La adolescencia herida
Vanesa Robles – Edición 514

Un joven entra armado a su prepa en Michoacán y mata a dos maestras; detrás de él hay comunidades incel, True Crime, redes sociales sin regulación y adultos desbordados. ¿Hemos abandonado definitivamente a las adolescencias?
El 24 de marzo de 2026 fue otro día bochornoso en Lázaro Cárdenas, Michoacán, un puerto del Pacífico de un poco más de 200 mil habitantes. Era martes. Apenas se levantó, Osmer se vistió de negro, se sacó varias selfies y algunos videos apuntando a la cámara con un rifle AR15, subió el material a su cuenta de Instagram, ahí mismo escribió “Hoy es el día” y se fue a su preparatoria, la Antón Makárenko. Lo siguiente que hizo fue matar a tiros a María del Rosario y a Tatiana, dos profesoras de la escuela. Lo estoy mirando, a Osmer, en un video; un quinceañero flaco, sumiso ante los policías, el cabello negro enrulado, un rictus trágicamente triste. Lo estoy viendo mientras un reportero del Grupo Fórmula vocifera que, por la edad, irá a prisión “únicamente tres años”.
Los días tras la masacre la discusión pública se centrará en las acciones necesarias para que los adolescentes como Osmer pasen el resto de sus días encerrados. Circularán los rumores de que el chico pertenecía a una comunidad incel o a una de True Crime. La presidenta de México se curará en salud, presumirá los programas de prevención de las violencias del Gobierno Federal y avivará la tentación de reducir la edad penal.
Luego todos guardaremos silencio. Sólo hasta que llegue quien sustituya a Osmer. Llegará.
Empecé este reportaje hace 43 días con una consigna, a la que quizá no responderé: Adolescentes, ¿qué estamos haciendo mal? Mi subjetividad me traicionará una y otra vez; tengo un hijo de 15 años, flaco, de cabellos negros enrulados. Lo llamaré Hermes. Me guiará en un camino en el que yo soy ciega, y él sabe más de lo que le conviene. Hermes entiende bien el mundo incel, término que es la contracción del inglés que nombra a los célibes involuntarios, a los que se sienten incapaces para que una pareja los ame —muchos no han cumplido ni 14—. También presume de ser un sabelotodo en la True Crime Community (TCC), integrada por chats masivos en Telegram o Discord, en los que se comparten y a veces se glorifican asesinatos, masacres y suicidios reales. “No es para tanto, má; no toda la gente de la comunidad es asesina”, me responde Hermes cuando le cuento que leí que muchos de los autores de masacres han pasado por la TCC.
Le reclamo a Hermes: “No la friegues, estar viendo violencia nos inmuniza contra el dolor ajeno y no comprendo por qué los perpetradores tienen una obsesión por la selfie y la transmisión en vivo de sus actos”.
—Todos queremos dejar huella en esta vida.
—También la belleza deja huella —insisto.
—¡Vanesa! ¡Cómo vamos a hablar de belleza o de ternura si la gente se está matando en la guerra! Mira a Lara Tolosa. Publicaba posts de Hello Kitty, estaba en grupos muy cursis. ¿Qué les pasa a los que ponen cosas alegres? Los bulean, Vanesa. En las redes sociales la ternura es una pendejada.
¿Lara Tolosa? Hermes me habla de ella con la misma familiaridad con la que se refiere a sus “amigos” de Instagram, sólo que Lara ya no está, se suicidó en su salón, en una escuela de La Plata, Argentina, el 3 de agosto de 2017; sufría acoso escolar. “Chau, mierdas”, escribió antes. Tenía 15, los mismos que Osmer. Y que Hermes.

* * *
Fui una adolescente 1984-1987 de la Secundaria Federal 29, una mole que albergaba a 11 grupos por grado; éramos unas mil 200 vidas en el receso ardiente del turno matutino, pero a mí sólo me interesaba una, la Viridiana Carvajal, la cremosa del salón: quería tener su videocasetera, su personalidad cachonda, sus vacaciones en Vallarta. Entre las siete de la mañana y la una de la tarde sufría a veces porque ella les gustaba a todos y yo a ninguno; por las tardes ya no sufría: el espectro de Viridiana Carvajal se desvanecía. No había TikTok.
Tuve otra adolescencia alrededor de 2017; la de Eurídice. Me pegó duro porque yo era la madre y Eurídice estaba hipnotizada en Tumblr y YouTube por las jóvenes anoréxicas que dictaban cuáles alimentos debía evitar, hasta que un día Eurídice —el nombre falso de una joven real— salió del inframundo.
Es 2026 y estamos en la adolescencia de Hermes. Muchas de las anoréxicas de la generación anterior se mudaron a TikTok, donde quizá las mate la competencia férrea con sus discípulas, pero resulta que eso que es de veras grave no lo es tanto, porque ahora hay chicos que prometen y cumplen la transmisión de matanzas, confían en gente a la que jamás han visto, acceden a los videos de unos señores que sedaron y violaron a sus esposas, siguen a adultos misóginos que les dicen que sólo 20 por ciento de los hombres tendrán la oportunidad de ser amados, participan en retos virales en los que hay que escribir en la pared del baño de la prepa que mañana hay tiroteo: 17 amenazas en la Zona Metropolitana de Guadalajara en las últimas semanas.

¿Qué cambió entre ser adolescente en 1984 y en 2017? ¿Qué cambió entre 2017 y 2026?
Primero lo que no cambió: el desarrollo neurobiológico. Lo explica la paidopsiquiatra Jéssica Gómez Juárez, de la Unidad de Psiquiatría Infantil y del Adolescente de la Secretaría de Salud Jalisco. Existe un desfase en la maduración cerebral de los humanos de entre 10 y 25 años. Mientras los sistemas que se encargan de la recompensa y el placer están más activos, las áreas que controlan sus impulsos y regulación emocional se desarrollan con lentitud. En 2022 casi la mitad de los adolescentes presentó uno o más síntomas depresivos, y siete por ciento pensó en suicidarse, reveló la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición. Algunos otros no piensan en el suicidio, simplemente experimentan conductas de riesgo: las drogas, el sexo desprotegido, el ingreso a grupos políticos radicales o al crimen organizado…
Y desde la pandemia por covid-19, cuando dotamos de teléfonos celulares incluso a las criaturas en edad preescolar, los adolescentes comenzaron a experimentar también con las páginas prohibidas del espacio virtual, mencionan distintas especialistas.
Una de ellas, la psicoterapeuta para infancias y adolescencias y profesora del ITESO Silvia Ameijeira, explica que quienes durante el confinamiento tenían 10, 13, 15 años, no sólo sintieron la cercanía de la muerte, sino la incertidumbre de si iban a volver a la calle algún día; al mismo tiempo accedieron a la internet sin restricciones. “No estábamos preparadas. El mundo digital nos consumió también a las personas adultas y dejamos a nuestros hijos sin supervisión. Ahora vivimos con la amígdala secuestrada”.
La adolescencia tristísima
En el mundo:
Entre 10 y 20 por ciento de los y las adolescentes experimenta problemas de salud mental.
El suicidio es la tercera causa de defunción en las personas de 15 a 29 años de edad.
Una de cada cinco niñas sufrirá violencia sexual antes de cumplir los 18 años.
Una tercera parte de los niños y niñas que tienen entre uno y 14 años experimenta disciplina violenta en sus hogares.
58 por ciento de las niñas y las jóvenes experimenta acoso en línea; entre ellas, quienes pertenecen a las minorías y comunidades migrantes sufren odio desproporcionado.
En México:
45 por ciento de las infancias y adolescencias vivía en condición de pobreza en 2022; de este porcentaje, 71 por ciento vivía al menos una carencia social (seguridad social, servicios de salud, servicios básicos en la vivienda y alimentación de calidad).
21 por ciento de los y las jóvenes de entre 14 y 28 años de edad no iba a la escuela ni trabajaba, en 2022.
Uno de cada dos adolescentes de 15 a 17 años de edad ha vivido alguna forma de violencia sexual a lo largo de su vida.
Una tercera parte de las niñas y adolescentes de 12 a 17 años de edad que usan internet o celular recibe fotografías o videos de contenido sexual, así como insinuaciones sexuales.
Fuentes: Centros de Integración Juvenil; Organización Panamericana de la Salud; Organización Mundial de la Salud; Instituto Nacional de Salud Pública; Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática; UNESCO; UNICEF; Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo.
Es cierto que, desde el confinamiento, la tecnología, sobre todo los videos, está más presente en la subjetivación de la población más joven —en los procesos de volverse alguien que piensa, siente, desea y reconoce a los otros como sujetos, y que dependen del entorno, los vínculos y del entorno social—. Pero la pandemia sólo terminó de desatar algo que ya andaba suelto, añade el psicoterapeuta Fernando Castro, que atiende a víctimas de la violencia. Antes del encierro de 2020, dice, ya estaban diluidas las figuras de autoridad. “Ya no estaban firmes los referentes que nos decían qué estaba bien y qué estaba mal, quién era el otro y qué teníamos que hacer con él. […] Ya no hay hay claridades ni figuras de autoridad”.
También han cambiado la prisa, las crisis históricas: ambientales, sociales, económicas, considera la psicoterapeuta Esmeralda García Aceves, especialista en prevención de conductas adictivas del Centro de Acompañamiento y Estudios Juveniles del ITESO. Ellos y ellas “se saben en un mundo que les ofrece pocas oportunidades para desarrollarse como adultos”. La pandemia condicionó que sus relaciones sociales se establecieran a través de las pantallas. Y ahí emergieron violencias que no conocíamos.
Por supuesto, Osmer no fue el primero. En enero de 2017, un adolescente mató a su maestra, hirió a tres compañeros y se suicidó, en una escuela privada de Monterrey. En marzo de 2024, otro asesinó a una chica en un motel y después a dos trabajadoras de la universidad UTEG de Guadalajara; se suicidó en la cárcel. El 30 de noviembre de 2024, un preparatoriano de Guadalajara grabó el ataque con un martillo a dos compañeros de clases. En septiembre de 2025, uno más mató de un balazo a uno de sus compañeros del Colegio de Ciencias y Humanidades de la Ciudad de México… Los que se suicidaron están incluidos en un memorial virtual, donde son vanagloriados y reciben decenas de rosas virtuales en internet. Sus admiradores de todo el mundo son otros adolescentes. La página de los memoriales muestra videos pornográficos que no se solicitan.
* * *
F, de 15 años, me contó:
“Llegué al grooming cuando estaba el covid, con una tablet que usaba para las clases de la primaria. Mis papás y yo nos la pasábamos en la mesa del comedor, todos con nuestros audífonos, no nos oíamos ni sabíamos qué estaba viendo el otro. Ellos estaban trabajando todo el día y yo decía que hacía la tarea, pero consumía pornografía, vi las cosas más cabronas que te puedas imaginar. Tenía 10 años.
“Todo empezó porque me gustaban mucho el manga y el animé japonés, y una página me llevó al manga porno. De ahí me invitaron al Omegle [una plataforma que cerró en noviembre de 2023 por problemas de seguridad].
“Ahí fue la peor pesadilla. Primero recibí fotos pornográficas de una morra de mi edad con la que platicaba, le contaba todas mis emociones, todo; una vez ya me pidió fotos y videos míos. Al principio me gustaba, pero me empecé a sentir culpable, bien triste; si me negaba, ella me buleaba o me decía que no estábamos haciendo nada malo; me chantajeaba: yo sí te mandé mis fotos y tú no quieres.
“Cuando mis padres me descubrieron, me llevaron a terapia. Luego tuve que ir al psiquiatra, porque desde entonces tengo depresión. Ahorita ya entiendo que nunca hablé con una morra, que eran adultos”.
* * *

Las clases medias tenemos una relación contradictoria con las adolescencias. Decimos que nos importan, pero no exigimos políticas públicas que las atiendan; la última modificación a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes es de 2014, mientras la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes en el estado de Jalisco es de 2015; antes de que la pandemia por covid-19 modificara la vida virtual de estas poblaciones.
Queremos que nos cuenten cosas, pero los regañamos cuando lo que nos cuentan no nos gusta; nos quejamos del tiempo que pasan frente a unas pantallas, pero nos esforzamos para comprarles el celular más pro; les reclamamos tiempo a nuestro lado, aunque nos caen tan mal como para mantenerlos lejos; los sobreprotegemos de las experiencias del espacio público y los confinamos a las tinieblas de un espacio virtual donde no existen las reglas.
¿Qué hacemos con la calle virtual? ¿La regulamos? En Europa hay países que prohibieron que los menores de 16 años usen las redes sociales. En América Latina, especialistas en ciberseguridad, como el argentino Rodrigo Álvarez, opinan que es mejor que las familias se involucren en la comunidad digital, pues la prohibición sin diálogo “va a empujar a los chicos a ocultar lo que hacen en línea. Hay que conocer y entender qué están consumiendo de manera abierta, sin juicios, sin castigos”, declaró en varios medios, tras el tiroteo en una escuela en San Cristóbal, un poblado pequeño, en el que un chico de 15 años mató a un compañero de 13 e hirió a varios más, el 30 de marzo pasado.
Silvia Ameijeira está por la regulación: “Nadie dejaría a su hijo solo en una calle en la madrugada. Internet es esa calle donde tienen contacto con personas que no conocemos”.
Las familias más pobres sí están obligadas a dejar a sus hijos e hijas en la calle; la del barrio y la de internet. Y sus hijos, igual que los nuestros, desean adentrarse en esa calle.
* * *
Ícaro desapareció el 4 de julio de 2024. Lo engancharon el fin de semana anterior, en una tardeada de la secundaria, en el fraccionamiento Silos de Tlajomulco, ahí donde una constructora hacinó a miles de pobres en hornos infames. En la fiesta había un solo adulto, un hombre que ofreció identidad, poder, cuernos de chivo y un iPhone. Ícaro tenía 14 recién cumplidos y un autismo apenas notorio. Dijo que sí. Lo que más le interesaba era el iPhone.
La noche de la fiesta y la noche que se lo llevaron, la madre de Ícaro (no hay padre) tuvo turno de noche como intendente de oficinas. Cuando él desapareció, la madre renunció y fue a buscarlo a la ranchería donde el teléfono barato de su hijo tuvo la última señal de conexión. Las autoridades le habían dicho que no podían ayudarla. Creímos que no volvería viva, pero regresó a conseguir dinero para pagar la libertad del chico; lo tenían en un rancho de entrenamiento del crimen organizado. “Su hijo queda expulsado; si lo volvemos a ver lo matamos”, le dijo el hombre que lo liberó. Entonces Ícaro, quien durante 14 días estuvo desaparecido, mal alimentado, golpeado y obligado a golpear a su amigo, preguntó: ¿Y el iPhone que me prometieron?
* * *

¿A quién responsabilizamos del abandono de las adolescencias? La especialista argentina en teoría sociológica y teoría crítica Micaela Cuesta escribió el ensayo “Y nosotros, a salvo”, publicado en la Revista Anfibia después del tiroteo en San Cristóbal: “Los discursos que clausuran aparecen de inmediato: ‘la justicia es una puerta giratoria’, ‘las penas son blandas’, hay que ‘meter bala’…”, escribe, y analiza a cada uno de los presuntos responsables.
Culpar a los adolescentes y a sus familias silencia las conductas que hacen evidente “un malestar producido por la propia sociedad”; impide ver la salud mental como un derecho humano y privatiza un problema social. Cuando culpamos a los compañeros de la escuela, dejamos de preguntarnos qué marcas sociales e históricas hacen posible las relaciones de desprecio y violencia entre pares. “¿Qué tipo de identidad se afirma en y con ellas? ¿Cuáles son los espacios propicios para desactivarlas?”. Si bien las redes sintetizan algunas de las crisis sociales, no son la única causa: “¿Qué explica e implica que sea allí donde los adolescentes pasan la mayor parte de su tiempo?”. Tampoco es posible señalar a las escuelas, como si ellas solas pudieran ser faro moral de una sociedad enferma.
La respuesta final de la académica apunta a un enemigo casi invisible: “Quizá, la respuesta está en ese gran Otro: el sistema económico actual, que reorganiza las formas del deseo, del lenguaje […] Nos somete a modalidades de trabajo opresivas que, una vez normalizada la crisis, se tornan cada vez más competitivas, obligándonos a multiplicar esfuerzos hasta niveles insoportables por temor a quedar fuera…”.
La siguiente pregunta es qué hacemos contra ese enemigo, que es inmenso. ¿Reducimos la edad penal o intentamos comprender, antes de los siguientes tiroteos? Todavía podemos fortalecer los vínculos; criar niños, niñas y adolescentes responsables consigo mismos e intentar que tengan vínculos saludables con los adultos cercanos. Tenemos que aprender a escuchar y a silenciar nuestra tentación de reactividad, nuestros juicios y encargarnos de corrección inmediata, añade Silvia Ameijeira. Podemos emprender caminos que permitan reconocer a los otros como semejantes; si no lo hacemos, la violencia va a continuar, dice Fernando Castro.
Le pregunto a Hermes, a quien horrorizada he juzgado, silenciado y corregido el último mes, a raíz de su ligereza en las oquedades de internet. “Puedes calmarte un chingo”, me responde, “y déjame leer nuestro reportaje”.
Para saber más
:: Recursos para la salud mental
* Centro de Atención Integral en Salud Mental, de la Secretaría de Salud de Jalisco (abierto las 24 horas): 33 3030 9900
* Centros de Integración Juvenil.
* Comunidad Team Madres Padres.
* Instituto Jalisciense de Salud Mental y Adicciones (Salme).
* Grupos Alateen Jalisco: 33 3614 0904
:: Libros, artículos, series, pódcasts:
* Sitio interactivo para personas adultas a cargo de adolescentes, de los Centros de Integración Juvenil.
* “Y nosotros, a salvo” (2026), de Micaela Cuesta.
* La generación ansiosa (2024), de Jonathan Haidt (Editorial Paidós).
* Cómo abrazar a un erizo: 12 claves para conectar con los adolescentes (2019), de Brad Wilcox y Jerrick Robins.
* “La heroína del siglo XX”, entrevista en el pódcast de Rafa Guerrero con el especialista en adicciones Marc Massip.
* “Comunidad de crímenes reales: entendiendo las profundidades del fandom digital y la violencia performativa”. Centro de Lucha contra el Terrorismo de West Point.
* Adolescencia, serie dirigida por Philip Barantini, disponible en Netflix.
Palabras púberes
Chad: hombre que representa un tipo de virilidad hegemónicamente atractiva; adinerado, musculoso, valiente.
Discord: plataforma digital que permite que las personas se comuniquen a través de canales privados en torno a grupos temáticos; es muy popular entre niños y adolescentes para hablar durante los videojuegos.
Doomer: identidad que se asocia con emociones como la depresión y la ansiedad.
Edgy: adolescente que adopta una personalidad nihilista en internet y pone temas oscuros en el debate.
Foids: “Humanoide femenino”; término despectivo para denominar a las mujeres.
Grooming: acoso sexual a través de internet, que puede ocurrir junto con chantaje y obtención de imágenes para pornografía pederasta.
Incel: célibe involuntario; persona que se cree incapaz de sostener relaciones sexoafectivas. El término comenzó a usarse por una mujer, aunque ahora se refiere a los hombres que culpan a las mujeres por su condición.
Manósfera: conjunto de comunidades virtuales que sostienen que los hombres son oprimidos a partir de la divulgación de ideas feministas. Incluye perfiles de influencers, páginas y foros.
Pills: metáforas de la manósfera que implican aceptar una supuesta verdad en torno a las las relaciones de género.
Black pill: la genética determina las posibilidades de un hombre para conseguir el amor de una mujer.
Blue pill: si un hombre trabaja en sí mismo puede ser amado por una mujer.
Red pill: invita a despertar a una realidad; el feminismo ha logrado que las mujeres controlen el mundo, a costa de hombres humillados.
Zen pill: implica aceptar la realidad (la regla 80/20) sin frustrarse.
Regla 80/20: creencia difundida por las comunidades de la manósfera, que afirma que 80 de las mujeres están interesadas en 20 por ciento de los hombres: los chads.
Stacys: versión feminina del chad, objeto de deseo y odio de los incels, pues sólo están interesadas en los chads.
Simp: hombre dispuesto a ser humillado por una mujer que no está interesada en él.
True Crime Community: comunidades presuntamente surgidas tras la masacre en una escuela preparatoria de Columbine (abril de 1999), que, en distintas plataformas, comparten crímenes reales y muchas veces glorifican a los perpetradores y animan a jóvenes a cometer crímenes.
Virgin: la antítesis de los chads, representada por hombres “no atractivos”; alfeñiques, inseguros, tímidos.
6 comentarios
Me resultó difícil leerlo, pero creo que el esfuerzo que han hecho es muy importante para que nos interesemos por entender la complicada situación que viven los jóvenes. Gracias
Wow! Que fuerte y que buen escrito.
Muchas gracias, Vanesa.
Necesario poner en la mesa estos temas para abrir los ojos tanto al horror, como a la esperanza, para de alguna forma buscar o construir posibilidades de acción, para ayudarnos en la esperanza y no perder la Fe en la construcción de un mundo mejor.
Gracias por la información.
Estoy impactado, voy a difundirla.
Es realmente impactante. Gracias por compartir este artículo.