
La segunda edición del Diálogo Nacional por la Paz reunió en el ITESO a más de mil personas de la sociedad civil organizada, la iniciativa privada, la Iglesia, el Estado y la academia, todas ellas comprometidas con la construcción de procesos de paz
Desde hace ya muchos años, México atraviesa una crisis de múltiples violencias que muchas veces parece un túnel sin salida, oscuro como la penumbra que imperaba en el auditorio Pedro Arrupe, SJ, del ITESO, y que fue disipándose con las velas que encendía un grupo de jóvenes en un video que, a su vez, iluminó los rostros de las personas. El video sirvió para recibir a las y los participantes de la segunda edición del Diálogo Nacional por la Paz, que tuvo como sede el ITESO y que congregó, del 30 de enero al 1 de febrero pasados, a más de mil actores que han decidido pasar de la contemplación a la acción para la construcción de paz en el país.
El Diálogo Nacional por la Paz es un movimiento surgido en 2022 a raíz del asesinato de los jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, así como del guía de turistas Pedro Palma, en Cerocahui, Chihuahua. Durante la ceremonia inaugural de la segunda edición, Alexander Zatyrka, SJ, rector del ITESO, dio la bienvenida a las personas asistentes que llegaron a la Universidad desde distintas partes del país. “Ser la sede de este encuentro es, sin duda, una oportunidad para participar en la coconstrucción de procesos de reflexión comunitaria que, como universitarias y universitarios, tenemos la convicción y la obligación ética y espiritual de acompañar”, mencionó el Rector. Por su parte, el cardenal José Francisco Robes Ortega, arzobispo de Guadalajara, retomó el video proyectado al inicio de la actividad y dijo: “La primera imagen sugiere lo que vamos a hacer en estos días: pretendemos encender la luz de la paz”. También tomó la palabra el secretario general de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Héctor Mario Pérez, quien afirmó que el Segundo Diálogo Nacional por la Paz nace de un dolor que continúa, pero con la convicción de que “hay que hacer algo distinto si queremos vivir distinto. La paz es una responsabilidad que nos exige a todos, que nos implica a todos”.
Luis Gerardo Moro Madrid, SJ, provincial de la Compañía de Jesús en México, dijo que más que una reunión de tres días, el encuentro “es un compromiso, un pacto con el país que queremos construir. Es un trabajo largo, paciente y profundamente humano”. Finalmente, Jorge Atilano González Candia, SJ, director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz, compartió con los y las asistentes una panorámica de cómo se llegaba a la segunda edición del encuentro. “Llegamos con una identidad definida del movimiento, un equipo nacional y 26 estatales que realizan reuniones periódicas, 18 metodologías para diferentes sectores, propuestas de políticas públicas y testimonios de personas y comunidades”.
La conferencia de apertura, titulada “Las causas de la violencia en México”, estuvo a cargo de Mauricio Merino, académico, investigador y militante por la democracia y los derechos fundamentales, quien dijo que buscar el origen de esta problemática resulta un desafío que transita entre lo social, lo político, lo filosófico e, incluso, lo espiritual. “Hay muchas formas de violencia en nuestro país y en el mundo”, expresó y advirtió que una de las consecuencias más graves de esta problemática es la normalización del miedo. Expuso que la causa eficiente de las violencias está en la deliberada destrucción del Estado democrático y social de derechos, por lo que es necesario entender que “el Estado somos nosotros y funciona sólo si estamos dispuestos a exigir que las leyes se hagan bien y se cumplan mejor”.

Testimonios y compromisos
A lo largo de los tres días se realizaron conferencias, mesas de trabajo e intercambio de metodologías de construcción de paz con el objetivo de diseñar modelos replicables y adecuados a las distintas realidades del país. En el foro “Metodologías para la paz y la justicia” se compartió el trabajo de la policía municipal de Meoqui, Chihuahua; el proyecto Empresas por la Paz; la labor de defensa de los derechos humanos que realiza el Centro Pro y lo que hacen los consejos de Paz y Justicia Cívica. La perspectiva internacional estuvo a cargo de Ruairí de Búrca, embajador de Irlanda para México, Centroamérica y Cuba, y Dag Nylander, embajador de Noruega en México, quienes charlaron en el foro “Experiencias internacionales de diálogo y construcción de paz”, donde los dos diplomáticos, con amplia experiencia en procesos de paz, reflexionaron sobre los factores necesarios para construir un diálogo amplio, plural e incluyente, capaz de fortalecer la paz y contribuir a la reparación del tejido social.
También hubo espacio para reconocimentos y compromisos. Trece empresas de 12 estados del país recibieron el distintivo Empresas por la Paz, otorgado a aquellas organizaciones que instrumentan prácticas orientadas al desarrollo humano, la prevención de la violencia, el fortalecimiento comunitario y la promoción de entornos laborales dignos, mientras que alcaldes y otros representantes municipales firmaron un compromiso para impulsar condiciones de seguridad que prioricen la protección de la vida, promover la colaboración interinstitucional, avanzar en prácticas de resolución pacífica de conflictos y dialogar sobre experiencias y aprendizajes con otros municipios. También se firmó un convenio entre el Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) por la Paz, obra de la Compañía de Jesús en México, y el Ayuntamiento de Meoqui, Chihuahua.
Ramón Castro, presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, dictó la conferencia “¿Qué exige hoy la construcción de la paz?”, en la que hizo una reflexión acerca del papel de la Iglesia católica y el trabajo del Diálogo Nacional por la Paz. El movimiento, dijo, “ha contribuido a promover una cultura de sujetos corresponsables. El proceso ha puesto en el centro la dimensión territorial de la paz, porque no existe una paz abstracta ni uniforme: existen procesos de paz situados, encarnados en comunidades concretas”. En este trayecto, la Iglesia en México, expresó el sacerdote, “no debe inventar un método nuevo, sino acompañar, sostener y dar profundidad al método desarrollado por el Diálogo Nacional por la Paz, que implica mirar la realidad, interpretar desde un discernimiento comunitario y actuar pasando del diagnóstico a los compromisos concretos”.
En el cierre del Segundo Diálogo Nacional por la Paz, Jorge Atilano González Candia, SJ, puso en común algunas claves a partir de los cientos de testimonios escuchados. Afirmó que es urgente construir un sistema social que integre a las juventudes hoy excluidas y finalizó con la reflexión de que no será posible una nueva convivencia sin sanar la herida de las personas desaparecidas.
Uno de los instrumentos resultantes del encuentro es el “Manifiesto por la Paz” que, con el lema “Somos paz. Seremos más”, invita a otras personas a unirse con una firma virtual.
* Con información de Diana Alonso, Ximena Torres y Édgar Velasco
Para saber más
:: Mira aquí algunas de las actividades del Segundo Diálogo Nacional por la Paz.
:: Lee y firma el “Manifiesto por la Paz”.