Caminos abiertos, profes que cantan y libros que escuchan

Caminos abiertos, profes que cantan y libros que escuchan

– Edición 481

Lxs profes que escuchan desafían el absurdo escuelero

Lo vital, al fin y al cabo, no somos lxs profes sino lxs estudiantes. Y si lxs profes elegimos guardar silencio es también para dejar que ellxs, tal como sugieren las Notas de un método (Mondadori), de María Zambrano, encuentren su ritmo, descubran cómo cantarse, nazcan otra vez en cada momento, cada enunciado

Creo en lxs profes que saben escuchar. Me gusta su disposición de apertura, que ha de llenarles tantísimo, y la humildad con que renuncian a su autoridad para ser, más que guías, acompañantes a través del misterio.

Escuchar multiplica al oyente y dignifica al hablante. Es saberse otrx, saberse nada y saberse todo. Es un acto de desobediencia que nos arroja en la pluralidad de las conciencias y los lenguajes, la alegría del momento o al otro lado del espectro de nuestro tiempo, donde brama el dolor del mundo.

También hay libros que lo escuchan a uno. No sé de dónde vino esa afirmación, pero me llegó de a oídas y salí a su encuentro.

Pienso en en los Epigramas (Tumbona), de Díaz Dufoo, Jr., esos ensayos reducidos a su potencia, y en las Voces reunidas (Pre-Textos), de Antonio Porchia, que dedicó su vida a un solo libro que escucha. Ambos hacen una literatura de corto aliento y largo suspiro. No aleccionan, dejan ser. Ambos, más que cerrarse en sentencias, se expanden en ecos de incertidumbre. Hacen que desoigamos nuestras preocupaciones mundanas y atendamos nuestra verdad acallada. Ya lo dijo Kafka en sus Aforismos de Zürau (Sexto Piso), el camino es inagotable y “cada quien lo mide con su propia vara infantil”.

Yo, alguna vez alumno al que por hacerse de oídos sordos le pusieron orejas de burro, simpatizo con estxs profes porque se comportan como si guardaran un secreto. No se prestan a compartirlo porque se despedaza al decirse; sin embargo, dicen lo suficiente y ocultan lo necesario para levantar suspicacias y engendrar curiosidades. Su vocación es la del enigma, nunca de la moraleja. Su silencio desorienta e incita a encontrar un conocimiento propio, uno que vaya más allá de nuestra cultura e incluso de nuestra persona, como sugiere Luisa Valenzuela en Escritura y secreto (FCE): “El camino del no saber es un camino hecho de lenguaje”.

Y sí, es cierto, esta especie es dada a ejercer una pedagogía del desaprendizaje. Detrás de sus desenseñanzas hay una pulsión de independencia o, por lo menos, la intuición de que el conocimiento debe estar siempre al servicio de la libertad. En consecuencia, es normal que antepongan la humanidad de sus estudiantes a las chingaderas de la institución y probablemente terminen despedidxs y suplantadxs por alguien dócil, falto de pasión y virtuoso para llenar documentos burocráticos de la educación.

En cambio, lxs profes que escuchan desafían el absurdo escuelero. Su visión didáctica la encontramos a menudo en la literatura, que bien pudiera leerse como una historia de la desobediencia, aunque pocas veces condensada con tanta sabiduría como en El libro de Monelle (en La lámpara de Psique, FCE). En sus páginas, Marcel Schwob nos convida a desconocernos, a destruir para crear, olvidar para ser y rebelarnos “contra toda actividad que exceda el momento”.

Yo, como profe, tengo ambas pulsiones, la del silencio y la del habla; pero encuentro más gratificante la primera, pues la segunda ensimisma, se presta a vanidades y egolatrías o, en el peor de los casos, termina por formar autoridades del pensamiento, el habla y la acción.

Lo vital, al fin y al cabo, no somos lxs profes sino lxs estudiantes. Y si lxs profes elegimos guardar silencio es también para dejar que ellxs, tal como sugieren las Notas de un método (Mondadori), de María Zambrano, encuentren su ritmo, descubran cómo cantarse, nazcan otra vez en cada momento, cada enunciado y, cuando llegue el tristísimo momento de despedirles, se vayan silbando por “un camino propio, camino sin más, que se hace a sí mismo”.

    MAGIS, año LVII, No. 483, septiembre-octubre 2021, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de septiembre de 2021.

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