Atando cabos sueltos
Paula Diego Appel – Edición 517

Supongo que así funciona también la intriga: una serie de decisiones perfectamente racionales que, vistas en conjunto, parecen ilegibles. Quien ata el nudo sabe exactamente qué está haciendo; quien lo tiene de frente después, no
La mayoría de las veces la intriga dura poco. Te cuestionas algo por dos segundos y se te olvida, sin dejar rastro. Pero hay ocasiones en las que llega distinto, llega con un virus de locura, cuando lo que pudo haber comenzado con una mirada hacia arriba y la cabeza ligeramente de lado termina con tus dedos entrelazados en el cabello y pedorretas vocales. Por eso me imagino que a veces preferimos hablar de nudos antes que de misterio: un nudo no explica nada, sólo tensa. Y tensar es, quizá, la forma más honesta que tenemos de decir que algo no está resuelto.
Pensar en el nudo como metáfora es pensar en lo tangible del no saber. La mayoría de las veces un nudo no es caos puro, tiene lógica, tiene historia, cada vuelta responde a la anterior; pero desde afuera sólo vemos una maraña. Supongo que así funciona también la intriga: una serie de decisiones perfectamente racionales que, vistas en conjunto, parecen ilegibles. Quien ata el nudo sabe exactamente qué está haciendo; quien lo tiene de frente después, no.
No es casualidad que “atar cabos” sea la expresión que usamos para nombrar el momento en que la intriga por fin cede. Antes de eso, sólo hay tensión: el cuerpo sabe que algo no cuadra antes de que la mente lo confirme.
Lo que sigue es una exploración de esas intersecciones, de los lugares donde el nudo deja de ser objeto y se convierte en el argumento central de cómo nos relacionamos con lo que no entendemos. Las instalaciones de los siguientes artistas no coinciden en tema, pero todas usan el nudo como un modo de materializar lo que no se puede decir en línea recta.
La llave en la mano | Viaje incierto
Chiharu Shiota
Chiharu Shiota lleva más de 20 años construyendo lo mismo desde ángulos distintos: habitaciones enteras tomadas por miles de hilos rojos o negros, tensados de piso a techo, que se cruzan hasta formar redes tan densas que el espacio deja de leerse como espacio y empieza a leerse como enredo. En La llave en la mano o Viaje incierto, los hilos no decoran las llaves, barcos o camas, los atrapan. Incluso, Shiota ha dicho que teje porque dibujar en el aire es la única forma que encuentra de volver visible la ansiedad.
Vientre quipu
Cecilia Vicuña
Cecilia Vicuña no inventó el nudo como forma de expresión: lo heredó. Sus instalaciones de cascadas de lana cruda e hilo sin teñir retoman el quipu, el sistema andino de registrar información mediante nudos, creado cuando aún no existía la escritura que hoy conocemos. Ahí el nudo era archivo, era memoria, la forma en que un pueblo entero contaba lo que le importaba sin lo que comúnmente se asociaría como el lenguaje. Vicuña reactiva ese sistema y lo vuelve un gesto poético: cada nudo es una pregunta sobre qué se pierde cuando un lenguaje se interrumpe a la fuerza. En esta representación la intriga no es individual, es histórica: un código que existió, pero ya casi nadie sabe leer.
Reificaciones
Samar Hejazi
Samar Hejazi trabaja el nudo desde el tatreez, el bordado tradicional palestino, y lo lleva a esculturas de cuerda de gran escala. Reificaciones cuelga del techo, enteramente hecha macramé, cuerdas anudadas una a una que terminan formando cúmulos densos que se deshacen y acumulan en el piso. Él mismo dice que el nudo esconde lo que somos: capas superpuestas que, al desarmarse, revelan lo humano en su versión más intrincada.
Cabello
Petah Coyne
¿Acaso los nudos necesitan una víctima para justificar su tensión? En la instalación de cabello de Petah Coyne parece que sí: hay piezas de pelo hechos bola, y otras donde esa maraña atrapa un zorro, un ave, un enredo que sólo parece tener sentido con algo preso adentro. Pero hay una pieza que responde distinto. Dos mujeres, cabello larguísimo, trenzado hasta el suelo. No se miran, cada una parece perdida en lo suyo, pero el cabello las delata. Se trenza de una hacia la otra, las conecta sin que ellas lo decidan conscientemente. Y ahí cambia también la pregunta que se hace con respecto a todo esto: la intriga no está en descifrar qué esconde el nudo, sino en descubrir que a veces lo que ata también sostiene.
La lógica del sonambulismo
Daniela Bozzetto
Daniela Bozzetto pensó esta pieza desde la lógica del sonambulismo, ese estado donde algo es a la vez lógico e incongruente, representando el efecto de detenimiento, el ambiente no logra decidirse entre acogedor o inquietante. Que las tiras de fideos floten en lo alto es la misma posición que le damos al subconsciente, esa parte de nosotros que la ciencia también describe como el lugar donde ya están las respuestas a lo que nos parece complejo… sólo que arriba, fuera de nuestro alcance directo.