras obras; muchas veces se dice que es el lado vernáculo de la obra de Barragán… Vernáculo es un término sin ningún significado para un arquitecto como él. El principio de asentamiento, la distribución interior, la idea de trabajar los espacios abiertos y cubiertos para argumentar la noción de una vida interior de una manera tan avanzada, tan sofisticada, elegante, llena de soluciones geniales para articularlo todo, existía ya en sus casas de los años veinte, es una cosa increíble, pero es la verdad. Y normalmente no se toma esta obra de Barragán de una manera seria y profunda”.

Toma usted a Barragán como ejemplo a seguir, pero cuando un arquitecto diseña una casa, debe hacer antes un análisis semiótico del contexto en el que está el terreno; en ese sentido, ¿las enseñanzas de Barragán cómo se superponen o entran en juego con ese estudio?

Desde mi punto de vista de arquitecto italiano, de profesor de una escuela de arquitectura donde se teoriza sobre el diálogo entre la arquitectura y el sitio, éste es un problema que estoy tratando de transmitir a los estudiantes, porque para ellos, normalmente, el proyecto de arquitectura es un objeto que se puede poner sobre la mesa sin ninguna intención de crear un diálogo, de crear un edificio que pertenezca al sitio.

Por esta razón, yo creo que la respuesta puede ser muy sintética, es un fragmento de verdad: la obra de Barragán tiene un elemento de novedad extremadamente importante para nosotros hoy, en ella existe la conexión entre tradición y modernidad que sólo un gran maestro puede hacer porque tiene instrumentos éticos, disciplinares y morfológicos; gracias a ellos se puede hacer esta conjunción entre la tradición de un país como México, que tiene una grandísima historia, y la necesidad de estar en el mundo de hoy, en la modernidad.

Muchas veces, cuando vamos a considerar la obra de Barragán, lo que vemos son las fotografías, de René Burri, por ejemplo, de la terraza de la Casa Barragán, y es peligroso reducir la complejidad de un arquitecto tan grande a una imagen que ha perdido la dimensión arquitectónica, [reducirla] a color: la pintura no es la pintura de Barragán, es la pintura de Burri, que es diferente.

El ambiente artístico de Guadalajara era muy intenso; esta intensidad se puede ver en la obra de Barragán, su relación con Chucho Reyes Ferreira, Mathias Goeritz, José Clemente Orozco. En la Casa Barragán hay una litografía de Orozco que parece contener arquitectura de Barragán, tiene una racionalidad, una intensidad lírica; las personas representadas, el pueblo que está ahí, está presente como arquitectura, es como un retrato de grupo de una cultura entera; existe un sentido de comunidad que hemos perdido por completo. Ésa es la gran lección de Barragán: conectar la tradición de este país con la modernidad, una operación imposible que en la obra de Barragán es posible.

¿Cómo llegó Luis Barragán a la vida de Guido Morpurgo, cuál fue la primera vez que se acercó a él, que lo vio, que lo sintió?

Es una historia muy interesante. Me encontré a un grandísimo artista, Juan Soriano, nacido en 1920, en Guadalajara. Lo encontré por casualidad, hace muchos años, en casa de unos amigos, donde me habló de Barragán por medio de una idea de integración de las artes a través de la presencia de tres condiciones: la tradición, su interpretación poética y la imaginación morfológica (es decir, la transformación de esa tradición en un objeto). La arquitectura es una práctica artística, no es simplemente una cosa técnica.

El encuentro con Juan Soriano fue increíble porque era un personaje extraordinario. Ya conocía yo la obra de Barragán porque este encuentro con Soriano fue en 1997, y el Pritzker se lo otorgaron en 1980, por lo tanto, ya sabía yo de él; antes del Pritzker no se hablaba mucho de Barragán en Europa, después obviamente sí, aunque recibió el Pritzker casi a los 80 años.

La imagen de Barragán que recibí de Juan Soriano, para mí que era un arquitecto joven que estaba estudiando el doctorado, que estaba entrando a la actividad universitaria, fue una cosa muy importante, porque vi la obra de Barragán, no a través de los libros, sino a través de los ojos de un artista.

Para saber más
:: Web de Morpurgo de Curtis Arquitectos.
:: Memorial de la Shoah en Milán.
:: Workshop Architettura Venezia 2014.
:: Università IUAV di Venezia.
:: Casa Luis Barragán.
:: “Estudiantes de Arquitectura del ITESO visitan a Luis Barragán”.

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1. Fragmento del “Prólogo” del libro Luis Barragán, VVAA, Editorial RM, México, 2013.

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