Doulas del bien morir: compañía para decir adiós

Doulas del bien morir: compañía para decir adiós

– Edición 496

Ilustraciones: Abril Márquez.

Despedirse de un ser querido que está en el umbral de la muerte es una de las experiencias más difíciles, pero no tiene por qué hacerse en soledad. Al recibir acompañamiento, este tránsito se experimenta de otra manera y se adquieren herramientas para vivir el duelo

Una tina metálica con agua caliente y plantas medicinales de colores intensos espera el cuerpo de Inés, que será sumergido y, después, ya limpio, será recostado en el petate que está a un lado de la tina, donde será vestido con los rebozos que lo cubrirán para cerrar su ciclo de la vida, mientras la luz de las velas blancas completa la atmósfera que ha sido preparada para ayudar al alma de Inés a soltar el cuerpo físico, trascender y alcanzar el descanso profundo.

Este ritual de agua y rebozos fue elegido por Inés en vida para que se llevara a cabo cuando llegara el día de su muerte. Es una de las diferentes prácticas ancestrales que realizan las parteras tradicionales, quienes ayudan a recibir la vida, pero también a despedirla. “La terapia de los rebozos está llena de vida y muerte, marca un ciclo de renacimiento”, explica Elvia Yowalli Mora Gámez, trabajadora social y doula de inicio y fin de vida. El agua representa la placenta; los rebozos abrazan el cuerpo y cierran el círculo de la vida; finalmente, el petate es ancestralmente el mueble tradicional donde se recibe y se despide la vida —de ahí deriva la expresión popular “se petateó”—.

Yowalli ha realizado varias veces este ritual para despedir y ayudar a trascender a las personas en el final de sus vidas. Es parte de un acompañamiento enfocado en preparar a la persona que está a punto de morir y a sus familiares para aceptar ese momento. “Lo que se va es el espíritu, porque el cuerpo es parte de la tierra. Estas terapias, además de ser emocionales, son energéticas, y con ellas ayudamos a entregar a quien se va, a abandonar su cuerpo con mucho amor y de manera tranquila”.

Yowalli es una doula de fin de vida, o doula del bien morir, una expresión que aún no es tan conocida y hasta parece extraña: cuando se piensa en doulas, o parteras, viene a la mente el momento del nacimiento, del inicio de la vida; sin embargo, estas mujeres tienen muy claro que el ciclo de la vida no está completo sin la muerte, por lo que acompañan ambos procesos.

La labor de las doulas del bien morir es acompañar a la persona que enfrenta enfermedades terminales, o que está a punto de fallecer, y a su familia, para brindarles acompañamiento emocional, psicológico y espiritual; además, ayudan en trámites administrativos, procesos de perdón o conciliación, propician que se respete la voluntad anticipada e, incluso, en algunos casos, con la organización y la realización del ritual de despedida.

Son enfermeras, tanatólogas, instructoras de yoga, trabajadoras sociales, terapeutas holísticas, y la partería es su misión de vida. Desde ahí, acompañan en el portal entre los mundos: en la llegada y en la partida.

Acompañar el bien morir

Brenda Annie Ramdhan Enríquez, doula de concepción, gestación, parto, postparto, duelo perinatal y de fin de vida, explica que el aspecto fundamental del acompañamiento para el bien morir consiste en sensibilizar a la familia que está pasando por ese dolor y esa pérdida. Por otra parte, la labor con la persona que está por trascender es guiarla a hacer las paces con diferentes aspectos de su vida terrenal y con la belleza de la muerte.

“Cuando un ser humano está cruzando el portal de la muerte, en plena conciencia, empieza a hacer las paces con diferentes cosas. La persona habla de perdón, de sus deseos, de lo que le gustaría, sus preocupaciones; a veces dice estar lista o listo, muchas veces externan los cuidados que quieren que se les tengan cuando ya no estén, indicaciones como ‘Quiero que me cremen’, ‘Que me lleven al mar’. Ése es un momento clave que necesitamos simplificar, porque la persona lo puede ver, y es muy importante ser empáticos y ofrendar toda nuestra atención, todo nuestro amor, todo nuestro cariño”, dice.

Ramdhan, quien desde 2009 realiza labor de acompañamiento de fin de vida, explica que la importancia de su labor en estos procesos implica guiar con conciencia y afecto en el momento final. “Cuando acompañamos a las personas en ese cruce de estados, es imposible hacerte la fría o dejar de sentir la belleza y la importancia de ese momento de acompañamiento, en el que hay que procurar naturalidad, simpleza, sencillez, para que, cuando le des la mano, la persona sienta un empuje que le diga ‘Avanza’ y no como un jalón de ‘Quédate’. Y esa emoción hay que saberla entender. Una persona ajena a la familia ayuda mucho porque da ese impulso de ‘Vamos’, más que retener”.

Pero su labor no concluye cuando la persona fallece. El proceso de acompañamiento es integral, por lo que una vez que el alma abandona el cuerpo, la doula de fin de vida se enfoca en la familia, con plena conciencia de que el apoyo que brinde no podrá detener ese dolor, aunque la familia previamente haya trabajado en dejar ir con amor.

“Hay que voltear a ver a la familia, abrazarla también. Ese desgarramiento que ocurre es real, aunque se haya hecho todo lo posible para decirle a su ser amado, a su familiar: ‘Avanza y abraza ese espacio, gracias’. Aun con el acompañamiento vienen el derrumbe y el vacío. Nada de lo que podamos decir va a alejar ese momento; no hay técnica, práctica ni cosmogonía para no sentir el desgarramiento que ocurre cuando alguien que amas profundamente deja de existir”.

Yowalli agrega: “Es importante el acompañamiento con la familia para que puedan darle a ese espíritu la libertad de irse, porque es muy común que no dejemos ir a las personas”.

Por ello, para Ramdhan es indispensable humanizar este proceso, pues la industrialización del nacimiento y la muerte ha deshumanizado el momento, al grado de estar saturados de servicios que implican resolver y subsanar la pérdida de inmediato, sin considerar lo profundo, es decir, el aspecto espiritual o el de despedir a la persona en un ritual que ayude a conectar y atravesar el momento de acuerdo con las prácticas religiosas o tradiciones de cada familia.

“Las parteras, las doulas que acompañamos el bien nacer y el bien morir, entendemos que no estamos ajenas al dolor ni a la inmensa dicha de un evento u otro, hay una relación, un vínculo, una conexión muy profunda; podemos estar en ese lugar entendiendo que es una naturalidad para algo que cultural y socialmente se ha ido perdiendo y deshumanizando. Nosotras podemos estar ahí para humanizarlo”.

Patricia Ornelas Tavares, psicoterapeuta dedicada a la psicología de la salud y a los cuidados paliativos y académica del iteso, destaca la importancia del cuidado de uno mismo en el acompañamiento y la formación de perfiles profesionalizados que acompañen estos procesos. “El iteso lleva 13 años capacitando a psicólogos en cuidados paliativos, porque les va tocar acompañar, ya sea a un familiar o a cualquier paciente. Es importante formar un perfil profesional que sepa acompañar el dolor del otro, no [intentar] que desaparezca; no ordenar el caos, sino acompañarlo. Eso cuesta porque la intención o la respuesta inmediata es querer hacer cosas para evitar el sufrimiento, cuando éste también es parte de la vida”.

Instituciones públicas

La deshumanización y la frialdad que rodean al ciclo de la vida, del nacimiento a la muerte, alcanzan a las instituciones de salud públicas, donde las parteras y doulas de fin de vida se han topado con obstáculos y resistencias; primero para entrar en esos espacios y, luego, para brindar apoyo emocional a las personas que están por fallecer y a sus familiares.

Rocío Viera, enfermera y partera de acompañamiento de la muerte desde una visión espiritual,se enfrentó a estos obstáculos e incluso se convirtió en el “bicho raro” del Hospital General La Perla Nezahualcóyotl, en Estado de México, al poner en práctica la asistencia para el bien morir en los pacientes.

“Ayudar a bien morir a la gente es ayudar al alma a dejar el cuerpo físico. La labor de médicos y enfermeras es hacer todo lo posible por preservar la vida, aunque el paciente te esté avisando que ya está listo para dejar este mundo terrenal; lo sacas hasta tres veces de un paro, cuando eso significa que el alma ya quiere dejar este cuerpo. No lo preparan, ni se permite ayudarle emocionalmente a tener un final espiritual; somos fríos y eso fue lo que me movió, no podemos ser tan indiferentes”.

A raíz de distintas experiencias personales y de trabajo, Rocío decidió involucrarse, cambiar su misión como enfermera y formarse como acompañante de vida y muerte con la intención de modificar esas prácticas institucionales. “El cuerpo avisa cuando el alma está lista para separarse de él, y ahí es cuando ayudo a estos pacientes, hablo con su alma, le digo: ‘Si estás listo para dejar este mundo terrenal, adelante’, y hablo con sus familiares para que se despidan y dejen ir a su familiar con amor”.

La experiencia llevó a Rocío a impulsar en 2014 un curso de Bien Morir y Partería de la Muerte en el hospital La Perla; sin embargo, no se realizó por falta de interés y desconocimiento del tema por parte del personal. En 2019 volvió a ese nosocomio como parte de un programa de voluntariado para acompañamiento a mujeres embarazadas. En una guardia, le tocó atender junto con su compañera —también partera— tres casos de óbito fetal, es decir, muertes de un bebé antes o durante el parto. “Ahí fue la primera vez que logramos que las enfermeras permitieran que los papás y las mamás cargaran, conocieran y despidieran a sus bebés. Ahí vieron la diferencia que hace el hecho de que una mamá con una pérdida pueda ver a su bebé, y los doctores entendieron que era necesario ese proceso”.

A partir de ese momento se han instrumentado mecanismos de acompañamiento y apoyo emocional, además de permitir espacios de privacidad entre los pacientes y sus familiares, mientras que en el área obstétrica se dan momentos de privacidad para las madres y el bebé. “Las parteras ayudamos a recibir al bebé y también ayudamos a que el proceso no sea tan difícil cuando lamentablemente fallece o le queda poco tiempo en esta vida”, dice Rocío.

Uno de los principales retos para el personal de salud es integrar en su formación procesos de vida y muerte, pues nadie enseña o prepara para hablar de la muerte, ni a manejar el dolor y el impacto que causa. “Quienes estamos más cerca a estos momentos de vida y de muerte somos las personas del área de enfermería, pero nadie nos dice cómo hablar de la muerte”, dice María Guadalupe Becerra Galarza,enfermera militar retirada, educadora perinatal, doula de inicio y fin de vida y partera. Al inicio de su carrera como enfermera, la muerte de un paciente marcó su vida: sin saberlo, el paciente era padre de un amigo y se enteró al informar el fallecimiento a la familia. Sus compañeros de trabajo y jefes la reprendieron por dolerse de esa pérdida.

Eso la llevó a trabajar desde otras perspectivas. Desde hace diez años, Guadalupe integra los conocimientos de la partería tradicional con sus conocimientos previos, para participar en estos procesos en un sentido más amplio. Desde esa visión, hace rituales para recibir o despedir bebés en el momento en que llegan a este mundo: “El ritual de posparto para cerrar el ciclo es igual, pero tiene intención distinta: en uno damos la bienvenida a un bebé y en otro honramos la vida del bebé que se ha ido, acompañamos y sostenemos a la mamá”.

Voluntad anticipada

Para hablar del acompañamiento de fin de vida y el bien morir también se debe hablar de la voluntad anticipada, cuestión que en México todavía es vista como tabú y que pone sobre la mesa la discusión respecto al derecho a tener una muerte digna. De entrada, la Ley General de Salud prohíbe explícitamente la eutanasia y el suicidio asistido. En donde se han dado pasos es en el respeto a la decisión de quienes quieren ser sometidos o no a medios, tratamientos o procedimientos médicos que busquen prolongar su vida cuando estén en etapa terminal: en 2008, Ciudad de México se convirtió en la primera entidad en aprobar una Ley de Voluntad Anticipada para que las personas decidan el tipo y el grado de atención que quieren recibir hasta “el momento natural de la muerte”. Desde entonces, otros catorce estados han aprobado una ley similar. Entre éstos no figura Jalisco. 

“Entre ver sufrir a tu familiar o acompañarlo en la alegría, ¿qué eliges? Es complejo, porque incluso en medicina se empieza a hablar de cómo acompañar los procesos de vida, muerte, dolor, sufrimiento. Lo que me ha tocado es que desean que les dejen hacer lo que quieren, ver a sus hijos, pasear, comer. Y yo estoy a favor de lo que la persona elija, ésa es mi labor: informar y respetar su autonomía hasta el último momento, es su cuerpo y es su vida”, dice Guadalupe Becerra, acompañante de procesos de vida y muerte desde hace ocho años.

De 2008 a la fecha, más de 10 mil personas han firmado el documento de voluntad anticipada en México, instrumento mediante el cual una persona establece por escrito su voluntad con respecto a los tratamientos que desea o no recibir en caso de encontrarse en una situación en que no pueda expresar por sí misma su decisión.

Para Patricia Ornelas, aunque pocas personas conocen su existencia, este instrumento legal es de suma importancia, ya que no sólo afecta a la persona que está por fallecer o falleció, sino a la familia entera, porque permite liberar tensiones o problemas. “Me parece indispensable que cualquier adulto consciente se prepare para disponer en quién delega la responsabilidad de tomar decisiones médicas, en quién delega la responsabilidad de tomar decisiones económicas, cómo quiere su funeral, qué quiere que hagan con su cuerpo, si quiere que le intuben y hagan la lucha o simplemente que le dejen morir. Es impresionante cómo ayuda a la familia anticipar esto, porque les quita un peso tremendo, unas culpas”.

Guadalupe considera que, en este asunto, lo fundamental es trabajar con la familia para ayudar a sus miembros a entender el proceso final y que las decisiones que toma la persona pueden marcar una diferencia entre el bien morir o sufrir. “Ayuda a tomar decisiones informadas”, dice.

Yowalli, Ramdhan, Guadalupe y Rocío coinciden en que, en todo el acompañamiento, la clave es respetar el deseo del paciente sin juzgar sus decisiones. “Cuando se habla de eutanasia o voluntad anticipada es complejo, porque si ya es una decisión, una elección, lo único que queda es conectar con el amor incondicional y el respeto profundo a esa elección para reconocer que está partiendo. Como acompañantes no nos toca salvar nada, evitar nada, nos corresponde susurrarle al oído: ‘Vete, abraza esa paz’”, dice Ramdhan.

Por su parte, la académica del ITESO indica que más allá de la validez o el respaldo de una ley, contar con este instrumento puede cambiar el proceso final del paciente y permitirle una muerte más digna.“Legalmente, hay que trabajar mucho para que se pueda desatorar, pero independientemente de si se hace frente a un notario o no, el hecho de que la voluntad quede por escrito y refleje los deseos de la persona que está enferma o está falleciendo, es una directriz que le ayuda al cuidador a tomar decisiones con base en lo que el paciente quiere. Hay que considerar que las voluntades anticipadas las puede cambiar el paciente si está consciente”.

Después de la muerte, acompañar el dolor

El acompañamiento de las doulas de fin de vida y profesionales de la salud no termina una vez que la persona fallece, pues inicia el proceso de aceptación de la ausencia.

Patricia Ornelas dice que la manera en que se vive el duelo va a depender mucho de la relación que se tenía con el fallecido y de su forma de morir. Va a costar más trabajo aceptar la muerte si la persona murió abruptamente, por ejemplo en un accidente, por suicidio, por un infarto, mientras que el duelo es más manejable cuando hay un proceso de enfermedad, de deterioro y luego llega la muerte. “Cómo se vive el duelo va a depender de la relación, del tipo de muerte, de la dependencia que se haya tenido con el fallecido, de la duración de la enfermedad”.

Hay muchas variables que pueden afectar el proceso de duelo y su abordaje. Lo mejor es enfrentarlo de manera natural, porque no siempre se necesita terapia y mucho menos medicamentos. De hecho, estos últimos pueden llevar a “congelar” el dolor y la aceptación. “Hay personas que se atoran en algún proceso del duelo y ahí es donde necesitan ayuda, pero un duelo tendría que pasar de manera muy natural. Son procesos que llevan tiempo, paciencia y en los que debemos permitirnos vivir el dolor”.

La académica del Departamento de Psicología, Educación y Salud del ITESO explica que el duelo implica tres momentos principales: el primero es el del gran impacto, el shock que lleva a la negación, a no entender por qué pasó lo que pasó; el segundo es la etapa intermedia, donde hay mucha desorganización emocional y en la que se pueden manifestar ciertos síntomas como nostalgia, tristeza o el anhelo de estar con la persona; finalmente, en la última etapa, el doliente se adapta a vivir sin la persona fallecida. “Vivir ese proceso va a tener una duración diferente para cada persona”, dice.

De acuerdo con especialista en intervención y acompañamiento de duelo, indicadores como cambios de humor o enfermedades dan la señal de alarma para pensar en la necesidad de una intervención profesional. “Cuando no podemos desprendernos de sus pertenencias, seguimos sirviendo el plato de comida; dejamos las cosas sin tocar pensando que algún día va a regresar; sentimos mucho enojo, ansiedad, temor a que la gente se muera; evitamos lugares que acostumbrábamos visitar con la persona fallecida, nos rehusamos a hablar de esa persona… Son comportamientos evitativos que sirven como indicadores de que las cosas no van bien”.

El acompañamiento para aceptar la pérdida incluye terapias de duelo que permitan recuperar el legado de la persona, despedirse y soltar ese dolor. “Hay un ejercicio que practicamos en psicología consistente en pensar o imaginar que la persona está frente a nosotros y empezamos a despedirnos, a hacer ejercicios de cierre, de agradecer, perdonar y decir adiós. También intentamos sugerir actividades familiares que permitan socializar y darse respaldo. El objetivo del duelo es aprender a vivir sin esa persona físicamente, pero saber que espiritualmente sigue presente”.

Un indicador de que el duelo ya está incorporado a la vida es cuando la persona que sufrió la pérdida está dispuesta a volver a comprometerse con algo y a recuperar su proyecto de vida.

Desmitificar la muerte

Después de ordenar un café y una rebanada de pastel, la conversación está a punto de comenzar. Aquí casi nadie se conoce: es un café abierto al público en general y la mayoría de quienes acudieron esta noche lo hicieron en respuesta a una invitación que vieron en internet. Quienes se animaron a asistir ahora están sentados en el espacio designado para el evento.

Kalu Cancino lanza algunas preguntas y abre la conversación que se extenderá por dos horas o un poco más: ¿Qué se siente morir? ¿Por qué tememos a la muerte? ¿Has pensado cómo va a ser tu funeral o despedida? ¿Cómo te gustaría morir? ¿Estamos preparados?

Aunque todos los asistentes están interesados en hablar acerca de la muerte y el morir, hay que aclarar que éste no es un grupo de apoyo, no es un grupo de duelo, no es una terapia ni una clase, mucho menos un ritual. Es un Death Café.

“La esencia de un Death Café es que sea una conversación entre personas, conocidas o no, que gire en torno a temas de la muerte y el morir. Es una reunión en la que vamos a intercambiar o expresar nuestras ideas acerca de la muerte tomando café y comiendo pastel o galletas”, explica Kalu, moderadora del Death Café y una de las primeras personas que introdujeron en México estas reuniones grupales enfocadas en la muerte.

Generar una conversación en torno a este tema no es fácil; pese a ello, Kalu Cancino lo ha hecho desde 2017 con la intención de naturalizar el tema como parte del ciclo de la vida. La pérdida repentina de su padre, luego la de su abuela materna y más tarde la de su mascota, hicieron que pensara de manera consciente en este tema y se involucrara en el budismo y estudiara tanatología.

“Muchos tenemos esta inquietud porque algo vivimos, algo pasamos. Nunca he tenido un Death Café que se repita: los temas son tan diversos como las personas que nos presentamos. Muchos giran en torno a no tenerle miedo a la muerte y prepararse; en otros hemos hablado del uso de sustancias psicotrópicas para ese momento, o imaginamos qué vamos a sentir física y mentalmente al momento de morir”.

El modelo fue desarrollado en el Reino Unido por Jon Underwood, quien, interesado en el tema, invitó a sus amigos a reunirse para comer pastel, tomar té y hablar sobre la muerte. A partir de ese momento, en septiembre de 2011, se han llevado a cabo 16 mil 687 sesiones en 85 países de Europa, América del Norte y Australasia, de acuerdo con el registro de la página oficial de Death Café; de éstos, 154 se han realizado en México: en la capital, Guanajuato, Michoacán, Querétaro, Puebla, Baja California, Sinaloa, Nayarit, Yucatán y Jalisco. Aunque podrían ser muchos más debido a que no todos quedan registrados en la plataforma.

El interés internacional por los Death Cafés llevó a los creadores a establecer un mecanismo de organización por medio de una “franquicia social” que permite que los interesados en organizarlos tengan la posibilidad de hacerlo siempre que respeten las reglas, que son muy claras, con el objetivo de evitar que se desvirtúe su esencia. “No es un grupo de terapia ni consejos: es un grupo de discusión. Sin proselitismo, sin venta de productos o servicios en torno a la muerte. Es gratis, es para mayores de edad y sólo se requiere que acudas, compres tu café, tu pastel y estés dispuesto a hablar del tema sin una agenda definida u objetivos”.

Aunque los temas que se discuten son variados y extensos, en los cerca de seis años que Kalu ha organizado los cafés de la muerte —principalmente en Guadalajara y Puerto Vallarta— siempre hay un tema en común que cierra la conversación: “Irónicamente, siempre terminamos hablando de la vida, de cómo se prepara uno para su muerte aprovechando y disfrutando la vida, y de cómo tener una buena vida para tener una buena muerte”.

Pero el interés de Kalu en torno a la muerte y el bien morir es más amplio: los encuentros son sólo una parte de su proyecto Foro de la Muerte 01, que abarca dos ejes más: duelos comunitarios y testamento de vida. “Para mí es un tema importante y fascinante, porque es hablar de ese último instante, de ese último y pequeño instante, y el deseo de que esté lleno de cosas positivas y expansivas”.

En otras palabras, desmitificar la muerte y el morir, los procesos que rodean ese ciclo que, si bien en México es motivo de celebración, también es tema tabú cuando se quiere discutir acerca de él de manera más seria.

Preguntarse cómo se quiere morir, si se está preparado, cómo se puede dejar todo en orden para evitar problemas familiares y manifestar la voluntad de cómo se quiere ser despedido cuando se llega al final de la vida, no es asunto fácil, pero es necesario, y con el acompañamiento de una doula de fin de vida, puede ser un proceso humanizado y honroso. 

“Así como nacemos, vamos a morir. Tenemos que desmitificar el tema de la muerte dentro de la misma familia, poder hablarlo, poder abordarlo”, dice Patricia Ornelas. “Tenemos que hablar de la muerte, no sólo en noviembre, que honramos a nuestros muertos, sino que tendríamos que verla como una parte de nuestra vida, de un proceso natural”, coincide Guadalupe. “Todos en algún momento vamos a morir; no podemos elegir cómo, pero sí podemos prepararnos para que nuestra familia al menos sepa qué es lo que queremos para ese momento”.

Para saber más

:: Episodio “Mirar la muerte”, un pódcast de Las Raras.
:: Fundación Elisabeth Kübler-Ross México.
:: Derecho a Morir con Dignidad, A. C.

3 comentarios

  1. Muchas felicidades por la claridad en cada momento que se aborda, tantos temas alrededor de la muerte y sobretodo gracias por visibilizar este espacio del ir a tomar “café” y hablar de un tema de importancia y difícil de hablar y abordar con la naturalidad de estás bebiendo un café y masticando las emociones con una galleta o pastel. Recordé que “las penas con pan son buenas y el café siempre “anima” a empezar el día. Ese PRESENTE que tenemos los que aquí esperamos nuestro turno de morir.

  2. Me gustó mucho el artículo, tanto por ser un tema poco usual, como por la forma sencilla en que se aborda.
    Las ilustraciones son hermosas.

  3. Es la primera vez que estoy en contacto con el término doula y desconocía que hubiera Death café. Muy interesante la información. Gracias

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