Batallón 52: historias que animan la Historia

Batallón 52, un ejército para recrear la Historia.

Batallón 52: historias que animan la Historia

– Edición 414

Batallón 52, un ejército para recrear la Historia.

La misión: producir 52 cortometrajes sobre la Independencia y la Revolución. Objetivo: desmitificar a los héroes para re-pensar la historia. El equipo: el grupo de animación industrial más importante del cine latinoamericano.

A la memoria de Rigo Mora

La Historia oficial mexicana es pródiga en héroes de cartón piedra. Sus hazañas y actos patrióticos han sido registrados en retablos, fábulas y cuentos en los libros de educación básica; su estampa ha quedado para la posteridad en bustos y esculturas de cuerpo y caballo enteros, muy útiles para adornar glorietas, camellones y plazas. Con esta solemnidad se ha solidarizado el cine nacional, que ha propuesto numerosas películas con Hidalgos listos para romper cadenas, Morelos cosuen paliacate en testa que luego son emulados por cantantes de pop ranchero y Villas de olímpicas fechorías que se disfrazan de actos heroicos. Pero este rígido paisaje se está animando, y para los festejos de 2010 hay cine para celebrar: el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución ofrecen el pretexto para un proyecto, inédito en México, titulado Suertes, humores y pequeñas historias de la Independencia y la Revolución. Éste consiste en 52 cortometrajes de animación de un minuto y medio de duración, uno para cada semana del año patrio. Los responsables de la realización se agrupan bajo la bandera del Batallón 52, y marchan con paso acompasado y sostenido a una celebración que, con su labor, será histórica.Batallón 52  nació de la suma de esfuerzos de instancias públicas —el Instituto Mexicano de Cinematografía (Imcine) y el gobierno del Estado de Jalisco— y la iniciativa privada —la Cámara Nacional de la Industria Electrónica de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti) ocupa un lugar fundamental. El proyecto original consistía en 26 cortos, cuyos guiones fueron escritos a partir de las investigaciones de un grupo de historiadores encabezado por Isaac Toporek y María del Carmen Toscan, consultados para ese fin por el Imcine. Posteriormente se duplicó con propuestas tapatías, algunas de las cuales surgieron de guiones escritos por los propios directores de los cortometrajes. Una de las virtudes de los guiones es que no sólo abarcan los momentos cumbre de la Historia patria, ésa que se escribe con “H” muda y mayúscula, sino que abre el abanico para dar cuenta de la vida cotidiana de principios de los siglos XIX y XX, principalmente, periodos que han sido poco frecuentados por el cine mexicano. Aparecen así sucesos curiosos que no caben en los libros de texto, como la estrategia para hacer la primera campaña de vacunación, o personajes que no han merecido la gloria de un busto pero cuya singularidad daría incluso para una epopeya o un largometraje, como fray Servando Teresa de Mier. Y en los casos en que son los próceres de la patria los que llevan el protagonismo, se ha buscado ofrecer aristas desconocidas o poco promocionadas, por ejemplo, Hidalgo visto a través de la mirada de una de sus hijas. Haciendo se aprende… a hacer industria Un proyecto como éste, que busca la realización de 52 cortometrajes, precisa de una dinámica de producción que garantice la calidad y la entrega a tiempo. Así pues, es necesario abandonar el esquema casero y recurrir a estrategias de producción industrial, tanto en instalaciones como en personal. Así se ha hecho: se conformó un estudio con 80 computadoras que posibilitan el dibujo en el monitor, como las que se usaron para Las trillizas de Belleville. Esto convierte a Batallón 52 en el estudio de animación más grande de América Latina. Se diseñó un esquema celular con cinco equipos de trabajo, encabezados por animadores de Guadalajara: Rita Basulto, Karla Castañeda, René Castillo, Luis Téllez y Rigo Mora (quien falleció precozmente en mayo de 2009). A pesar de su corta edad, todos poseen una trayectoria exitosa y han realizado cortometrajes galardonados en diversos festivales. Y si bien es cierto que su curriculum vitae pasa principalmente por el stop motion (técnica que se sirve de figuras, por lo general de plastilina, que son retratadas cuadro por cuadro para generar la ilusión del movimiento), no desconocen la animación digital. Cada director trabajó con dos correalizadores y tuvo a su cargo el personal responsable de cada uno de los procesos que demanda la animación digital en dos dimensiones. Rodolfo Guzmán, gerente de producción de Batallón 52, apunta que para la configuración del modelo de producción tuvieron que innovar, “porque el proyecto es único”, aunque contaron con la colaboración del proveedor del software de animación Toon Boom. La dinámica se sustenta en el trabajo en serie y es utilizada por otros estudios de animación, como Pixar. Dada la magnitud del proyecto fue necesario hacer una convocatoria masiva para reclutar personal. A la cita se presentaron cientos de personas que no necesariamente tenían experiencia en la animación (“algunos trabajaban en bancos”, señala Guzmán). Luego se inició un proceso de capacitación intensiva que duró alrededor de seis meses (las carreras de animación oscilan entre los dos y los cuatro años) con especialistas en cada uno de los procesos que provenían de estudios de larga y exitosa trayectoria, como Disney, Dreamworks, Pixar y Warner Brothers. Como “los chavos están aprendiendo a la hora que están animando”, en palabras de la directora Rita Basulto, es perceptible “una evolución entre lo que hacían al inicio” y lo que hicieron conforme avanzaba el proceso y acumulaban “horas de vuelo”. Como todo proceso que se inscribe en la dinámica industrial, Batallón 52 se sujeta a los requerimientos y tiempos de entrega establecidos por el productor, quien a su vez responde a las necesidades del cliente. Además, y no menos importante, considerando que se trata de un proyecto artístico, el personal creativo se sujeta a temas e historias que no son necesariamente de su predilección y en los que no tienen entera libertad de imprimir su sello, como sucede en sus proyectos individuales, que por lo general son financiados por becas. Esto supone un cambio en los hábitos de aquellos que sí tenían experiencia previa en el audiovisual o que ya habían trabajado en animación. Rita Basulto confiesa que a diferencia de su trabajo personal, en el que ella manipula directamente herramientas y objetos, aquí “es como un poquito no tan tuyo. Al pintar las cosas que me gustan, me pertenecen. Al trabajar en la animación es como crear vida en tus propios personajes. Y aquí todos tenemos que seguir una línea en específico”. Así, si de por sí hay rubros a los que se asigna poco tiempo en el cine mexicano, como al sonido, los diseñadores sonoros de Batallón 52, Alejandro Romero Godínez y Juan Pablo Miramontes, reconocen el aprendizaje que supuso, en alguna ocasión, verse obligados a resolver su parte en sólo unas horas. Los artistas que trabajan en esquemas industriales (particularmente en Estados Unidos) consignan que a menudo deben sujetarse a límites dispuestos por los estudios, pero también es cierto que muchos de ellos apuntan que esto tiene una arista positiva: los límites y la necesidad son un incentivo para la creatividad. En el ánimo de los reclutas del Batallón 52 existe la percepción de haber vivido un proceso de aprendizaje y de estar haciendo industria. De hecho, el proyecto habrá de generar no sólo la multiplicación de las animaciones sino de los animadores. Y es que una de las virtudes de la producción industrial es, sí, la diversificación y el incremento de productos, pero además la apertura de puestos especializados de trabajo: oficios que se demandarán y para los que habrá que capacitarse (lo que a su vez estimula la academia). La industria como posibilidad, pues. m.


Imagen del corto Cañón del parque.

Distribución, exhibición y futuro Los cortos de Suertes, humores y pequeñas historias de la Independencia y la Revolución gozan de una distribución que tampoco se había visto antes en México. Se imprimen 400 copias de cada uno, que circulan por todo el país. Se exhiben en las mismas salas y con las mismas condiciones que las grandes producciones de Hollywood, lo que garantiza el lucimiento de las virtudes visuales y sonoras de los cortos. Además, algunos cortos han ido a festivales fuera de México, como Annecy (en Francia), uno de los certámenes más importantes de animación, y a Siggraph, evento itinerante al que concurren animaciones hechas con computadora. En ambas actividades se han recogido comentarios positivos. No se descarta que pudieran circular fuera del país. Lo que sí está en los planes, una vez que concluya el ciclo de exhibición en las salas de cine, es la transmisión por televisión y la posterior migración a DVD. Para este año, además, el proyecto crece y se muda a Chapala, en donde formará parte del Chapala Media Park, que en catorce hectáreas albergará a empresas de multimedia y animación. Rodolfo Guzmán condensa las virtudes de Batallón 52 en tres puntos: el atractivo proceso de entrenamiento, la sinergia entre gobierno e iniciativa privada, y la apuesta por la tecnología. Habría que añadir un par de ítems: primero, que lo hecho aquí ha servido como modelo, y se ha iniciado un proceso similar en Nayarit, y segundo, que si Batallón 52 ha podido animar la Historia y ha hecho de Jalisco la capital de la animación, también ha animado la actividad cinematográfica local, y con ello habrá de animarse la rígida Guadalajara, que en un futuro cercano podría verse en su cine. m. Una cuestión de técnica Para la realización de los cortos se echó mano de dos técnicas que prescinden del uso de papel (se dibuja directamente en el monitor): una de ellas se asemeja a la manipulación de títeres y es conocida como cut-out; la otra es parecida a la animación tradicional, que se alimenta de dibujos en papel y se arma cuadro por cuadro o frame-by-frame. Los primeros eslabones de la cadena de producción son el diseño de personajes, el storyboard (la historia gráfica distribuida como en una tira cómica) y el animático (el storyboard se vacía y se deja cada cuadro, aún sin animar, para darse una idea, entre otras cosas, del movimiento por venir y del ritmo). Enseguida se pasa al proceso de animación, cuyas etapas varían dependiendo de la técnica empleada. Para el frame-by-frame, por ejemplo, se dibujan los cuadros clave (key) de la acción, luego los intermedios y posteriormente se pasa a un proceso de “limpieza” y detallado (clean up). Se añade el color a las figuras y se pasa a la etapa conocida como compositing, en la cual se unen las figuras con los fondos y se añaden sombras y efectos visuales (labor para la que la composición musical ofrece un buen símil). Entonces ya se puede pasar a la posproducción: en la edición se ajustan movimientos, ritmo y duración y se incorpora el sonido. El ciclo concluye con la migración de los datos a película (data to film), para su exhibición en las de cine. Los ejecutores

Rodolfo Guzmán Gerente de Producción 34 años En un esquema como el de Batallón 52, el director es el ser supremo, pero sólo en el ámbito de lo creativo, y el productor es la cabeza. El trabajo de Rodolfo Guzmán como gerente de producción consiste en mediar entre los productores y los creativos. Uno de los retos iniciales fue echar a andar el modelo de producción, ya que es “difícil entrar a un esquema de estudio”. Coordina el proceso de todos los cortos y se encarga de encontrar la mejor ruta para cubrir las expectativas de los realizadores dentro de los límites puestos por los productores. Está “al pendiente de todo el equipo, de que se avance” de acuerdo con los tiempos establecidos, pues “rinde cuentas a los productores”. Es, en sus palabras, “el brazo derecho del productor”. Guzmán es licenciado en Ciencias y Técnicas de la Comunicación por la Univa. Ha trabajado en publicidad, fue correalizador del largometraje de ficción Llamando a un ángel (2008) y actualmente conduce el programa televisivo Cinescrúpulos para el Sistema Jalisciense de Radio y Televisión.

Rita Basulto Directora 36 años En Batallón 52 ha escrito algunos guiones, y una de sus labores consiste en “dar un tratamiento cinematográfico” a sus textos propios y a los propuestos por Imcine, pues “cada corto tiene su propia estética”, y “contar algo en un minuto es bastante complejo”. Se le asignó la realización de once cortos. Una de sus mayores dificultades ha sido transmitir a su equipo lo que ella quiere, pues a diferencia de sus proyectos personales, en donde la mayor parte de las actividades las realiza ella misma, “es difícil que los chavos interpreten tu imaginación”. Basulto estudió en la Escuela de Artes Plásticas de la Universidad de Guadalajara. Dedicó cinco años al aprendizaje de la pintura y dos a la escultura. También llevó cursos de animación. Con Juan José Medina realizó El octavo día (2000), corto en stop motion que obtuvo el Ariel en México y el Gran Coral en La Habana. Participó en las animaciones al óleo del largometraje Desierto adentro (2008) de Rodrigo Plá, labor que fue reconocida con el Ariel a Mejores Efectos Visuales.

Paola García Gerente de Marketing y Relaciones Públicas 37 años Su trabajo consiste en hacer más con menos presupuesto. Paola García relata que ha tenido que “empezar desde la semillita, estarla regando, estar preocupándote de que las cosas salgan bien: es ir más allá. Con Disney las películas ya llegan acomodadas en cines, con la promoción y la publicidad hecha. Aquí hay que desarrollar desde el concepto corporativo hasta asuntos como la creación del póster, la promoción hacia fuera, darlo a conocer a los medios, tratar con Imcine, con los exhibidores”. Paola inició la licenciatura en Mercadotecnia pero dio el giro a Administración de Empresas. También se encarga del marketing y de las relaciones públicas de Disney y Columbia en Guadalajara. Su labor se enfoca al manejo de los medios, “a la contratación de lo necesario para hacer la promoción de las películas”. Su función “es dar a conocer la película a través de los medios y encontrar las partes estratégicas donde se pueda publicitar la película para que la gente vaya a verla al cine. Se puede gastar en espectaculares, en prensa, en radio”.

Alejandro Romero Godínez 26 años Juan Pablo Miramontes 27 años Diseño sonoro Juan Pablo cursó tres años de Ingeniería Química, y abandonó la carrera y estudió cuatro años para profesional medio de música, aunque le decían que se iba a morir de hambre. Alejandro, su compañero de dupla, estudió un año de música y la Licenciatura en Medios Audiovisuales. Ambos se encargan de la música y del diseño sonoro de todos los cortos. Para ellos, éste es “más que vestir las imágenes con sonidos; es crear un ambiente, una época, un sentimiento, expresar algo con sonidos”. El diseño es pertinente para “situarse en un lugar, en una situación, resaltar algo. La conjunción con la música también es el diseño sonoro, pues la música da a entender, por ejemplo, en qué época estamos: el Palacio Nacional, por la música, puede hacer sentir que estás a principios del siglo XX o en el siglo XXI. Si no está muy clara la imagen, la música te va a decir en dónde andas”. Si bien es cierto que el espectador tiende a reparar poco en lo que oye, el diseño sonoro es fundamental, es “como la otra mitad de la imagen”. m.

5 comentarios

  1. Felicito enormemente a los
    Felicito enormemente a los integrantes del Batallón 52 por su excelente labor. Saludos especiales al Sr. Enrique Cardona Vera: Orgullo mexicano.

  2. Un abrazo al amigo de
    Un abrazo al amigo de siempre, Enrique Cardona Vera con quien tuve la dicha de compartir buen tiempo los micrófonos de “Taquitos de Lengua”, en un programa radiofónico local, inolvidable.

  3. Claroooo que esta chido,
    Claroooo que esta chido, tiene que serlo porque Aldo contribuye!!!! Felicidades esta muy padre y saludos desde Tijuana!!!

  4. Excelente trabajo el del
    Excelente trabajo el del Batallón 52, mis mas sinceras felicitaciones. En especial el trabajo de Enrique Cardona Vera quien tiene un especial don para la ilustración y es un excelente amigo!!! Felicidades!!!! :o)

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MAGIS, año LVIII, No. 490, noviembre-diciembre 2022, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de noviembre de 2022.

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