Periódica ironía

Periódica ironía

– Edición 497

Foto: Wikipedia Commons

La Tabla Periódica de los Elementos, surgida del enorme trabajo intelectual de Mendeléyev, también tenía un elemento sorpresa: la posibilidad de anticipación.

Los diccionarios dicen que ironía es una “Expresión que da a entender algo contrario o diferente de lo que se dice”. Y una de las muchas ironías con las que frecuentemente tropezamos es que la vida diaria no parece ser muy científica, sobre todo en el trance de la infancia a la adolescencia, cuando, con didáctico empeño, familiares y amigos nos aconsejan todo el tiempo: “No preguntes”, “No compares”, “No saques conclusiones”, “¡No inventes!”. Y, sin embargo, ese comportamiento inquisitorio que en un principio nos parecía más bien natural y que vamos inhibiendo conforme crecemos, sería de enorme utilidad para fomentar el pensamiento científico, ingrediente absolutamente imprescindible en nuestros tiempos.

Un elocuente ejemplo de esta ironía lo encontramos en ese pedazo de papel rectangular que la mayoría de los estudiantes de secundaria ve con absoluta, y justificada, repulsiva desesperación: la Tabla Periódica de los Elementos, concebida por un sujeto de apellido Mendeléyev y con la que consiguió estructurar los saberes químicos para establecer una base que permitiría el desarrollo futuro de la química.

Semejante a los personajes que inventó su compatriota Dostoyevski, rodeados por el drama de la rebeldía y el sufrimiento, que buscan con pasión los valores espirituales, el químico ruso Dmitri Ivánovich Mendeléyev perdió a varios de sus 17 hermanos, vivió la destrucción por un incendio de la querida fábrica de vidrio que poseía su padre, quien tiempo atrás había quedado ciego, y se vio forzado a mejorar su rendimiento escolar para conseguir una beca que le permitiera entrar a la universidad, poco después de lo cual murió su madre. Pero Mendeléyev también tenía algo de ese humor no convencional y de esa involuntaria exaltación de los principios morales que encontramos en los personajes de Gógol, y su curiosidad la había dirigido hacia la química, ciencia que había alcanzado cierta madurez hacia finales del siglo XIX, cuando ya se habían descubierto unos 81 elementos en la naturaleza.

Ante la variedad de presentaciones de la materia, se antojaba organizarlo todo: en marzo de 1869, Mendeléyev presentó sus Principios de química, cuya principal aportación era evidenciar que “las propiedades de los cuerpos simples se encuentran relacionadas con sus pesos de manera periódica”. Es decir, si se organizan los elementos por columnas, en función de sus respectivos pesos, cada una de las columnas estará formada por elementos cuyos pesos se incrementan en la medida en que se avanza en la numeración, pero que mantienen propiedades semejantes. Además de su capacidad de organización, la Tabla Periódica de los Elementos surgida de este enorme trabajo intelectual de Mendeléyev también tenía un elemento sorpresa: la posibilidad de anticipación: el químico ruso predijo la existencia de tres elementos que no se conocían en ese entonces, pero que con entusiasmo casi novelesco fueron confirmados en los siguientes años. Y en una de las últimas anotaciones que hizo en su diario, Mendeléyev escribió: “Cuatro cosas, sobre todo, me han valido renombre: la ley periódica, el estudio de la elasticidad de los gases, las soluciones consideradas como asociaciones y los Principios de química. Ahí está toda mi riqueza. No la he robado a nadie, la he producido yo mismo, son mis hijos y les doy un gran valor, los quiero tanto como a los hijos de mi carne”. Será por esa atractiva imagen de misterio, organización y predicción que la ciencia nos seduce, y que nos resulta extraordinariamente útil. Sin embargo, ironías de la vida, es común corroborar lo que decía George Steiner: “La amargura, la aspereza, la melancolía de profesores mediocres es uno de los grandes crímenes de nuestra sociedad”. Por ejemplo, profesores que nos obligan a memorizar, inútilmente, el contenido de la tabla que Mendeléyev inventó como uno de los más certeros instrumentos para comprender la materia.

1 comentario

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

MAGIS, año LX, No. 497, enero-febrero 2024, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de enero de 2024.

El contenido es responsabilidad de los autores. Se permite la reproducción previa autorización del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO).

Notice: This translation is automatically generated by Google.