La conquista del narco

La conquista del narco

– Edición 406

La matanza de trece personas en Creel, Chihuahua, el 16 de agosto de 2008, nos hace pensar qué hay, qué no vemos, detrás de esta violencia. Sí, ciertamente, hay complicidades, corrupciones, podredumbre, pero pareciera que, en el fondo, hay más. La percepción rarámuri del fenómeno nos ayuda a tocar fondo.

Desde hace tiempo, pero especialmente en los últimos meses, un grupo de amigos hemos buscado comprender mejor lo que significa en la sierra Tarahumara la cada vez más extendida presencia del narco. La narcosiembra en algunas regiones lleva ya cuatro generaciones de narcocultivadores y esta actividad se ha convertido ahí en un modo de vida, el modo de vida común, casi el único. Pero también están presentes el narcoacarreo, la narcolucha por el control de territorios, la narcocorrupción generalizada, las narcoelecciones compradas, los narcolavaderos de dinero. Y también el narcomenudeo y el narcoconsumo.

Resulta evidente que quienes se ven implicados o se van adentrando en cualquiera de estos aspectos del fenómeno narco encuentran beneficios en él —ingresos, por ejemplo— en contraste con la depauperación a que han sido sometidos por las economías de explotación salvaje, o de libre mercado, como también se dice. Así pues, esta actividad presenta soluciones ante la escasez de opciones para elegir. Y no es que quienes participan en ellos no vean el lado malo, pero, en su situación, están dispuestos a afrontarlo, como lo es el riesgo de perder la vida, en el caso de los migrantes del desierto.

Todo esto implica una maraña de asuntos relacionados con la economía, la política, la infraestructura regional, los principios normativos y valores propios del narco —una cultura quizá—, que alcanzan en diversos grados, paulatinamente, todos los niveles sociales. Se trata en realidad de una conquista con su oro de por medio, su despotismo, sus esclavitudes… con su guerra y todo.

Un rarámuri me abrió los ojos en una charla. Él no entendía qué es lo que nos sorprende del narco, si lo mismo ha sucedido desde hace cinco siglos. Es otra actividad en la que se presiona y se obliga a trabajar a los indígenas, pero es lo mismo: “Igual fueron las minas, igual hubo violencias y crímenes, igual hubo muertes, igual hubo enriquecidos y pobres, y en todo nos dejaron la peor parte”, me dijo. “Igual fue la invasión de nuestros territorios, igual el saqueo de nuestros bosques, igual va siendo el turismo que hasta nuestra agua se queda, igual están regresando las mineras. Igual un día trajeron las siembras de marihuana y de amapola. Para nosotros es la misma cosa, así son los invasores, pero a la mejor para ustedes resulta novedad”.

Podríamos matizar sus afirmaciones, encontrar niveles y grados en ellas, pero no son rebatibles. Su lógica brota desde la consistencia de abajo y es contundente. Quizá la única verdadera diferencia es que la sangre nos está salpicando de cerca a todos, o que todos estamos siendo conquistados, tiranizados, sometidos, y que los conquistadores ahora son menos y vienen por todo. Es cuestión de engañar con cuentas alegres y cuentas de vidrio, con spots, por ejemplo, para timar y arrebatarlo todo.

En la Tarahumara no hay petróleo, pero lo mismo que se dice del narco se podría decir de aquél. Sólo que las leyes ya se hicieron y quieren refinarse hoy para los conquistadores del hidrocarburo. No parece conveniente hacerlas en el caso del narco, pues se arruinaría el negocio para muchos y se destaparía el infierno. Justamente en eso andamos ahora. Vaya coincidencia.

Y las mineras insolentes, impunes, tramposas y envenenadoras de la vida, ¿por qué están tan protegidas como los sicarios a quienes se les despeja el campo para que hagan su jale de muerte? ¿Como los talamontes y los depredadores de manglares y los urbanizadores de terrenos biodiversos o inundables, o los secuestradores uniformados? No sólo el narco está matando, su único agravante es al fin convencional: lo hacen sin respaldo legal. La guerra del narco avanza, armada a morir, pero se trata sólo de una faceta de la actual conquista de México y del mundo, según se pretende.

Para los pueblos indios es la misma guerra. La historia vuelve sobre sus propias huellas, las rebeldías crecen por el mundo, las potencias derrochan, el hambre aumenta, se despedaza el equilibrio frágil de la naturaleza… Nuevamente, sin que sepamos cuándo ni cómo, la presión terminará por rebasar el recipiente, la ambición global reventará en las manos de sus engendradores.

Así ha caminado la historia.

Y va tomando su rumbo. m.

MAGIS, año LVIII, No. 490, noviembre-diciembre 2022, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de noviembre de 2022.

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