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Ruido sobre todo

El crítico Paul Hegarty, en su libro Noise/Music: A History, argumenta que el ruido puede ser aceptado como música, y que la idea de ello ha estado ligada con la vanguardia desde los primeros días del siglo XX. Aquí tenemos cinco muestras.

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Cartel de una presentación de la banda Sunn O.
Cartel de una presentación de la banda Sunn O.

Desde hace un buen tiempo, la distancia entre el ruido y la música es nula para muchos compositores. El crítico Paul Hegarty, en su libro Noise/Music: A History, argumenta que el ruido puede ser aceptado como música, y que la idea de ello, asimismo, ha estado ligada con la vanguardia desde los primeros días del siglo XX. Para ejemplificarlo, Hegarty emprende un recorrido por diversos compositores que han incorporado ruido a sus composiciones o, siendo aún más radicales, han producido disonancias o sonidos distorsionados y estridentes con el propósito de atribuirles los usos que también se le dan a la música. Nombres como Luigi Russolo, Edgar Varese, Erik Satie y John Cage figuran en un recorrido histórico que llega hasta nuestros días. Lo que Hegarty quiere probar es que el ruido será finalmente la música que prevalecerá en las ciudades industrializadas y tecnificadas del futuro.

Fue el propio Russolo quien abordó por vez primera el tema en 1913, en su libro L’Arte dei rumori (El arte del ruido), una reflexión acerca de la aceptación del oído humano del ruido en el entorno sonoro urbano. Varias son las corrientes musicales que han reinterpretado los conceptos de estos pioneros, dando nacimiento a géneros como la música industrial, el noise, el drone, entre otros, junto a experimentos cuyo carácter radical a veces no encuentra clasificación, o bien se asocia con estilos como el jazz progresivo, la electrónica o la música alternativa.

 

Einstürzende Neubauten: Strategies Against Architecture III (1991)

El álbum doble del proyecto alemán encabezado por el músico Blixa Bargeld es el que mejor permite dar cuenta de su obsesiva búsqueda sonora. Aquí, cada pieza resulta de la experimentación que el grupo hace con sonidos industriales en conjunción con instrumentos musicales y la voz humana. En “12305 (Te) Nacht”, por ejemplo, una voz narra un texto sobre una serie de ruidos orgánicos y electrónicos. Y “Redukt”, por su parte, parece estar grabada mientras alguien trabaja en un taller de herrería.

 

Wolf Eyes: No Answer: Lower Floors (2013)

Desde su aparición, a mitad de los años noventa, el trío estadounidense Wolf Eyes se ha dedicado a fincar una obra alimentada por ruido desde distintas perspectivas. Este álbum, con apenas seis tracks, es la prueba de su desbordada obstinación por ello. En “Born Liar”, la percusión parece estar tocada en un barril de petróleo. Pero mucho del ruido que Wolf Eyes produce se origina en las guitarras eléctricas, retomando esa vertiente en la que figuran otros proyectos memorables de noise, como My Bloody Valentine o Swans.

 

Sunn O))): Monoliths & Dimensions (2009)

Se sitúan en el campo del drone, es decir, en ese género basado en sonidos prolongados o repetidos a través de largas secuencias. Consta de sólo cuatro tracks. “Agharta”, el que lo abre, de 17:34 minutos de duración, suena a una destartalada turbina de avión girando a distintas intensidades, que luego da cabida a una serie de voces como salidas de ultratumba. Un granito de arena de su perturbador y maquiavélico gusto por el ruido.

 

Squarepusher: Damogen Furies (2015)

El desarrollo de las tecnologías electrónicas para la creación musical nos ha acercado a territorios diversos. En el caso del productor inglés Tom Jenkinson, éstas se han puesto al servicio de una música que no obedece a estructuras y que indaga en la disonancia y el ensamble de pulsos sonoros que aparentemente no tienen una relación armónica, pero que en su caos generan una musicalidad desafiante e innovadora. Los ocho tracks de este genial álbum son arquetipo de una electrónica zumbante, frenética y distorsionada.

 

Merzbow: Pulse Demon (1996)

Frontera límite. Masami Akita, mejor conocido como Merzbow, es uno de los militantes más acérrimos del llamado noise japonés, una de las corrientes de experimentación sonora más extremas. Pulse Demon es una prueba más de una obra que también cuenta con guiños al drone y la improvisación libre. “Spiral Blast” parece una radio en la que se busca sintonizar alguna frecuencia sin conseguirlo, entre barridos de estática. “Tokyo Times Ten” es un collage de ruidos que van y vienen por sus 11 minutos de duración.

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