“Hay muchas realidades y se tienen que nombrar”

“Hay muchas realidades y se tienen que nombrar”

– Edición 482

Chavira es periodista y asesora lingüística

Amor por la lengua y por el lenguaje. Ése es el motor que mueve a Paulina Chavira y lo que la ha convertido en una referencia obligada cuando se trata de hablar del uso correcto de la lengua española y, sobre todo, del lenguaje igualitario. “Cambiar la forma en que te expresas provoca cambios: comienzas a pensar de manera distinta, a darte cuenta de que puede haber muchas desigualdades y no te pueden dejar indiferente, lo que te lleva a actuar de otras maneras”, afirma

Paulina Chavira dice que si hubiera sido futbolista habría jugado como portera porque, agrega entre risas, es muy mala para patear. Yo creo más bien que esa proyección futbolística tiene que ver con uno de sus oficios: atajar erratas. Desde su paso por Reforma haciendo prácticas profesionales como correctora —“encontré que me gustaba más la edición que el reporteo o la investigación”, reconoce—, evitar que los gazapos le metan gol a los textos ha sido su pasión: luego del diario capitalino pasó a hacer corrección de estilo para editorial Planeta, donde por fin se dijo: “Esto es lo que me gusta hacer, y está increíble”.

Aunque no es lingüista ni filóloga, Paulina Chavira (Ciudad de México, 1980) se ha posicionado como una de las voces más frescas cuando se trata de hablar del uso correcto de la lengua española. Estudió Periodismo en el Tec de Monterrey, pero el ejercicio profesional la llevó a especializarse en el dominio de la lengua y ahora se presenta como asesora lingüística. Su cuenta de Twitter (@apchavira) es una síntesis de todas sus inquietudes y pasiones: lo mismo resuelve dudas de otros usuarios acerca de la manera correcta de escribir una palabra que comenta los resultados de la liga mexicana de futbol femenil; todos los días comparte el pódcast El Café de la Mañana, una producción de Spotify y Grupo Reforma que realiza junto con Alfredo Lecona. En la presentación de su cuenta se lee que también colabora con Así las Cosas, de W Radio, y con la revista Nexos. Imparte cursos de redacción y trabajó en la elaboración del manual de estilo de The New York Times en Español. Quizá de ahí venga la otra opción que, dice, habría tomado de haber sido futbolista: “Directora técnica”.

Entrevisto a Paulina a distancia. Gesticula, hace voces, pone ejemplos una y otra y otra vez. Ríe, ríe mucho. Se desborda cuando la charla toca uno de los temas que más le apasionan: el lenguaje incluyente, al que prefiere referirse como lenguaje igualitario. Pero antes de llegar a ese tema, cuenta que desde niña se interesó por la lengua porque su madre la hacía consultar el diccionario todo el tiempo —actualmente su favorito es, “sin duda”, el de María Moliner—; comparte que la vida ha sido muy amable con ella porque le ha permitido, dice, “unir mis dos vocaciones: pude trabajar con la lengua desde el punto de vista del periodismo, a través de los medios de comunicación”; describe su paso por el Times como “una súper buena escuela, porque ahí teníamos que traducir muchos artículos del inglés al español y pensar qué tipo de palabras íbamos a usar para que nos entendieran tanto en México como en Colombia”.

Paulina Chavira en la realización del pódcast El Café de la Mañana.

Buscando un español neutro…

Eso fue simpático, porque en un principio fue así. Queríamos lograr un español neutro, pero llegó un momento en que nos preguntamos por qué queríamos neutralizar las variantes del español, si más bien tendríamos que estar aprendiéndolas todas. Si alguien llega y me dice “Qué buena está la patilla”, probablemente pensaré primero en el pelo que tienes en la cara, pero después voy a decir “Ah, en Venezuela y Colombia patilla es sandía”. En lugar de pensar en una palabra que todo el mundo entienda, mejor vamos a conocer las variantes para tener un poco más de conocimiento de la lengua. Ahí fue como ¡booom! Me encantó, fue una gran experiencia.

Algo parecido pasó cuando Canal Once comenzó a transmitir 31 Minutos y, en lugar de hacer un doblaje, lo dejaron en chileno.

Justo así. En ese momento, quienes formábamos la redacción éramos de México, pero también había gente de Colombia, de Venezuela, de Argentina, y decíamos: a ver, quienes leímos a Borges lo leímos con el español argentino, no hubo una traducción al español mexicano. Leímos el español de García Márquez o el de Sabato y no necesitamos ninguna traducción. El contexto te da mucha información y, si no, ahora tenemos la posibilidad de conocer a alguien de otro país y preguntar qué significa una expresión o una palabra. El tiempo que estuve en el Times significó eso: darme cuenta de la riqueza que tiene nuestra lengua, cómo está cambiando todo el tiempo, y quienes trabajamos en medios de comunicación tenemos el compromiso y la responsabilidad de estar muy en contacto con estos cambios.

¿Cómo es trabajar en el cuidado de la lengua, la redacción, y que luego salga García Márquez y diga que hay que jubilar la ortografía y lo tomen como estandarte…?

¡Pero todos los libros de Gabriel García Márquez pasaron por un corrector [de estilo]!

Chavira con una camiseta de la selección mexicana con el hashtag de la campaña #PonleAcento

Y aun así hay que ir a contracorriente y hacer una campaña como #PonleAcento para que se acentúen las mayúsculas, porque la gente dice que no llevan tilde.

Creo que la gente tiene lejanía con el lenguaje. Pensamos que es algo que se dicta desde la Academia y que quienes están en ella deciden cómo debemos hablar los más de 577 millones de personas que hablamos español, cuando en realidad no es así. Yo soy una creyente de que debe haber normas, específicamente las de ortografía, para que tengamos una base en común, para mantener eso que pasaba en el Times, donde alguien lee un artículo editado por una persona de Argentina y del 100 por ciento de las palabras o las estructuras, quizá no entienda menos del cinco por ciento, el restante 95 por ciento lo entiende porque compartimos ciertas normas.

Pienso que hay dos factores que debemos atender. La lejanía, que nos hace pensar que quienes hablamos la lengua no tenemos nada qué ver con cómo se va desarrollando, y la ignorancia, que está muy relacionada con la lejanía. Es muy difícil saber todo lo relacionado con la lengua porque nos lo enseñan cuando tenemos entre seis y 12 años, que es cuando realmente aprendemos reglas de acentuación, puntuación, análisis de oración. Pensamos que con lo que aprendimos es más que suficiente, que la lengua no cambia, y no es así, al contrario. Una cosa que me ha quedado muy, muy clara durante los años que me he dedicado a esto es que no nos actualizamos, no aprendemos más de la lengua, no nos damos cuenta de cómo está cambiando y pensamos que todo es igual que cuando teníamos seis o siete años. Pero, ¿qué es igual a cuando teníamos esa edad? ¡Nada!

Mencionas la lejanía entre las Academias y los hablantes de a pie, pero al momento de hablar de lenguaje igualitario todos se unen…

Me pasó. Yo estuve ahí. Yo estuve del lado de todas esas personas que dicen “¡Nooo! ¿Por qué quieren usar la x y la arroba y la e? ¿Qué es eso? Ya con lo que tenemos es suficiente”. Afortunadamente he aprendido más, he conocido más cosas y me he dado cuenta de que siempre que sucede algo en la realidad, la lengua se adapta.

El mejor ejemplo que tenemos es justo lo que ha pasado con la pandemia. Teníamos muchas palabras que ya usábamos —cubrebocas, cuarentena, confinamiento, vacuna—, pero a partir de la realidad que hemos vivido obtienen un nuevo significado para quienes las utilizamos. El culmen ha sido covid, una palabra que ni siquiera fue creada por una academia, sino por la Organización Mundial de la Salud (OMS), y todo el mundo la adoptó para designar a la enfermedad que provoca el coronavirus. La adopción fue tan rápida que de pronto hubo quienes se cuestionaron si era la covid o el covid y no hay respuesta porque la Real Academia Española (RAE) es súper lenta —la Academia Mexicana de la Lengua también—, y es algo que me parece que ya no va. El 11 de febrero la oms salió a decir que existía la covid y era para que, a la media hora, la rae hubiera salido a decir “Éste es un acrónimo, se forma de este modo”, a dar todos estos lineamientos. ¡Se tardó una semana! Esa semana bastó para que el uso mayoritario de covid sea masculino, cuando tenía que haber sido femenino porque se refiere a la enfermedad.

¿Qué es lo que me interesa? Que la gente se dé cuenta de esto: si covid está ahora en el diccionario como un sustantivo ambiguo, fue gracias a la gente. Hubo muchísimas personas que dijeron: “Ah, si viene del virus seguro es el covid”, cuando debió haber sido femenino. El uso ocasionó que sea un sustantivo ambiguo, que se presentó el 11 de febrero y el 15 de diciembre ya estaba incluido en el Diccionario de la Lengua Española. Tenemos muchas otras palabras que ya quisieran llegar con esa rapidez al diccionario. En ocho años de uso, o de que se tiene registro, cruzazulear no logró llegar, pero ahí está y la gente la usa. Al final, eso es lo que hace el lenguaje: nos ayuda a nombrar realidades.


Publicación de Kike Hernández, jugador de los Dodgers de Los Ángeles, apoyando la campaña #PonleAcento.

¿Y por qué crees que cause tanto escozor el lenguaje igualitario?

Uno de los problemas que existen con el lenguaje igualitario es que mucha gente está muy cerrada al cambio. No les gusta el cambio. Tenemos como botón de muestra la tilde en sólo: cuánta gente dijo: “Aaah, no. Yo no le voy a quitar nunca la tilde a sólo”. ¿Por qué? Pues porque así la aprendimos. Al final la Academia terminó diciendo: “Bueno, si la quieren seguir acentuando, está bien”.

Es muy chistoso porque tenemos una relación muy rara con la autoridad. Primero decimos: “No va a venir la Academia a decirme nada”, pero cuando alguien empieza a decir “elle es une cantante…”, “¡Aaah, no! ¡La RAE jamás aceptará eso!”. Entonces, ¿la queremos o no la queremos, a la RAE?

Luego te encuentras con realidades como la que viven las personas no binarias, que no quieren usar ni el masculino ni el femenino. Nuestra lengua es súper binaria, todo es masculino o femenino, pero si tienes a alguien que no se identifica con ninguno de los dos, ¿cómo vas a nombrar a esa persona? No puedes utilizar un masculino o un femenino porque te está diciendo que no se identifica con ninguno de los dos. ¿Qué nos queda? ¡Crear! Crear como hemos creado muchísimas palabras. Por ejemplo, cruzazulear: no hubo lingüistas, lexicógrafos y filólogos diciendo “Ah, sí, vamos a crear el verbo cruzazulear”. Obviamente no: salió de la gente, de las personas que hablamos. Claro que llega un punto en el que se busca la autorización, en este caso de la Academia, pero aunque no llegue seguimos usando cruzazulear y circula la palabra y hay playeras y todo lo que te imagines. La palabra existe porque la usamos, punto.

Pasa lo mismo con el lenguaje igualitario, que también tiene en su contra la ignorancia. Si tú no conoces a ninguna persona no binaria, o si te parece que estás muy bien representade en el masculino genérico, piensas que seguramente no hay nadie más que se sienta diferente y justo ahí es donde nos falta trabajar más, hablar más del tema, reflexionarlo. También me parece fundamental repetir, una y otra vez, que no se trata de imponerle nada a nadie: quien no quiera usar el lenguaje igualitario, que no lo use, pero que nos dejen a quienes sí queremos usarlo.

¿Por qué haces la distinción entre lenguaje incluyente y lenguaje igualitario?

Creo que es como una evolución, como que vamos avanzando un poquito más. ¿Qué era lo que necesitábamos al principio? Incluir a personas de grupos minoritarios… y bueno, decir que las mujeres somos un grupo minoritario cuando somos la mitad de la población es como de risa, pero saben a qué me refiero. También había que incluir a personas de la comunidad LGBTIQ+, a las que no se les mencionaba porque se les consideraba dentro del masculino genérico. La idea del lenguaje inclusivo o incluyente fue decir “No, sí necesitamos nombrar”. Entonces, una de las prácticas que más se impusieron fue el desdoblamiento, decir “los ciudadanos y las ciudadanas”, marcar masculino y femenino, pero una vez más vuelve a ser muy binario. ¿Qué pasa si queremos algo más neutro, que no marque ningún género? No tenemos una opción en español. Creo que el lenguaje igualitario es un paso adelante, porque necesitamos enfocar la comunicación en las personas. Al final lo único que tenemos en común es que somos personas y cada una, aunque tengamos el mismo género, o nos identifiquemos con el mismo género, somos muy diferentes.

A partir de eso, lo que sigue es tratar de encontrar una forma mucho más igualitaria de expresarnos. ¿Cómo? Evitando el masculino genérico, porque al final termina convirtiéndose en la medida para todo, y no lo es. O por lo menos hay personas, entre las que me cuento, que no sentimos que el masculino genérico sea la medida para todo.

Cambiar la forma en que redactamos nos ayuda a cambiar la forma en la que pensamos. Cuando Tigres ganó, pusieron un súper letrero que decía “Tigres Campeón”, pero si tenemos una liga en donde la mayoría de las personas se identifican como mujeres, ¡pues usa el femenino! Son 22 jugadoras y un director técnico, pues son campeonas, y ya. Pero nos cuesta mucho trabajo salirnos de eso.

Quizá lo más creativo que se ha hecho sea cambiar los adjetivos, los adverbios, los artículos para usar la e neutra en lugar de la o del masculino genérico, pero eso ya lo había sugerido Álvaro García Meseguer en 1976; tampoco estamos inventando el hilo negro ni es que como que digas: “Uy, qué visionaries”. Meseguer proponía que se usara la e porque era una alternativa mucho más neutra, en la que se podía incluir a diferentes personas con sus características sin tener que utilizar el masculino genérico. No es tan nuevo, repito, pero resistencia siempre ha habido, aunque me parece que esta vez está expandiéndose un poquito más.

Sin embargo, hay toda una corriente que afirma que la e neutra borra a las mujeres. ¿Cómo atender esta otra inquietud?

Una de las cosas que siempre digo es que si hay mujeres, hay que nombrarlas, punto. Decir la directora, la presidenta, la fiscala, la pilota. Si ésos son los cargos, así hay que nombrarlas. La idea de tener un neutro es enfocarte en las personas. Hay mujeres súper valiosas, hombres súper valiosos y personas de género no binario súper valioses. Entonces, ¿por qué no encontrar una alternativa donde no se marque ninguno de estos géneros? Al final se trata de buscar un trato muchísimo más igualitario, y quizás aquí la alternativa sí sea la e. O en una de ésas no es la e y termina siendo la i o la x o la arroba. En este momento es la e porque me parece que es la más sencilla de pronunciar, de escribir, de concordar.

La realidad es que se trata de algo que está en desarrollo, no hay ninguna norma, las academias de la lengua ni siquiera se han querido meter a estudiar esto. Simplemente dicen: “No existe, no existe, no existe”, y creen que con decirlo ya nadie lo usa pero, oh, tremenda sorpresa: sí se está usando.

El libro del escritor, profesor e investigador Álvaro García Meseguer, publicado en la década de los setenta.

La lingüista Concepción Company, integrante de la Academia Mexicana de la Lengua, ha sido una de las voces más críticas con el lenguaje incluyente. En una entrevista reciente reiteró que le parece una cortina de humo, pues evita que se hable de otros temas como los techos de cristal, la inequidad salarial, la violencia de género, los feminicidios. Sin embargo, le da un espaldarazo a la e neutra y dice que ha cambiado su relación con el lenguaje incluyente. ¿Qué opinas?

De entrada, felicidades. Yo leí una entrevista que le hicieron en El Universal en la que dice que la e se puede usar y me pareció maravilloso, porque apenas en noviembre escuché una conferencia que dio en El Colegio Nacional hablando de cómo esto era una cortina de humo. Debo decir que a mí me parece más cortina de humo ese argumento, porque el hecho de enfocarte en el lenguaje igualitario no quiere decir que no te enfoques en nada más.

Una de las cosas que tenemos las personas es que podemos realizar varias tareas a la vez, y el “simple” hecho de cambiar la forma en que te expresas sí provoca cambios: comienzas a pensar de una manera muy distinta, a darte cuenta de que puede haber muchas desigualdades, y te aseguro que no te puede dejar indiferente, lo que te lleva a actuar de otras maneras. No me parece que acciones como romper los techos de cristal, alcanzar la paridad salarial, acabar con la violencia contra la mujer estén peleadas con el lenguaje; al contrario: son fuerzas que se unen y que, mientras más unidas estén, mejor.

Company habla de que quizá estemos ante “una diglosia, es decir, la gestación de dos códigos: uno para situaciones formales, que se conocen como registros esmerados, y otro código para la vida cotidiana”…

Eso ha existido siempre, toda la vida. Todos tenemos registros diferentes. Tú no hablas igual conmigo que como hablas con tu mejor amigue, tu pareja, o una persona con quien te acabas de cruzar en la calle. Todo el tiempo estamos cambiando el registro. Pienso en les abogades y los dictámenes que hacen, nadie tiene la más remota idea de qué están diciendo porque es un lenguaje súper especializado.

Una cosa que ha pasado con la e neutra y que ha descontrolado a muchas personas es que en algunas universidades, ámbito que se considera un registro formal de uso de la lengua, ya puedes usar la e y nadie te va a decir “Qué ridiculez”. Ya es totalmente aceptado. La Asociación Americana de Psicología (APA, por sus siglas en inglés), de donde viene el criterio de citación más cuadrado —quien haya escrito una tesis sabe que es un dolor de cabeza—, desde 2019 acepta el uso del pronombre they en singular para referirse a una persona de género no binario. Si yo tuviera que entregar un ensayo en el que esté usando, o traduciendo, o haciendo referencia a ese they, voy a tener que traducirlo con elle y para hacer concordancias deberé usar artículos, adjetivos, participios con la e ¿Me vas a decir “Ay, no, es incorrecto”? Hay medios de comunicación, que también se consideran registro formal de comunicación, donde empieza a utilizarse la e.

La separación ha ocurrido siempre. Creo que las generaciones que van despuntando nos llevan mucho de ventaja, muchísimo, y lo que nos conviene es adaptarnos al cambio, entrarle sin miedo. Normalmente es eso: nos da mucho miedo entrarle al cambio, no sabemos para dónde hay que tirar y lo que hay que hacer es abrazarlo. Celebro que Concepción haya empezado a cambiar un poco y lo celebro porque yo estuve en el mismo lugar.

¿Qué se necesita para hacer ese cambio de lugar? ¿Cómo ocurre esa transición?

Hay que aprender. Se requiere empatía, tan escasa en estos días. Hay que escuchar y saber que tu realidad no es la única que existe, que hay muchas otras realidades y se tienen que nombrar, aunque a ti no te parezca o aunque creas que es inválido. Al final, una de las cosas que nos hacen mucha falta es abonar al respeto. No estamos respetándonos entre las personas y se nota en la forma en la que hablamos, en la forma en que escribimos o tuiteamos.

Mi objetivo es hablar de esto lo más que se pueda y tratar de dialogar y de entender. Comprendo muchos de los puntos de las personas que están en contra del lenguaje igualitario, pero creo que tengo argumentos que pueden ayudar a que quien está en contra por lo menos pueda ampliar un poco la forma en que lo ve. Y si no, está bien. No me interesa que toda la gente cambie de opinión de pronto. Sí, sería maravilloso, pero no es mi objetivo obligar a nadie a que trate de expresarse de una manera muchísimo más igualitaria. Sin embargo, creo que si llega a pasar que la gente comience a reflexionar un poquito al respecto, con eso ya estamos de súper gane.

Regresando a tu paso por el Times, ¿cómo es hacer un manual de estilo cuando se tiene como referencia el manual de El País, cuya impronta se ve en casi todos los diarios iberoamericanos, y que tiene detrás a Álex Grijelmo, quien sostiene que la lengua no es machista?

Yo aprendí mucho de Álex Grijelmo. Cuando estudié periodismo leí sus libros, después tuve la fortuna de conocerlo en persona y luego la gran fortuna de ser su amiga. Hemos tenido muchas discusiones sobre el lenguaje igualitario y pues… no estamos de acuerdo, pero eso no hace que lo quiera o lo admire ni un poquito menos.

Hace diez años era difícil que cualquier hablante pudiera palpar los cambios que hay en la lengua, pero hoy son evidentes, hoy no los podemos negar y creo que eso hace una diferencia brutal en cómo nos relacionamos con la lengua. Ahí es donde está la diferencia entre Álex y yo. A mí me parece que esto está cambiando y que necesitamos, como personas que trabajamos en los medios, adaptarnos a ese cambio o ver cómo sería la mejor forma de solucionarlo para abonar a la comunicación, porque, al final, quienes trabajamos en los medios es lo que queremos: comunicar de manera más clara.

Estoy en desacuerdo con muchas de las cosas que escribió en su libro Propuesta de acuerdo para un lenguaje inclusivo porque me parece que en muchos casos trata de simplificar cosas que no pueden simplificarse, como, por ejemplo, decir que no necesitamos nombrar todo para que exista. A veces sí es necesario y, en este caso, tenemos a las personas no binarias, tenemos a las mujeres, a las personas queer.

Ahorita lo que más me interesa es estar muy pendiente de lo que sucede, a dónde van todos los usos. Si tú lees un artículo de El País está muy marcado por el español de España, y por lo menos una de las cosas que intentábamos en el Times era que, si a ti te tocaba editar un artículo y eras de Venezuela, el texto tuviera la impronta del español de Venezuela, y que quien lo leyera conociera cómo es el español de Venezuela; si alguien encontraba un artículo que editó una persona de Argentina, le sonara más a argentino, y uno no hace menos al otro, al contrario, lo único que hacen es abonar.

Eres muy activa en Twitter, tienes el pódcast, colaboraciones en radio y medios impresos, cursos, ¿de dónde sale todo ese ímpetu?

Justo del gusto por compartir lo que he aprendido y de las ganas de seguir aprendiendo. Creo que uno de los grandes descubrimientos que he tenido en estos años es que puedo seguir aprendiendo mucho. Cada vez que me encuentro un dato digo: “Ah, mira, esto no sabía y está increíble, no se me había ocurrido”; o también, “Ésta es otra forma de explicar cómo usar el punto y coma, para ver si la gente quiere más al punto y coma”. Al final son ganas de darle amor a la lengua, que ha sido tan bondadosa y generosa conmigo y que creo que a veces se nos olvida reconocerla. Sentimos que ahí está, que es parte de nuestra vida, algo que ya sabemos hacer automáticamente como respirar o hablar, y a veces necesitamos darle un poquito de amor. De ahí nace todo esto: del amor y de la pasión que me despierta la lengua y que me encantaría que muchas otras personas también sintieran.

    MAGIS, año LVII, No. 483, septiembre-octubre 2021, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de septiembre de 2021.

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