¿Qué es un profesional al estilo ignaciano?

¿Qué es un profesional al estilo ignaciano?

– Edición 484

Foto: Roberto Ornelas

La celebración del Año Ignaciano, en el que se conmemoran los 500 años de la conversión espiritual de Ignacio de Loyola tras sufrir una herida en Pamplona, representa una gran oportunidad para repasar la vida y el pensamiento del fundador de la Compañía de Jesús, así como la materialización de su legado en la formación de profesionistas que comúnmente tiene lugar en las universidades jesuitas

El ITESO y el Sistema Universitario Jesuita (SIJ) han hecho suyo el lema del padre Adolfo Nicolás, SJ, para formar, no sólo a los mejores del mundo, sino “a los mejores para el mundo”. Esto implica llevar adelante una formación profesional que tome en cuenta la realidad, y penetrar en ella para cambiarla y hacerla más digna y mejor, explica Francisco Javier Escobedo Conde, SJ.

“Una universidad, si no transforma realidades, carece de sentido. Queremos hombres y mujeres pertinentes a la realidad que nos toca vivir, con un futuro que permita favorecer resultados en la transformación de vidas más dignas para todas y todos”.

Para alcanzar esa transformación se hace hincapié en descubrir, desde un quehacer científico, las raíces de los grandes problemas de la humanidad, como las inequidades o las injusticias, a fin de proponer alternativas de cambio desde cualquiera de las licenciaturas, ingenierías o posgrados que se cursen en la Universidad.

Proyecto de Nutrición Comunitaria en Acatlán de Juárez. Foto: ITESO / Luis Ponciano

“Se experimenta la realidad para permitir reflexiones de calidad, y esto posibilita la resolución activa de situaciones que requieren ser abordadas y cambiadas”, puntualiza Escobedo Conde, profesor en los departamentos de Psicología y Desarrollo Humano del ITESO, acerca de la finalidad del modelo educativo de inspiración ignaciana.

Para proceder de manera efectiva en la realidad para transformarla, un profesionista al estilo ignaciano aprecia la compasión y la conciliación como valores que le permiten ejercer un liderazgo horizontal, sin afán de protagonismos individuales. Esta visión ha calado hondo en muchos egresados de las universidades jesuitas, y ha traído consigo un cambio radical en sus vidas.

“Una educación jesuita los habilita para ser hombres y mujeres discernientes, es decir, la universidad es un lugar de discernimiento, y se incorpora e internaliza esa actitud, al grado en que ya es imposible quitarla de uno”, explica Escobedo Conde.

El discernimiento es la capacidad del ser humano para tomar decisiones que le permitan vivir una vida espiritual acorde a los mandatos de Dios. En sus Ejercicios espirituales, Ignacio de Loyola invita a practicar esta facultad identificando en el mundo real las fuerzas que llevan hacia Dios y aquellas que se alejan de Su voluntad, para saber escoger de forma correcta.

Proyecto de Aplicación Profesional Preservación de técnicas artesanales para el diseño de textiles y productos de la fibra del agave: juntos hacia un desarrollo local sustentable. Foto: Sergio Hernández

De la motivación personal a la entrega a los demás

Ignacio de Loyola propone un Principio y Fundamento para guiar las vidas de los seres humanos: Dios nos pone en este mundo para alabarlo mediante el cumplimiento del fin para el que fuimos creados.

Este Principio y Fundamento, trasladado a una universidad jesuita, significa un acto de reflexión por el que el estudiante no cursa una carrera profesional como resultado de la presión familiar, para obtener un título o para ganar dinero en un trabajo bien remunerado, sino que encuentra el fin o los fines que dan sentido o movilizan su vida, con tal de ofrecer así el ejercicio de su profesión al servicio de los demás y, en ese servicio, alabar verdaderamente a Dios.

“Es un examen introspectivo profundo que llevará su tiempo, que tendrá sus momentos de duda, de incertidumbre. Todo el proceso educativo está marcado por estas experiencias con las que vas probando si de verdad lo que haces te da un sentimiento de esperanza creciente, si sientes que tu vida está siendo un bien para los demás”, explica Pedro Reyes, SJ, del Departamento de Filosofía y Humanidades del ITESO.

El objetivo de esta introspección es motivar al profesionista ignaciano a especificar qué es lo que entregará de su propia vida para buscar un mundo más justo, humano e inclusivo, que ofrezca mayores esperanza y satisfacción a los demás.

“Cada uno va descubriendo qué es lo que de su propia vida entregará y cuándo piensa ofrecerlo como beneficio para otras personas, especialmente para las que más necesidades tienen en nuestra sociedad y en las que pocas personas se fijan: los pobres, las víctimas o las personas que sufren injusticias”.

Proyecto Cultura y transformación social en tres centros distintos para la comunidad del Cerro del 4. Alumnos de Educación y Gestión Cultural, principalmente, se encargan de desarrollar programas de integración al deporte y la cultura con niños, adolescentes y adultos. Foto: ITESO / Luis Ponciano

Experiencias que forman al profesional ignaciano

Diversos ejercicios, experiencias y actividades orientados a activar la sensibilidad de estudiantes y profesores ayudan a estimular el espíritu ignaciano en los futuros profesionales egresados de una escuela jesuita.

El ITESO cuenta con el Centro Universitario Ignaciano (CUI), que ofrece retiros espirituales, conferencias, campamentos, círculos de lectura y oración, o invitaciones a experiencias de voluntariado y misiones de solidaridad, sobre todo en regiones rurales de Jalisco.

“Con ello, los estudiantes se enfrentan a una realidad distinta a la acostumbrada, en la que pueden probar si sus ideas del mundo son realmente las que más pueden ayudar a construir un mundo más justo”, menciona el profesor Pedro Reyes, SJ.

En las carreras se siguen estrategias para que la actitud ignaciana no se quede en el aula, sino que se materialice en la realidad concreta. Un ejemplo son los Proyectos de Aplicación Profesional (PAP), acciones prácticas que buscan solucionar necesidades y problemas del entorno y en las que los alumnos se integran y participan.

Fotografía grupal de migrantes y staff de La 72. Foto: Cortesía

“El saber se construye junto con otras personas, y así es como hacemos una mayor producción de conocimiento, que permita la adquisición de nuevo saber que transforme la realidad”, resume Escobedo Conde.

Además, el ITESO tiene centros, asociaciones y plataformas para que los futuros profesionales ignacianos participen y desarrollen acciones en cuestiones donde pueden contribuir a un mundo más justo: respaldo a las familias de víctimas de desaparición forzada, lucha contra la corrupción, proyectos medioambientales, etcétera.

Algunos ejemplos de lo anterior son el Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia Francisco Suárez, SJ, dependencia especializada en derechos humanos y paz; o el Centro de Innovación Social de Alto Impacto (CISAI), que anima la creación de empresas y proyectos que beneficien a las personas y no sólo generen lucro.

“Todo esto les dice a los estudiantes que estar en el iteso o en otra universidad jesuita también significa tomar partido, adoptar cierta posición en la sociedad, que te permita desde allí sostener un diálogo crítico con las instancias políticas, económicas, que dirigen a la sociedad, y discutir asuntos tan importantes como el cuidado del agua, la seguridad pública, el diseño urbano, etcétera”, describe Reyes.

Aldo Pérez Vega, egresado de la licenciatura en Derecho. Foto: ITESO / Roberto Ornelas

Gratitud, paciencia, libertad

Al egresar de una institución de educación superior jesuita, el profesional, ya imbuido del espíritu de consolación de Ignacio de Loyola, cuenta con tres características fundamentales que le ayudarán a desenvolverse en la realidad, de acuerdo con Pedro Reyes, SJ.

La primera es la gratitud. Consiste en que el egresado “sabe agradecer el vivir o haber vivido en una red de muchas personas (alumnos, profesores, trabajadores) que ponen su esfuerzo y dan lo mejor para que la sociedad sea verdaderamente distinta. Además, esa gratitud lo lleva normalmente a poner su propia vida al servicio de los demás, para que ese bien que recibió crezca y se haga más grande”.

La segunda característica es la paciencia, o “saber ir despacio”: un profesional que no busque el éxito inmediato y rápido, sino un bien perdurable a mediano o largo plazos. “Frente a las prisas y presiones del tipo: ‘Tienes que lograr esto’, el éxito en el ITESO consiste en que los estudiantes se acostumbren a ir más despacio para que escuchen con cuidado, piensen antes de hacer las cosas, comprendan la complejidad de la vida y la sociedad, escuchen a todas la partes y encuentren soluciones que permitan otras visiones y no sólo una”, describe Reyes.

Finalmente, la tercera cualidad consiste en valorar la libertad, uniéndola con el compromiso, es decir, no utilizando la libertad para fines egoístas, sino para emprender proyectos difíciles y a largo plazo que no busquen el beneficio propio solamente: “Nuestras libertades son sumamente valiosas como para usarlas en algo que no tenga suficiente importancia o valor para nosotros y las demás personas”.

Estos tres aspectos del profesional ignaciano lo llevarán a actuar de una determinada manera en los contextos sociales y laborales en los que se desenvuelva. Para ejemplificarlo, el filósofo jesuita esboza cuatro perfiles:

:: Líder empresarial: está atento a las ideas y necesidades de sus colaboradores. No es un líder autócrata o vertical.

:: Político: escucha y valora las distintas posiciones sobre un asunto de interés público. No obedece a lógicas partidistas.

:: Trabajador/empleado: es capaz de oponerse o protestar ante decisiones corporativas adversas para él o para ciertos grupos o personas.

:: Periodista: sigue y cubre cuestiones socialmente relevantes y no se queda con una sola visión de los acontecimientos, pese a las presiones exteriores o la complejidad de los asuntos de que se ocupe.

Mariana Jiménez en Takure, Nepal. Foto: Cortesía

Los cuatro obstáculos por superar

Para Pedro Reyes, SJ, existen cuatro áreas que un profesionista ignaciano debe revisar en aras de una mejor formación espiritual: la desigualdad, la diversidad cultural, el uso de los recursos naturales como si fueran infinitos y el reconocimiento de nuestra complicidad en malas inclinaciones y egoísmos.

Respecto a la desigualdad, el egresado debe dejar de lado ideas nocivas y sin fundamento sobre la pobreza y la riqueza: “No debe dar por sentado que la desigualdad es fruto de las ganas o el esfuerzo que la gente le ponga, sino que hay una estructura social que realmente ha hecho mundos distintos, y que estos mundos en los que nos movemos no están en la naturaleza, sino que tienen raíces históricas, económicas, políticas y sociales”. Para un profesionista de espíritu ignaciano, la lucha contra la desigualdad requiere primero aprender a ver la diversidad de trabajos y la injusticia en ciertos ámbitos de la vida, para actuar en esa realidad, no como un “salvador”, sino entrando en diálogo y construyendo comunidad, a fin de que se modifiquen las reglas de ese mundo: “Que todos ganemos en mayores equidad y justicia, aun perdiendo cosas nosotros”.

En cuanto a la diversidad cultural, el profesional ignaciano reconoce pueblos, culturas indígenas y grupos sociales que han ido formando su identidad mediante pensamientos y procederes distintos a los considerados “normales” por el sistema predominante. También se abre a las diversas identidades por filiación étnica o de género.

Respecto al uso de recursos naturales, en la formación ignaciana se hace hincapié en el cuidado de la naturaleza y en que existen graves problemas de contaminación, así como en que tenemos un planeta para cuidarlo: “En ciertos países se pueden gastar la luz o los bosques como si nunca se acabaran, lo que entra en conflicto con otras sociedades y pueblos que viven al día o muy restringidos”.

Finalmente, el llamado al reconocimiento de nuestra complicidad egoísta se refiere a la necesidad de que el estudiante o el egresado ignaciano sean autocríticos y se den cuenta de sus inclinaciones en su manera de relacionarse con el mundo, sintetiza el jesuita.

Natalia Armienta en la filmación del documental Antes que se tire la sal, en la salina de Uyuni, Bolivia, 2005. Foto: Cortesía

Del lado de las víctimas

Los profesionales ignacianos alientan proyectos cuyo foco de atención es ayudar a las víctimas y los desposeídos del sistema económico y social en que viven. Un ejemplo de ello es Aldo Pérez Vega, egresado de la licenciatura en Derecho del ITESO, quien decidió dedicarse a asistir a los migrantes de origen centroamericano que sufren una doble violencia: la de las pandillas y el narcotráfico de sus países de origen y, ya en México, el acoso y los abusos de policías, militares y el crimen organizado.

Primero se ofreció como voluntario y luego como coordinador del Área de Derechos Humanos y Gestión Migratoria de La 72, un albergue para migrantes ubicado en el municipio de Tenosique, Tabasco. Entre otras acciones, Pérez proporcionaba asistencia legal a los refugiados para conseguir una visa humanitaria en México, y los entrevistaba para documentar las violaciones de derechos humanos en la frontera sur.

“Este tipo de experiencias nos enriquece como seres humanos en todo aspecto, permitiéndonos ser agentes de cambio, cada uno desde nuestras presente y futura trincheras, aportando para el progreso de nuestra humanidad”, reconoce.

Otro caso es el de Natalia Armienta, egresada de Ciencias de Comunicación del ITESO, quien tiene una larga trayectoria como cineasta y escritora y ha ganado múltiples premios nacionales e internacionales. Ella filmó el documental Antes que se tire la sal, que narra la historia de la salina de Uyuni, en Bolivia, un desierto de sal venerado por los pueblos indígenas de esa nación como el corazón de la Madre Tierra o Pachamama, pero que enfrenta la ambición y el interés de los países desarrollados por explotar este lugar, debido a que contiene la mayor reserva de litio del planeta. (El litio es un elemento químico que se utiliza para fabricar baterías, autos eléctricos, paneles solares y medicamentos, entre otros productos de uso masivo, pero su extracción genera graves problemas de contaminación.)

Proyecto Regeneración del espacio público en Mesa de Ocotes. Foto: ITESO / Roberto Ornelas

Protegiendo el medio ambiente

Como profesionistas ignacianos que impulsan proyectos cuyo objetivo final es la conservación de la naturaleza, cuatro egresados del ITESO, Daniel Díaz Tazzer, Rodrigo Barrientos, Amador Duarte y Ricardo Muttio crearon Biocel, un material parecido al unicel, pero biodegradable y sustentable, hecho a partir de hongos y residuos agroindustriales de origen vegetal, como el bagazo del agave.

Motivados por el éxito de su producto, crearon Radial Biomateriales, una empresa que suministra a la industria material biodegradable que se puede utilizar para diversos fines: piezas decorativas para interiores, embalaje, etcétera.

“La idea de nuestra empresa no es cambiar al mundo. El mundo está bien, lo que está mal son nuestros hábitos. Queremos dar opciones sustentables a las personas para que a través de sus hábitos de consumo puedan entrar a una economía circular”, señaló Ricardo Muttio al semanario Cruce, y añadió que la importancia de la sustentabilidad fue una de las mayores enseñanzas que le dejó el ITESO.

Por otra parte, Diego Meraz, estudiante de Ingeniería Ambiental, se integró a un equipo multidisciplinario que busca proteger de la extinción a una de las 17 especies de ajolotes que habitan en México. En conjunto con otros expertos, instrumentaron un programa de conservación del ajolote y otras especies silvestres en el Parque Nacional de La Malinche, en Puebla.

“Obviamente, quienes tienen empresas o el poder político tienen que hacer su parte, pero podemos comenzar cambiando, primero, nosotros mismos, y luego concientizar a quienes nos rodean”, declaró.

Melissa González, egresada de la licenciatura en Diseño de Indumentaria y Moda del ITESO, inició un emprendimiento al que denominó “Miel, indumentaria ética”. Esta compañía diseña y elabora ropa para mujeres, con fibras naturales con manufactura ética de productores locales, sin explotación laboral; asimismo, se pronuncia en contra de la tendencia de la industria de la moda que procura que las prendas duren poco tiempo, lo que deriva en un consumismo injustificable.

Alejandra Xanic von Bertrab y el periodista David Barstow (der.) en la entrega del premio Pulitzer. Foto: pulitzer.org

Del ITESO para el mundo

Los estudiantes de universidades jesuitas suelen hacer estancias académicas o viajar a otros países, a fin de empaparse de otras realidades y experiencias que les ayuden en su vida.

Uno de estos casos es el de José Alberto Hernández, Chepe, quien llegó de una comunidad zoque en Chiapas para estudiar Ingeniería Civil en el ITESO. Su participación en proyectos como el del puente Baluarte Bicentenario, que conecta los estados de Sinaloa y Durango, llamó la atención de VSL, una compañía constructora con sede en Suiza, que lo invitó a seguir aprendiendo y capacitándose en la nación helvética.

Otra egresada de Ingeniería Civil, Mariana Jiménez, estuvo un tiempo viviendo en Takure, comunidad de Nepal, y ahí ayudó a reconstruir las casas destruidas por el sismo de abril de 2015, que derribó más de 600 mil viviendas, dejó casi nueve mil muertos e incontables afectados. “Me gusta estar en servicio, es una herramienta que me dieron los jesuitas”, comentó Mariana para Cruce, recordando las experiencias de trabajo con comunidades rurales en las que participó desde sus tiempos de estudiante en el Instituto de Ciencias.

Mientras cursaba la carrera de Ingeniería Industrial en el ITESO, Carlos Ricardo Morín Navarro comenzó a tomarle el gusto a aprender idiomas, aprovechando herramientas como el Departamento de Lenguas de la propia Universidad. Actualmente trabaja en Regensburg, Alemania, y domina seis lenguas: español, inglés, francés, alemán, italiano y portugués. Este aprendizaje le ha permitido integrarse y conocer otras culturas, y le ha facilitado la interacción con equipos de trabajo multiculturales. “Puedes hablar en inglés con alguien de otro país, pero sólo entiendes su cultura al hablar o entender su idioma”, declaró.

Yezmín Thomas ha recibido múltiples reconocimientos por su labor periodística. Foto: Cortesía

Investigar historias de impacto social

Más de 20 años de experiencia haciendo reportajes de investigación de alto impacto han llevado a Alejandra Xanic von Bertrab, experimentada periodista egresada de Ciencias de la Comunicación del ITESO, a ganar el Premio Pulitzer en Periodismo de Investigación en 2013, por un reportaje en conjunto con The New York Times sobre los sobornos que pagó Walmart para instalar supermercados en México; y el Knight International Journalism Award del Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés), al año siguiente. Este último reconocimiento se debió a una pesquisa en torno a las explosiones del 22 de abril de 1992 en Guadalajara, que dejaron más de 200 muertos y miles de personas sin hogar por una fuga de gasolina en los ductos de la capital jalisciense. Ese reportaje se publicó en el periódico Siglo 21.

Por su parte, Yezmin Thomas ha recibido reconocimientos por su cobertura periodística sobre un fraude de escuelas a migrantes mexicanos con certificados de bachillerato falsos, con la promesa de que esos documentos les darían la oportunidad de obtener una amnistía y trabajar en la legalidad con el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). La experiodista de Telemundo y egresada de Ciencias de la Comunicación del ITESO recibió varios premios Emmy por su labor. También impulsa proyectos de periodismo multimedia en Estados Unidos y es coach de finanzas personales.  .

    MAGIS, año LVII, No. 484, noviembre-diciembre 2021, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de noviembre de 2021.

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