La cruda del Mundial en Guadalajara

La cruda del Mundial en Guadalajara

– Edición 516

Fotos: Israel Rodríguez Navarro.

En el fervor mundialista, la administración pública supeditó los derechos humanos, las necesidades básicas e incluso el disfrute de los habitantes a la imagen de una ciudad reempaquetada para el visitante. De inmediato, la ciudadanía respondió. Las comunidades activistas que lidian con los más graves problemas del país transformaron el acontecimiento en una plataforma. Y la gente creó su propia fiesta con el deporte más popular, que supera los confines impuestos por la FIFA

En cada ciudad del mundo hay un lugar que atrae la pasión deportiva de sus habitantes en sus momentos más intensos: cuando sus equipos locales o nacionales favoritos ganan, los aficionados siguen un ritual de peregrinación instintivo hasta el sitio donde se reúnen para desbordarse en la celebración colectiva: la plaza de Cibeles, en Madrid; en París, el parque de los Príncipes; el obelisco de Buenos Aires, o el ángel de la Independencia en Ciudad de México. En Guadalajara, ese lugar es la glorieta de la Minerva.

Durante la Copa Mundial de Futbol 2026, esta rotonda de 74 metros de diámetro, con una fuente en cuyo centro se alza una estatua de la diosa romana que vigila a los automóviles que circulan alrededor, se convirtió en un símbolo de la ciudad y fue escenario de algunos de los momentos más significativos de Guadalajara como sede mundialista.

1. La noche tomó las calles

La noche del 17 de junio, las multitudes parecían no dejar de llegar apresuradas para conseguir un sitio en un concierto gratuito. Maná, banda internacional originaria de Guadalajara, inauguró las calles alrededor de La Minerva como sede de los conciertos organizados por el gobierno de Jalisco. Se cerraron las calles de la zona para instalar escenarios y pantallas gigantes que permitieron disfrutar de la música en vivo en las calles aledañas. A través de una apertura improvisada entre las vallas que debían limitar la afluencia, un policía permanecía atrapado mientras reía resignado: “Wey, ya no pasen”.

Un joven, con el deseo de ver el escenario principal de cerca, llegó al sitio desde mediodía para asegurar su lugar. Se vio rodeado de un universo de personas en hacinamiento festivo: familias (desde abuelos hasta bebés), parejas, mascotas, extranjeros con el jersey de Corea. Algunos ciclistas asistieron con todo y los fierros de su vehículo encajados en medio de la multitud; uno fue captado en videos de redes sociales, mientras la multitud lo hacía surfear sobre sus cabezas, montado en su bicicleta. Sentados en el suelo, grupos de amigos formaban oasis de conversación y bebida. Un grupo de mujeres llevaba una hielera improvisada: un morral de tela en el suelo, con una bolsa de hielo, bebidas energéticas, cervezas y papas fritas, todo recién adquirido en un Oxxo en las inmediaciones, donde había que formarse en una fila de al menos 50 metros.

Con el paso de las horas, el joven comenzó a ver cómo cada vez más personas palidecían y se desplomaban. Sus acompañantes debían cargarlas (o arrastrarlas) hasta la salida. Él mismo, cuando la sensación de asfixia y ansiedad lo urgió a retirarse, tardó una hora y media en emerger de la masa.

Ese día, entre 120 mil y 170 mil personas abarrotaron la Minerva. Esa cantidad permite dimensionar otra cifra: una multitud de proporciones similares es el total nacional de personas desaparecidas en México, que hoy supera las 130 mil. (A escala nacional, sólo 43 mil 128 casos, apenas 33 por ciento del total, cuentan con carpetas de investigación con registros suficientemente integrados.) La escala volvió a materializarse un día después en la calle, cuando 50 mil aficionados llenaron nuevamente la glorieta para celebrar la victoria de México sobre Corea del Sur.

Tras el triunfo de Colombia en el partido contra Congo el 24 de junio, en el estadio Guadalajara, más de 13 mil personas volvieron a concentrarse en la Minerva. Una multitud apenas menor que la de las 16 mil 171 personas que, hasta mayo de 2026, permanecían registradas como desaparecidas en Jalisco.

El concierto terminó alrededor de las 11 de la noche, pero la multitud tardó horas en vaciar la glorieta. Ríos de personas siguieron fluyendo entrada la madrugada, con la inusual certeza de que la ciudad seguía despierta y que, incluso sin automóvil, habría forma de volver a casa. Sólo durante los días del Mundial, Guadalajara ofrecía transporte público nocturno extendido, un servicio del que normalmente carecen quienes necesitan desplazarse después de medianoche.

Una parte de la multitud, quizá la más joven y vital, avanzó hacia la colonia Americana. La zona, cuya vida nocturna suele concentrarse en bares y establecimientos en los alrededores de la avenida Chapultepec, era tomada por un ejército todavía electrizado por el concierto. Las personas marchaban sin rumbo fijo por calles donde el tránsito seguía abierto, clausurándolo ellas mismas. Algunos lanzaban cerveza al aire. Otros soplaban cornetas verdes, blancas y rojas. Varios automóviles, imposibilitados para avanzar, terminaron rodeados por grupos de jóvenes que los sacudían violentamente de un lado a otro, mientras sus pasajeros reían, algunos genuinamente divertidos, otros mostrando una tensión difícil de interpretar. Ni autobuses ni patrullas escapaban a la misma suerte. Animada por estas conquistas, la multitud se coordinó durante largo rato coreando “El pueblo unido jamás será vencido”, con los mismos ritmo y sonoridad de las protestas sociales.

Después de una sacudida especialmente intensa a un vehículo, una chica y un chico escalaron a la caja vacía de un camión de basura abandonado sobre la avenida. Ahí comenzaron a perrear para la multitud, aferrados al vehículo embarrado de suciedad permanente.

2. Disfrutar la calle: en busca de una ciudad lúdica

Las escenas de la Minerva trasladaron a Gabriel Michel Estrada a una Guadalajara futbolera de otra época. Cuando México fue anfitrión en 1970, conservó pocas, pero entrañables, memorias del Mundial de su infancia. De México 1986 guarda recuerdos de su juventud.

Gabriel es un arquitecto y urbanista de Guadalajara especializado en movilidad y desarrollo urbano. Académico del ITESO y cofundador de la Escuela Superior de Arquitectura (Esarq), se ha dedicado al diseño del espacio público y a proyectos de movilidad sustentable en la ciudad, entre ellos la Vía RecreActiva.

“El Mundial es, en efecto, una fiesta mundial”, afirma al preguntarle por la comparación con las otras veces que Guadalajara fue sede. “Es una celebración popular en la que la gente sale a la calle y toma la ciudad con un espíritu festivo y fraterno. En esta fiesta no importan las nacionalidades ni las diferencias de equipo, ya que todos podemos disfrutar por igual. En el setenta yo tenía ocho años. Es un recuerdo muy lejano, pero agradable, porque era una fiesta en la que todo el mundo bailaba, gritaba y cantaba en las calles donde se alojaban los equipos de las selecciones. En 1986 estaba terminando la universidad y también salíamos a la calle; los jóvenes nos metíamos en las fuentes, por ejemplo en la Minerva. Llenábamos cubos de agua y mojábamos a todo el que pasaba. Podía resultar molesto, pero la gente ya sabía que, si pasaba por esas calles, se sumergía de lleno en la euforia colectiva. El tránsito se colapsaba toda una tarde, pero no importaba. En definitiva, se disfrutaba de la calle, de vivir la ciudad, que es una forma de disfrutarla, de conocernos como ciudadanos, de aprender y de crecer”.

Acerca del uso que esta vez se da al espacio público, Gabriel señala: “En este Mundial se han visto cosas distintas, ya que la FIFA ha secuestrado, en los eventos del Fan Fest, por ejemplo, lo que habría sido una toma popular de la ciudad […] No es democrático poner vallas o levantar muros para que solamente una población pueda entrar a la parte popular de la fiesta. Con las vallas no lo vas a resolver ni lo vas a prevenir. Al contrario, vas a encender puntos rojos”. Y respecto a las remodelaciones urbanas que han tenido lugar, observa: “Qué bueno que se haga obra pública, pero lo que yo cuestionaría es que siempre se siguen remodelando los espacios públicos que ya de por sí están bien… El parque Rojo es un espacio muy emblemático y continuamente le hacen una intervención, otra y otra, cuando hay otros cientos de espacios públicos que están deteriorados o marginados. Los recursos no llegan a las zonas donde más se requiere”.

¿Y qué ha quedado pendiente, en cuanto a movilidad e infraestructura a largo plazo? En cuanto a movilidad e infraestructura a largo plazo, ¿qué asignaturas han quedado pendientes? “Lo más claro es la vacilada que nos hicieron con el tema del transporte público al aeropuerto… Se nos había dicho que un tren y nos pusieron un autobús, un BRT. Ahí perdimos una oportunidad, porque con voluntad política se habría podido llegar en tren al aeropuerto construyendo cinco kilómetros de vía”.

3. Cómo limpiar un parque para visitantes de paso

El parque de la Revolución, mejor conocido como parque Rojo, es un lugar céntrico de la contracultura tapatía. En las vísperas del Mundial se transformó de repente en un parque más, adaptado para pasear perros y recibir a turistas de paso.

Una tarde de junio, pocos días antes del primer partido en Guadalajara, dos turistas coreanos lo recorrieron con una guía local. Su mirada parecía descifrar qué podría tener de especial para que su guía considerara imprescindible llevarlos a caminar por allí. Quizá les bastase con la explicación histórica acerca del diseño del parque, que forma parte del Inventario del Patrimonio Cultural del Estado por su valor artístico como proyecto del arquitecto Luis Barragán en los años treinta. Sin embargo, si los coreanos hubieran dado su paseo un año antes, habrían encontrado un encanto más evidente.

El Rojo era un centro neurálgico de venta de ropa de segunda mano, productos de belleza artesanales y productos de fandoms de animé, K-Pop y videojuegos. Se vendían botanas en bolsas de plástico y platillos, como tamales y tacos, tradicionales y prácticos para consumir en el camino al trabajo. En triciclos y puestos temporales se servían bebidas de una delicia difícil de explicar, como el tejuino, un fermento de maíz acompañado por una bola de nieve de limón; o las micheladas, cócteles de cerveza con limón, salsas picantes, chile en polvo y jugo de tomate con almeja, a los que también se añaden dulces como gomitas y palitos de tamarindo y chile: un maximalismo para el paladar y la vista.  Estos negocios se instalaban cada sábado en un tianguis que, con los años, se fue abarrotando cada vez más. Aunque el parque siempre tuvo una oferta característica de comercio informal (las autoridades resaltaban en particular la distribución minorista de drogas), el tianguis resurgió durante la pandemia, cuando se abrieron muchos negocios liderados por mujeres que comerciaban en las redes sociales.

Movimientos sociales y reuniones de grupos feministas y de la comunidad LGBTQ+ también elegían este lugar como punto de encuentro. Sus causas fueron plasmadas en grandes muros, visibles desde las avenidas, donde pintaron escenas en memoria de víctimas de feminicidio, madres y familias buscadoras, animales endémicos de la región y la bandera palestina. Esos muros terminarían cubiertos por una obra de mosaicos blancos y verdes, realizada por una artista mexicana y un taller de cerámica local, que costó más de dos millones de pesos. El arquitecto David Lozano, experto en arquitectura moderna, criticó en un medio local el nuevo mural por carecer de una “relación clara con el lenguaje original del conjunto”, ya que, por un lado, rompía “con la intención” inicial de Barragán, “de mantener exteriores neutros y discretos” y, por otro, “incluso este material buscaría que no se realicen pintas o murales de protesta”. Es muy fácil retirar grafiti de mosaico. Más que apegarse al origen histórico de este diseño urbano, y mucho menos a la historia social y política contemporánea de sus comunidades, la renovación fue fiel a la marca de ciudad desarrollada por el gobierno local en anticipación a la llegada de los funcionarios de la federación de futbol.

Mural de Miroslava Bocanegra. Foto: Mochileros Tapatíos / Facebook.

Estas obras comenzaron el 31 de marzo de 2025, cuando el parque amaneció rodeado de vallas de alambre. La renovación se anunció con una inversión inicial cercana a los 23 millones de pesos. Esta obra, como muchas otras en la ciudad, se terminó en el último momento. El plazo de ejecución era de cinco meses, pero el tiempo se duplicó y el parque permaneció clausurado durante casi 11 meses. En marzo de 2026, el proyecto seguía sin finalizarse y el presupuesto había aumentado a 28.3 millones de pesos, mientras los negocios de la zona reportaban caídas de entre 40 y 60 por ciento en sus ventas debido al prolongado cierre.

Los vendedores informales fueron reubicados en distintos puntos de la ciudad. Las autoridades municipales han señalado que ya están trabajando en otros espacios. Las autoridades reportaron que se había reubicado a 350 comerciantes, mientras que la coordinación del tianguis contó a mil 200 afectados.

Antes de las obras hubo redadas contra estos comerciantes, quienes denunciaron que las medidas eran una forma de “arquitectura hostil” y “limpieza social” para favorecer el turismo, y que eliminaban un espacio de resguardo para la comunidad LGBTQ+, los colectivos artísticos y las personas sin hogar que dependían de las redes de apoyo del parque. La propuesta de seguridad que se colocó en su lugar fue una presencia policial constante: agentes a pie y en bicicleta entre las nuevas jardineras, con patrullas en cada esquina.

La intervención se enmarcó en un proyecto oficial de rediseño urbano para poner a Guadalajara a la altura de los objetivos mundialistas; ahora, al igual que en los parques de Vancouver, en el parque de la Revolución ya no se pueden comprar micheladas.

4. ¿En quién se derrama la economía del Mundial?

“Mis sentimientos respecto a este Mundial en mi ciudad son contradictorios”, dice Esperanza Romero Díaz, periodista mexicana con más de 30 años de trayectoria. Como locutora de radio local, colaboradora en medios nacionales como Proceso y fundadora del medio digital Partidero, es una de las voces expertas en el análisis de la vida política y social de Guadalajara y Jalisco. Aunque se describe como una amante del deporte y del futbol, le cuesta mirar el evento sin pensar en sus costos sociales y económicos: “La máxima fiesta del futbol también trae aparejados problemas de abuso a sectores vulnerables y eso enciende las alertas”.

Organizaciones no gubernamentales mexicanas denunciaron que la FIFA ganaría millones sin pagar impuestos en México. Mientras México asumió los costes económicos y medioambientales del torneo, la FIFA y los patrocinadores se embolsaron la mayor parte de los beneficios, proyectados para ascender a 8 mil 911 millones de dólares. La organización gozó de exenciones fiscales totales. Para el Estado mexicano, la celebración del torneo supuso un gasto de 258 millones de dólares.

Romero reconoce que el torneo sí ha generado movimiento económico visible. Tras un arranque marcado por la incertidumbre hotelera, las plazas públicas llenas, el Fan Fest y el consumo en las calles han mostrado que existe derrama económica real. Pero insiste en observar quiénes concentran verdaderamente esos beneficios.

“Todos los negocios aledaños se ven reactivados, hay un beneficio para la ciudad, pero para el tapatío, el habitante de la Zona Metropolitana, siguen siendo prohibitivos los precios; cómo se han elevado los de los refrescos, las hamburguesas, los alimentos, no se diga en el Fan Fest y sus precios de los lonches”.

Otro ejemplo son los precios de las tortas ahogadas dentro del estadio. En el mercado de San Juan de Dios, el más grande de América Latina y con nombramiento de Patrimonio Artístico de la Nación, una torta puede costar alrededor de 100 pesos. Durante el Mundial, en el estadio Akron llegaron a venderse en 490 pesos.

“Me parece un insulto el precio de los boletos”, añade. “Definitivamente este es un Mundial elitista. ¿Cómo es que en verdad vivimos esta inercia de la FIFA con sus condiciones y sus exigencias?”, se pregunta Romero, quien señala la sumisión de la función pública a los intereses privados: “Hay que mencionarlo, con un gobierno que también es heredero de la manera en que Peña Nieto instruyó la condonación de impuestos. ¿Cómo seguimos tolerando que sean siempre los mismos los que se benefician, los que se enriquecen y los que se llenan los bolsillos?”

Esa sobrevaloración del evento cavó una brecha entre la realidad y las expectativas. Originalmente, las autoridades estatales estimaron la llegada de 3 millones de visitantes a Jalisco. Sin embargo, a escala nacional, el número esperado de “turistas mundialeros” extranjeros se fue ajustando a la baja, situándose entre 750 mil y 800 mil personas a la mitad del torneo.

Aunque las cámaras de comercio proyectaban una ocupación hotelera de entre 80 y 100 por ciento, la realidad muestra que en Guadalajara rondó el 75 por ciento. De hecho, la ciudad registró su peor primer cuatrimestre desde 2022 en términos de indicadores hoteleros.

El sector instrumentó aumentos significativos, en línea con la “voracidad” descrita por Romero. Señala que, alrededor del Mundial, las tarifas se elevaron hasta en 3 mil por ciento. Esta especulación tarifaria consigue ahuyentar al viajero de largo alcance, quien opta por otros destinos o limita su estancia, según diagnosticó el Instituto Mexicano de Ejecutivos de Finanzas (IMEF). Al ser un Mundial compartido entre tres países por primera vez, ciudades en Canadá y Estados Unidos también reportaron bajas ocupaciones hoteleras, lo que sugiere que el interés de los turistas se pulverizó entre las 16 sedes.

En consecuencia, el IMEF redujo su expectativa de derrama económica de 0.50 a 0.15 por ciento del PIB nacional, atribuyéndolo a una “planeación turística que confunde el tamaño del evento con la certeza del beneficio”.

La planeación desigual afecta a los pequeños comerciantes. Uno de los ejemplos que menciona Romero es el costo que deben asumir negocios locales que buscan sumarse a la celebración mundialista transmitiendo partidos para su clientela: “Lo que me parece ofensivo es que los negocios pequeños tengan que pagar hasta 25 mil pesos” para poder hacerlo. “Las fonditas que supuestamente han estado violando la ley y arriesgándose a ser multadas porque no tuvieron para dar los miles que se exigían por parte de la FIFA, sin certeza de recuperarlo en ventas”.

Señala que el desplazamiento y la criminalización del comercio informal constituyen una violación a los derechos humanos, y que operativos recientes contra vendedores ambulantes responden a la intención de modificar de forma superficial la imagen urbana. Y reconoce: “Me sorprende la cantidad de tapatíos que están felices con el Mundial, porque precisamente ya tenemos una ciudad, entre comillas, libre de vendedores. Sigo insistiendo en que se violan los derechos humanos de los trabajadores, incluso de aquellos que no tienen permisos pero que deben llevar el sustento a sus familias. Hay discriminación de muchas personas que son parte de la ciudad y que, en todo caso, son el recuerdo de que la autoridad está siendo omisa, que no les ha dado atención para resolver sus problemas y proporcionarles una salida”.

Su crítica se extiende a las obras urbanas que considera desproporcionadas frente a otras necesidades urgentes. Menciona, por ejemplo, que cerca de 100 millones de pesos fueron destinados a intervenir la Minerva, mientras persisten problemas cotidianos desatendidos.

Entre esos pendientes, apunta al deterioro de servicios básicos. “Se han elevado de forma impactante las quejas ciudadanas por agua sucia”, dice, señalando un contraste incómodo entre la inversión destinada a recibir visitantes y las demandas de quienes habitan la ciudad permanentemente.

Romero se refiere a la crisis de calidad del agua potable que se ha agravado de manera drástica este año. La Zona Metropolitana de Guadalajara registró mil 502 reportes por líquido turbio, con sedimentos y mal olor, tan sólo entre enero y marzo pasados, frente a los mil 13 casos del mismo periodo en 2025. El origen principal del problema se detectó en 34 descargas ilegales de aguas residuales en el Arroyo Seco, que contaminan el sistema que abastece a la metrópoli desde el lago de Chapala. Ante la urgencia de mantener la operatividad durante el Mundial, el gobierno estatal ha reasignado mil 100 millones de pesos para obras de emergencia, incluida la construcción de un nuevo ducto de 850 millones en la zona de Atequiza diseñado para evitar que el agua transite por los puntos más críticos de contaminación.

5. Una plaza, una fiesta y cien dolores

Eran menos de 100 personas. La mayoría llevaba lonas con fotos de sus hijos, esposos, amigos y otros seres queridos, en las que se informaba de la última vez que fueron vistos y cómo reconocerlos en caso de cruzarse con ellos. Colectivos de familias que buscan a personas desaparecidas convocaron a una marcha para el 18 de junio. Las familias plantearon que su protesta sería pacífica en todo momento. Hicieron hincapié en este punto debido a las constantes agresiones que sufren contra su integridad, su trabajo y su causa. El ataque más enigmático vino directamente de la Secretaría de Gobernación nacional, durante una conferencia en la que su titular, Rosa Icela Rodríguez, acusó a los colectivos de tener financiamientos opacos y los amenazó con una investigación federal.

El día en que Corea y México jugaron en la ciudad, los colectivos eligieron llevar sus demandas a la plaza Guadalajara, frente a Catedral y a un lado del ingreso al Fan Fest. La marcha cruzó las calles del centro de la ciudad hasta llegar al punto donde ya se agolpaban cientos de aficionados.

El Fan Fest pronto alcanzó su cupo máximo, y muchos de los que no lograron entrar se quedaron a celebrar en la plaza. De vez en cuando, alguien sobrevolaba la multitud, impulsado hacia el aire por amigos y desconocidos. También volaban latas, chorros de cerveza, basura y pelotas. Por encima de los gritos y las risas era casi imposible oír los discursos de las familias. Los aficionados más alcoholizados apenas evitaban pisar las fichas de búsqueda con las imágenes de los rostros de las personas desaparecidas, pegadas al suelo con engrudo.

De pronto, una fila de elementos de la Guardia Nacional atravesó la plaza corriendo. Formaron un escudo alrededor de una brecha entre las vallas removidas por personas empeñadas en entrar al Fan Fest. Una botella de vidrio voló en dirección a las cabezas de los oficiales.

Danna tiene 13 años de edad y seis de no ver a su tío Víctor Hugo Meza, desaparecido en 2020. En medio del alboroto dijo: “Puedo ver que los policías protegen más el Fan Fest que lo que estamos haciendo nosotros. Hay muy poca empatía, porque hace ratito pasó un señor y dijo: ‘Puro delincuente’, mientras poníamos las lonas”.

A Víctor Hugo también lo busca Virginia Ponce, su madre e integrante del colectivo Manos Buscadoras.

Las familias buscadoras se instalaron alrededor de la fuente de Los Leones, por encima del nivel del suelo de la plaza. El plan inicial de los colectivos era jugar cascaritas en el lugar después de la marcha, pero la multitud no dejaba espacio para montar una cancha improvisada. El ánimo tampoco estaba para jugar: las familias, bajo el sol, miraban con perplejidad a la multitud festiva.

“Lo que veo es que hay muchos antimotines y policías persiguiendo. No sé qué está pasando, pero creo que esto debería ser pacífico. Mientras nosotros sufrimos, otros están de fiesta, pero creo que ya se están pasando de la raya. Mientras nosotros sufrimos, ellos se lo están pasando bien, pero es lamentable. Probablemente no lo están haciendo bien. ¿Por qué? Porque se están agrediendo. Sabíamos que íbamos a ver la indiferencia de las personas, pero no importa. El amor de una madre es incomparable”, dijo Virginia. “Las personas que más empatizan con nosotros son las mismas personas de los desaparecidos… sé que no estoy sola. El hecho de estar aquí es para que sigan escuchando nuestras voces”.

6. Seguridad para el espectáculo

La falta de reconocimiento de los problemas multidimensionales de la ciudad en la planeación del Mundial hizo que se alzaran las antenas de quienes trabajan por combatir situaciones que vulneran las vidas de las personas.

Una respuesta concebida desde la sociedad civil fue la creación del Observatorio Mundialista de Derechos Humanos, iniciativa impulsada por 88 organizaciones en 23 estados para documentar y denunciar violaciones a derechos fundamentales derivadas de la organización del Mundial en México. Su labor visibilizó impactos como el desplazamiento forzado, la militarización y la criminalización de la protesta, conforme a la premisa de que ningún espectáculo debe situarse por encima de los derechos y la dignidad humana.

Hasta el 23 de junio de 2026, el organismo ya había documentado 39 violaciones graves a derechos humanos y 66 casos de vulneraciones en ciudades sede, principalmente en Ciudad de México. Responsabilizó a corporaciones, como la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la capital, de presuntamente cometer represión, detenciones arbitrarias y violencia sexual contra mujeres detenidas, con la supuesta justificación de reforzar la seguridad y afectando en especial a periodistas y activistas.

Los colectivos de búsqueda de personas desaparecidas fueron de los primeros en reclamar por estos abusos. Señalaron actos de represión y encapsulamientos por parte de granaderos en Ciudad de México y Puebla durante manifestaciones pacíficas que reunieron a colectivos buscadores de todo el país.

En Guadalajara, organizaciones locales señalaron prácticas de “limpieza social” y desplazamiento de poblaciones vulnerables para embellecer la ciudad ante el turismo internacional. Aunque el informe preliminar abarcó sólo las primeras semanas del torneo, el observatorio advirtió que el despliegue de 100 mil efectivos en el país (15 mil de ellos en Guadalajara) respondía a una estructura de vigilancia que continuaría anteponiendo la gestión del orden del megaevento a la protección ciudadana. Además de emitir informes posteriores, creó un registro comunitario para recibir denuncias anónimas y documentar los efectos que el torneo dejó en las ciudades mexicanas mucho después de la salida de los competidores de la cancha.

7. “No me preguntes cuánto me costó”

El jueves 18 de junio, México venció a Corea del Sur en el estadio Akron con un gol improbable, casi accidental, suficiente para desatar la celebración en Guadalajara. A diferencia del encuentro de la semana anterior entre Chequia y Corea del Sur (marcado por una evidente ausencia de asistentes en las tribunas), esta vez el estadio sí llenó sus asientos. Era la primera vez que México ganaba un partido de la Copa Mundial en su propio territorio fuera de la capital.

Al terminar el partido y caer la noche, el recinto comenzó a vaciarse poco a poco. La euforia seguía presente, aunque de forma desigual: persistían algunos gritos, saltos y cantos de celebración, casi siempre protagonizados por voluntarios oficiales del evento o grupos de hombres con vasos de cerveza vacíos. En buena parte del resto de la multitud predominaba, inesperadamente, algo más parecido al cansancio.

Aunque durante el Mundial se habilitaron rutas de transporte público para acercar a los asistentes, el trayecto seguía exigiendo largas caminatas a pie entre filtros de seguridad, calles cerradas y accesos restringidos. La alternativa era llegar en automóvil, aunque eso implicaba asumir costos elevados: estacionar un vehículo en las instalaciones oficiales costaba 2 mil 500 pesos. Ir a un partido requería tiempo, dinero y disposición para atravesar la logística que comenzaba mucho antes del silbatazo inicial. Ese costo, sumado al precio elevadísimo de los boletos, que alcanzaron 32 mil 970 dólares, parecía percibirse en los hombros de buena parte de los asistentes al final de la jornada.

Sin embargo, todavía dentro del círculo más próximo al estadio, una persona parecía resistirse a abandonar ese estado colectivo de exaltación. O más bien: no era su rostro, sino el cuerpo entero lo que seguía proyectando euforia. Llevaba una bandera de México a modo de capa, un sombrero de charro, media cara pintada de calavera y, sobre uno de sus hombros, un pequeño peluche del jaguar, mascota oficial de México como sede mundialista. Se llama Arturo.

Frente a la cámara levantaba ambos brazos y celebraba sin reservas, decidido a capturar la emoción del momento. Pero cuando comenzó a hablar de sí mismo, algo se suavizó: la voz se volvió más baja, le temblaba ligeramente, respiraba de forma entrecortada y sus pupilas, todavía expandidas por la adrenalina, parecían perderse aún más cuando recordaba lo que acababa de ocurrir en la cancha.

Arturo había logrado entrar desde temprano. Vive a unos cuantos pasos del estadio, así que pudo llegar caminando. “Salí como por ahí de las once y media, doce, aproximadamente, a mediodía”, contó. Ya conocía la dinámica del lugar. Tuvo suerte: “Afortunadamente me tocó ingresar rápido, así que no hubo bronca”.

Conseguir la entrada había sido otra historia. Era la primera vez que Arturo asistía a un Mundial y, aunque alcanzó boleto, prefirió no revelar el precio: “No me preguntes cuánto me costó porque… ¡hijo de su pinche madre!”. Más adelante insistió: “Se me hizo un boleto súper extremadamente caro, de la patada de caro, pero tenía que hacerlo ahora, o, si no, me hubiera tenido que esperar”. Haber llegado esa noche al estadio, explicó, tuvo que ver con su reciente situación laboral: “Ahorita donde estoy trabajando afortunadamente me están pagando muy bien. Les agradezco el hecho de haber podido cumplir un sueño que no esperé que iba a cumplir”.

8. Lo que el mundo vino a ver

“Las familias buscadoras no estamos en contra del futbol, no estamos en contra de la diversión, no estamos en contra de que la gente vaya y apoye a su selección, sea cual sea”, dice Héctor Flores, padre de Daniel Flores, desaparecido desde hace cinco años. “Estamos en contra del gasto público ejercido de manera irracional en asuntos que no son prioritarios ni para el Estado ni para el país”.

Señala la imposibilidad de operar adecuadamente la búsqueda de personas con el presupuesto actual. Mientras se destinaron 450 millones de pesos a remodelar la Plaza de la Liberación, la Comisión de Búsqueda de Jalisco opera con apenas 103 millones anuales. Las fiscalías están tan rebasadas que un solo Ministerio Público puede tener a su cargo más de 350 carpetas de investigación. “La vicefiscalía incluso no pudo contratar personal nuevo este año, porque no tenían presupuesto ni para un solo ministerio público más”.

Responsabiliza de forma más amplia a la ciudadanía, es decir, a todos nosotros, por la normalización y prevalencia de la violencia en México: “En este pinche país nada nos mueve. Hemos insistido tanto en la difusión y la pega de cédulas que cuando cualquier persona ve un bolardo lleno de fichas de personas desaparecidas ya no le merece ni un minuto de su atención, porque hemos normalizado todas las crisis en este estado. Disculpen, pero es la realidad”.

“No soy un experto ni orador. Soy un padre que está buscando a su hijo desesperadamente desde hace cinco años. Las familias nos hemos enfrentado juntas a gobiernos corruptos, crimen organizado, ministerios públicos rebasados de trabajo, falta de presupuesto, falta de empatía de la sociedad, y ahora nos enfrentamos a la Secretaría de Gobernación y a la presidenta de la República”.

Los colectivos han resuelto escalar sus demandas, para lo cual construyeron una estrategia que aprovechó el mismo evento que critican. Transformaron el Mundial de 2026 en una plataforma de diálogo público con un alcance imposible de replicar en otro momento. Durante los meses del torneo, sus demandas han logrado llegar a medios de comunicación de distintas partes del mundo. Aunque el periodismo internacional ya había incursionado en las historias de la desaparición forzada, las familias de las víctimas consiguieron saltar de la cobertura de seguridad directo a las páginas deportivas.

Virginia Ponce, madre de Víctor Hugo Meza, explica: “Lo que queremos es que nuestra voz de desesperación y dolor llegue a los oídos de las personas indicadas para que nos apoyen, trabajen y den respuesta sobre cada uno de nuestros hijos. Son más de 135 mil desaparecidos. ¿Dónde están? Por eso venimos a alzar la voz, porque ahora es el momento, viene mucha gente de fuera y tiene que saber lo que está pasando. No puede quedarse callada”.

Pero algunos de sus mensajes no van dirigidos al público del mundo, sino a su hijo:

“Quiero que sepa que su madre sigue luchando. Que no se rinde y va a tratar de hacerlo volver a casa. Que sus hijos lo están esperando, que dejó una familia incompleta, que dejó a sus padres destrozados. Lo esperamos con mucho amor, no vamos a perder la fe ni la esperanza y vamos a seguir luchando hasta que regrese. Que sepa que su madre lo ama y que lo amará siempre”.

Para Héctor Flores, el problema rebasa cualquier frontera nacional: “La desaparición forzada es un delito de lesa humanidad. Eso significa que una sola desaparición tendría que afectar a toda la familia humana”.

“A mi hijo también le gustaba el futbol”, dice Virginia.

2 comentarios

  1. Lei el articulo, mezclar datos que si bien son importantes, no tienen nada que ver, como la cantidad de personas en la Minerva=Personas desaparecidas, y otras lamentaciones de varias figuras publicas. Me queda claro que mezclar temas diversos y desconectados terminan en reflexiones tan bastas que el articulo va de un tema a otro “Sin ton ni son” pero con aires intelectuales.

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MAGIS, año LXII, No. 517, septiembre de 2026, es una publicación electrónica mensual editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: José Israel Carranza Ramírez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Édgar Velasco, 1 de septiembre de 2026.

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