José Hernández-Claire: la perpetua revelación

José Hernández-Claire: la perpetua revelación

– Edición 484

José Hernández-Claire. Foto: Lalis Jiménez

La fotografía de José Hernández-Claire es, de manera elocuente, un repertorio de disparos cuya buena fortuna depende del paciente entrenamiento de la mirada

El momento en que tu primera fotografía va apareciendo en el papel, dentro del líquido que oscurece las partes expuestas a la luz, es, literalmente y en sentido figurado, una revelación; José Hernández-Claire la sintetizó en una cita que hoy, tras su fallecimiento, se recuerda en sus muchos obituarios: “Mi misión era retratar a mi gente”, dijo que entendió durante su viaje de juventud a Nueva York, cuando se compró su primera cámara, hizo sus primeras fotos y los ojos se le abrieron a nuevas miradas acerca de la gente.1

El tapatío Hernández-Claire (1949-2021) se hizo muy pronto un nombre como un respetado fotógrafo documentalista. Sus series fotográficas, muchas de ellas en un expresivo blanco y negro que sabía sacar provecho del dramatismo de las expresiones, van desde el registro de los ritos religiosos hasta el retrato de poblaciones de mexicanos en migración a Estados Unidos, la cultura cowboy entre las poblaciones de los paisanos que regresan a México, el cultivo de tabaco en Nayarit o la vida diaria de personas ciegas.

En cuanto a su valor técnico, se ha destacado su rigor en la apuesta por la fotografía más directa posible: un frecuente uso del lente normal o un angular apenas denunciado, el retrato cara a cara de los sujetos, los planos a la altura de los rostros, el aprovechamiento de la perspectiva como un elemento de composición compleja y, sobre todo, como lo recuerdan sus colegas y quienes fueron sus estudiantes, el encuadre completo, la edición desde el momento de enfocar y decidir el plano. Todos estos elementos parecen una provocación directa al mundo de la fotografía digital, que aporta otras posibilidades gracias a la facilidad de editar, pero que modifica la mirada del fotógrafo que estuvo en la calle y convivió con la persona fotografiada.

En los artículos que lo recuerdan tras su fallecimiento, ese perfil “purista” es considerado como uno de sus rasgos característicos, junto a su dedicación profesional, que en él podía traducirse en prodigarle años a un reportaje o trabajo documental. Así registró, desde principios del siglo XXI, el fenómeno migrante hacia Estados Unidos: “Ahora es un éxodo multitudinario, ya son caravanas, es inusual, inesperado, con problemáticas muy serias”, se asombraba al hablar de la exposición de 2019, La pesadilla americana. Repatriación.2 Un año antes había expuesto Resistencia, centrada en las masas de personas durante una caravana hacia la frontera norte: esperando ante la valla de Tijuana, escalando las lomas, retratadas al fondo de una hilera de aros de alambre de púas.3

A menudo se asocia ese interés con su talento para conducirse como fotógrafo de calle y, en particular, como fotoperiodista, que permite recordar uno de los momentos decisivos de su carrera: su trabajo en el periódico Siglo 21 y, en particular, en la cobertura del 22 de abril de 1992, el día en que una serie de explosiones bajo las calles del sector Reforma de Guadalajara partió en dos la historia de la ciudad.

Fotógrafos como Hernández-Claire consiguieron capturar el indigno desastre de 1992 a partir de la acción de las personas involucradas. Sus imágenes abundan en composiciones que conducen la mirada desde los cuerpos hasta el espacio: el caos de calles abiertas y autos volteados, pero también los bomberos y policías apresurados y la torcida geometría de las fincas dañadas que se hunden ante la mirada los vecinos de Analco. La premiada foto Manos amigas retrata el momento en que varias personas sacan, de entre los escombros de una casa derrumbada, a una mujer embarazada. Como fotografía periodística, la imagen es un buen ejemplo de ordenamiento integral de los elementos de un acontecimiento, desde el primer plano ocupado por manos estiradas hasta el edificio derruido y los demás vecinos y rescatistas.

Cualquier fotógrafo sabe que no basta tener la cámara en la mano en el momento adecuado: hay que saber disparar. La fotografía de José Hernández-Claire es, de manera elocuente, un repertorio de disparos cuya buena fortuna depende del paciente entrenamiento de la mirada. Una nota de Ciudad Olinka recupera algunas imágenes clave para recordar esa combinación de suerte, determinación y cultura visual: en Yendo por el queso, el plano parece centrado en un policía que espera su comida en una taquería, pero la mirada baja hasta donde un perro camina con una rata blanca montada en el lomo; y en la portada del número 1 de Siglo 21 aparece el famoso Guardián de la Minerva, un hombre que camina con lo que parecen una lanza y un escudo, como si custodiara a la estatua de la fuente tapatía.4

¿Qué, de tan dilatado portafolios, podría resumir la carrera de Hernández-Claire? Posiblemente su legado está en la libertad y el sentido de cotidianidad de su mirada, consecuencias curiosas de su rigor, su paciencia y su presencia humilde y respetuosa en medio de la gente. Quien se enfrenta a sus imágenes tiene la oportunidad de experimentar por primera vez, sin embargo, algo más fácil de recordar que su justo currículum de reconocimientos: el asombro ante una imagen que es una escena narrativa y dramática de un solo golpe. Más que una sorpresa, le deparan al espectador algo que sólo la fotografía puede entregar: una revelación..

Autorretrato en Broadway. Lower Manhattan,1979.
Banco de Nueva York, fundado en 1784. Lower Manhattan, Nueva York, 1978.
Diana en el metro. Metro de la 7a Avenida, Nueva York, 1980.
El sueño de Rousseau. Museo de Arte Moderno de Nueva York, 1978.
 Día de San Patricio. Lower Manhattan, 1979
Carga concentrada. Tecomán, Colima, 1995.
Flor de tabaco. Santiago Ixcuintla, Nayarit, 1995.
Huichola con pañoleta americana. Santiago Ixcuintla, Nayarit, 1995.
Salto al sueño americano. Tenosique, Tabasco, 2007.
Migrante con tatuaje de tiburón. Albergue en Tijuana, Baja California, 2009.
Migrantes en “La Bestia” pasando por Palenque, Chiapas, 2007.
Testigo mudo. Guadalajara, Jalisco, 1992.
Cráter en la calle. Guadalajara, Jalisco, 1992.
Manos amigas. Mujer embarazada y su hijo siendo rescatados vivos. Guadalajara, Jalisco, 1992 (Premio Internacional de Fotoperiodismo Rey de España).
El árbol de la calle. Guadalajara, Jalisco, 1992.
Buscando la luz. Instituto de Capacitación para el Niño Ciego. Guadalajara, Jalisco, 1987.
El primer baño de Marisol. Guadalajara, Jalisco, 1985.
Payasos ciegos. Teatro Torres Bodet. Guadalajara, Jalisco, 1985.
La mujer de los dálmatas. Orizaba, Veracruz, 1983.
El padrino. Santiago Papasquiaro, Durango, 2002.
Cowboy de Durango. Durango, Durango, 2002.
Entrada de Pancho Villa. Durango, Durango, 2002.
Cambio de uniforme. Guadalajara, Jalisco, 1983.
La mirada. Guadalajara, Jalisco, 1990.
El guardián de la Minerva. Guadalajara, Jalisco, 1990.
La Piedad viaja a Teocaltiche. Teocaltiche, Jalisco, 2012.
Virgen de la Defensa, en Atemajac de Brizuela. Atemajac de Brizuela, 2014.
Las Lupitas en San Miguel el Alto. San Miguel el Alto, 2014.
Beso a Cristo en Viernes Santo. Teocaltiche, Jalisco, 2012.

Notas al pie

1. Mayra Torres de la O (ed.), José Hernández-Claire, 35 años. Retrospectiva, catálogo de exposición, Ayuntamiento de Guadalajara, 2014.

2. “Reconocen a Hernández-Claire como Creador Emérito”, Gaceta UdG, 9 de diciembre de 2019.

3. “La Resistencia”, Revista Cuartoscuro, 18 de diciembre de 2018.

4. Iván Serrano Jáuregui, “¡Hasta pronto, gran maestro! Adiós, José Hernández-Claire”, Ciudad Olinka, 18 de septiembre de 2021.

Para conocer más

:: Sitio web de José Hernández-Claire. Serie fotográfica en torno a las explosiones del 22 de abril.

:: Libro De sol a sol: José Hernández-Claire, fotógrafo, Universidad de Guadalajara / Fonca / Leica, Guadalajara, México, 1997.

:: Libro en torno a su serie Fe, ritos y tradiciones en Jalisco, textos de Fernando del Paso y Ángela Torre Castellanos, Secretaría de Cultura de Jalisco / Fonca, México, 2016.

:: “100 Fotógrafos Contemporáneos en México. Nuevas miradas al Acervo de Fototeca Nacional”, en Revista Alquimia núm. 46, INAH, 2012.

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