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El Macuche: desarrollo comunitario respetuoso con la naturaleza

Alumnos del ITESO se han puesto al servicio del Ejido El Macuche, una comunidad rica en recursos forestales, para desarrollar un proyecto de ecoturismo

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El Macuche, una comunidad del municipio de Atengo situada en la zona serrana de Jalisco (en el eje neovolcánico, cerca de la Sierra de Quila), tiene en sus manos la posibilidad de mejorar sus condiciones económicas con el aprovechamiento sustentable de sus recursos naturales. Algunos alumnos del ITESO han apoyado a esta comunidad mediante un Proyecto de Aplicación Profesional (PAP).

El capital natural de que dispone este ejido consiste en un bosque de pino y encino. Sus habitantes formaron una empresa forestal comunitaria orientados por un turista atípico: un profesor del ITESO, abogado, de nombre Ricardo Ruiz, quien visitó el poblado hace cinco años. Desde entonces estableció, de forma involuntaria, las bases del pap que se crearía cuatro años después y que concluyó el 5 de diciembre de 2009 con la entrega, por parte de los alumnos, de un proyecto ejecutivo de ecoturismo.

“La comunidad tiene un alto índice de expulsión; prácticamente todos sus jóvenes y muchísima gente se van a Estados Unidos o a otros lados, como en todas las comunidades rurales del país, y la paradoja es que son muy pobres aun con seis mil hectáreas de bosque de pino y encino”, explica Antonio Penagos Arenas, profesor de Tecnologías Alternativas y Ecodiseño del iteso y coordinador del PAP.

“Cuando Ricardo llegó, les dijo que tenían un capital natural muy importante, y que haciendo las cosas bien y trabajando con organismos como la Comisión Nacional Forestal (Conafor), éstos podrían ayudarles y enseñarles cómo se puede explotar sustentablemente un bosque, y cómo esto puede convertirse en una forma de vivir y crear empleos”.

En la comunidad, cuenta Penagos, mucha gente escuchó, se dio la vuelta y se fue porque no creyó en esas propuestas novedosas. Pero con los pocos que se quedaron se empezó a trabajar para constituir una empresa forestal comunitaria integrada principalmente por jóvenes de entre 16 y 25 años, aunque también por algunas personas mayores.

El resultado de esa primera intervención en la comunidad ha sido que, entre 2006 y 2008, Conafor, por medio de distintos programas, ha invertido un total de 662 mil 964 pesos en el ejido.

Trabajo en equipo

Sin conocer ese contexto, tres alumnos se acercaron al profesor Antonio Penagos buscando alguna idea para el desarrollo de su PAP. Él les propuso que canalizaran sus inquietudes en esta comunidad. Al iniciar los trabajos, se integraron al equipo alumnos de Ingeniería Civil, Diseño, Educación, y Mercadotecnia.

“Nuestro objetivo fue crear un proyecto de factibilidad, es decir, determinar si el proyecto de ecoturismo que se les planteaba iba a funcionar o no”, cuenta Antonio Penagos. “Darles los elementos técnicos y de estudios de mercado que demostraran si es factible el costo, con planos y todo, para que con esos elementos ellos fueran a la Conafor y consiguieran dinero”.

“Lo hicimos en un año; el primer semestre fue hacer el anteproyecto o el proyecto arquitectónico, pero también el anteproyecto de mercado, del perfil de los servicios que se iban a ofrecer, el tipo de servicios, la investigación sobre el tipo de cliente posible, así como ver la competencia que supondrían Mazamitla y Tapalpa”, relata Penagos.

Se pensó entonces en darle otra dimensión a este tipo de viajes mediante programas articulados, de manera que los visitantes no sólo hicieran actividades de integración, sino que también interactuaran con la naturaleza y aprendieran de ella.

Mariana Pieck, alumna de Arquitectura, señala que, luego de haber concretado su pap, hubo un enriquecimiento mutuo: “Buscábamos algo social, y uno cree que va a ir a ayudar, pero más bien acabas creciendo muchísimo tú también. Convivimos con los viejitos allá, con los chavos, y es otra perspectiva que te da otra mentalidad”.Arturo Padilla Ibarra, de Ciencias de la Educación, menciona que involucrarse en este pap fue una forma de demostrar que su carrera también es aplicable fuera de las aulas, en la creación de programas de educación ambiental, o el diseño de un buen espacio de estudio, como los salones de clase del proyecto ejecutivo del centro de ecoturismo.

“El PAP fue una experiencia de interdisciplinariedad para aplicaciones concretas que a veces en la carrera podrías no encontrarte, y además es una experiencia para situar el aprendizaje fuera del aula, que creo que es lo que hace falta en México”, comenta Padilla.

 Macuche tiene la palabra

Antonio Penagos, el coordinador del pap, señala que ahora todo está en manos de la gente de El Macuche: “Cuando una comunidad está bien organizada, normalmente los proyectos salen adelante, aunque tengan trabas o problemas. Pero si una comunidad no está organizada, los proyectos se vienen abajo en la primera oportunidad. Ése es el punto en el que nos encontramos”. m

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