Artificial

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– Edición 493

Foto: pixabay.com

¿Todo lo natural es saludable? ¿Todo lo artificial es malo? Si esto último fuera así, ¿qué podría decirse de las vacunas? ¿Y de la literatura?

“Más natural, más mejor”, dijo el señor de la tienda de cereales. Esa frase tan redundante como inapelable es su estrategia para vender toda clase de productos a granel —que, por alguna extraña razón, sí que dan la apariencia de ser mejores y, sobre todo, más naturales que los empacados—. Me estaba ofreciendo granola, pero al final no la compré porque el señor en mala hora agregó: “Y está muy dulce, muy rica”. Vi que se arrepintió de su broche de oro cuando adviritió que se me apagó el entusiasmo por la granola y me retiré de su local.

No hay, pensé después, nada de natural en un solo copo de avena. Su forma aplanada, tan fotogénica e instagrameable, se debe a que el grano de avena fue descascarado, molido y prensado; a la cáscara pomposamente se le llama salvado. Toleramos ciertas artificialidades y rechazamos otras. Algunas con el paso del tiempo se vuelven obsoletas y demoniacas, como el azúcar añadido, los conservadores de alimentos, como el bisfenol y el amarillo 5.

Hace apenas unas décadas, diversos productos de colores y formas imposibles se anunciaban impunemente en la televisión, se compraban en las tienditas escolares y las abarroterías “de la esquina”. Su reinado se disolvió como sirope de maíz bajo la lluvia —endulzante al que, por cierto, ya se le señala su artificialidad como defecto—, y ahora hasta hay colegios que se ufanan de no vender comida chatarra y, en cambio, ofrecen snacks saludables y orgánicos —otro eufemismo exagerado que sólo sirve para vender cáscaras de granos y vegetales a sobreprecio.

Hay que reconocer que hay mucho de engaño de uno mismo en este asunto: ¿quién pensaría que las barritas de avena en forma de paralelepípedos regulares, empacadas de forma individual, adicionadas con vitaminas y hierro, por ejemplo, son naturales y, por tanto, saludables? ¿O los cubos de azúcar? ¿O las sopas enlatadas? De aquí se derivan más preguntas: ¿todo lo natural es saludable? ¿Todo lo artificial es malo? Si esto último fuera así, ¿qué podría decirse de las vacunas? ¿Y de la literatura?

En realidad, lo artificial es lo natural. O, mejor dicho, lo artificial es lo que nos queda. Lo natural impoluto, virgen, quizá sólo existe en las fosas de los océanos o en nuestra imaginación. ¿La inteligencia es artificial? ¿Lo contrario a la inteligencia artificial es la inteligencia natural? ¿Eso existe? ¿Los humanos somos naturales? Quizá teníamos algo de natural en la época homínida de nuestra raza. Quizá ya no valga la palabra natural en casi ninguna de sus acepciones, excepto cuando se usa cuando algo es común y para las notas musicales sin accidentes. Porque, además de los nacimientos de agua y de algunos animales, ¿qué otra cosa es natural? No mucho: los huertos, las granjas piscícolas, los invernaderos, los tulipanes, el acondicionador de cabello que reza que está hecho con 97 por ciento de productos naturales, los plátanos, los brócolis, los perros, los zoológicos, la dinamita, las pijamas, la ropa morada y la monogamia. Todo es artificial.

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MAGIS, año LX, No. 499, mayo-junio 2024, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de mayo de 2024.

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