El Año del Conejo
Édgar Velasco – Edición 509

Su nombre es Benito Antonio, pero casi nadie le dice así: prefieren llamarlo Bad Bunny. Amado y odiado a partes iguales, con una voz que lo mismo seduce que causa repulsión, ha trascendido el escenario para posicionar un discurso que reivindica la defensa del territorio y la identidad latina con reggaeton, dembow y cuanto género musical se cruce en su camino. Ahora lo va a hacer desde el escenario más visto en el mundo: el Super Bowl. ¡Zumba!
Mientras uno está vivo, uno debe amar lo más que pueda.
“BAILE INoLVIDABLE”, ft. Jacobo Morales
Hay muchas maneras de hacer patria y defender
nuestra tierra. Nosotros escogemos la música.
Bad Bunny en la entrega del Latin Grammy 2025
En diciembre de 2024, el sitio Top Music Universe publicó en sus redes sociales: “El declive de Bad Bunny es digno de ser estudiado. En menos de dos años pasó de ser el artista más escuchado y estable a tener los peores desplomes en los charts”. Los comentarios a la publicación son, en términos generales, uniformes: la mayor parte celebra un “declive” que no sólo era obvio, sino que todos habían anticipado. Antes de eso, el último material discográfico del cantante puertorriqueño había dejado opiniones divididas: nadie sabe lo que va a pasar mañana (2023) no había tenido el impacto de sus predecesores.
Visto en retrospectiva, el nombre del álbum no era un título: era un aviso: como si se tratara del horóscopo chino, 2025 fue el año del Conejo.
Si hace un año me hubieran invitado a escribir este texto, me habría negado. Y habría tenido argumentos de sobra para no teclearlo. A la vuelta de un año, tengo preguntas: ¿Qué puedo decir de una de las figuras más mediáticas del primer cuarto del siglo XXI a una audiencia que le ha rechazado durante tanto tiempo? ¿Cómo se cuenta la trayectoria de alguien que ha explotado como pocos el alcance de las redes sociales y los servicios de streaming? ¿Por dónde se aborda una exploración musical que empezó en el reggaeton, el dembow y el trap, pero que ha pasado por la salsa, el rock, el pop, el bolero, la plena, el merengue? ¿Debería registrar lo ya contado en los programas de chismes de la farándula? ¿Cómo se explican la lucha por el territorio, la reivindicación de la identidad latina y la defensa del lenguaje —su lenguaje— que ha hecho Benito Antonio? ¿Cómo se escribe sobre Bad Bunny?
No tengo respuestas. Pero vamo’ a intentarlo. ¡Zumba!

¿Quién Tú Eres?
La historia de Benito Antonio Martínez Ocasio (Bayamón, Puerto Rico, 1994) es de sobra conocida. Inicia cuando “Benito hijo de Benito, le decían Tito, el mayor de seis” conoció a “Lisy, la menor de tres que se criaron con doña Juanita porque sus papás partieron estando chiquita”. Se sabe que se inscribió para estudiar Artes Audiovisuales, que trabajaba como empaquetador en un supermercado y que en sus tiempos libres grababa temas que subía a su cuenta de SoundCloud, donde ya se hacía llamar Bad Bunny. El apodo tiene su origen en la infancia: una fotografía muestra al pequeño Benito durante una fiesta de Pascua. “Es por una foto mía de cuando estaba chiquito vestido de conejo. Me surgió la idea cuando quise empezar en esto de la música. Quise utilizar un concepto como que nadie se había llamado así en la historia del género, quería algo distinto, hacer un personaje, una marca”, ha explicado el boricua.
El 25 de enero de 2016, publicó en SoundCloud: “AQUÍ LES DEJO MI MÁS RECIENTE TEMA. ‘DILES’ LA PISTA HECHA POR BAD BUNNY, Y EN LA MEZCLA LA PACIENCIA! GRACIAS TODOS LOS QUE APOYAN! ESPERO QUE LES GUSTE!”. Incluyó tres hashtags: #TRAP #Music #Latino. Los comentarios de ese entonces coinciden: “Quedo duraaaa en la madreeeee”; “muy buen trabajoo”; “sigue en el traappp”; “Orgulloso de usted papa, lo vengo escuchando desde hace tiempo y ver como este tema ya tiene UN MILLON! mil respeto herma, desde Ecuador”. La canción despegó y llegó a oídos de Luian Malave Nieves, DJ Luian, productor y dueño de Hear This Music, que se convertiría en el primer sello en firmar a Benito. En agosto de ese mismo año se lanzó una nueva versión de “Diles”, ya con el respaldo de Hear This Music y con la participación de Ozuna, Farruko, Arcángel y Ñengo Flow.
En 2018 apareció X 100PRE, primer disco de Bad Bunny, y casi al instante se convirtió en un éxito. La revista Billboard apunta que “intencionadamente o no”, el disco “ofreció un adelanto del tipo de artista en el que se convertiría Bad Bunny: poco convencional, desafiante y auténticamente él mismo”. Benito mantuvo su propuesta de trap, reggaeton y esa amalgama de sonidos y letras que se agrupan en el así llamado género “urbano”. El álbum tuvo padrino de honor: el rapero canadiense Drake compartió los micrófonos cantando en español junto con Bad Bunny en “MIA”, el último track.
El éxito del primer álbum, que pronto se coló a las listas de popularidad, le abrió todas las puertas: en 2019 apareció Oasis, un disco firmado junto con J. Balvin y que muestra otro rasgo que ha sido una constante en la carrera de Benito: las colaboraciones con otros artistas: Natanel Cano, Gorillaz, Julieta Venegas, Rauw Alejandro, Bomba Estéreo, Duki, Don Omar, Rosalía, Daddy Yankee… la lista permite armar un mosaico de los géneros, estilos y ritmos en los que el boricua ha dejado su impronta.
2020, el año del confinamiento, fue movido: aparecieron YHLQMDLG (siglas de Yo Hago Lo Que Me Da La Gana), LAS QUE NO IBAN A SALIR —integrado por canciones descartadas de YHLQMDLG — y EL ÚLTIMO TOUR DEL MUNDO. Más reggaeton, más dembow, más trap. Para entonces el nombre de Bad Bunny ya estaba consolidado y las opiniones, polarizadas: mientras la generación más joven se volcaba sin freno a cada entrega del boricua, sus detractores lo denostaban por lo explícito de sus canciones, por su engolado tono de voz cercano al incomprensible balbuceo, por plonuncial demasiado la ele al cantal, por su forma de vestir y sus cortes de pelo.
En 2022 apareció Un Verano Sin Ti, que es considerado el mejor álbum de Bad Bunny: se mantuvo durante 13 semanas en el número 1 de la lista Billboard 200 de Estados Unidos y 22 de sus 23 canciones estuvieron en la lista de sencillos más exitosos en aquel país.6 El álbum completo se sintetiza en una palabra: diversidad: de géneros —hay reggaeton y dembow, claro, pero también merengue, pop, bomba, plena puertorriqueña—, y también de temas: Benito le canta a la fiesta, al amor y al desamor, a la calle, pero también a su tierra y sus problemáticas.
En este punto, Bad Bunny lo había ganado todo en escala masiva: popularidad, premios, reconocimiento, antipatías, odios: se volvió viral un video en donde arroja al agua el teléfono de una fan. Mucha gente empezó a vaticinar la caída de la estrella. En ese contexto aparece, en 2023, nadie sabe sabe lo que va a pasar mañana, su disco menos popular. El material abre con “NADIE SABE”, que más que una canción es un manifiesto y una confrontación —“nadie sabe lo que se siente que de ti hable toda la gente y hasta te deseen la muerte”; “este disco no es pa’ ser tocado”; “sin decir mi nombre tú conoces mi voz”; “las termino con la L con la R suena mal”— y sigue con “MÓNACO” y “VUELVE CANDY B”, en donde presume —exhibe, refriega— sus éxitos, galardones y premios: los tiene todos. El disco no hace clic. Se empieza a hablar de “el desplome”. Pero, como apunté líneas arriba, nadie sabe lo que va a pasar mañana, más que un título, era un aviso.

que se vayan ellos
En enero de 2025, Bad Bunny lanzó DeBÍ TiRAR MáS FOToS y de inmediato regresó al número 1 en las listas de popularidad, a las reproducciones masivas, a los trends en redes sociales: el tema “DtMF” —siglas del título del álbum— fue usado por miles de personas para compartir la nostalgia por sus seres queridos difuntos o sus mascotas muertas. “Debí tirar más fotos de cuando te tuve, debí darte más besos y abrazos las veces que pude…”, sonaba una y otra y otra vez.
El disco en su conjunto recupera la exploración musical iniciada en Un Verano Sin Ti, pero también tiene como protagonistas la identidad latina, en general, y el orgullo puertorriqueño, en particular, frente a la colonización de la que ha sido objeto la isla a manos de Estados Unidos: “LO QUE LE PASÓ A HAWAii” es una denuncia de los procesos de despojo y desplazamiento que han venido padeciendo los habitantes de la isla caribeña desde hace años. El álbum se acompañó del estreno de un cortometraje homónimo en el que un adulto mayor comparte sus reflexiones —sobre memoria, exclusión, gentrificación y despojo— con la animación de un sapo concho, especie endémica puertorriqueña que está en peligro de extinción como resultado del deterioro de su hábitat natural.
Esta no era la primera vez que Benito usaba su plataforma masiva para denunciar los abusos que sufre el pueblo boricua. En 2022, en el contexto de la aparición de Un Verano Sin Ti, el video oficial del tema “El Apagón” —en el que hace referencia a los cortes de energía eléctrica debido al deficiente suministro del servicio a cargo de una compañía privada de capital canadiense y estadounidense— incluye el reportaje Aquí vive gente, en el que la periodista Bianca Graulau documenta los desalojos forzados, el desplazamiento y el despojo en la isla, así como la lucha de la sociedad civil organizada para defender el territorio. “Aquí la resistencia va a durar hasta que el corazón aguante […] estoy dispuesta a dejar mi sangre por esta comunidad y por mi gente”, dice una mujer al final del video-reportaje. La idea recurrente en las imágenes de apoyo y en los testimonios recabados encuentra eco en la letra de la canción: “Yo no me quiero ir de aquí, que se vayan ellos. Lo que me pertenece a mí se lo llevan ellos, que se vayan ellos”. La lucha no era nueva, pero sí la proyección y el alcance que le dio Benito.

En una línea de “NADIE SABE”, Bad Bunny canta: “creo que maduré, espero que no sea tarde”. Al parecer, esa maduración incluyó darse cuenta de lo mucho que no sabía. En un video disponible en la cuenta @juventudizquierdista en Instagram, Benito confiesa: “Yo me tuve que educar, porque a veces me hacían preguntas que ni yo mismo sabía contestar. […] Me sorprendía lo que desconocía de la historia de mi país y ahí es donde entra esa hambre de aprender, de educarme, porque yo no soy distinto a otros puertorriqueños: vengo de escuela pública, de un pueblo pequeño donde el currículum escolar no nos muestra lo que somos como pueblo”.
Decidió poner de su parte: en lugar de videoclips, varios de los temas de DeBÍ TiRAR MáS FOToS disponibles en su canal de YouTube presentan diapositivas en las que se exponen temas como la historia de la bandera de Puerto Rico, la invasión de 1898, la guerra contra los yankis, la creación del Estado Libre Asociado, los primeros años de la “americanización” de Puerto Rico: clases gratuitas de historia puertorriqueña con reggaeton y bolero y salsa y bomba y plena de fondo.
Como parte de la promoción del álbum, Bad Bunny visitó la Radio Pública Nacional (NPR, por sus siglas en inglés) para participar en el Tiny Desk. Ahí, de nueva cuenta aprovechó el micrófono para hablar del poco conocimiento que se tiene en Estados Unidos sobre Puerto Rico y de cómo la isla ha mantenido su cultura a pesar de los “más de cien años de coloniaje”. La bandera de Puerto Rico que se ve sobre el escritorio más famoso del mundo no es la oficial: la que tiene el azul celeste es usada como símbolo de resistencia, en oposición a la que lleva el azul marino de la bandera estadounidense.
Era el mes de abril y el Conejo todavía tenía sorpresas en el sombrero.

voy a llevarte pa pr
En mayo llegó lo que todo el mundo —metafórica, pero casi literalmente— estaba esperando: el anuncio de la gira para presentar DeBÍ TiRAR MáS FOToS. Los boletos se agotaban en cuanto se ponían a la venta. En México se abrieron dos fechas que terminaron convertidas en ocho, todas agotadas y no fueron suficientes: habrían sido necesarias 123 noches para cubrir la demanda generada.
Las sedes se multiplicaron: República Dominicana, México, Argentina, Chile, España, Portugal, Italia. Por primera vez Bad Bunny cantará ante su público en Australia, Brasil y Japón. Pronto se hizo evidente una cosa: no había una sola fecha en territorio continental estadounidense. A cambio, Benito anunció una residencia en el Coliseo José Miguel Agrelot, popularmente conocido como El Choli, ubicado en San Juan, capital de Puerto Rico, en donde el boricua ofreció un maratón de 30 presentaciones entre julio y septiembre. El título del ciclo de conciertos no podía ser otro: No me quiero ir de aquí.
Al llamado del boricua acudieron cerca de 600 mil personas y muchas celebridades: LeBron James, Kylian Mbappé, Ricky Martin, Residente, Belinda, Penélope Cruz, Austin Butler, Jon Hamm —rebautizadoJuan Jamón por Bad Bunny— y, por supuesto, sus colegas Maluma, Ñengo Flow, Arcángel, Rauw Alejandro, Ozuna, Rainao y muchas otras figuras que bailaron y cantaron en el porche y sobre el techo de la casita que se construyó como escenografía. La expectativa cada noche era quién iba a proclamar el grito de fiesta del Conejo: “¡Acho, PR es otra cosa!”.
La decisión de no visitar territorio continental estadounidense tenía dos intenciones: la primera, cuidar a sus seguidores de las políticas migratorias instauradas tras el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos. “Ha habido muchas razones por las que no he ido a tocar a Estados Unidos, y ninguna de ellas ha sido por odio”, declaró Benito, quien no quiso dar pie a que los conciertos fueran escenario de redadas para detener arbitrariamente a las personas y deportarlas. La segunda, impulsar la economía local haciendo que quienes quisieran ver el espectáculo se trasladaran a San Juan.
El objetivo se logró: se calcula que No me quiero ir de aquí generó una derrama económica de más de 370 millones de dólares para la isla, disparó la ocupación hotelera y activó la cadena productiva de a pie: la de las calles, la de los pequeños alojamientos, la de los comercios al margen de las cadenas trasnacionales. Se estima que el espectáculo generó más de mil empleos directos para su montaje y su logística y más de tres mil indirectos. El proyecto llegó a su fin rompiendo más récords: el sábado 13 de septiembre tuvo lugar el concierto número 31, titulado No me quiero ir de aquí: una más, que se transmitió en vivo a todo el mundo por Prime Video, la plataforma de Amazon. El espectáculo fue visto en vivo por casi 340 mil espectadores.

ahora todos quieren ser latinos
La residencia en El Choli tuvo su epílogo la tarde del domingo 28 de septiembre. Ese día, una publicación en las redes sociales de la National Football League (NFL) causó furor: Bad Bunny será el protagonista del show del medio tiempo del Super Bowl, uno de los eventos más vistos en todo el mundo: según Nielsen, empresa especializada en medición de audiencias, más de 191 millones de personas en el mundo vieron la edición de 2025.
Las reacciones no se hicieron esperar. Y como siempre que el nombre de Bad Bunny está de por medio, se dividieron: hubo quienes lo celebraron, quienes lo lamentaron y quienes lo reprobaron, entre estos últimos el presidente Donald Trump y su gabinete. Un día después del anuncio, el mandatario estadounidense declaró: “Nunca he oído hablar de él, no sé quién es. No sé por qué lo hacen. Es una locura. Me parece absolutamente ridículo”. (Que no haya escuchado hablar de Benito es poco probable: el 4 de julio, el lanzamiento del video oficial de “NUEVAYoL” se volvió tendencia porque incluye un audio falso en el que la voz de Donald Trump reconoce su error, pide disculpas a los migrantes y resalta sus aportes a la nación.)
Por su parte, Kristi Noem, la polémica secretaria de Seguridad Nacional, amenazó con realizar redadas del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) afuera del estadio: “No deberías venir al Super Bowl a menos que seas un ciudadano estadounidense respetuoso de la ley”. El temor de que cumpla la amenaza no es infundado: la sede del partido es el estadio de los 49ers de San Francisco, en Santa Clara, California, uno de los estados que más se han opuesto a las políticas migratorias de la segunda administración trumpista. Y ha sufrido las consecuencias: es importante no olvidar los enfrentamientos en Los Ángeles durante junio del año pasado.
Mientras el movimiento MAGA — acrónimo del lema “Make America Great Again” y que designa al ala más radicalizada de los seguidores de Trump— reprobaba la elección apelando al orgullo estadounidense, una inciativa buscaba boicotear el show y otra parte de la audiencia repetía los argumentos que han perseguido a Benito toda su carrera —que no es cantante, que no es músico, que no se le entiende nada, que las letras son demasiado explícitas, etcétera—. En medio de todo el ruido, Roger Goodell, comisionado de la NFL, fue muy claro: no hay marcha atrás: “[El show] está muy bien pensado. No creo que hayamos seleccionado a un artista sin recibir críticas”.
En sentido contrario, la noticia volvió a disparar la ya de por sí alta popularidad de Benito: según la empresa Luminate, las reproducciones de la música de Bad Bunny se incrementaron en 26 por ciento durante la semana posterior al anuncio de la NFL. A la par surgió una nueva tendencia: las redes se fueron llenando de videos y reels en los que personas de habla inglesa comenzaron a practicar español —o de plano a aprenderlo— para poder cantar el día del Super Bowl. Mientras un meme mostraba a Benito en la pose arquetípica del Tío Sam advirtiendo a las y los espectadores que tenían apenas cuatro meses para aprender español, cientos de videos documentaban a personas intentando cantar la letra de uno de los temas más conocidas del boricua, que aparece en el álbum Un Verano Sin Ti: “Titi me preguntó si tengo muchas novias, muchas novias…”, repetían delante de la cámara para luego atorarse con las palabras, volver a empezar e intentar, sin éxito, seguir el ritmo del boricua.

Invitado recurrente del programa Saturday Night Live, Benito abrió la nueva temporada de la emisión semanal con una intervención en la que hizo una cosa habitual para él: comenzó su mensaje en inglés para luego hablar en español, una costumbre que la periodista colombiana Ana María Portilla ha calificado como “una cosa profundamente política. […] Bad Bunny podría hablar en inglés si él quisiera, pero elige no hacerlo cuando lo están mirando, cuando tiene un montón de cámaras. Eso es elegir en qué lengua vas a ser oído”.
El gesto no pasó de largo. Durante el X Congreso de la Lengua Española, en Arequipa, Benito Antonio Martínez Ocasio fue calificado por Luis Fernández, periodista y presidente de Telemundo, como “el latino, el hispano que más defiende el español en el 2025 en todo Estados Unidos”. Fernández mencionó el Super Bowl, el monólogo en el Saturday Night Live y reiteró que Bad Bunny “es uno de los mayores y mejores defensores que tenemos ahora los latinos, los hispanos que hablamos español en Estados Unidos”. En el contexto que vive aquel país, no es cosa menor: a principios de noviembre del año pasado, una encuesta realizada por Noticias Telemundo y Axios documentó que las personas creen que “es un mal momento” para ser latino en Estados Unidos.
La expectativa sobre lo que va a presentar Bad Bunny en Santa Clara es alta y sólo hay una certeza: esa noche, el mundo va cantar en español: el idioma fue un no negociable que Benito Antonio Martínez Ocasio puso sobre la mesa. Al hacerlo, reivindicó la defensa de la identidad latina y puertorriqueña que ha venido haciendo desde los escenarios en los que aparece, cuyo mensaje se replica exponencialmente en cualquier lugar con señal de internet. Claro que la petición de Benito fue aceptada.
No podía ser de otra manera: es el Año del Conejo. El año de Bad Bunny. ¡Zumba!
1 comentario
Coincido contigo Turco, G R A C I A S.
Si hace un año me hubieran preguntado por Bad Bunny, hubiera hecho gestos de desaprobación, “fuchi”. Pero no he podido resistir la presistencia de mis hijos de mostrarme al artista que llevan años siguiendo; yo no ví a ese artista en el boricua, ví al activista. Me gustó su irreverencia, su performance de incauta agudeza; y a veces ya me escucho tarareando alguna de sus canciones.