Zohran Mamdani: despertar a la ciudad que nunca duerme
Daniel Medina Jackson – Edición 510

Socialista de 34 años e hijo de inmigrantes, ganó la alcaldía de Nueva York en noviembre de 2025. Partiendo del último lugar en encuestas, construyó una campaña viral centrada en las necesidades de los habitantes de la ciudad y movilizó a 100 mil voluntarios, en lo que para muchos es una posibilidad inédita de derrotar al establishment
El 11 de septiembre de 2001, la ciudad de Nueva York fue atacada por el grupo yihadista islámico Al Qaeda, en lo que ha sido sin duda uno de los momentos más conmocionantes y definitorios del orden político internacional contemporáneo. La islamofobia, relativamente contenida aún, explotó alrededor del planeta, con el centro financiero del mundo como epicentro. El trauma y el dolor desencadenaron cientos de agresiones injustificadas contra mezquitas, centros islámicos y personas musulmanas en la vía pública. Veinticuatro años después, la hostilidad y la discriminación no han desaparecido. Aun así, el pasado 4 de noviembre, Zohran Kwame Mamdani, un joven inmigrante musulmán de 34 años, hijo de padres indios y nacido en Uganda, ganó la alcaldía de la ciudad más grande de Estados Unidos, después de una campaña en la que su oposición lo caracterizó como un loco radical, comunista, yihadista y antisemita.
Una campaña sin precedentes
En enero de 2025, Zohran Mamdani era un asambleísta local, prácticamente desconocido, del barrio de Astoria, en el distrito de Queens, que había anunciado su candidatura a la alcaldía meses antes, en octubre. Daba sus primeros pasos en la gira de campaña y se encontraba en los últimos lugares en las encuestas, entre una docena de precandidatos. Su etnicidad y su postura abiertamente socialista lo mantuvieron al margen al principio. A pesar de ello, no tardó en destacar entre sus colegas del DSA (Socialistas Demócratas de América), una organización de acción política vinculada al ala progresista del Partido Demócrata que cobró relevancia durante la campaña de Bernie Sanders en 2016 y cuya plataforma aboga principalmente por la salud pública, los derechos laborales, la economía verde, la vivienda accesible, la política internacional no intervencionista y los impuestos para los más ricos.
El carisma y la facilidad de palabra de Mamdani fueron claves en su rápido ascenso político, pero su capacidad de conectar con las preocupaciones cotidianas de los neoyorquinos de clase trabajadora de todas las edades, barrios y orígenes fue central. En las calles comerciales de Jackson Heights, pobladas por mexicanos y puertorriqueños; en las iglesias y los centros comunitarios de Queens y Brooklyn, con afroamericanos; en las sinagogas en Williamsburg; y en el Upper West Side con judíos, mezquitas y centros islámicos en Steinway Street y Greenwich Village, con musulmanes; en Flushing y Sunset Park con comunidades asiáticas, hasta mítines en Diversity Plaza y Manhattan con grupos de todas las procedencias, Mamdani se encontraba con los votantes para conocer sus inquietudes de primera mano. Y lo que se descubrió fue una ciudadanía que estaba harta de los costos exorbitantes de la vida en la Gran Manzana.

No es ningún secreto que las rentas y los precios en Nueva York han sido históricamente muy elevados. Sin embargo, desde la pandemia, el costo de vida se ha incrementado aún más. Para 2025, la renta media solicitada en la ciudad era aproximadamente 18 por ciento más alta que a inicios de 2020. A ello se suma el hecho de que más de tres millones de hogares neoyorquinos destinan más de 30 por ciento de sus ingresos a vivienda, gasto que en muchos casos llega a 54 por ciento, una de las tasas de sobrecarga más altas del país. A la fecha, la inflación local sigue por encima del promedio nacional, con aumentos en vivienda, transporte, servicios y alimentación, lo que hace cada vez más difícil que los ingresos medios alcancen para sostener una vida digna en la ciudad.
Nueva York es una ciudad que, como pocas, genera un fuerte arraigo en sus habitantes. Es un universo propio donde conviven cientos de culturas, idiomas, sabores y formas de vida que se entrelazan en cada esquina. Su energía incesante, su mezcla de historias y aspiraciones, así como la sensación permanente de posibilidad hacen de ella un lugar tan inspirador como apasionante para vivir. Y los arrendadores y comerciantes lo saben, al punto de haber aprovechado esa devoción por la ciudad para elevar precios y recurrir a prácticas leoninas que terminan generando condiciones adversas de vida e, incluso, expulsando a quienes la han sostenido durante generaciones.
Muchas personas se han visto forzadas a migrar a Nueva Jersey y a suburbios en el interior del estado para poder solventar sus gastos básicos. Hacer desde ahí su largo trayecto a sus lugares de trabajo y convivencia ha implicado un desgaste que no sólo afecta su calidad de vida, sino que además incrementa la sensación de que la ciudad se está volviendo inaccesible para quienes la sostienen. Mamdani encontró en la asequibilidad la centralidad de su mensaje de campaña y, a diferencia de su principal contrincante, Andrew Cuomo, percibido como un demócrata del establishment y distante de las preocupaciones cotidianas de los trabajadores, supo leer y articular con claridad las angustias económicas de los sectores más desfavorecidos.
Con un lenguaje cercano y ameno, el joven candidato denunció el aumento abusivo de las rentas y prometió congelarlas por los próximos dos años; asimismo, planteó un programa de control de alquileres que limite incrementos anuales a un máximo de 3 por ciento, criticó los precios desproporcionados de los víveres y propuso subsidios temporales para dotar de despensas básicas a familias de bajos ingresos, además de la creación de una red de tiendas municipales de abasto para vender alimentos a precios bajos; reconoció la carga económica del transporte público y se comprometió a expandir las rutas y hacer que el servicio de los autobuses urbanos fuese gratuito y eficaz; también advirtió acerca de las dificultades de las madres trabajadoras y planteó alentar el establecimiento de guarderías universales y aumentos salariales para educadores preescolares.
Súbitamente, su voz comenzó a tener un eco que se empezó a escuchar más allá de Manhattan, Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island. El país y el mundo estaban volteando a verlo. ¿Quién era este tipo que estaba desafiando al aparato político tradicional y poniendo de cabeza la forma de hacer una campaña?

El tipo de las redes sociales
El carisma de Zohran Mamdani comenzó a llamar la atención de forma contundente en las redes sociales. Sus cuentas de Instagram y TikTok pasaron de miles de seguidores a millones en cuestión de meses. Se empezaba a hablar del “tipo de las redes sociales” porque la gente no se acordaba bien de su nombre. Lo reconocían en la calle y lo vitoreaban. Habían visto sus videos y les gustaba tanto lo que decía como la forma en que lo decía. Generaba aprecio y simpatía. Aun así, todavía muchos no le daban las mínimas esperanzas de ganar la elección.
Mamdani desarrolló un estilo muy característico que combinó el histrionismo y la energía de un influencer con el rigor y la espontaneidad del clásico reportero callejero. Su perspicacia se mezclaba con denuncia, emotividad y humor. Los reels en sus canales lo mostraban recorriendo la ciudad de arriba para abajo, hablando directamente a la cámara y conversando con repartidores, recolectores de basura, estudiantes, comerciantes en sus locales y transeúntes, acerca de sus preocupaciones y sus anhelos. Se detenía a comer en los mercados, a jugar en las canchas y, sobre todo, a compartir la crítica a las condiciones de excesivo encarecimiento que habían generado los que detentaban el poder político.
Los fragmentos de vida citadina que protagonizó se hicieron virales. En una pieza se puso a jugar futbol y a dominar la pelota hábilmente en una cancha pública a la vez que denunciaba el sistema de precios dinámicos a los que estarán sujetos los boletos del Mundial y que los hará inalcanzables para la clase trabajadora. En otro video armado con tintes cómicos, titulado Halalflación entrevista a vendedores callejeros de comida árabe que tienen que vender su producto a sobreprecio por enfrentar pagos excesivos por sus licencias. Durante el maratón de Nueva York se le ve participando en la carrera, y con el aliento que le queda critica al alcalde en funciones, Eric Adams, por permitir que las rentas subieran nueve por ciento. En varios videos aparece visitando negocios familiares, probando los productos y promoviendo su propuesta de nombrar a un “zar del changarro” que tendría la función de apoyar a las microempresas para facilitarles trámites, optimizar regulaciones y bajar costos de licencias.
En uno de los videos más vistos se le ve intentando grabar un mensaje en una esquina muy transitada. Apenas comienza a hablar, lo interrumpen continuamente las personas que pasan para tomarse selfies con él. Con buen humor y risas acepta una tras otra. En un golpe de genio, su equipo decidió no cortar y continuar grabando. El video resultante, un mensaje en el que no alcanza a articular un solo enunciado completo, bien puede ser el más potente de todos.
La frescura y la candidez del estilo de comunicación de Mamdani lo catapultaron en las encuestas y poco a poco fue tomando ventaja. Una semana antes de la elección para definir al candidato del Partido Demócrata les dijo a sus simpatizantes: “Ellos tienen todo el dinero del mundo, nosotros te tenemos a ti”. Sí los tuvo. En escasos cinco meses pasó del último lugar, con 1 por ciento de la intención de voto, al primer lugar, con 43.5 por ciento entre 11 candidatos.

El ejército de voluntarios
Mamdani supo marcar su diferenciación como el candidato que no tenía donadores millonarios y que no tenía intereses oscuros con el aparato político tradicional. Además, supo desmarcarse de su principal contrincante, el exgobernador Andrew Cuomo, que a pesar de haber sido forzado a renunciar al cargo por acusaciones de acoso sexual en 2021, regresó para postularse con éxito como candidato a la alcaldía aprovechando los hilos de la base partidista y la estructura de financiación de campaña que controló durante 10 años en el poder.
El reto para Mamdani era capitalizar su popularidad y llevar su mensaje más allá de las redes sociales y de lo que podía hacer por cuenta propia recorriendo la ciudad y tocando puertas. Lo que iba a necesitar era un equipo robusto de campaña con suficientes voluntarios para hacer proselitismo mediante brigadas territoriales. Para su fortuna, su mensaje resonó exponencialmente y, para septiembre, dos meses antes de la elección, llegó a integrar un ejército de 100 mil neoyorquinos dispuestos a dedicar su tiempo libre a apoyar su candidatura repartiendo volantes, haciendo llamadas y convocando a sus vecinos a votar.
El resultado fue la más grande operación de trabajo de campo de una campaña política en la historia de Nueva York. Los voluntarios se entregaron de una forma pocas veces vista. Mamdani se refirió a ellos, en su discurso tras la victoria, como una “fuerza incontenible” que por medio del diálogo había “erosionado el cinismo que ha llegado a definir nuestra vida política”.
En más de medio siglo no se había registrado una participación electoral tan nutrida en Nueva York: 2.1 millones de votos, casi el doble que en cada una de las últimas cuatro elecciones. También llegó al límite legal de recaudación de fondos en tiempo récord, y todo gracias a pequeños donadores. La ciudad despertó del sonambulismo que la tenía caminando sin dirección en la oscuridad: algunos dirán que justo antes de caer por las escaleras.

La renovación multicultural del Partido Demócrata
Tras la crisis de confianza que siguió a la derrota de Kamala Harris a manos de Donald Trump en 2024, la victoria de Mamdani será analizada minuciosamente por los estrategas del Partido Demócrata como un posible modelo para salir del atolladero. Aun así, su perfil no será fácil de replicar, tanto por su destreza política y comunicacional como por el trasfondo de su historia personal.
Hijo de dos figuras de gran peso intelectual y cultural, Mamdani creció en un entorno profundamente marcado por la crítica social, la sensibilidad política y el compromiso con las desigualdades en el mundo. Su madre, la cineasta Mira Nair, es una de las voces más reconocidas del cine contemporáneo, galardonada con premios como el León de Oro del Festival de Venecia, autora de una filmografía que retrata con audacia cuestiones de identidad, migración, clase y comunidad. Su padre, el prestigioso académico Mahmood Mamdani, es un referente internacional en estudios poscoloniales, historia africana y teoría política, con una trayectoria que incluye cátedras en la Universidad de Columbia y la London School of Economics.
El camino de Mamdani hacia la política dista mucho de ser el tradicional. Tras cursar Estudios Africanos, se dedicó a la música hip-hop, un género que le permitió entender las tensiones sociales y raciales de la ciudad mejor de lo que lo hubiera hecho en cualquier aula. Con el nombre artístico Young Cardamom, escribió y cantó temas de crítica social, con letras que denunciaban la desigualdad urbana, la brutalidad policial y el costo de la vida. Su multilingüismo (habla inglés y al menos siete idiomas más con diferentes grados de dominio: bengalí, hindi, suajili, luganda, urdu, español y árabe) se convirtió también en un sello artístico al colaborar con raperos y músicos de África Oriental y del sur de Asia, mezclando versos en varios idiomas y generando una pequeña pero sólida comunidad de seguidores en Nueva York, Kampala y Nueva Delhi.

Su salto hacia la política local llegó casi por accidente. En 2017, uno de sus raperos favoritos manifestó su apoyo a un candidato poco conocido para el Concejo Municipal, y Mamdani, intrigado, se ofreció como voluntario. Después vinieron trabajos en organizaciones comunitarias y de vivienda asequible, donde conoció de primera mano el drama de los desalojos y la precariedad de miles de familias inmigrantes. Desde entonces, su pensamiento socialista se fue consolidando como una extensión natural del ambiente intelectual y artístico en el que creció.
Esa sensibilidad social encontró también un espejo natural en Rama Duwaji, animadora, ilustradora y ceramista de ascendencia siria con quien se casó en febrero de 2025. Con una maestría en Bellas Artes por la School of Visual Arts de Nueva York, Duwaji explora cuestiones de justicia social, cultura árabe y vida cotidiana, y su obra ha sido publicada en medios como The New Yorker y The Washington Post. Su mirada estética se incorporó de forma natural a la campaña de Mamdani. Dirigió un diseño que rompió con los códigos tradicionales de la política neoyorquina. Optó por una paleta de colores vivos y contrastes audaces, con una tipografía inspirada en carteles de bodegas, puestos callejeros y la estética multicultural de Queens. El resultado fue una imagen altamente reconocible con un estilo urbano-pop que evocaba el ritmo frenético, la diversidad y la creatividad cotidiana de la ciudad. Gracias a ese diseño, el mensaje político dejó de ser meramente discursivo para volverse también visual, al vincularlo con aquello que los neoyorquinos más valoran: autenticidad, cercanía y una identidad que refleja la vida real de las calles.
Encontrar figuras dentro del Partido Demócrata que cumplan con un perfil y capital cultural semejante será un gran reto para la dirigencia nacional. Aun así, figuras como las legisladoras Alexandria Ocasio Cortez, Ilhan Omar, Rashida Tlaib, Cori Bush y Pramila Jayapal dejan algo muy claro: la próxima gran fuerza política del país será tan diversa como la nación a la que dice representar.

Un gobierno socialista en la cuna del capitalismo
Mamdani pretende convencer de que es el hombre dispuesto a trabajar con los aparatos de la democracia capitalista para alcanzar fines socialistas. Habrá quienes consideren que eso es una contradicción de términos y habrá quienes vean en ello exactamente lo que la política liberal debe buscar. La potencial transformación de las estructuras oligárquicas del poder está poniendo nerviosos a los multimillonarios acostumbrados a las prebendas que gobernantes republicanos y de centro les han dado. Por ello, financiaron campañas de descrédito a través de comités de acción política y grupos de presión afines, difundiendo anuncios alarmistas sobre supuestos efectos catastróficos de las políticas del joven candidato, como aumentos masivos de impuestos, colapso de la inversión privada y pérdida de empleos. Aunado a ello, medios conservadores como Fox News anunciaron un éxodo masivo de ciudadanos y capitales que, afirmaban, iba a quebrar a la metrópoli y a convertirla en refugio de radicales y enemigos de la libre empresa.
En contraposición a ello, Mamdani enfatizó en su discurso de victoria del 4 de noviembre que su llegada al poder simboliza una ruptura histórica: “Hemos derribado a una dinastía política” y, con ello, “vamos a decir adiós a la política que abandona a las mayorías y prioriza a unos cuantos”. Su apuesta por políticas sociales expansivas en Nueva York busca justamente anclar ese quiebre en la vida cotidiana de la gran diversidad de personas que la habitan. El alcalde electo reconoció a quienes impulsaron su movimiento y por quienes piensa responder desde el gobierno: “Gracias a quienes suelen ser olvidados por la política de nuestra ciudad y que hicieron de este movimiento algo propio. Hablo de los dueños de bodegas yemeníes y de las abuelitas mexicanas, de los taxistas senegaleses y las enfermeras uzbecas, de los cocineros trinitenses y las comadres etíopes. Sí, de las comadres”.
