De todo lo visible y lo invisible

De todo lo visible y lo invisible

– Edición 485

Representación del Buen Samaritano

La historia de Rubén, invisible entre muchas otras historias invisibles, me recuerda algunas parábolas que relató Jesús: un expresidiario que retorna a casa como el hijo pródigo, una transexual que encarna al Buen Samaritano, una sociedad empobrecida como el pobre Lázaro

Conocí a Rubén cuando yo era novicio y hacía mi apostolado en la penal de Ciudad Guzmán, Jalisco. Él me dijo que había caído preso por un delito que no cometió, pero como ya había cometido otros tantos delitos, asumió su encarcelamiento como pago por todo ello. Rubén había sido de complexión corpulenta, jugador de futbol americano en su juventud y de hábil talante comercial durante su edad adulta. Su vida había estado regida por el desorden y los excesos; fue un hombre violento, mujeriego y desobligado de responsabilidades paternales. Era alguien, como decimos coloquialmente, con labia. Nunca me dijo si había matado a alguien, pero sí que había fabricado cuchillos dentro de las cárceles para defenderse.

Cuando nos vimos por primera vez, a Rubén ya le faltaba una pierna y se movía en silla de ruedas. Yo le ayudaba a vender afuera de la penal las manualidades que él producía, y me pedía que, con la ganancia, le comprara semillas de girasol, nueces picadas y cacahuate a granel para que él las vendiera en la cárcel. Más que el dinero, me decía, quería trabajar para mantenerse activo y así no pensar en su encierro. Rubén y yo nos hicimos amigos, lo quise y me quiso mucho.

Afuera de la penal vivió sus últimos años entre los moteles del centro de Guadalajara. Vendía dulces en su silla de ruedas, entre el mercado de San Juan de Dios y el teatro Degollado. Yo lo visitaba cada viernes para pasar la tarde con él. Me dijo que el dinero que más le llenaba el estómago era aquel que la gente le daba desprendidamente y con el corazón, no así el dinero de sobra: “Los cinco pesos que una señora necesitaba para su camión, pero que me los dio y se fue caminando a su casa, me rinden más que los cuarenta pesos de alguien que me los da porque le sobraron”.

Fui testigo de cómo Rubén fue reencontrándose con sus hijos, asumiendo sus errores, pidiendo perdón. Finalmente, la diabetes terminó por quitarle la pierna que le quedaba. Una noche, movido por el dolor y el hambre, se asomó entre los negocios de comida; me dijo que llegó a un puesto de tortas y que se le llenaban los ojos con el deseo de comer una, pero no tenía dinero. Una transexual, que trabajaba en un table dance y que vivía en un motel contiguo cuidando a su mamá y a su hermano con síndrome de Down, lo encontró y le preguntó respecto a su pierna: “Rubén, ¿te duele?”. Él respondió: “Sí, pero me aguanto”. Y ella agregó: “¿Y tienes hambre?”. Y de nuevo contestó Rubén: “Sí, pero también me la aguanto”. Entonces ella le dijo: “Pide las tortas y refrescos que quieras, yo te los invito”.

La historia de Rubén, invisible entre muchas otras historias invisibles, me recuerda algunas parábolas que relató Jesús: un expresidiario que retorna a casa como el hijo pródigo, una transexual que encarna al Buen Samaritano, una sociedad empobrecida como el pobre Lázaro. Dios, que también ha creado a la gente que nuestra sociedad ha invisibilizado, los ve y ama con grande corazón.

    MAGIS, año LVII, No. 485, enero-febrero 2022, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de enero de 2022.

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