La utopía brutalista

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La utopía brutalista

Es imposible no ver la torre Genex en la carretera que lleva del aeropuerto al centro de Belgrado. Sus dos altos cuerpos, conectados por un puente aéreo y coronados por un restaurante giratorio que asemeja una cápsula espacial, constituyen una vista tan inusual que la torre, construida en 1977, se ha convertido en un imán para los turistas, a pesar de llevar años abandonada.

Se trata de uno de los ejemplos más significativos del brutalismo, un estilo arquitectónico popular en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, que se basa en formas toscas hechas de hormigón. El brutalismo fue practicado en todo el bloque oriental, pero la ex Yugoslavia lo hizo propio, aprovechándolo como un modo de forjar una identidad visual ubicada entre Oriente y Occidente.

Hoy en día, el interés por este estilo va en asceso, en particular a partir de la exposición Utopía de concreto: arquitectura en Yugoslavia 1948-1980, que tuvo lugar, en 2018, en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA).

“Cada semana tenemos docenas de personas interesadas en recorrer los lugares emblemáticos de la ciudad construidos entre 1950 y 1980”, dice Vojin Muncin, gerente de la agencia turística Yugotour, que organiza los paseos por la capital serbia en automóviles Yugo, alguna vez omnipresentes en Yugoslavia. “La torre Genex es una de las vistas más interesantes. La gente la descubre en su camino desde el aeropuerto y de inmediato llama su atención”. Hoy, uno de los dos bloques está deshabitado, mientras que el otro es residencial. El restaurante giratorio abrió por última vez en la década de 1990.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la Yugoslavia socialista dirigida por Josip Broz Tito se dispuso a reconstruir una tierra destruida por los combates. Aliado al principio con la Unión Soviética, Tito rompió con Stalin en 1948.

Conjuntos habitacionales, hoteles, centros cívicos y monumentos, todos construidos con hormigón, proliferaron por todo el país. Se suponía que esa arquitectura mostraría el poder de un Estado ubicado entre dos mundos: el de las democracias occidentales y el del Este comunista. Un Estado que buscaba forjar su propio camino y crear una utopía socialista.

Pero, tras la muerte de Tito, en 1980, la crisis económica se apoderó del país y las nuevas elites trataron de distanciarse del régimen, así como de su arquitectura. Y en 1991 dio comienzo la serie de guerras que conducirían al colapso de la nación.

“Ya ha pasado suficiente tiempo desde que Yugoslavia se vino abajo y la gente ha comenzado a apreciar su arquitectura”, afirma Alan Braun, profesor de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Zagreb. Señala que es un estilo único debido a su influencia visible de Occidente, que refleja la posición única que guardaba Yugoslavia.

Deseosas de capitalizar el interés de los turistas, las autoridades de Belgrado consideran abrir al público secciones de otra obra maestra del brutalismo yugoslavo: el edificio gubernamental Palata Srbija, que acogió a líderes mundiales, como los presidentes estadounidenses Richard Nixon y Gerald Ford y los líderes rusos Nikita Khrushchev y Leonid Brezhnev. Cada una de las exrepúblicas yugoslavas tenía su propio salón en torno a una sala central llamada Salón de Yugoslavia. Los muebles y alfombras se hicieron a la medida y algunos de los artistas más destacados produjeron pinturas y mosaicos. El exterior del edificio es de hormigón, pero el interior es de mármol. Su pieza central es un candelabro de cristal que pesa más de nueve toneladas, debajo de una cúpula de 19 metros. “Es una pena mantener una obra maestra tan lejos de los ojos del público”, lamenta Sandra Vesic Tesla, curadora del edificio.

Otros ejemplos del brutalismo yugoslavo son los enormes monumentos que conmemoran la lucha de los partidarios de Tito contra el fascismo, a menudo ubicados en escenarios rurales dramáticos. Muchas de esas obras de arte siguen en mal estado, como el monumento al levantamiento contra el fascismo en Petrova Gora, en Croacia. Sin embargo, el año pasado se renovó el monumento a Tjentiste, que conmemora el asesinato de 7 mil personas a manos de los nazis. .

Texto: Ivana Sekularac

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