Tipos de discernimiento
Alexander Zatyrka, SJ – Edición 518

Algunos discernimientos implican el ejercicio conjunto de quienes integran la comunidad o el espacio de servicio, por lo que podemos considerarlos discernimientos “grupales”
Una de las características centrales de la espiritualidad ignaciana es la práctica del discernimiento, que describe la búsqueda de la voluntad de Dios aplicada a la vida concreta del creyente. Hemos dedicado los últimos artículos a detallar elementos importantes de este proceso para explicitar en qué consiste y cómo llevarlo a cabo.
Normalmente, cuando las personas piensan o hablan sobre el discernimiento ignaciano, hacen referencia al discernimiento personal, es decir, aquel realizado por la persona, desde el momento concreto de su vida y su relación con Dios. Si bien puede realizarse con el apoyo de algún tipo de acompañamiento espiritual, este ejercicio es básicamente una actividad individual. Pero existen otros tipos de discernimiento que, si bien mantienen las reglas y el método, varían en sus metas (como puede ser encontrar la voluntad de Dios para una comunidad o para una obra apostólica). Estos discernimientos implican el ejercicio conjunto de quienes integran la comunidad o el espacio de servicio, por lo que podemos considerarlos discernimientos “grupales”. Veamos algunas de sus características.
Discernimiento personal
Es la búsqueda de cada persona por conocer la voluntad de Dios para su vida, de manera que pueda optar por ella y trabajar para instrumentarla. El material fundamental de este tipo de discernimiento son los exámenes de oración y de conciencia.
Cada cierto tiempo es importante “recoger” el discernimiento. En un ambiente de retiro y oración, releer los registros del diario espiritual sobre el examen de oración y el examen de conciencia. Ver si hay temáticas que se repiten, o si va apareciendo un hilo conductor.
Este proceso implica recuperar las principales experiencias, luces y mociones, que se considera que provienen del Buen Espíritu. Siguiendo la progresión de confirmación propuesta por san Ignacio, es importante estar atento a ver si las “mociones” se convierten en “determinaciones” y estas devienen finalmente en acciones.
Pero existen otros tipos de discernimiento, entre los que destacamos:
— Discernimiento vocacional (buscar específicamente la vocación y la misión personales).
— Puesta en común del discernimiento personal (grupos de discernimiento).
— Discernimiento comunitario (buscar la voluntad de Dios para la vida de la comunidad).
— Discernimiento apostólico (buscar la voluntad de Dios para una obra apostólica).
El discernimiento vocacional suele ser personal, si bien es importante conferirlo con un buen acompañante espiritual. En ocasiones podría realizarse como parte de un grupo de discernimiento. Sigue una metodología similar a la del discernimiento personal.
Los otros tres tipos son grupales. Dado que en estos tipos de discernimiento participan varias personas, es importante observar algunas reglas que resultan indispensables para asegurar su buen desarrollo.
Reglas básicas para un discernimiento grupal:
I. El tamaño del grupo debe ser manejable (un máximo de seis u ocho personas).
II. El discernimiento es un tipo de oración, es decir, de comunicación con Dios. Hay que acercarse con la debida reverencia y apertura al Misterio.
III. Todos los participantes deben estar convencidos del proceso y comprometerse para llevarlo a buen término.
IV. Es fundamental un compromiso de confidencialidad: lo que se dice en una sesión de discernimiento no se puede comentar fuera, ni siquiera entre los participantes del grupo.
V. No se puede indagar más allá de lo que los participantes quieran compartir. Sin embargo, sí hay un momento para aclaraciones, sabiendo que el expositor está en su derecho de responder o no.
VI. Tener mucho cuidado de no utilizar espacios de discernimiento para ajustar cuentas con alguien o para hacerle correcciones que no vienen al caso a personas participantes.
Pasos en la puesta en común del discernimiento personal
Previamente, quien expone (pone en común) su discernimiento ha recogido el material que tiene, con base en los registros de su diario espiritual (exámenes de oración y de conciencia), como describimos en nuestro artículo anterior. Esto ha de hacerse en un espíritu de oración y búsqueda sincera de la voluntad de Dios.
Los pasos por seguir son:
- Oración (preparada por el expositor, tratando de que refleje de alguna manera lo que pondrá en común).
- Delimitación del tiempo que cubre la puesta en común (de qué fecha a qué fecha es el material que se pondrá en común).
- Tónica principal de este tiempo: consolación o desolación o tiempo tranquilo.
- Eventos principales de ese tiempo.
- Mociones principales y el seguimiento que se les ha dado. Presentar si se van acercando a determinaciones.
- Trampas (“tretas”) del mal espíritu o del propio ego que se han descubierto.
- Ronda de preguntas aclaratorias, en la que las personas participantes preguntan elementos o situaciones que les permitan comprender mejor el contenido que se ha presentado.
- Tiempo de oración para meditar sobre lo expuesto, tratando de estar atentos a las mociones que surgen. Estas mociones, a su vez, deberán ser discernidas: de dónde vienen, qué estado de ánimo las acompaña, a dónde creo que llevan (qué intención descubro en ellas).
- Compartir las mociones de cada uno de los participantes sobre la materia expuesta por quien puso en común (retroalimentación o “revire”). Cada persona participante transmite las mociones que sintió frente al material expuesto. Puede iniciar confirmando, o no, la tónica que compartió el expositor (consolación, desolación, tiempo tranquilo). Al terminar, quien puso en común su discernimiento, puede preguntar a cada una de las personas que le dieron retroalimentación, las expresiones o ideas que no haya entendido.
- Cierre de la puesta en común, donde el expositor comparte su experiencia de la sesión.
- Oración final.
Las sesiones de puesta en común deben ser adaptadas al número de participantes: menos frecuentes/más largas/mayor número de expositores, o bien, más frecuentes/más cortas/menor número de expositores.
Discernimientos grupales de tipo comunitario y apostólico
La materia del discernimiento de tipo comunitario y la del apostólico es el actuar común, ya sea como comunidad o como participantes de una obra apostólica. Debe haber un compromiso de todas las personas participantes para mantenerse centradas en el Señor y en su voluntad. No se trata de imponer o llevar adelante mi punto de vista/opinión, sino de buscar lo que Dios quiere.
De manera conjunta y consensuada entre quienes participan, se delimita la “materia de discernimiento”, es decir, qué es lo que se está tratando de decidir desde la voluntad de Dios. Una vez delimitada la materia, se lleva a la oración el tema acordado y se ponen en común las mociones que hayan surgido de esa ponderación ante Dios (para esto nos puede servir el itinerario para la elección, propuesto por san Ignacio, que describimos en el artículo “La elección”).
Después de escuchar a todos, lo que se puso en común se convierte a su vez en materia de oración. Se lleva eso a la oración personal y se permanece atento a las mociones que vayan surgiendo al respecto. Las sesiones se suceden (variando en duración y frecuencia, según acuerdo del grupo) hasta ir alcanzando unanimidad en los pareceres.
Se espera terminar con un espíritu general de consolación. Cuando se alcanza este grado de confirmación compartida, se procede a la instrumentación de lo que el colectivo ha discernido.
Para saber más
:: Visita el sitio web de Alexander Zatyrka, SJ, “El camino de la mistagogía”.