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Eduardo Salles: El cinismo como principio

Al tanto del impacto que pueden causar las imágenes, este ilustrador mexicano ha impulsado una incisiva forma de difundir, principalmente a través de las redes sociales, la información acerca de lo que ocurre. Gracias a ello, y también gracias al uso que ha sabido hacer del humor y al ánimo crítico que caracteriza su trabajo, ha conseguido que vayamos enterándonos de muchas cosas, pero, sobre todo, que nos cuestionemos cómo estamos entendiendo la realidad que habitamos

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Autorretrato de Eduardo Salles
Autorretrato de Eduardo Salles

Cuenta la anécdota que Alejandro Magno, rey de Macedonia, le habría ofrecido a Diógenes concederle lo que pidiera: el filósofo le solicitó únicamente que se hiciera a un lado, para que no le tapara el sol.

Diógenes (324 a. C.) se llamaba a sí mismo El Perro, y formó parte de las escuelas socráticas menores junto con Antístenes (445-365 a. C.), quien hizo de la independencia un fin en sí mismo: la mayor virtud consistiría en no tener deseos, y se aprendería en la práctica. Según la Historia de la filosofía antigua de Jorge Manzano, SJ, los cínicos o “discípulos de El Perro” se ganaron este apodo porque vivían sin someterse a ningún convencionalismo. Se concebían como ciudadanos del mundo y librepensadores. Más que negar propiamente lo divino, eran críticos respecto a la religión popular. Para Diógenes, habría que vivir según la propia doctrina. Anota Manzano: “Se burlaba haciendo en público lo que generalmente se consideraba que debería hacerse en privado, y aun lo que ni siquiera debe hacerse”.

¿Cuál es el proceso creativo de un cínico? El 24 de julio de 2015, durante el Campus Party de Guadalajara y a dos días de haber lanzado Pictoline, un medio de información y noticias ilustradas —cuyo logo es un cerdito con una bandera—, Eduardo Salles (Ciudad de México, 1987) respondía a ésa y otras preguntas que, dijo, siempre le formulan en sus presentaciones públicas.

Acaso en aquella conferencia sobre su trayectoria como diseñador, publicista y creador e ilustrador del sitio web Cinismo Ilustrado, apenas imaginaba el alcance que llegaría a tener Pictoline, un medio cuya singularidad radica en privilegiar la imagen para presentar la información, y que pasó de 11 mil seguidores en Twitter, en 2015, a 1.47 millones en 2018. Pero se trata de un proyecto que no surgió de repente, ni Salles se guarda ningún “secreto” creativo; al contrario, ha demostrado un vivo interés por compartir y convocar a otros artistas desde el diseño: lo importante no es que se nos ocurran las ideas, sino llevarlas a cabo sin miedo al fracaso: “No hubo gran ciencia: ya hago estas cosas, me gusta hacer Cinismo Ilustrado; me gusta ilustrar, me gusta diseñar, ¿cómo puedo hacerlo más grande? ¿Cómo puedo hacer un medio que ya no sea sólo yo diseñando cosas, sino que pueda traer más talento y que podamos vivir todos de ello?”.

Pero, ¿puede un cínico hacer periodismo?

Eduardo Salles

Adiós a la escuela

La gente más educada suele ser la más mordaz. Ese adiestramiento no necesariamente se recibe en la escuela. La manera en que se interpretan los acontecimientos obedece al lugar y a la situación artística desde los que un autor crea, es decir: su vida y su época.

Para Salles, el cinismo es honestidad incómoda: “Un honesto es una persona que siempre dice lo que piensa. Un cínico es el que dice lo que no te gusta. Cinismo Ilustrado va de lo que yo quiera que vaya”, afirmó en una entrevista. Esa certeza del momento en que plasma en su oficio aquello que se le da la gana ha sido un acierto en varias etapas de su vida, puesto que no se ha limitado a este tipo de humor.

Desertó de la carrera de Comunicación de la UNAM para aprender haciendo. No es que esté en contra de la universidad, sino en contra de no aprender en la universidad. “Si vas a aprender en la universidad, quédate en la universidad; si vas a aprender trabajando, trabaja”. Hay profesiones que definitivamente no deberían ejercerse sin un título, como Medicina, pero no es necesariamente el caso de las carreras en el campo creativo, dijo ante un público conformado en su mayoría por millennials, en el Campus Party de 2015.

El trabajo de este ilustrador mexicano consiste en hacer gráficas acompañadas de un discurso cargados de franqueza y humor. Tiene una notable habilidad para sintetizar los comportamientos de las personas en imágenes y palabras de un modo muy eficaz y con un lenguaje comprensible para la mayoría de las personas, aunque la versión muda de sus viñetas no necesita “leerse” —y por esto mismo tiende a viralizarse—.

Desde Cinismo Ilustrado, el sitio web que contiene sus viñetas sobre el absurdo cotidiano, sus publicaciones comenzaron a difundirse y a darle notoriedad en internet. Hacía por hacer, sin limitarse, y con ello logró, tal vez sin proponérselo, representar el ánimo de una generación, la de los nacidos en la década de los ochenta, que resentiría las obligaciones de la vida adulta y usaría la red para expresarlo. Eduardo se percató de ese sentimiento y lo empaquetó para su consumo visual.

Graduarse en México puede equivaler, para aquellos a quienes nos inculcaron que “el título era suficiente para tener chamba”, a lo que muestra una ilustración de Salles: sonreír mientras lanzas el birrete al aire y que te caiga la gorra de McDonald’s, o de un trabajo en alguna empresa de servicios, con un horario de 9:00 a 18:00 horas frente a una computadora.

Eduardo Salles

Adiós al trabajo

@Sallesino (su nombre de usuario en Twitter) define el diseño como el artificio de lo bello, y se ha servido de él para llegar a las personas de una forma diferente. Sabía que era un buen observador con acceso al laboratorio más grande del mundo, donde podía realizar experimentos y fracasar (en sus palabras: aprender una lección), de manera que internet le permitió comunicar sin miedo a equivocarse —aunque su versión de La gran ola de Kanagawa, de Hokusai, en la que ésta arrasa con Mazinger Z, Hello Kitti y Pokémon, publicada un día después del maremoto de Japón en 2011, fue para algunos una broma prematura—. Sin embargo, para Salles, la única limitación no es la polémica, sino saber hacer las cosas.

Salles se inició en el ámbito publicitario, donde llegó a ser nombrado director creativo de una agencia. Y aunque recibió varios reconocimientos del gremio, se percató “del desperdicio de talento que puede darse en las empresas: ¿cómo era posible que [personas talentosas] tuvieran que estar 10 horas al día trabajando en cosas que a la gente no le importan?”, escribió en su carta abierta de renuncia. “Creo que hay nuevas soluciones esperando ser encontradas, pero para que eso suceda hacen falta personas buscándolas. Parece un chiste que, siendo ‘creativos’, no podamos pensar ideas creativas para resolver nuestros propios problemas. ¿Qué tipo de ideas? No lo sé. Y precisamente por eso he decidido tomarme un año sabático para poder tener tiempo y enfocarme en encontrarlas. Los corporativos están diseñados para mantener su negocio, no para transformarlo”. No obstante, a tres meses de haberse tomado ese sabático, Salles se dio cuenta de que no podría aguantar otros nueve meses más. Fue en ese breve lapso que surgiría la idea de crear Pictoline, el medio de noticias gráficas.

 

Crear como principio

Salles parte de un sencillo principio: el de hacer las cosas. Su estilo irreverente al ilustrar surge de cuestionar lo que a muchos podría resultarnos obvio (como sucede en la filosofía). Para él, los elementos de una buena ilustración son la síntesis, la ausencia de palabras y lo cómico. Una vez que la idea llega, luego de pasar mucho tiempo observando, efectúa las conexiones entre lo que quiere comunicar y el modo: “¿Cómo lo digo de la forma más rápida, poderosa [efectiva], y que dé a entender lo que quiero?”.

Entre los temas que trató en Cinismo Ilustrado, y después en Pictoline, se encuentran, por ejemplo, las causas más comunes de la procrastinación, la reinterpretación de los propósitos de Año Nuevo o las muestras de apoyo a sucesos que consideramos relevantes siempre que ocurran en los países del primer mundo. En algunos casos, puede utilizar el recurso dadaísta que consiste en tomar un objeto y cambiarlo de contexto, a fin de denunciar así las reacciones virtuales de la sociedad contemporánea ante las imágenes brutales a las que estamos cada vez más habituados: por poner un ejemplo, en 2015 hizo una ilustración a partir del meme The Dress, una fotografía viral de un vestido que suscitó una discusión mundial sobre las razones de que percibiéramos distintos colores. Lo hizo a su manera: una chica ensangrentada, en el piso, lleva el famoso vestido.

Eduardo Salles

Este tipo de crítica gráfica antecede a Pictoline, el medio del que actualmente Salles es cofundador y director, y que se ha vuelto popular por divulgar, mediante infografías, ilustraciones, gifs y videos, noticias, acontecimientos coyunturales, fechas conmemorativas y, por qué no, respuestas a preguntas que solemos hacer en Google. Pictoline también se ha ocupado de ilustrar documentos, como el “Informe Ayotzinapa”, del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes, acerca de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Isidro Burgos, el 26 de septiembre de 2014.

Hay que decir que, ciertamente, la caricatura inglesa viene haciendo lo mismo que hace Salles desde las primeras décadas de 1800. ¿Qué distingue entonces al trabajo de este ilustrador mexicano? Buenas ideas tenemos todos, dice él, pero “no es quién piensa la idea, sino quién la hace, finalmente. Una idea por sí sola nunca va a lograr un cambio. Hay que dejar de ver la imagen del tipo exitoso y solitario que triunfó [refiriéndose a Mark Zuckerberg] y ver el trabajo que hizo que esa idea saliera adelante [...] Si la creatividad tuviera un proceso lineal, ya lo harían las computadoras. El proceso creativo es que no hay proceso. Cada persona funciona a diferentes velocidades y en diferentes modos”. Por otro lado, Salles ha confiado en su aburrimiento como el primer síntoma de un imperativo: debes pasar a otra cosa.

 

¿La ciencia de los cínicos?

Enemigo de embaucar gente, Eduardo creó, junto con Raúl Pardo e Iván Mallorquín, el medio cuya información es la misma que consumes todos los días en tus redes sociales, aunque desconozcas o le restes importancia a su procedencia y a su autoría.

El plan era publicar en redes sociales imágenes que fueran informativas y distinguirse de otros medios que otorgan más peso a los titulares con el fin de atraer lectores; también, proporcionar datos duros sin la rigidez de las estadísticas y las gráficas. Salles observó que los usuarios de internet otorgan poca o nula importancia a la procedencia y a la autoría de los “contenidos”, trátese de memes o de noticias, y que las publicaciones son compartidas de manera inmediata, sin verificar su autenticidad. Así que utilizó la imagen, no como un acompañante de la información, sino como la información.

El reto de Pictoline es que “tiende a legitimizar la imagen. Requiere ganarse por peso propio esa certidumbre de que lo que estás viendo en la imagen es información real, que tuvo un proceso de investigación o periodístico”, ha comentado Salles respecto a los aciertos y desafíos del medio. Pero, ¿qué riesgo se corre al perseguir este propósito? Mientras que la investigación a fondo, la verificación de la información, el contraste de datos y la procuración de la imparcialidad son —o deberían ser— indispensables para el trabajo de un periodista, a quien se dedica a generar contenidos (como es el caso de aquellos que Pictoline hace circular en las redes sociales) le interesa más bien impactar, y no necesariamente se verá en la posición de cuestionar la veracidad de aquello que divulga. Un ejemplo son los datos curiosos que tal vez estén avalados por estudios científicos… aunque habría que preguntarse por la fiabilidad y la pertinencia de dichos estudios (que a veces pueden ser ridículos). Como ha criticado el comediante británico John Oliver, “la ciencia produce estudios constantemente […] hay tantos estudios siendo citados que parecen contradecirse unos a otros, y después de cierto punto toda esa ridícula información te hace preguntarte si la ciencia es una mierda. La respuesta es no, pero hay mucha mierda enmascarada como ciencia”. Es algo en lo que quizá debieron haber pensado en Pictoline antes de hacer una publicación como ésta: “La Organización Mundial de la Salud anunció que las bebidas calientes pueden dar cáncer. Pero descuida, tu café diario parece estar a salvo”. “La información se distorsiona tanto que llega al absurdo”, insiste Oliver, y muestra un titular de la revista Time, del 11 de julio de 2014: “Científicos afirman que oler pedos puede prevenir el cáncer”. Nos gusta la ciencia popular y divertida que podemos compartir como un chisme, y los productores de noticias lo saben.

Eduardo Salles

Redes y trabajo en equipo

Entre sus sugerencias para crear, Eduardo Salles dice que si se tiene un problema en mente, hay que dejarlo descansar; ninguna solución brotará en la oficina, sino probablemente cuando no se esté haciendo nada en particular: “Muchas de las grandes ideas surgen en los lugares menos esperados”. Hay que sobrellevar los miedos conforme a los resultados, evitar copiar, no vaticinar, pues “toda previsión es falsa; nunca vas a saber qué ocurre en el futuro. Tenemos un plan de hacia dónde queremos ir, pero no sabemos hacia dónde vamos a ir”.

Las redes sociales permiten que el trabajo del equipo de Pictoline funcione, pero no sólo en internet: que más gente pueda vivir de su talento implica que haya más personas buscando soluciones y dispongan de tiempo libre para crear, como pudo verse cuando lanzaron el programa Global Residency, que congregó a varios artistas, tanto en julio de 2016 como en enero de 2017.

Global Residency es una iniciativa que invitó a reconocidos ilustradores de todo el mundo a trabajar con Pictoline durante una semana para refrescar el estilo del medio. Entre los artistas participantes estuvieron Pablo del Cielo y Camilo Huinca, de Chile; Lorena Álvarez y Jim Pluk, de Colombia; Stephen Maurice, de Irlanda del Norte, Gastón PachecoMartín Vinograd y la también argentina María Luque, ganadora del Premio Novela Gráfica Ciudades Iberoamericanas, que le fue otorgado durante la Feria Internacional del Libro en Guadalajara de 2017 (y quien también colaboró para MAGIS en el número 444, en el que se hizo un homenaje al dibujante argentino Quino).

Eduardo Salles

Stickers por Siria fue una idea en la que el diseño y el poder de convocatoria de este grupo se aprovecharon con fines altruistas para ayudar a niños sirios durante la temporada de invierno, un proyecto creado por Pictoline junto a UNICEF México. Pero el llamado más reciente fue la invitación a participar en la Primera Bienal de Ilustración en México, que superó sus expectativas al contar con más de 4 mil 604 inscritos y 80 autores finalistas que serán parte de la exposición y el catálogo de la Bienal.

Eduardo Salles comprendió el cinismo como un asunto de muchos actores y voluntades; su trabajo ha conseguido posicionar en la discusión pública (al menos aquella que tiene lugar en las redes sociales) temas científicos y coyunturales, y se ha visto reflejado en la publicación de varios libros.1 Su trayectoria en el ámbito publicitario es reconocida, sus ilustraciones han aparecido en importantes medios de comunicación nacionales e internacionales. Pero, sobre todo, la influencia del estilo informativo de Pictoline fue adoptada por múltiples medios de comunicación mexicanos, y sus contenidos se esgrimen como argumentos en una sostenida discusión en la que podemos, como sugería Jorge Manzano, SJ, tratar de ver el mundo como otros lo ven. m.

 

1. Como Cinismo Ilustrado (Tumbona, México, 2014), La ciencia de los cínicos. Grandes teorías ilustradas para entender la vida, el mundo y la estupidez humana (Aguilar, México, 2014), y el Almanaque Pictoline 2016 y 2017.

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