Giulio Vinaccia: coloso del diseño para el desarrollo

Giulio Vinaccia: coloso del diseño para el desarrollo

– Edición 495

Foto: Lalis Jiménez

Para el diseñador italiano, su trabajo va mucho más allá de ser un instrumento para dotar de belleza a las cosas: es una herramienta para resolver problemas complejos en contextos diversos. Se ha propuesto como misión que cada vez más profesionales se sumen al diseño para el desarrollo como una opción laboral

Rosso corsa. Rosso scarlatto. Rosso ciliegia. Tal vez rosso cremisi o Bordeaux.

De entre la vasta gama de tonos rojos del catálogo, él sería uno de los encargados de definir el ideal para la próxima línea de las populares motocicletas Vespa.

Pero, justo ese día, la tarea de elegir el tono correcto de rojo se convirtió en la gota que derramó el vaso. Fuera de esa sala, el mundo vivía la más intensa paranoia tras haber presenciado el ataque a las Torres Gemelas, apenas un día antes. Los noticieros vaticinaban guerras, los gobiernos hablaban de enemigos y las personas lloraban las muertes de casi de tres mil víctimas.

Y Giulio Vinaccia hablaba de tonos de rojo.

Fue en ese instante que el afamado diseñador, reconocido por sus colaboraciones con marcas como Moschino, Ferrari Spa, Louis Vuitton, Ducati y Pirelli, dio un giro de 180 grados a su carrera y se propuso practicar el diseño desde un enfoque más significativo, que diera sentido a su vida y a las de otras personas.

Hasta entonces, la trayectoria de Giulio Vinaccia en el diseño había sido singular. Años antes, en 1987, estableció en Italia un pequeño estudio de la mano de su hermano Valerio, también diseñador industrial. Empezar a hacerse de clientes fue un acto de rebeldía ante lo que supuestamente debía hacer un diseñador para considerarse exitoso: los Vinaccia se saltaron toda la etapa de ingresar a una empresa y ser aprendices de diseñadores experimentados para escalar en el éxito profesional.

Poco a poco fueron llegando pequeñas cuentas y evolucionaron hasta las grandes compañías, de la talla de Momo Design, Piaggio Spa y Borsalino. Con la consolidación profesional llegaron los reconocimientos de la industria, los reflectores y las exposiciones, que mucho hacían por el ego del diseñador. Sin embargo, “de repente ya no fue suficiente salir publicado en una revista”, recuerda Giulio.

Puerto Príncipe. Proyecto Colección Bel Bagay Ayti 2012-2013. Patrocinadores: ONG Femme & Democratie | Unión Europea | Agencia de Exportaciones del Caribe

Abrazó las raíces de su profesión y la asumió como un instrumento para dotar de belleza a las cosas, pero también la redescubrió como una “fantástica herramienta para resolver problemas” y empezó a aplicarla en otros escenarios, resignificando sus saberes para beneficio de comunidades.

Es así como, en los últimos 20 años, Vinaccia ha recorrido el mismo número de países apoyando, asesorando y liderando proyectos que ayuden a las comunidades a crear fuentes de ingresos mientras se preserva su cultura, utilizando metodologías del diseño para detonar dinámicas de desarrollo económico sostenible.

“Los diseñadores somos solucionadores de problemas. Los diseñadores no trabajamos sólo para lograr la estética, ahora diseñamos para el mundo real”, afirma.

Giulio Vinaccia estuvo recientemente en el ITESO, como parte del programa Verano Internacional, invitado por la Maestría en Diseño Estratégico e Innovación Social, para impartir la conferencia “Diseño ético y social para el desarrollo de comunidades productivas”, así como para trabajar con estudiantes y académicos de la Licenciatura en Diseño y de la propia Maestría en un proyecto con el colectivo Mujeres del Fuego, de Colima.

¿Cómo cambió tu visión respecto al diseño como herramienta para el desarrollo?

Me di cuenta de que estábamos trabajando para el uno por ciento de la población mundial que tenía plata para tener cosas bien diseñadas y que funcionaran bien, pero eso dejaba al 99 por ciento sin diseño. Mi ego estaba feliz, pero mi conciencia no tanto.

Gracias a mis conexiones surgió la posibilidad de un trabajo en Colombia, en donde podría crear un equipo de diseño para ayudar a los artesanos, porque por la violencia de los narcos nadie iba a Colombia y los artesanos no vendían. La idea era hacer una experiencia, una exposición en varias partes del mundo. Fue una propuesta completamente loca y tuve la suerte de contactar con personas del Ministerio de Desarrollo Industrial que me dijeron: “¡Listo!”. Esto fue en 1994.

Desde entonces comenzamos a trabajar en una metodología. El trabajo fue fluyendo y yo seguí colaborando para marcas más grandes, como Ferrari y Louis Vuitton. Esto del diseño para el desarrollo era más como un voluntariado, no tanto como trabajo.

Casco F40 – Ferrari.

¿En qué momento cambió eso?

En una conferencia hablé de este proyecto con artesanos de Colombia y se acercaron a mí dos señoras muy amables; no supe sino hasta después que eran las responsables del programa brasileño de artesanía. Ellas me ofrecieron manejar un programa de producción turística para las comunidades agrícolas. En ese momento, el diseño para el desarrollo se volvió un trabajo.

A partir de este punto, mi carrera se abre y entran estos proyectos. A comienzos de 2001 comencé a tener otras ofertas en ese ámbito. El 12 de septiembre de 2001 cambió toda mi perspectiva, fue mi punto de quiebre. “No puede ser que el mundo se está acabando y yo estoy discutiendo si rojo magenta o rojo vino tinto”, pensé. A raíz de eso, metí el freno a mis trabajos con las grandes empresas.

Fui contactado por la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO, por sus siglas en inglés) para colaborar con ellos en estas cosas. Han pasado más de 20 años y ahora soy consultor para varias agencias de Naciones Unidas, para la Unión Europea y diversos países en el tema del diseño como herramienta de desarrollo.

No estoy hablando de diseño social, porque el diseño ya es social. Mi trabajo es utilizar herramientas de diseño, o sea, la metodología, para mirar las cosas de una manera lateral a fin de generar fuentes de ingreso en las comunidades y resolver problemas. Lo que yo hago es fabricar sistemas con metodología de diseño para dar mejores oportunidades a las comunidades.

Al principio me llamaban para resolver problemas de proyectos ya existentes, como el caso de unas señoras en África que hacen muebles que nadie compraba y que había que cambiar. Ahora, ya con un poco más de experiencia, yo participo en la descripción del proyecto: me mandan a la aventura.

Brasil-Argentina-Paraguay. Proyecto Nandeva-Programa Trinacional de Artesanía 2004-2007. Patrocinadores: Itaipú Binacional | SEBRAE | Secretaría de Cultura de la Nación-Argentina/Instituto Paraguayo de Artesanías.

Gracias a tu trabajo en el diseño para el desarrollo, en 2014 te hiciste merecedor del Compasso d’Oro, considerado el premio de diseño industrial más antiguo y prestigioso del mundo. ¿Cómo se dio este proceso?

Yo siempre había querido participar, pero no tenían mi categoría. Finalmente, como en 2014 o 2015 la pusieron, participé y gané con el proyecto Tsara, realizado con mujeres artesanas en Madagascar.

Tener un Compasso d’Oro no es cosa de todos los días. También me reconocieron con un premio en China, el World Green Design Contribution Award; los reconocimientos nunca sobran. ¿Sabes?, dicen que los diseñadores estamos más altos porque estamos sentados encima de nuestro ego.

¿Qué quieres hacer en tu carrera? 

Estoy en una fase en la que me gustaría formar a más personas que hagan mi trabajo. A pesar de que sigo trabajando y buscando el trabajo de campo, yo pienso que es importante multiplicarnos.

Por eso coordino la Maestría en Diseño para el Impacto Social, en la Escuela Superior de Arte y Diseño en Oporto, y doy clases como profesor invitado por todo el mundo. Me gustaría que más personas siguieran lo que yo hago, no porque yo lo hago, sino porque es útil. Para un profesional es una buena oportunidad de trabajo, se vive bien. Para América Latina podría ser una opción muy interesante; el problema es que muchas universidades forman personas que sólo buscan ser famosas en Los Ángeles, Milán o París, entonces son profesionales que no están interesados en esta otra cara del diseño.

Pero, ojo, que esto no es para misioneros. El diseño para el desarrollo es una actividad profesional bien remunerada que requiere alta especialización y para la que los diseñadores además tienen que estar súper preparados para hablar cinco o seis lenguas, por ejemplo, francés, inglés, italiano, portugués, español, un poquito de árabe y un poquito de griego. 

Es un trabajo muy complejo, que te obliga a conocer mucho también de cultura. Tienes que prepararte bien cada vez que vas a un lugar para tratar un proyecto: estudiar tres meses su idioma, entender sus tradiciones y particularidades.

Quisiera seguir haciendo mis proyectos, cada vez en lugares más extraños y divertidos, y al mismo tiempo estar en el proceso de la multiplicación de personas que hacen esto mismo que yo, que creo que realmente sirve al mundo.

Casco – Moschino.

¿Cuáles son los conocimientos que deberían estar trabajando ya los estudiantes de áreas de diseño para empezar a incidir en temas sociales en sus comunidades, como detonantes de desarrollo?

Primero tienen que aprender un poco de metodología. Lo segundo es que deben ser prácticas reales, no simulaciones. Hay que salir a la calle. La teoría tiene que ser comprobada en la calle. No hay necesidad de viajar a Mozambique: en un radio de 20 kilómetros vas a descubrir un universo. Entre más contacto con la realidad tengan, con las personas, se dan cuenta de cómo los proyectos inciden en las comunidades.

El rol de la universidad es hacer esa conexión, porque si no, creas profesionales que luego no se encuentran en la realidad. O que tendrán que emigrar porque no encuentran la realidad que ellos están esperando.

Mucha gente piensa que el diseño es como ser un sastre. Que haces un objeto y luego hay que buscar a alguien que le dé forma. Es una manera muy antigua de concebir el diseño. Hoy en día, el diseño es una herramienta para resolver problemas, para mejorar las condiciones de vida, para que tengas una vida más sana y cómoda. Incluso, para mejorar los ingresos de las personas que trabajan.

Todo eso es diseño. Diseño no es estética: diseño es conocimiento de la sociedad.

1 comentario

  1. Buen artículo! donde se ve claramente la urgente necesidad de trabajar por el bien comùn desde una perspectiva comunitaria poniendo en calor el saber traducional y popular con un poco de orientación y muchas conexiones, pero se necesita voluntad y apoyo para poder seguir adelante con los proyectos en todo el mundo.

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MAGIS, año LX, No. 497, enero-febrero 2024, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de enero de 2024.

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