El eros com-pasivo en la ópera

El eros com-pasivo en la ópera

– Edición 488

Escena de la ópera «Carmen», de Bizet

El arte operístico nos abre a la posibilidad de acercarnos a los matices de la ternura pues hay escenas que nos dejan contemplar la fuerza y la hondura de esta expresión del amor

Uno de los abordajes más profundos y actuales a la figura de san Francisco de Asís es el que hace el teólogo brasileño Leonardo Boff, pues nos acerca a la vida y el proyecto del famoso religioso italiano a la luz de dos rasgos muy potentes: la ternura y el vigor. Cuando define la ternura, Boff habla del “Eros com-pasivo, capaz de sentir y comulgar con el otro, que no se detiene en el gozo de su propio impulso, sino que descansa en el otro con cariño y amor. Por eso, la ternura exige prestar atención al otro, estar atento a su estructura, mostrar interés, crecer con el otro”. El propio teólogo afirma que Francisco de Asís “mostró con su vida que, para ser santo, es preciso ser humano. Y para ser humano es necesario ser sensible y tierno”.

En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura en 2019, la escritora polaca Olga Tokarczuk afirmó que “la ternura es la forma más modesta de amor. […] La ternura es una profunda preocupación emocional por otro ser, su fragilidad, su naturaleza única y su falta de inmunidad al sufrimiento y los efectos del tiempo. Es una forma de mirar que muestra al mundo como vivo, interconectado, cooperando y codependiente de sí mismo”.

El arte operístico nos abre a la posibilidad de acercarnos a los matices de la ternura de los que hablan Tokarczuk y Boff, pues hay escenas que nos dejan contemplar la fuerza y la hondura de esta expresión del amor, gracias al genio de los compositores que supieron articular la música y el lenguaje poético propio del género.

Puccini: Turandot

Casolla, Larin, Fritolli, Mehta. RCA, 1998

En una bella escena del acto primero de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini, somos testigos de la enorme ternura con que Liu ha cuidado al desterrado rey Timur en Pekín, lugar donde se da el fortuito encuentro con su hijo, el príncipe Calaf, también desterrado. Conmovido por la enorme muestra de amor de la humilde Liu al hacerse cargo de su viejo padre, Calaf le pregunta la razón de su actuar, a lo que ella, lacónica y tiernamente, le responde: “Es que un día me sonreíste en el palacio”.

Puccini: La Bohème

Netrebko, Villazón. Karma Films, S.L., 2010

Uno de los personajes que derrochan más ternura en la ópera es Mimí, protagonista de La Bohème, de Giacomo Puccini. Desde el momento de su aparición en escena, cuando ella toca a la puerta de su vecino para pedir fuego y encender su vela —lo que será el comienzo de su amor con Rodolfo—, la música nos deja ver a una mujer de profunda y sencilla sensibilidad. A lo largo de los cuatro actos de esta ópera se van mostrando detalles de su exquisita ternura por el amado, por sus amistades y por la naturaleza.

Bizet: Carmen

Garanca, Alagna. DG, 2010

En varias óperas se puede contrastar la ternura de ciertos personajes con la dureza de otros. Tal es el caso de Carmen, de Georges Bizet, donde la joven navarra Micaela es radicalmente diferente a la protagonista que da nombre a esta obra. A lo largo de las tres escenas de la ópera en que ella participa, y donde destaca el aria “Dije que de nada me asustaría”, queda patente la armonía entre su ternura y su valentía para confrontar a su amado don José y sacarlo de su obsesión por la gitana Carmen.

Verdi: Rigoletto

Wixell, Pavarotti, Gruberoba. DG, 2014

Otro personaje tremendamente rico e interesante por la variedad de matices es el protagonista de Rigoletto, ópera surgida de la inspiración del compositor italiano Giuseppe Verdi. A lo largo de los tres actos de la obra se va mostrando al irreverente y burlón bufón de la corte, así como al hombre que busca venganza por los agravios recibidos a causa de su deformidad física. Pero, en contraste, se nos muestra al tierno padre de Gilda, a quien busca proteger de las garras del lascivo duque de Mantua.

Verdi: Otello

Domingo, Fleming, Morris. DG, 2014

También interesante desde la perspectiva de la ternura es Desdémona, esposa del atormentado y celoso Otello, protagonista que da nombre a una de las más bellas óperas de todos los tiempos, surgida de la inspiración de Giuseppe Verdi. La ternura de Desdémona la hace profundamente sensible y delicada con todas las personas con quienes se relaciona, pero en el acto final hay una escena sencillamente sublime por la ternura con que reza el Ave María, a pesar del desconcierto que siente.

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