“Pileta”, de Cecilia Fernández
Jorge Esquinca – Edición 509

La bruma de las aves al amanecer es el título de este primer libro de Cecilia Fernández (Guadalajara, 1978), quien es también fotógrafa y una conocida productora y conductora radiofónica
I
En esa repetición inaudita
de la gota que no cesa
del caer que no cansa
naces tú
pálida
II
Gota mineral
tormenta dócil
paciente
azota carrizos
tejados
láminas del lavadero
III
La pileta
tan profunda
tan sabor a tierra
tan universo
es transparencia perfecta
nunca antes más exacta
ni el agua más pura
ni más nítida
ni verídica
agua expansiva
inmune
IV
Imagina
esa inmensa abismal abundancia
concreto
promesa
espejo de agua
revoloteo de infancia
V
La vida
medida en centímetros cúbicos
y yo
perfectamente quepo ahí
en el frío matinal
en la jícara
en el regazo de piedra
VI
En ese cubo de agua
remontan sueños
es un mar
y de todas las sirenas
sólo yo suspiro
VII
Las nubes
perfilan un manto lejano
el llanto
se arremolina
sin venganza
VIII
La piel
de esa primera primavera
es canto de gorriones
que despejan el cielo
y cubren de luz
el pasado mineral
IX
Rimbombante es
la escarcha
en la nuca
X
Nadie
bajo esta jícara tiritó
el viento cumplió su promesa
azotar la piel
intemperie húmeda
* * *
Cae una gota en una pileta llena de agua. La vemos caer, la oímos. La vista y el oído recogen la experiencia y la prolongan hacia otros territorios, tal vez lejanos. Otros tiempos, otros lugares se conjugan entonces: la infancia, una cierta primavera, un “pasado mineral”. Las sensaciones se multiplican con la frescura del agua y la dimensión de esa pileta doméstica se amplifica para que en ella quepa el universo; la poeta misma se descubre ahí, inmersa en ese “regazo de piedra” en el que encuentra un abrigo, una manera de estar con y desde el mundo. La bruma de las aves al amanecer es el título de este primer libro de Cecilia Fernández (Guadalajara, 1978), quien es también fotógrafa y una conocida productora y conductora radiofónica. Sin prisa, la poeta supo esperar el momento justo para reunir y entregar a la nueva Editorial Garrobo —con sede en Puerto Vallarta— esta colección de poemas, “intensas brevedades”, como les llama con exactitud Raúl Aceves. Enhorabuena.