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Éstas son las causas; si no le gustan, tengo otras

Esther Duflo, Adbhijit Banerjee y Michael Kremer, ganadores del Nobel. Imagen: unamglobal.unam.mx

Éstas son las causas; si no le gustan, tengo otras

– Edición 473

Desde el pensamiento mágico, la ciencia, la religión o el sentido común, nos va la vida en entender la secuencia de pasos que provocan cambios en el estado de la materia, de la mente y del alma. En el camino hemos pecado de arrogantes

Esther Duflo, Adbhijit Banerjee y Michael Kremer ganaron el Premio Nobel de Economía en octubre. Esta vez la Academia sueca reconocía lo que consideraba una aproximación novedosa al estudio y la reducción de la pobreza: la experimentación a través de ensayos controlados aleatorios. El método es intuitivo y común en la medicina: hay que identificar a una población donde exista un fenómeno de interés (digamos, desnutrición) y elegir al azar sujetos a los que se ofrece una intervención que teóricamente habrá de tener algún efecto sobre el fenómeno en cuestión (dar suplementos alimenticios), mientras que a otros sujetos, en condiciones lo más parecidas posibles, se les excluye del “tratamiento” para contrastar los resultados y medir el impacto de la intervención.

Lo novedoso del enfoque es que, en lugar de continuar con la tradición de combatir las grandes causas de la pobreza —crecientemente reconocida por su multidimensionalidad—, fragmenta la complejidad en pequeños procesos de causalidad en los que interviene con acciones modestas, tentativamente menos costosas y de mayor impacto, al menos en lo que a ese pedacito del problema respecta.

¿Tiene efectos sobre la pobreza global al final?, ¿logra aislar todos los factores que pueden determinar el éxito o el fracaso de una intervención?, ¿permite identificar otros elementos no contemplados en el diagnóstico del problema?, ¿sobresimplifica la realidad?, ¿es ético experimentar con poblaciones en precariedad? Todas estas preguntas han sido lanzadas como dardos filosos al enfoque de los laureados. Las respuestas tienden, como casi todo casi siempre, hacia el “depende”.

Lo que interpela del ejemplo por ahora es la energía y los recursos que las sociedades han destinado a reconstruir, de maneras cada vez más sofisticadas, la cadena de procesos causales que nos tienen en este estado de las cosas. Tal vez hubo un tiempo de asombro primitivo al que le bastaba sobrevivir para presenciar la pura repetición de los días. Pero un día quisimos más, un día nos preguntamos por qué y desde entonces todas las historias que nos dan certidumbre, así sea a punta de amenazas y tabús, son cuentos de génesis, relatos sobre el principio de lo que existe.

Desde el pensamiento mágico, la ciencia, la religión o el sentido común, nos va la vida en entender la secuencia de pasos que provocan cambios en el estado de la materia, de la mente y del alma. En el camino hemos pecado de arrogantes, creyendo que las causalidades operan de una manera siempre idéntica y fatal, pero ha sido necesario serlo para ir ganando un poco de certezas y corregir sobre la marcha.

¿Qué de malo habría en querer conocer el origen de todas las cosas y sus transformaciones? Nada, si reconocemos que el imperio de las causas no sólo permite controlar la realidad, sino también su narrativa. ¿Quién dice por qué pasan las cosas?, ¿a quién?, ¿de qué medios echa mano? Basta recordar que hemos llegado a estar convencidos de que la mujer viene de una costilla y que la población negra es genéticamente tonta.

Hemos mejorado, sin duda, pero hay que reconocer que las explicaciones que construimos no son inocentes. Es imposible verlo todo y debemos hacer recortes con resultados que no sólo explican cómo suceden las cosas, sino cómo deben ser para seguir existiendo. No sólo describimos: prescribimos para mantener o cambiar el orden de las cosas, y no todos tenemos el mismo poder para posicionar una causa como el origen de un malestar o de una situación deseable.

¿Cómo cambia la narrativa si colocamos el inicio de un problema en un punto y no en otro, si insistimos, por ejemplo, en que algo no es natural sino una invención de los hombres, o en que la violencia no empezó con el muerto sino con la violencia que lo mató?

La historia de todo siempre está a punto de cambiar. Atentos.

    MAGIS, año LVII, 480, Marzo – Abril 2021, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. +52 (33) 3669-3486.

    Notice: This translation is automatically generated by Google.