Quince pasos hacia la paz

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Quince pasos hacia la paz

– Edición 423

Javier Sicilia, cabeza visible del movimiento que aglutina a diversos colectivos

El Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que encabeza el poeta Javier Sicilia avanza sobre un campo minado: anda dos pasos, regresa uno, gira, da un brinco y vuelve a empezar. Desde el 28 de marzo, cuando fue asesinado su hijo Juan Francisco, cerca de Cuernavaca, Sicilia ha caminado una ruta que va del dolor a la esperanza. A su causa se han sumado decenas de deudos que buscan recuperar la memoria de sus muertos y la dignidad de sus familiares, atrapados todos en una guerra que enfrenta a mexicanos contra mexicanos.

 

1. “… Se llaman personas, / se llaman súplicas, / se llamaban yo, / se llamaban tú, / se llamaban nosotros, / se llaman vergüenza”.

El poema “Los muertos”, de María Rivera, descompone los rostros reunidos este 6 de abril en el Zócalo de la ciudad de México.

No son los millones que ameritaría una “emergencia nacional”, ni siquiera uno de los 112 millones que somos, pero llegan los suficientes para llenar la plaza y sumarse al grito del poeta Javier Sicilia: “Estamos hasta la madre”.

Juan Francisco, su hijo, y otras seis personas, se incorporaron el 28 de marzo a la macabra lista de 40 mil muertos en el sexenio. El múltiple asesinato no tuvo espacio en las portadas de los diarios ni de los noticieros, pero en las redes sociales la información corrió como pólvora.

Sicilia dejó la poesía por la protesta y hoy marcha en Cuernavaca con otros miles, entre ellos, el actor estadunidense Edward James Olmos. Hay réplicas de la manifestación en veinte ciudades mexicanas y en media docena de ciudades del mundo.

El presidente Felipe Calderón citó al escritor antes de la manifestación. Hablaron dos horas. Pero Sicilia es inflexible: “Hay que cambiar la estrategia de seguridad”.

2. Miércoles 13 de abril. En una semana, Cuernavaca se ha llenado de periodistas. El emplazamiento a las autoridades para presentar a los responsables terminó y la única respuesta son discursos del Presidente en los que pide dirigir los reclamos “a los criminales, no a quienes los combaten”.

Sicilia anuncia una caminata a la ciudad de México. Su mensaje es duro. Reparte responsabilidades a los gobiernos y sus poderes, a la clase empresarial, a las iglesias, a los sindicatos, a los partidos políticos, a los medios de comunicación y a la sociedad civil: “Todos y cada uno de ustedes ha puesto como el valor supremo de la vida a la economía en su sentido más pervertido: el del consumo y el del dinero […]. Cada uno de nosotros hemos también sucumbido a ello y conocemos nuestras traiciones”.

Frente al palacio de gobierno de Morelos quedan siete placas con los nombres de Juan Francisco Sicilia Ortega, Luis Antonio Romero Jaime, Julio Romero Jaime, Gabriel Alejo Escalera, María del Socorro Estrada Hernández, Álvaro Jaime Avelar y Jesús Chávez Vázquez.

“En cada plaza del país debe haber una memoria de nuestros muertos en esta guerra imbécil, una memoria de nuestro Holocausto”, dice el poeta.

Procesofoto

3.  Banderas de la Cruz Roja ondean al fondo de un claro donde una larga hilera de gente espera comida. No es la imagen de una guerra, sino la parada de la marcha por la Paz con Justicia y Dignidad en el mirador de La Pera, que partió esta mañana de Cuernavaca. Es jueves 4 de mayo. La caravana avanza lentamente. Más que protesta, parece una procesión. Más que expresiones de rabia o indignación, se percibe cansancio. “Nos estamos conociendo”, dice la activista juarense Olga Reyes, quien ha perdido a seis miembros de su familia.

Los manifestantes caminan 21 kilómetros de subida, de Cuernavaca a Coajomulco. Después de diez horas, el asfalto arde. De pants negros y tenis, el obispo de Saltillo, Raúl Vera, recobra las energías en el tramo final. El dominico Julián Cruzalta, en cambio, llega arrastrando una pierna. Patricia Duarte, madre de Andrés Alonso, uno de los 49 niños muertos en el incendio de la Guardería abc de Sonora, camina sin mirar a nadie. “Prometí a los niños llegar”, dice. Detrás de ellos avanzan alrededor de 200 personas.

Los pobladores de Coajomulco salen a recibir la caravana y entregan a Sicilia un coajuilote, la flor del maguey, que es el símbolo de la resistencia del pueblo. En adelante, el árbol irá al frente, junto con la bandera nacional que nunca suelta el chihuahuense Julián Le Barón.

A pesar del cansancio, la música llega en la noche, en forma de sones jarochos. “Cantemos de noche y cantemos de día / ya no queremos muertos / queremos más poesía. / No más, / no más, / esto no quiero más, / acabemos la guerra y construyamos la paz”, canta Bosque al ritmo del “Tilingo-lingo”.

Adentro de la ayudantía municipal, convertida en dormitorio, Le Barón toca la guitarra y dos niñas cantan. Hay esperanza.

AFP

 4. La comilona no para. En cada pueblo, en cada parada, hay gente lista para alimentar a los caminantes. Pero algo pasa después de Tres Marías: nadie habla. Sólo se escuchan los cláxones de apoyo.

“El silencio es un arma muy poderosa, que permite decir lo indecible: por eso se pensó en una marcha de cuatro días, porque le da tiempo a la gente de pensar”, dice el activista de Servicios de Paz y Justicia, Pietro Ameglio. Alto y de voz pausada, este maestro de historia contemporánea y estudioso de la resistencia civil de Gandhi es identificado por muchos como el ideólogo del movimiento.

“Mucha gente dice: ‘Nos vemos en el Zócalo’ y está bien, pero hay que estar aquí también, porque esto es también un sacrificio ersonal. Claro, el que más ha sufrido es el que más va a luchar y el que más se va a sacrificar”.

El silencio hermana, pues, el segundo día de la marcha. Comienzan a desgranarse las historias de padres y madres que comparten dolores. Como Teresa Carmona, que anda con la foto de su hijo y una flor. O Melchor Flores, que carga un enorme cartel de su hijo, el Vaquero Galáctico, asesinado por policías. O el sonorense Nepomuceno Moreno, quien apenas supo de la marcha, se subió a un avión para alcanzarla en Topilejo: llegó con un cambio de ropa, un expediente debajo de su chamarra y la foto de su hijo Jorge Mario, desaparecido hace 10 meses y a quien todavía llama por teléfono con la esperanza de que alguien conteste.

5.  Son apenas diez kilómetros los que hay entre Topilejo y Ciudad Universitaria, pero los altos en la carretera que se enflaca por las señoras que esperan con lonches y niños con globos, convierten el tramo más corto en el día más largo de la marcha, que a estas alturas ya es un crisol de causas y tonos.

En la entrada a la gran capital, los trabajadores del restaurante Arroyo y de una tienda Sanborn’s salen a aplaudir el paso de la caravana. En cu, en cambio, no están las multitudes esperadas.

Sicilia estalla —lo hará varias veces en los días siguientes— cuando los reporteros le piden otra conferencia: “¡No soy Lady Gaga!”.

Desde el pódium, los discursos del empresario lagunense Otilio Cantú, cuyo hijo fue asesinado por militares, y de Javier Morlett, cuya hija Adriana desapareció en noviembre de 2010, provocan lágrimas. Sus testimonios anteceden al Réquiem de Mozart, que interpreta la Orquesta Filarmónica de la Escuela Nacional de Música de la unam.

Las “islas” de CU se llenan de música. Un hombre de sombrero, chaleco y barba se sienta en las escaleras detrás del templete y cubre su rostro con la mano. Llora largo. Solo.

Es Javier Sicilia.

 

AFP

6. Bajo el puente de Churubusco y División del Norte se une a la caravana el sacerdote Alejandro Solalinde, defensor de los migrantes. Pasos más adelante llegan Ignacio del Valle y Felipe Álvarez, los líderes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra de Atenco, con sus machetes. “No son armas, son sus instrumentos de trabajo, les pido que los respeten”, dice Sicilia, quien también recibe afectuosamente a los delegados del ezln. Llega hasta la policía comunitaria de Guerrero.

Los 200 que venían de Cuernavaca se multiplican este 8 de mayo. Eran dos mil al salir de la UNAM y aquí ya son 20 mil, según los cálculos de los fotógrafos. Más tarde, el vocero del movimiento, Rocato Bablot, dirá que hay 200 mil personas caminando por el Eje Central.

En el Zócalo inicia una larga lista de testimonios, pero el sonido es malo y la gente se desespera bajo el sol quemante del mediodía. La plaza está llena horas antes de que llegue la caravana. Sicilia y sus acompañantes llegan al templete en vilo y entre empujones. Dos fotógrafos aplastados y sin aire deben ser atendidos por los servicios de salud. Sus compañeros reclaman a los organizadores la falta de una valla. “Sí, debimos preverlo, pero no somos políticos, somos sociedad civil”, responde uno de ellos.

Sin consultar, el poeta pide la renuncia del secretario de Seguridad Pública —tema del que se hablará varios días—, y la plaza responde indignada: “Fuera Calderón”.

Olga Reyes y Patricia Duarte leen los seis puntos del pacto nacional: “Rescatar la memoria de las víctimas de la violencia; cambiar la estrategia militar por una de seguridad ciudadana; combatir la impunidad y la corrupción y eliminar el fuero para legisladores, funcionarios y militares; combatir las finanzas del crimen; recuperar el tejido social; fortalecer la democracia participativa con las figuras de plebiscito, candidaturas ciudadanas y revocación de mandato”.

Después del acto hay largos abrazos. Es un gran día para los deudos.

AFP

7. Una semana después de la marcha, el movimiento enfrenta dos problemas: uno, la cotización del puro transporte para la caravana a Juárez supera el millón de pesos. Todas las organizaciones juntas no pueden cubrir los gastos, así que se abren dos cuentas para donaciones, que llegan con desesperante lentitud. Dos: las posiciones divergentes. El académico John Ackerman y los moneros que impulsan la campaña “No Más Sangre” rechazan cualquier diálogo con el gobierno. El activista Eduardo Gallo, que acompañó a Sicilia en las marchas de abril y mayo, decide no seguirlos a Juárez. “Hay cosas con las que no coincido”, dice llanamente.

8.  4 de junio. Esta mañana se reencuentran rostros conocidos. No se habían visto casi en un mes, pero aquí están de nuevo, con sus fotos y sus poemas. En un pequeño templete instalado frente al Ángel de la Independencia de la capital mexicana, Julián Le Barón lee una carta para Juan Francisco Sicilia. No puede controlar el temblor de sus manos mientras asegura que la causa de esta manifestación “es una semilla de desprecio por nosotros, la gente mexicana […] Pero no quiero ser el hijo anónimo de nadie, no quiero que la apatía acabe por borrarnos el rostro a todos”.

La “Caravana del Consuelo”, como la bautiza el poeta, arranca su camino a Ciudad Juárez con 13 camiones y 25 automóviles. En Morelia, Sicilia escucha el testimonio de pobladores de Cherán, una aldea que desde el 15 de abril está sitiada en su oposición a los talamontes. Y el de María Helena Herrera, que tiene cuatro hijos desaparecidos y denuncia que en su pueblo, Pajacuarán, hay 19 personas en la misma situación.

Los conductores de la caravana presentan su propio testimonio de horror en San Luis Potosí, donde Sicilia “revienta” contra los que chiflan y gritan mentadas de madre a Felipe Calderón. “Estamos tratando de cambiar el corazón de la clase política y ustedes están también alimentando el odio. Así no caminamos. No hay que golpear al hombre malo, hay que golpear al mal”, dice el poeta.

Al día siguiente, en la clausura simbólica de la Minera San Xavier, denunciará que la Policía Federal allanó sin orden judicial las oficinas del Centro de Derechos Humanos Paso del Norte, en Ciudad Juárez. Molesto, Sicilia lanza una pregunta al presidente Calderón: “¿De qué se trata?”.

Reuters

9. Los conductores de los autobuses apuran la salida de Zacatecas porque no quieren viajar de noche en la carretera que llega a Durango, pero igual la caravana llega a las nueve, cuando ya está oscuro.

Antes de llegar, el poeta es interceptado por Francisco Rodríguez, un niño de seis años, cuyo padre, Fernando Rodríguez, un minero de 31 años, apareció muerto y baleado el 20 de marzo, envuelto en una cobija. “Desde que mataron al papá, Paquito se volvió miedoso, caprichoso y geniudo”, cuenta Cirila Flores, la viuda y madre. “Dice que va a matar a los que mataron a su padre. No denuncié; el ministerio público me dijo que no lo hiciera y yo me he detenido por el niño, pero decidí acercarme porque quizá podamos tener un poco de protección. Por lo menos quiero saber qué pasó y por qué”.

Paquito, el niño de Durango, da la vuelta al mundo. A partir de este momento se rompen las fronteras entre activistas, víctimas y comunicadores. Sicilia, el poeta que se ha convertido en la voz de los deudos de la “guerra”, abraza, consuela, llora. También lloran activistas solidarios, periodistas y fotógrafos. Nadie se salva de la catarsis colectiva. En la plaza de la capital, no alcanzan las hojas para el registro de víctimas. Porque el tema de los desaparecidos, que estará presente en Durango, Coahuila y Nuevo León, desgrana las historias de un capítulo de terror en el país.

AFP

10. Monterrey es la parada de las paradojas: padres que denuncian a policías por desaparecer, torturar y matar a sus hijos, y esposas o madres de policías que reclaman la desaparición de sus maridos o hijos. “Me he sentido sola”, dice Gloria Aguilera, quien denunció la desaparición de su esposo y dos hijos, agentes de tránsito de Monterrey, desde septiembre de 2008.

Después de horas de llanto, ante unos cuantos neoleoneses que esperaron la caravana, Sicilia se dirige a la Procuraduría de Justicia Estatal para presentarle al procurador nueve casos urgentes.

La reunión, en la que participan directamente los afectados, Sicilia y Emilio Álvarez Icaza, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos del df, se prolonga hasta las dos de la mañana. Afuera, el cansancio parece vencer a los que esperan, hasta que alguien saca una flauta y Nicole y Meraly, de ocho y once años, empiezan a cantar: “Los caravanos llegaron ya / y llegaron diciendo: Basta ya / basta ya, basta ya, basta ya / no queremos la guerra, sí la paz”.

Mimo clown, el payaso del camión 5 que ha animado durante toda la caravana, no duda y empieza a hacer la fiesta, que termina en pachanga al ritmo de “Guantanamera”.

Al día siguiente, en Torreón, donde las madres lloran a sus hijos e hijas desaparecidos, Julián Le Barón regresa la esperanza a la gente: “¿Saben por qué estoy más seguro que nunca de que la vida le va a ganar a la muerte? Porque en algún lugar de Monterrey, ayer en la noche, después de 2 mil 500 kilómetros, a esta caravana le salieron alas: las alas de la alegría. Porque una niña cantaba y un payaso saltaba. ¿Dónde estaba el miedo anoche? La guerra se fue a dormir unas horas. La guerra la vamos a ganar porque a nuestro dolor le pusimos alegría”.

Procesofoto

11. Seis meses tarde llegó a Chihuahua el homenaje a Marisela Escobedo. En el lugar donde murió, frente al palacio de gobierno, Sicilia coloca de nuevo la placa que el gobernador le quitó a las mujeres.

“Le recuerdo al señor gobernador que la plaza no es del gobernador sino del pueblo, y que la placa es para que recuerde que este asesinato es un pendiente que tiene la autoridad con ella y los ciudadanos”, dice el poeta.

Antes hubo una marcha de mujeres, y la incansable activista Lucha Castro agradeció que la caravana se hubiera dirigido al norte: “En este país donde todo va de la periferia al centro, es una esperanza que la caravana venga del centro y agradecemos este apoyo”.

AFP

12.  Nada de lo ocurrido en los días previos nos prepara para Ciudad Juárez, donde la entrada de la caravana es apoteósica.

Cientos de personas, apostadas en el kilómetro 20, atestiguan el momento en el que una mujer menudita y nerviosa, Luz María Dávila, madre de dos jóvenes asesinados en Villas de Salvárcar, recibe a Javier Sicilia y le coloca un rosario. Luego, decenas de carros acompañan a la caravana hacia Villas de Salvárcar, una colonia popular al poniente de la ciudad. “La única vez que había visto algo así fue cuando Indios [el equipo de futbol local] subió a la Primera División”, dice asombrado un periodista local.

13.  Después de una parada en el Campo Algodonero, el lugar donde fueron encontrados los cadáveres de ocho mujeres en noviembre de 2001 y que derivó en la primera sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado mexicano por violencia de género, el movimiento se dirige a la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, donde serán instaladas sesiones de trabajo por cada uno de los temas.

El acuerdo, propuesto el 8 de mayo en la ciudad de México, bordea la ruptura porque hay grupos que rechazan el diálogo con Calderón y quieren la salida inmediata del Ejército.

“No podemos hablar de paz y cerrarnos al diálogo”, explica Pietro Ameglio. “El problema no es el diálogo, sino cómo es ese diálogo, porque tiene que ser un diálogo entre iguales”.

Finalmente, en el Monumento a Juárez se presenta un larguísimo documento de 70 puntos, entre los que se destacan la desmilitarización, la eliminación del fuero militar y la creación de una Ley de Víctimas que establezca un fondo para ellas procedente de los bienes confiscados a la delincuencia organizada y de las prerrogativas de los partidos políticos.

En un mensaje que busca distensar las diferencias, Sicilia lee el poema “Ítaca” del griego Kavafis: “Ten siempre en tu mente a Ítaca / La llegada allí es tu destino / Pero no apresures tu viaje en absoluto”.

AFP

14. Juan Manuel Frayre lleva la fotografía de su hermana Rubí en una lona de plástico que cuelga de su pecho. En la mano, otra imagen enorme de su madre Marisela Escobedo. Así anda, en espera de que le resuelvan la solicitud de asilo político que pidió en Estados Unidos. Pero la familia Frayre Escobedo deberá esperar una respuesta hasta el año 2014.

Los exiliados reciben con júbilo a la caravana. Al poeta se le ve cansado. Más de 3,400 kilómetros recorridos y cientos de dolores consolados que lo han dejado extenuado. Saca ánimo para lanzar su última demanda: que se cancele el Plan Mérida.

También aclara que lo que se leyó la noche anterior fue la relatoría de las mesas, pero es un documento de trabajo. Que no es la posición del movimiento pedir juicio político para nadie, ni el retiro inmediato del Ejército. La rectificación provocará una cascada de críticas en los siguientes días: “La posición rápida, visceral, del Presidente de sacar al Ejército [a la calle] nos ha costado 40 mil víctimas, la posición visceral de sacarlo inmediatamente es llevar esto a algo mucho más terrible. Juárez es una particularidad del país, no es el país entero”, aseguró el poeta.

Procesofoto

15.  El encuentro entre el presidente Felipe Calderón y una veintena de víctimas que han acompañado al movimiento de Sicilia es insólito. Nadie, nunca, le ha dicho a un presidente de México lo que este 23 de junio le dicen Javier Sicilia, Julián Le Barón, Araceli Rodríguez Nava —en representación de las madres y esposas de policías y militares desaparecidos—, María Elena Herrera, Salvador Campanú, de Cherán, y Norma Ledezma, de las organizaciones de mujeres en Juárez.

La sede es el Castillo de Chapultepec. Está programado para dos horas, pero dura casi el doble.

Para empezar, Sicilia le dice al presidente que está obligado a pedir perdón por los 40 mil muertos y le pide una fecha “pronta” para la resolución de casos emblemáticos. “El problema es que usted cree que los buenos están adentro y los malos están afuera”, le dice a modo de conclusión.

Le Barón le dice que no quiere entrar en el terreno estéril de las culpas, y lo invita a la caravana que el movimiento ya proyecta hacia el sur, pero “sin máscaras y sin armas”.

Norma Ledezma le echa en cara que Marisela Escobedo le pidió audiencia y nunca se la dio.

El presidente pierde argumentos frente a la autoridad moral de sus interlocutores. Eso sí, aclara que no se arrepiente de mandar a los militares a la calle y que no cambiará la estrategia de seguridad.

Hay un avance mínimo: se formará una comisión de seguimiento de los casos y se buscarán opciones para una Ley de Víctimas. En tres meses se encontrarán de nuevo para revisar los resultados. El camino hacia la paz es aún largo. m

 

Un personaje, dos posturas

Javier Sicilia frente al espejo

Otra mirada al diálogo de Chapultepec

4 comentarios

  1. Todo este movimiento en lo
    Todo este movimiento en lo general da la impresion de un reclamo al gobierno y sus instituciones, la sociedad en general lo ve con agrado, en lo particular se me hace que tiene un trasnfondo personal de unos motivados por el dolor de la pérdida de familiares y amigos, pero el ciudadano común estamos hartos de que este tipo de manifestaciones y que el gobierno nos den una perspectiva de que ahora si esto ahora si lo otro.
    En esencia no cambia nada solo protagonismo de unos y otros… quiza salga algun candidato ciudadano de este movimiento como “premio” y luego que?
    Veo con tristeza que nuestro querido México esta hundido en una profunda corrupcion en los tres poderes de gobierno, en todos los estados, municipios y dependencias…. que son el botín de la mayoria que aspiran a servirse del poder no ha servir. No hay PAZ SIN JUSTICIA. El ideal seria
    NO HAY JUSTICIA SIN PERDON. Estas palabras dichas en alguna ocacion por SS JUAN PABLO II Un ideal casi imposible de alcanzar no solo en México.
    Gracias por permitir este espacio.

  2. Creo que el camino hacia la
    Creo que el camino hacia la paz definitiva cada día está más cerca en nuestro país. Recientemente platiqué con personas que habitan en las zonas norte de México y descubri que a pesar de todo el derramamiento de sangre y todo ese daño colateral, las cosas se están empezando a revertir en el norte de la república, síntoma que indica que exista un paso pequeño para volver a retornar a la paz en nuestra nación.

    De verdad agradezco la publicación de estas ideas en un artículos.

  3. Gracias a Daniela
    Gracias a Daniela Pastrana.
    Había querido sólo acompañar con la razón el movimiento por la paz, hoy después de largo rato de leer este trozo de la historia, me duele el corazón.
    Algunas veces comenté con amigos y familiares que Sicilia no sabía cómo estaba el norte, qué esa cadena de rosarios regalados no le bastarían para aguantar, tanto dolor, rencor, vulnerabilidad, de miles y miles de ciudadanos de este país, y, que aún le quedaba por venir a Tamaulipas donde la ausencia de autoridades municipales a partir de marzo del 2010, fue constante.
    Hoy aunque Egidio Torre Cantú, carga su propio dolor ¿o culpa? ha hecho de tripas corazón, y optó negociar con Calderón, que enfrentarse y exigirle el esclarecimiento del asesinato de Rodolfo Torre Cantú, Enrique Blackmore Smer y cuatro escoltas que les acompañaban.
    La actitud de Torre Cantú es entendible porque Calderón es el presidente de facto, pero incomprensible cuando los tamaulipecos hemos sido estigmatizados, calumniados por el gabinete de seguridad, cuando se han dicho mentira tras mentira, con la única intención de sacar raja política para el el partido del Calderón y Torre Cantú no ha tenido manera de responder como la autoridad que es de un Estado Libre y Soberano.
    En fin que el día que venga la Caravana por la Paz, ojalá halle a alguien en Tamaulipas, pues al paso que vamos los encontrarán en la Conchinchina, pues ya no caben en el Valle de Texas.

  4. Es una pena la pérdida de
    Es una pena la pérdida de cualquier vida en esta lucha por recuperar el país. Pero anlizando el problema, se pide un “cambio de estrategia” pero yo no veo propuestas. Además ¿cómo podemos atacar al crímen organizado? ¿Con marchas de protesta? No veo otro camino que el que se está siguiendo actualmente, tenemos que unirnos como Mexicanos y apoyar la lucha contra el crímen.

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