Dos poemas de Arístides Luis

Dos poemas de Arístides Luis

– Edición 515

Foto: Cortesía.

Aunque los dos poemas aparecen juntos, es posible advertir diferencias: en el primero hay la intención de multiplicar la soledad; en el segundo parece haber una intención precisa de redimir los trabajos y los días de la madre

Autobiografía de un animal declarado extinto

No vendrá el árbol de nuestros muertos a darnos sombra
ni correrá de nuevo el río
que vistió alguna vez del rojo familiar las venas.
Aunque alumbraran los fantasmas nuestra sangre
nadie saldrá del agua turbia de un recuerdo
para salvarnos,
nadie, ni toda la ausencia contenida
en un solo golpe de piedra en la cabeza,
nadie vendrá a defendernos
contra el canto afilado de la espina,
contra la costumbre de morir, de olvidar,
de aprender a arrepentirnos de la vida.
Da igual si resiste el hilo
que nos tiene por los tobillos
anclados a la costa,
vendrá la soledad del héroe
empuñando la negación de sus trabajos
para escribir su propio fuero mortal,
agradecidos por el surco de nuestra caminata
en la tierra herida de un bosque interminable,
el olor líquido de la mañana en sus hojas muertas
que truenan bajo los pies como la tempestad
desatada por nuestros primeros pasos,
solos, frente al primer surco y su mañana,
la silenciosa quejumbre de un tiempo sin lenguaje,
un tiempo por haber,
solos, como antes de conocer a los padres,
como piedra sin río, ni árbol, ni bosque.
Cuando no haya quién, cuando no estemos aquí
ni alguien más lo recuerde,
nada podrá salvarnos de nacer de nuevo
y volver como una herida ajena
bajo la forma de un nadie
lejano e impotente.

Animales Lázaro

Madre, no te han dicho que la guerra ha acabado.
En tus ojos el corazón aún se conmueve
porque tu cuerpo peleó sin cansarse todavía.
Aún haces brotar tus lágrimas
en la sobremesa
pero no lo notas.
Es momento de la retirada, madre.
Haz como dijiste
en el espejo de tu piel desgarrada,
con el cansancio endureciéndote las uñas
y el cabello más ligero,
que no viniera con el trabajo a casa,
como hay quien presume la piel seca de sus manos
porque la continua pulcritud de los rincones
es siempre corrosiva,
la faz de un amor terrible por uno mismo,
dime: cuidé de ti, de tu padre,
mira mis manos,
dímelo como animal a la espera de cazadores
lista para retirarte, madre,
lo has hecho todo,
ignóranos,
si te es posible, incluso,
olvídanos,
adéntrate en la jungla
como un tigre
de los que han sido dados por extintos,
sé un avistamiento, madre,
este largo
largo avistamiento tuyo,
de tu naturaleza materna
que aún pule con sus roces
y rasguños
la piedra de mi infancia,
que se convierta en raro encuentro de animales,
hermoso por su fugacidad
y su extrañeza,
adéntrate en la jungla,
prometo que contaré tu historia
como quien intentara relatar un siglo
por cada mancha en el lomo de los tigres,
cada símbolo de tu cuerpo,
cada evocación tuya en mis costumbres,
recordándote, evocándote, madre
mientras te miramos partir hacia otra vida
como quien ve a un hijo volver a sus asuntos,
a lo que dejó pendiente
para cumplir un deber amargo.
que no te vean morir
cargando con nosotros.

*     *     *

La soledad del héroe, la soledad de la madre, son equiparables en estos dos poemas de Arístides Luis (Pachuca, Hidalgo, 1990). Para componerlos el poeta recurre a un fraseo que nunca se precipita; por el contrario, ha buscado un tono meditativo, invitándonos a pensar con él a través de los versos. El hilo de su discurso poético se devana con largueza, avanza poco a poco, añadiendo diversas capas, como si de una pintura se tratara. Sin embargo, aunque los dos poemas aparecen juntos en el libro, es posible advertir entre ellos señaladas diferencias. En el primero hay la intención de multiplicar esa soledad y, con ella, la orfandad de lo humano, el desamparo en que se está; en el segundo parece haber una intención precisa de redimir los trabajos y los días de la madre, aconsejándola con insistencia, no sin cierta dulzura, a desprenderse de las obligadas labores maternas y a encontrar el destino que podría estarla aguardando, aun si esto implica un peligro: “adéntrate en la jungla / como un tigre”. Arístides Luis estudió Filosofía en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Con su libro Cuadro azul sobre fondo de nada (Medusa Editores, 2025) obtuvo el Premio Nacional de Poesía Rodulfo Figueroa.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MAGIS, año LXII, No. 515, julio de 2026, es una publicación electrónica mensual editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: José Israel Carranza Ramírez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Édgar Velasco, 1 de julio de 2026.

El contenido es responsabilidad de los autores. Se permite la reproducción previa autorización del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO).

Notice: This translation is automatically generated by Google.