La calle, mi casa

La calle, mi casa

– Edición 484

Elena vive en las calles Justo Sierra y General Coronado. Ella dice que los vecinos cuidan sus cosas cuando sale a buscar algo para subsistir. Foto: Alonso Camacho

Están ahí de manera tan cotidiana que, en muchos casos, se termina por dejar de verlas: las personas en situación de calle deambulan sin que las autoridades atinen a saber a ciencia cierta cuántas son y, peor aún, sin saber cómo atender a esta población que un día terminó haciendo de las calles su hábitat

Con lonas, plásticos y algunos tubos de metal, Norma ha construido su vivienda en la esquina de las calles Abascal y Souza y Josefa Ortiz de Domínguez, en el barrio de San Juan de Dios, en Guadalajara. El espacio no mide más de dos metros, pero dentro tiene lo suficiente para vivir, cuenta. Ha hecho su cama con colchas y almohadas y tiene perfectamente acomodadas sus pertenencias, entre las que se cuentan un espejo y un cepillo para acicalarse todos los días. 

Norma no tiene más de 35 años. Ha vivido en la calle desde que sus hermanas decidieron vender la casa que sus padres les dejaron al morir, hace diez años. A ella le dieron la parte que le correspondía, pero poco a poco se fue acabando el dinero, y con él la vida como la conocía. Recuerda que entró a trabajar a unas bodegas por la zona de Revolución y que se juntó con un hombre que tenía una niña pequeña. Fue él, relata, quien comenzó a meterla “al vicio”. Un día la dejó y ella terminó en la calle buscando por sí misma cómo sobrevivir.

En Jalisco no hay una cifra oficial que dé cuenta del número de individuos que viven en situación de calle. El último Censo de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) documenta que en Jalisco hay 443 personas en esta condición, lo que coloca al estado en el tercer lugar a escala nacional, sólo debajo de Ciudad de México, con mil 226, y Baja California, con 706. En todo México se identificó a cinco mil 778 personas. De las 443 que hay en Jalisco, 237 son usuarias habituales de algún albergue, según el INEGI.

Foto: Claudio Cruz / AFP

Pero las cifras tienen discrepancias. Tan sólo en 2021, el dif Guadalajara ha detectado a mil 920 “nuevas” personas en situación de calle, hombres y mujeres, que deambulan por el Centro Histórico, el Jardín Botánico, los corredores de Chapultepec, Federalismo, Washington, Juan Pablo II, el Mercado de Abastos, Pueblo Quieto y el canal de la avenida Patria, entre otros. Son “nuevas” porque se suman a un universo aproximado de 3 mil que ya se tenían identificadas.

Por otra parte, hasta mayo de 2020, Zapopan había contabilizado al menos a 550. De esta cifra, la mitad se considera como “transitoria”, pues está integrada por personas migrantes, principalmente en zonas como las vías del tren en la avenida Inglaterra. Las “no transitorias” se ubicaron en lugares como Tesistán, Santa Lucía, Lomas de Zapopan y Arcos de Zapopan. Sólo en estos dos municipios del área metropolitana, las personas en situación de calle suman casi cinco mil 500.

Sin embargo, de acuerdo con el director del DIF Jalisco, Juan Carlos Martín Mancilla, es posible que haya registros duplicados, considerando que al menos ocho de cada 10 personas en situación de calle no cuentan con alguna identificación oficial que permita conocer sus nombres, edades o lugares de origen, además de que es frecuente que, al estar bajo el efecto de sustancias alcohólicas o psicoactivas, se cambien el nombre o no den datos certeros que ayuden a su identificación y su posterior registro.

El funcionario explica que se clasifica para su atención en cuatro grupos a quienes viven en esta condición. El primero incluye a quienes están en tránsito, como las personas migrantes que se quedaron en la ciudad debido a las dificultades para continuar su camino hacia el extranjero. A ellas, asegura, se les asiste para que puedan obtener un estatus legal que les permita trabajar y encontrar un lugar donde dormir, aunque no todas se quedan y la población continúa fluctuando. 

El segundo grupo atiende a quienes viven o ejercen un trabajo en la calle y, por lo común, tienen arraigo en el lugar donde duermen o donde desarrollan sus actividades para subsistir, como Norma. “No les interesa regresar a una casa. Aunque los monitoreamos y los invitamos al albergue, no les interesa porque no es delito vivir en la calle”, añade el funcionario. 

Otro grupo es el que vive en la calle y, además, tiene problemas de adicciones. “Es un grupo también muy difícil de tratar, porque por su adicción no pueden ser recibidos en ningún albergue. Nosotros los recibimos, tratamos de trabajar con ellos, y acompañamos en su proceso de reinserción a quienes tienen la voluntad de recuperarse”. 

Finalmente, el cuarto grupo está compuesto por quienes acceden a pasar la noche en la Unidad Asistencial para Personas Indigentes (UAPI), gracias a la labor que realizan las brigadas en calle del dif algunas noches, así como por quienes habitan ahí de manera permanente. En su mayoría tienen problemas psiquiátricos y debido a ello se desconoce  su información personal.

De acuerdo con Luis Enrique Hernández, director de El Caracol, organización que opera desde 1994 en Ciudad de México, los censos a lo largo de los últimos seis años han reportado una reducción considerable en las cifras: mientras en 2014 había poco más de cuatro mil personas en situación de calle en la capital, en 2020 se contabilizaron poco más de 900. Sin embargo, señala, no hay certeza sobre si de verdad se redujo el número, o si el censo se pudo llevar a cabo de manera correcta, ya que las personas no suelen tener un lugar fijo donde encontrarlas. Para llevar a cabo un censo real, añade, es necesario un gran esfuerzo para que un número considerable de encuestadores cubra al mismo tiempo diferentes zonas y realicen el conteo de manera simultánea, para así evitar subregistros o duplicidades.

En esta esquina de las calles Abascal y Souza y Josefa Ortiz de Domínguez, en el barrio de San Juan de Dios en Guadalajara, Norma habilitó un espacio para pasar las noches. Foto: Alonso Camacho

No confían en las autoridades 

Elena tiene su casa en la esquina de las calles Justo Sierra y General Coronado. Está construida a la orilla de la banqueta, con lonas y bolsas de plástico, y rodeada por cajas de cartón y chácharas que recolecta para vender. Tiene apenas tres años viviendo en la colonia Americana, en Guadalajara, luego de que su pareja la abandonara y su familia la echara de su casa. 

Elenita, como la conocen los vecinos, cuenta que inició una denuncia por ese desalojo. Sin embargo, asegura, la Fiscalía del Estado nunca le dio seguimiento. Después, cuando ya vivía en la calle, la Policía de Guadalajara se la llevó en un operativo a los juzgados municipales por “apartar lugares” y ahí perdió el expediente de la denuncia, por lo que nunca más pudo acudir a pedir informes, no sólo porque no recuerda el número de la carpeta de investigación, sino porque sabe que, en las condiciones en las que se encuentra, no recibirá la atención que requiere. 

Juan Carlos Martín Mancilla explica que, a fin de que las personas como Elenita puedan tener la posibilidad de dejar la calle, desde el dif Jalisco se ofrecen distintos apoyos, por ejemplo, se han instrumentado brigadas nocturnas con personal de la institución que sale a las calles para tratar de convencer a las personas de pasar la noche, comer y asearse en la UAPI (que hasta 2020 tenía capacidad para recibir a 250 individuos).

La UAPI es, digamos, un primer paso. Ahí se les brinda asistencia médica y legal para tramitar sus documentos de identificación, a fin de que, quienes así lo deseen, puedan reincorporarse a la sociedad, por ejemplo, por medio de la obtención de un trabajo fijo. Las acciones, añade, se replican en las unidades de los dif municipales, como es el caso del Centro de Atención y Desarrollo Integral para Personas en Situación de Indigencia (CADIPSI), en Guadalajara.

Uno de los programas  más recientes del DIF Jalisco es “De la Calle a la Vida”, para facilitar el proceso de transición ayudando a las personas a conseguir empleo, un lugar para vivir y menaje de casa; así como a rehabilitarse, en caso de ser necesario, para no consumir drogas ni alcohol. Operará en los ocho albergues de las distintas regiones del estado, y al final de 2021 habrá atendido a 30 personas. Para este programa hay un fondo de dos millones 500 mil pesos.

“Cuando las personas ya están listas para dejar la calle, se les ayuda a encontrar una casa, que se equipa con refrigerador, base de cama y colchón individual, parrilla eléctrica, comedor para cuatro personas, sala, regadera eléctrica y juego de utensilios de cocina, para que retomen la vida estable dentro de un techo”, explica Martín Mancilla. 

El director del DIF Jalisco afirma que, aun así, hay a quienes no les interesa recibir apoyo institucional, porque, dicen, “les va mejor” viviendo en la calle.

Elenita, por ejemplo, reconoce que, en diversas ocasiones, personal del DIF Jalisco y Guadalajara se ha acercado a ella para ofrecerle techo y comida. Sin embargo, dice, nunca irá a los albergues, pues no confía en las autoridades por la manera en que la ha tratado la policía —que, además, le ha quitado dinero y pertenencias—. Prefiere quedarse en la calle, donde “sus amigos” —no precisa quiénes son— la ayudan a vigilar su casa y sus cosas cuando tiene que salir a buscar comida o a vender sus chácharas, además de que ya sabe dónde desayunar, comer y, en ocasiones, hasta cenar.  

Norma, por su parte, señala que, desde hace más de un año, cuando comenzó a vivir en San Juan de Dios, detrás del Instituto Cultural Cabañas, nunca ha acudido ninguna autoridad a ofrecerle ayuda. “Y así está mejor”, dice.

La razón por la que Norma no confía en las autoridades no es menor. Cuando comenzó a vivir en la calle, convivió con un hombre y terminó embarazada. A los ocho meses de gestación, él intentó matarla: le prendió fuego, lo que le ocasionó quemaduras de tercer grado en varias partes del cuerpo. Aunque el bebé nació, el DIF la hizo firmar una carta de renuncia al niño por no tener los medios para cuidarlo, asegura la mujer.

“Hoy, mi niño tiene seis años, pero no sé nada de él, no sé dónde ni cómo está. Eso me hace sentir triste, pero no puedo hacer nada y sé que nunca lo voy a volver a ver”, se lamenta.

Foto: EFE / Mario Guzmán

Contra el prejuicio y la falta de información

En octubre de 2018, tras los asesinatos de cinco personas en situación de calle, el entonces fiscal de Derechos Humanos, Dante Haro, informó que se llevaría a cabo, en conjunto con la Comisión Estatal de Derechos Humanos Jalisco (CEDHJ), un censo para conocer el número de quienes viven en esta condición en la ciudad, a fin de establecer diversas acciones en su beneficio. El censo nunca se realizó; las acciones, tampoco.

De acuerdo con Ricardo Fletes, académico de la Universidad de Guadalajara, entre los factores que han abonado al incremento del número de personas en situación de calle están el aumento de quienes están en tránsito, o migrantes, así como la pandemia de la covid-19. También se ha sumado la población adulta mayor que trabaja en la calle y que se “camufla” con el resto de quienes viven en situación de calle. 

Ante estas situaciones, dice, los apoyos no sólo han sido insuficientes, sino que más bien han sido vistos como un paliativo. El académico también apunta a la falta de cifras como uno de los problemas fundamentales, pues dificulta a las autoridades la instrumentación de estrategias efectivas para su atención.

Por otra parte, se lamenta el investigador, las labores de prevención son nulas, el número de los promotores comunitarios se ha reducido en el dif, puesto que las organizaciones civiles han visto mayores complicaciones para la obtención de recursos ante la desaparición del Instituto Jalisciense de Asistencia Social (IJAS). “El mecanismo implementado para sustituir al IJAS no está funcionando correctamente, lo que crea dificultades para las instituciones”.

Luis Enrique Hernández afirma que desde El Caracol han identificado un doble discurso de las autoridades. “Por un lado, los gobiernos se ven en la obligación de ofrecerles a estas personas una posibilidad de encontrar una vida fuera de las calles, pero, por otro lado, se enfrentan a la idea de tener ciudades bonitas, limpias, donde la pobreza no se vea. Esto hace que opten por lo que es más rápido: quitarlos de las calles o pedirles que no estén en las zonas turísticas, en lugar de acompañarles en un proceso educativo”.

Personas como tú y como yo

¿Quiénes habitan la calle? Algunas de estas personas fueron licenciadas, académicas, maestras, y las circunstancias las llevaron a terminar en la calle. “Algunos de ellos sólo salieron de sus hogares buscando una mejor vida, que nunca llegó”, explica Luis Enrique Hernández, director de El Caracol.

Basta platicar un poco con ellas para darse cuenta. Conocer su forma de ver la vida puede cambiar también la forma en la que se les mira, como en los casos de Norma y Elena, quienes hilan perfectamente una conversación y entienden las condiciones en las que se encuentran dentro de la sociedad en que vivimos. Escuchan, dan argumentos e incluso hacen bromas. “Yo en el único en el que confiaría para sacarme de aquí es en Manny Pacquiao, ese hombre es campeón del mundo”, responde entre risas Elena, por ejemplo, al cuestionarle si hay alguna autoridad u organización en quien pudiera confiar para dejar su casa montada en la banqueta.

Hay casos que se han vuelto virales, como el de la recámara de una persona ubicada debajo de un puente en Aguascalientes, que incluye cama con cabecera y almohadas, perfectamente ordenada y limpia. O el de Miguel Córdova, un joven tabasqueño que sobrevivió al colapso de la línea 12 del Metro de Ciudad de México y quien narró de manera elocuente cómo ocurrió el desplome: “Yo vivo en situación de calle y siempre me quedo aquí, debajo del Puente de los Olivos. Venía de vender mis botellas en  La Polvorilla y me regresé por mi cobija. Estaba yo acostado con algunos amigos, estábamos platicando y se escuchó como si tronara un fierro. Se cimbró bien feo, tronó y se movió y nosotros salimos corriendo, ni siquiera jalamos nuestras cobijas, cuando de repente nos caímos porque se vino el cimbradero grande y se vio cómo se vino el Metro hacia abajo, en dos […] Venía yo llorando porque quizás había gente que no se había despedido de su familia”, declaró para el portal Ruido en la Red.

Foto: Ronaldo Schemidt / AFP

Apoyos en nombre de Dios

Entre las actividades que realiza para servir a la comunidad, el Arzobispado de Guadalajara cuenta con un espacio donde brinda apoyo a quienes así lo solicitan: la Casa de la Misericordia, inaugurada en 2015 en el barrio de Analco. Ahí todas las noches se brinda cena, baño y un espacio donde dormir a quienes deseen pernoctar de manera segura. Si identifican a alguien con problemas de adicciones, dice el cura Juan Carlos Cruz Romo, lo derivan a otras asociaciones para su tratamiento, siempre y cuando acceda a recibir el apoyo. 

Cáritas, organización ubicada en  San Juan de Dios, ofrece ropa, alimento y cobijas a quienes llegan a solicitarlos. Además, a través de la Pastoral de la Salud se brindan medicamentos.

“Lastima ver la situación en la que viven estas personas en la ciudad. No tienen alimento seguro para cada día, no tienen un lugar fijo donde protegerse de la intemperie, y eso cala. Se convierten en presas fáciles del crimen organizado y las manipulan y se aprovechan de ellas. Pero también hay quienes quieren salir adelante y tener una vida estable. Eso nos motiva a llevar a cabo acciones para ayudar a este sector”, expresa el sacerdote. 

De forma similar opera el albergue Ángeles y Serafines, a cargo de la madre Teodora Gómez, que se ha convertido ya en una asociación civil e incluso ha recibido apoyo por parte de la Secretaría del Sistema de Asistencia Social. El espacio cuenta con lugar para que hasta 40 hombres en situación de calle pasen la noche, además de que se les dan alimentos. 

En el caso de la Iglesia de la Luz del Mundo, sus fieles se organizan para estar al pendiente de las necesidades que se presentan en sus comunidades en cada uno de los países en los que tienen presencia, brindando alimentos y ropa con las medidas de bioseguridad debidas. Abner Nicolás Menchaca Tristán, su vocero, refiere las acciones emprendidas en noviembre de 2019 en Oklahoma, Estados Unidos, cuando se ofreció comida preparada a personas de escasos recursos en las calles de la ciudad; también menciona acciones en lugares como Bello, Colombia, o San Francisco, California, donde los creyentes han entregado despensas o ayudado a paliar los efectos de la pandemia. 

Un lugar de riesgos 

En sólo seis días de octubre de 2018, seis personas en situación de calle fueron asesinadas en el municipio de Guadalajara. Mientras dormían en distintos puntos de la ciudad, el homicida les dejaba caer una piedra de gran tamaño en la cabeza, hasta dejarlas inconscientes. 

El ayuntamiento tapatío montó una brigada para invitarlos a pasar la noche en sus albergues, pero la mayoría se rehusó pese a que el asesino merodeaba. Por los hechos de esa semana, la Policía de Guadalajara y la Fiscalía Estatal detuvieron a dos presuntos responsables: Alejandro “N”, de 27 años, el día 28 de octubre, y Omar Inocencio “N”, de 22 años, al día siguiente. Los asesinatos frenaron. 

La historia tiene un antecedente. En 1989 se hizo célebre un hombre que fue apodado El Mataindigentes, quien privó de la vida a balazos a al menos nueve personas, en especial en el poniente de Guadalajara. Mató a su primera víctima en enero de ese año, y no fue sino cuatro meses después que las autoridades dieron con él tras un operativo en diversos negocios, hoteles y restaurantes. Lo atraparon en el Hotel Loren, en la avenida Vallarta, consignó El Informador en su edición del 12 de abril de aquel año. Aunque, según la nota, Jorge Figueroa Romero aceptó haber asesinado sólo a uno de sus empleados, tras su detención los asesinatos de indigentes pararon.

Éstos son dos ejemplos de cómo las calles no son seguras para este sector poblacional, pese a que las consideren su casa. En lo que va de 2021 han perdido la vida al menos 21 personas en situación de calle, de acuerdo con registros hemerográficos y reportes de las comisarías municipales de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Las causas de muerte son diversas: hipotermia, congestión alcohólica, atropellamiento y homicidio. De las 21 personas fallecidas, la tercera parte fue encontrada con heridas de bala o de armas punzocortantes, e incluso con quemaduras, envueltas en cobijas, plástico y hasta abandonadas en carritos de supermercado. 

De acuerdo con Ricardo Fletes, en ocasiones la necesidad de subsistencia de estas personas las orilla a relacionarse con distintos grupos delincuenciales, lo que ocasiona, no sólo que entren en una lucha por espacios donde dormir, pedir limosna o comida, o donde trabajar, sino también por puntos de venta y distribución de droga. 

Foto: Yuri Cortez / AFP

¿Qué ocurre en el mundo? 

Gracias a EUROsociAL, programa de cooperación entre la Unión Europea y América Latina que tiene por objetivo contribuir a la reducción de las desigualdades (eurosocial.eu), a la mejora de los grados de cohesión social y al fortalecimiento institucional, se han logrado generar políticas integrales, con base en experiencias europeas, para la atención de personas en situación de calle en países como Brasil, Paraguay y Uruguay, donde, de acuerdo con la organización, se tiene mayor conocimiento de las características de esta población. 

En Brasil se identificó que la infancia y la adolescencia son dos sectores que prevalecen en las calles, por lo que se conformó un grupo de trabajo interministerial impulsado por la Secretaría Nacional de Asistencia Social del Ministerio de Desarrollo Social y Combate contra el Hambre y la Secretaría de Derechos Humanos de la Presidencia de la República. 

En Uruguay se conformó el departamento de Coordinación del Sistema de Atención, que centraliza las diferentes actuaciones que brindan los servicios a la población en situación o en riesgo de calle, a fin de lograr un abordaje más integral mediante un sistema de registro y seguimiento articulado con el Ministerio de Vivienda. 

Lo anterior se lleva a cabo según dos modelos: el Modelo Escalera, que aborda la problemática con una política social, que busca soluciones y recurre a sitios especializados de alojamiento para su tratamiento multidisciplinar y, en un segundo momento, realiza el tránsito individual a un alojamiento. El otro modelo, Housing First, busca dotar a estas personas de una vivienda estable para que retomen su vida como era antes de su estadía en la calle, similar a lo planteado por el programa recién establecido en Jalisco. 

Uno de los países donde mejor ha funcionado el Housing First es Finlandia, que pasó de tener poco más de 18 mil personas sin hogar en 1987, a casi cuatro mil 500 en 2021, de acuerdo con la Housing First Europe Hub (housingfirsteurope.eu) y la organización Y-Foundation, organismo proveedor de vivienda social sin fines de lucro (ysaatio.fi).

Sin acceso a la vacuna contra la covid-19 

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, para frenar la pandemia de covid-19, al menos 70 por ciento de la población debe estar vacunado. Pero en plena tercera ola de contagios de coronavirus, ni Norma ni Elenita portan cubrebocas, aunque tienen a la mano uno o dos desechables que ya lucen sucios y desgastados. Ninguna de las dos mujeres quiere ser vacunada. Aunque no se conocen, sus argumentos coinciden: no quieren ser inmunizadas porque desconocen qué contiene el líquido que los médicos aplican en cada inyección, así como las consecuencias que podría traerles.

Norma apenas comienza a entender qué es el coronavirus, pero, gracias a su radio, Elena conoce bien el proceso de las vacunas y considera que el tiempo de la pandemia ha sido corto para analizar los resultados de los inmunológicos, además de reconocer que en una vacuna “te ponen el virus en pequeñas cantidades en el cuerpo, pero si el virus no ha estado dentro de mí, ¿por qué lo voy a querer meter dentro de una vacuna?”, se pregunta. Nadie se ha acercado a explicarles de forma detallada qué es la covid-19, cuáles sus consecuencias y qué beneficios trae consigo la vacuna.

En México, este sector poblacional no fue contemplado en el programa de vacunación, aunque el 23 de febrero de este año, el director del Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades, Ruy López Ridaura, afirmó que las personas en situación de calle pueden acudir a cualquier centro de vacunación a recibir la vacuna. Ese mismo día refirió que “más adelante” se planearían estrategias para organizar brigadas específicas. Ese “más adelante” no ha llegado. 

Hasta el momento, sólo Ciudad de México ha comenzado con la vacunación de personas en situación de calle, gracias al apoyo de la organización El Caracol, que conformó una estrategia para registrar y vacunar a quienes contaban con alguna identificación o a quienes se les podía localizar la curp mediante su nombre y su fecha de nacimiento, detalla Luis Enrique Hernández, director de la asociación. 

Foto: Rafael Ben-Ari / Chameleons Eye

¿Qué hacemos?

Hay quienes les llaman indigentes, pordioseros, vagabundos, personas sin hogar o en situación de calle. Sin importar el adjetivo o el eufemismo, tienen derecho a una vida digna. Es un mandato constitucional.

Es necesario trabajar en conjunto con especialistas para atender de manera eficiente sus necesidades, además de que, como menciona Ricardo Fletes, debe trabajarse desde una cultura de la prevención para evitar que, ante las diferentes problemáticas que enfrentan, su única opción sea terminar en la calle. Se puede, por ejemplo, fortalecer los programas sociales, de procuración de la justicia, el impulso de la creación de empleos, generar más facilidades para el acceso a una vivienda digna, entre otros.

Pedro Cabrera, académico de la Universidad Pontificia de Comillas, apunta en Personas sin hogar que la gente en situación de calle tiene su propia historia, distintos problemas y situaciones que la llevaron a salir de la vida como la conocían antes de llegar a esta condición, y ahora lo único que tienen en común es que su casa es la calle.

De acuerdo con Ricardo Fletes, además de invertir en espacios donde se les atienda, las autoridades deberían también invertir en profesionales en el tema, tales como especialistas en sociología, antropología y trabajo social, incluso especialistas en esta población en las áreas de medicina y enfermería. “El Estado está siendo omiso en su responsabilidad, que además es constitucional, con acuerdos internacionales. No se trata de tenerles miedo ni de que ellos tengan miedo a la autoridad. Ellos están ahí, en los puentes, los pasos a desnivel, canales pluviales, lugares donde todos los días pasamos. No se trata de quitarlos ‘porque se ven feos’, como considera la autoridad: se trata de brindarles las garantías necesarias para que puedan gozar de sus derechos, como cualquier ciudadano”, concluye. .

    MAGIS, año LVII, No. 484, noviembre-diciembre 2021, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de noviembre de 2021.

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