“Siempre me ha interesado desnudar el poder”

“Siempre me ha interesado desnudar el poder”

– Edición 488

Foto: Lalis Jiménez

Rossana Reguillo fue nombrada investigadora emérita del SNI, una distinción que pocos investigadores alcanzan y que la académica del ITESO —institución a la que considera su casa— obtuvo luego de una trayectoria que, dice, “no ha sido lineal, pero sí muy divertida”. Aquí la acompañamos a repasarla

Cuando Rossana Reguillo entró a trabajar al ITESO tenía 21 años, estudiaba Filosofía en la Universidad de Guadalajara y ya había dado clases en la universidad jesuita. Llegó a laborar al campus para coordinar una biblioteca que, en ese entonces, estaba albergada en el edificio C y, recuerda, “tenía mesas de Coca-Cola o de Pepsi, un mostrador, a Angelita y algo así como ocho mil libros”. Muchos años han pasado desde entonces. Rossana Reguillo se convirtió en una de las investigadoras más reconocidas de la Universidad y ha estado presente, dice, “en los cambios más importantes del ITESO. Es mi casa académica, que me ha permitido trabajar y crecer”.

La trayectoria de Rossana Reguillo Cruz (Guadalajara, 1955) como investigadora es ejemplar. Tanto, que recientemente fue reconocida como investigadora emérita por parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) de México, al que ingresó en 1994 como candidata aun cuando todavía no tenía el grado de doctora en Ciencias Sociales. Una vez que lo obtuvo, en 1995, su ascenso fue rápido y pronto alcanzó el nivel III, el más alto del SNI, donde se mantuvo gracias a lo que describe como una “producción intensa con buena aceptación en diversas comunidades académicas”.

La “producción intensa” de Reguillo comenzó con la elaboración de tres tesis para obtener sus grados académicos en menos de diez años, y se extiende en libros como En la calle otra vez: las bandas: identidad urbana y usos de la comunicación; Emergencia de culturas juveniles: estrategias del desencanto; Horizontes fragmentados. Comunicación, cultura, pospolítica: El (des)orden global y sus figuras; Paisajes insurrectos: jóvenes, redes y revueltas en el otoño civilizatorio y, el más reciente, publicado en 2021, Necromáquina. Cuando morir no es suficiente; y continúa en múltiples colaboraciones para publicaciones en México y en Latinoamérica.

Dato curioso: a pesar de la cantidad de libros, artículos, colaboraciones y compilaciones que ha escrito o coordinado, uno de sus trabajos más entrañables y queridos sigue sin ver la luz —“ahí está en mi computadora”, confiesa— desde mediados de los años noventa: La construcción social del miedo es una investigación realizada en Puerto Rico, Colombia, Argentina y México y que la investigadora califica como un hito en su trabajo, porque en ella se permitió regresar, de alguna manera, al origen: volvió a la filosofía.

“Pensé que para entender los miedos contemporáneos había que volver a los filósofos clásicos. En este trabajo me interesa ver cómo el miedo desarticula todas las resistencias sociales”. Aunque buena parte del trabajo de investigación debe ser actualizada porque la realidad de entonces ha cambiado de forma radical, la académica no pierde el interés de que esa investigación vea la luz un día de éstos.

Jóvenes, cultura, música, violencias, inseguridad, redes sociodigitales. Pareciera que no hay tema que escape a la curiosidad y al ojo escrutador de Reguillo, quien explica que todo se debe a que “no trabajo por temas, sino que es un proyecto a largo plazo. Lo que me ha interesado siempre es desnudar el poder, perseguirlo ahí donde se muestra, y siempre se muestra con toda su brutalidad en los entornos precarizados”.

Entrevisto a Rossana Reguillo a través de una pantalla. La veo frente al monitor, y detrás, en segundo plano, un librero acumula libros, por supuesto, pero no sólo eso: también hay un par de figuras de Grogu —conocido como Baby Yoda, el enternecedor personaje de la serie The Mandalorian— y una máscara de Guy Fawkes, imagen que se hizo famosa gracias a V, el protagonista de la novela gráfica V for Vendetta y que hace unos años se convirtiera en el emblema de Anonymous, el colectivo de piratas digitales que decidió hacer justicia a punta de hackeos.

Del lado izquierdo del librero alcanzo a ver una pequeña escalera que comunica dos repisas, y pienso que una entrevista como la que estamos por comenzar trata de eso: un camino en ascenso.

Rossana con el equipo que participa en Signa-Lab, el laboratorio de investigación sociodigital del ITESO. Foto: OCI ITESO

La reportera que quería entender

“Un día, que me llama Scheifler1 a su oficina y me dice: ‘Esto no puede seguir así’. Y yo me puse toda nerviosa. ‘Lo estás haciendo muy bien, pero debes tener una licenciatura. No puedes hacer un trabajo tan importante y académico sin tener un título’. Dije, ‘¡Ay, chirrión! ¿Y ahora qué hago?’”, recuerda Reguillo.

En esos momentos ya había abandonado sus estudios de Filosofía en la UdeG, y para atender la petición de Xavier Scheifler intentó matricularse en la carrera de Sociología de la Ibero Ciudad de México, en la modalidad abierta. “No me admitieron”, dice, para luego añadir que terminó por matricularse en la licenciatura en Ciencias de la Comunicación del ITESO. “Yo antes ya había dado clases en la Universidad, así que algunos de quienes fueron mis alumnos, luego se convirtieron en mis maestros”.

Reguillo Cruz dejó su impronta en la biblioteca del ITESO: durante su gestión tuvo el encargo de profesionalizar los servicios que se prestaban, se compró mobiliario y, dice, “me tocó negociar la adquisición del Fondo Clavigero, que estaba en la Casa de Madero de los jesuitas, y también comprar el Fondo Suárez, que, me atrevo a decir, es uno de los fondos más relevantes del país en ciencias sociales, humanidades, psicología social y psicoanálisis. Fue un proceso complejo de negociación con la familia y, al final, logramos traerlo”.

Pero si ella dejó su marca en la biblioteca, ese espacio, uno de los más emblemáticos y queridos de la Universidad, también hizo lo propio en lo que sería la trayectoria de Rossana Reguillo, una trayectoria que había empezado a forjarse durante su trabajo como reportera en Notisistema y que continuó en Radio UdeG cuando fue conductora del noticiario nocturno. “Quería entender cosas y el trabajo en la biblioteca me abrió y me mostró todo lo que yo no sabía. Ahí viví lo que Carlos Luna llama ‘el paso de la ignorancia vaga a la ignorancia específica’, que es el cambio que se produce cuando te das cuenta de que no sabes lo que no sabes”.

Y entonces ocurrió la epifanía: mientras cursaba la maestría, asistió a una exposición sobre punks que se presentaba en una galería ubicada por avenida Américas. Ahí, entre peinados de picos, ropa negra y estoperoles, nació su necesidad de entender. “Fue cuando dije: ‘Esto es lo mío, yo aquí me quedo’”.

Iniciaron así sus investigaciones sobre culturas juveniles y, mientras juguetea con una corcholata —hace un tiempo seguro tendría un cigarrillo encendido, pero hace casi cinco años que Reguillo no fuma más—, rememora sus nóveles incursiones etnográficas y cómo la mandaban con la bendición porque se metía a los que entonces eran considerados los barrios más duros de la ciudad. “Me costó mucho trabajo ganarme un lugar entre ellos, los ritos de iniciación por los que me hicieron pasar fueron tremendos. Fue mi bautizo de fuego. Yo siempre digo que ahí fue donde mis instrumentos de conocer aprendieron a hacer investigación”.

Foto: Archivo CC ITESO

De Periférico Sur al Vaticano, vía Latinoamérica

Una vez que descubrió que quería dedicarse a la investigación, la maquinaria ya no se detuvo. Sus trabajos empezaron a tener proyección internacional, y la dimensión política a tener un papel más central en su quehacer. Comenzaron los viajes a Latinoamérica, donde tejió lazos con investigadores de Argentina, Colombia, Bolivia y Venezuela.

“Es una etapa que guardo con muchísimo cariño”, dice Reguillo, y califica como un “encuentro telúrico” el que se dio cuando conoció a los investigadores Jesús Martín Barbero2 y Néstor García Canclini, quienes, además de colegas, se convirtieron en amigos entrañables, y con quienes la interlocución ha sido una constante.

Las memorias se suceden, una tras otra: recuerda cuando, a raíz del ataque a las Torres Gemelas en Estados Unidos, en septiembre de 2001, formó parte de un grupo de académicos latinoamericanos que se unieron para ofrecer solidaridad a sus pares estadounidenses que estaban siendo víctimas de una persecución en su país; cuando comenzó la mal llamada guerra contra el narcotráfico en México, y eso la llevó a preguntarse por la violencia, lo que tuvo como resultado que en 2007 acuñara el concepto de paralegalidad, “que fue muy bien recibido por distintas comunidades académicas, aunque en México no le hicieron mucho caso”, comparte; en 2011, mientras asistía a la Cátedra Andrés Bello en la Universidad de Nueva York, pudo presenciar en primera línea el estallido del Ocuppy Wall Street y ahí, mientras contemplaba a las personas trabajar en la calle con sus laptop —“como una especie de minotauros: mitad hombre y mitad computadora”—, nació en ella lo que describe como “la inquietud por entender el mundo de las competencias digitales”.

Así, se vinculó con los investigadores que estaban dando seguimiento al movimiento 15-M en España, el germen de lo que, unos años después, desembocaría en la creación de Signa-Lab, el laboratorio del ITESO donde se analiza el comportamiento de las redes sociodigitales y desde donde periódicamente se generan informes para analizar a conciencia cómo se desarrollan las conversaciones digitales y se desvela la manera en que diversos actores, entre ellos diferentes gobiernos, buscan incidir en la forma en que se aborda gran variedad de temas.

El viaje de Rossana Reguillo incluye tres momentos sui generis: el primero, las amenazas de muerte y el asedio de que fue objeto a raíz de su trabajo en torno a la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, en Ayotzinapa, Guerrero, en 2014. “Recibía hasta 13 mensajes por día en los que me amenazaban, me decían que ya sabían dónde vivía. Ingresé al Mecanismo de Protección [para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas], se abrió una carpeta de investigación y al final me dijeron que no se podía saber de dónde venían las amenazas”, recuerda; si entonces hubiera sabido lo que hoy conoce sobre los entornos digitales, añade, otra habría sido la historia.

El segundo momento se cuenta en Necromáquina. Cuando morir no es suficiente (NED/ITESO, 2021). Ahí narra cómo, en 2009, fue invitada a reunirse con 50 altos mandos del ejército en Oaxaca, reunión en la que también participaría el expresidente colombiano Ernesto Samper. En el libro relata cómo fue llevada del aeropuerto de Oaxaca al lugar de la reunión. “Nunca había estado dentro de una caravana de vehículos oficiales y militares […] la experiencia no fue placentera”, anota en el libro y luego califica como “intensos, fuertes y acalorados” los debates que ocurrieron durante ese encuentro con el ejército, “siempre en un clima de mucho respeto y escucha”.

Finalmente, el tercer momento ocurrió cuando un día, allá por 2012, le dijeron que la habían buscado del Vaticano. “Pensé que era una broma”, cuenta y, al verla en la pantalla, es evidente que la anécdota todavía le causa mucha gracia. Cuando, después de cuatro intentos, por fin pudieron hablar con ella, confundió al cardenal que estaba al otro lado de la línea, con un monero. “Pensé que era Manuel Falcón, que me estaba cotorreando. Pero no. Me dijo el cardenal: ‘Queremos que venga a la Plenaria del Consejo Pontificio de la Cultura’.5 Le dije: ‘Oiga, pero, ¿sí saben quién soy?’. Y me respondió: ‘Sí, porque lo sabemos es que la queremos invitar’”. Después de eso, en febrero de 2013 Rossana vivió lo que califica como “los cuatro días más locos de mi vida”.

Aunque para redactar la secuencia de hechos de pronto se impone un orden sucesivo, lo cierto es que Rossana Reguillo describe así su trayectoria: “No ha sido lineal, pero sí muy divertida”.

Las violencias y el dispositivo de lejanía

Uno de los temas que aparecen recurrentemente en los intereses de Reguillo Cruz es el de la violencia. O, mejor dicho, las violencias, toda vez que no se trata de una sola, sino de diversos grados y tipos y en diversas manifestaciones.

La académica del ITESO comparte que el de las violencias es “un tema muy fuerte que me implica en múltiples maneras”. Al tratar de explicar lo que sucede en México y por qué pareciera que las y los ciudadanos resisten niveles cada vez más grandes de violencia aparentemente sin chistar, recurre a la metáfora de la rana y el agua caliente, según la cual el anfibio no reacciona porque la temperatura va aumentando de manera casi imperceptible hasta que es demasiado tarde.

“El gran problema es la saturación de cifras, imágenes, noticias que abundan en la agenda y en el espacio público, pero que carecen de un relato”, señala Reguillo y pone como ejemplo la masacre ocurrida a finales de marzo de este año en un palenque clandestino en Zinapécuaro, Michoacán, donde fueron asesinadas 20 personas. “No hay un esfuerzo por poner en contexto lo que ocurre, no hay preguntas. El periodismo ha fallado al no hacer preguntas y al no poner en perspectiva lo importante: cómo hacer que estas historias le importen a la gente más allá de la ‘espectacularización’ de la violencia”.

Señala que otro factor que permite que las violencias sigan normalizándose es lo que denomina como “dispositivo de lejanía”, que consiste en la falsa idea de que la violencia ocurre en otro lugar, “que está allá, lejos, que la llevan a cabo sujetos que son malos, pero a mí no me va a pasar”.

Por otra parte, el escenario de violencias se ve acrecentado por “actores políticos que no están haciendo su trabajo; hay otros que no nada más no hacen su trabajo, sino que, además, le dan la espalda a la ciudadanía y eso es gravísimo; hay actores políticos coludidos con los agresores; hay otros que fueron abandonados a su suerte”. También, aclara, hay una sociedad que ha sido muy golpeada y que ya prefiere no informarse. Pero advierte: “No ver es peligrosísimo, porque cuando tienes el monstruo de frente, ya es muy tarde”.

Rossana Reguillo tiene claro que no hay una receta que permita dar con la solución para que la gente tenga una posición más activa y menos reactiva en lo que respecta a las violencias. Sin embargo, subraya que “ya es tiempo de que las universidades asuman su papel en la sociedad, más allá de la formación y la investigación. Es necesaria una coalición que sume esfuerzos de las universidades públicas y privadas y siente a los gobiernos para hacerles saber que esto no puede seguir así. También es necesaria una coalición de empresas con visión social. En tercer lugar, es muy importante rearticular a las organizaciones de la sociedad civil”.

Foto: Lalis Jiménez

La importancia de nombrar

Necromáquina. Rostridad. Paralegalidad. Socialidad. Espacio heterotópico. Contramáquina. Ahí donde el lenguaje no alcanza para nombrar una realidad cada vez más inabarcable, ahí está Rossana Reguillo creando o acoplando términos que permitan enunciar cosas que, muchas veces, son imposibles de contar.

“Nombrar es importante, es un acto político. Lo que no puedes nombrar, no lo puedes asir”, me dice la investigadora, y comparte que en sus investigaciones trabaja mucho con metáforas.

Y cuando las metáforas y las imágenes y las palabras de las ciencias sociales no alcanzan para explicar lo que quiere decir, recurre a otras disciplinas. “Buscando cómo nombrar el choque que se produce entre las estructuras paralegales y los usos y costumbres de las comunidades recurrí al concepto del efecto borde, que es de la Biología y se usa para describir la coexistencia de dos ecosistemas en cuyas fronteras se producen transformaciones brutales que incluso pueden poner en riesgo la vida endémica de uno de los dos”.

Este interés por nombrar para comprender se entrevera con otro de los ejes que Reguillo tiene como piso y que expresa como “preguntarme constantemente por qué cambia lo que cambia y por qué no cambia lo que debería cambiar”.

Esto da pie a que comparta los que, considera, son los desafíos que enfrenta actualmente la investigación en México. “Los retos son tremendos. Primero, estamos saliendo de una pandemia que significó la reinvención de los procesos de investigación. Ese problema se mezcla con la violencia brutal que estamos viviendo. ¿Qué van a hacer los estudiantes de Antropología, que antes podían ir a las comunidades a levantar datos, a estar con las comunidades que hoy están dominadas por el crimen organizado? Ése es un desafío brutal.

”Otra dimensión importante son los cambios culturales, políticos y sociales derivados de la aceleración tecnológica, de las redes, las plataformas que han cambiado las vetas cognitivas. Esto implica formas de aproximación a la realidad que demandan nuevas herramientas que muchas veces no tenemos.

”Otro problema sobre el que me gusta insistir es que hay un conjunto de prácticas para las que todavía carecemos de nombres. ¿Cómo generar teorías capaces de hacerse cargo de todos esos cambios sociales? Luego está la cuestión de cómo aprender herramientas que facilitan la vida de un investigador, como las encuestas en línea, pero hacia las que muchos profesores tienen prurito”.

Para concluir el recuento de una trayectoria que comenzó en unas mesas de Coca-Cola —o de Pepsi, qué más da— y que actualmente discurre entre algoritmos, nodos, grafos, hashtags y emoticones, Rossana Reguillo, la investigadora que ha llegado hasta el peldaño más alto que se puede alcanzar en el ámbito de la investigación en México, revela cuál es la que considera la mejor herramienta con la que puede contar un investigador: “Sí creo que hay cambios notables, algunos para muy bien —tenemos mayores recursos—, pero hay algo que nunca cambia: la imaginación como el principal recurso metodológico para lograr buenas investigaciones”.  .

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Notas al pie
1. Xavier Scheifler, SJ, quien fuera rector del ITESO entre 1972 y 1978.
2. Nacido en España, Jesús Martín Barbero se avecindó en Colombia desde 1963 y hasta su muerte, ocurrida en junio de 2021.
3. En su libro Necromáquina. Cuando morir no es suficiente (NED/ITESO, 2021) define la paralegalidad como “un orden paralelo que produce sus propios códigos, normas y rituales que, al ignorar olímpicamente a las instituciones y al contrato social, se constituye paradójicamente en un desafío mayor que la ilegalidad”.

1 comentario

  1. Roma, sábado 9 de julio de 2022 Muy estimada Rossana, te felicito mucho per esta grande distincion académica a tu trabajo intelectual y socio-cultural. Tengo el recuerdo de que cuando modificaste la Biblioteca, te escribí e hiciste una donación de diversos libros a una pequeña biblioteca de un grupo Juvenil de Morelia. Había colecciones únicas de la cultura mexicana. Me interesaría mucho tener un correo electronico tuyo para comentarte mi camino como ISC egresado del Iteso en el 1987 y como filosofo que está haciendo una tesis doctoral sobre la “praxis de la liberación en la Telogia de la Liberación Perspectivas de Gustavo Gutiérrez.

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MAGIS, año LVIII, No. 490, noviembre-diciembre 2022, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de noviembre de 2022.

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