Cielo abierto y aire para respirar

Cielo abierto y aire para respirar

– Edición 482

Uno de los rituales más agradables para salir de la rutina, disfrutar de la naturaleza y pasar un momento diferente al del trajín cotidiano, es, sin duda, comer al aire libre, con el cielo como techo

Así reza una canción del grupo español El Último de la Fila, y en estos tiempos en que ya hemos estado confinados varios meses y aún no podemos asistir a sitios muy concurridos, salir a pasear y comer al ire libre es una opción sana y gozosa

Uno de los rituales más agradables para salir de la rutina, disfrutar de la naturaleza y pasar un momento diferente al del trajín cotidiano, es, sin duda, comer al aire libre, con el cielo como techo. ¿Qué hay que tomar en cuenta? Si vamos a salir al campo o a la playa, dos cosas son elementales: una sombrilla práctica y ligera con un poste que podamos hundir en la arena o la tierra —si no hay árboles o palmeras que regalen su sombra— y un petate, de bejuco, palma o bambú, o un buen zarape para poner en el suelo y disponer todo lo que vamos a usar. Una canasta práctica para cargar los condumios, o un buen morral; una hielera de dimensiones no muy grandes. Para quienes prefieran hacer uso de modernos accesorios a la venta en las grandes tiendas en línea, hay opciones que contienen todo. Si a usted le gusta tener música de fondo, no olvide una buena bocina bluetooth con suficiente carga y una pila cargada por si se gastan las reservas de los aparatos.

Si lo suyo son parrilladas, seguro ya sabrá que los asadores más rústicos nunca fallan; a veces los muy sofisticados o modernos suelen sofocar el calor del carbón, por lo que la recomendación es acudir al mercado cercano a buscar uno simple de lámina u hojalata y unas pinzas para manipular los alimentos. Lo ideal es ser lo más prácticos, simplificar los detalles, no cargar demasiadas cosas, no olvidar llevar bolsas para la basura y mucha agua. Aquí compartimos algunas ideas:

Tintos de verano

En España le llaman así a la mezcla de gaseosas de limón con vino tinto. Los invito a preparar su propia versión: un vino ligero, joven —es decir, de años recientes, nada de reservas—, con una limonada casera con agua mineral; la diferencia con la sangría es que a ésta le agregamos fruta picada. Los chilenos preparan una mezcla deliciosa y también muy fresca: la llaman borgoña, y es a base de tinto joven con fresas frescas licuadas, que se puede servir con mucho hielo. Procuremos uvas frutales, como la malbec y la merlot. Un termo con hielos es ideal para transportarlos.

El carbón y los olores

Una parrillada pide aire libre. Los expertos seguramente tendrán su carbón favorito; en nuestros rumbos, los más comunes son el de mezquite (que produce poca ceniza) y el de encino. Quienes aseguran que el carbón no es más que carbono y que no aporta matices especiales al sabor del asado, pueden imprimir a sus alimentos un perfume más acentuado, haciendo una especie de paquete de papel aluminio con orificios; dentro hay que poner romero, comino, salvia y las hierbas de olor que más le agraden —eso sí: húmedas—, y después se pone en las brasas, entre el carbón y la parrilla, para que suelte vapores aromáticos.

Vámonos de pícnic

El origen de esta palabra —que de sólo decirla ya se siente una fiesta— es la expresión francesa pique-nique, compuesta por dos términos que se relacionan con picar o picotear (algo de alimento). La primera referencia escrita data de 1692, y en su evolución se simplificó en la palabra picnic, una adaptación inglesa. Podemos hacer un pícnic en el campo o en un parque: pan, queso, fruta, vino de su preferencia, alimentos que resistan no estar refrigerados, como una tortilla española, huevos cocidos, o salmón ahumado, por ejemplo.

Vinos al aire libre

En estos terrenos dependerá mucho del gusto personal, pero si partimos de la idea de que salimos en una época del año cálida, buscaremos vinos frescos, sencillos y refrescantes: los pinot grigio de Italia, los albariños de España, el sauvignon blanc de Argentina, un chardonnay chileno, un francés de la zona de Beaujolais, un chenin blanc de Coahuila, como los de Casa Madero, serán buenas opciones. Si queremos darle un toque festivo, podemos llevar en la hielera o en una funda enfriadora un rico espumoso, que puede ser un cava español, o un espumoso de Querétaro (de Viña Dolores), o uno de chardonnay y french colombard de L. A. Cetto, de Ensenada.

La sopa fría para el verano

Si le gustan las sopas, ¿qué tal atreverse por una fría y comerla en el jardín? La vichyssoise es sabrosa y fácil de preparar. Se dice que la inventó el francés Louis Diat, un cocinero del Ritz-Carlton cuando trabajó en Nueva York en 1917: poro y un poco de ajo, sofritos en mantequilla, a fuego bajo; papas hervidas en caldo de pollo, los unimos, los licuamos y cuando se enfríe la mezcla, añadimos la crema líquida. Sal y pimienta, y listo. Enfríe antes de servirla y corónela con cebollín picado.

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:: Mantas de pícnic con almohadas.

:: Mochila de pícnic H Hukoer para cuatro personas, compartimento refrigerador, manta de forro polar impermeable, soporte para botellas, cubiertos, bolsa portátil, todo en uno para playa.

:: California Pícnic: bolsa para cuatro personas con juego de cubiertos completo, saleros, pimenteros, tabla de quesos, bolsa de refrigeración.

    MAGIS, año LVII, No. 482, julio-agosto 2021, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de julio de 2021.

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