El mandato cívico de Pussy Riot: Disobey!
Daleysi Moya – Edición 516

Todo aquello sobre lo que Pussy Riot alertó en 2011 terminó por materializarse en la década posterior: el aumento de la represión, la cancelación de derechos, el ataque a países vecinos y el fomento de movimientos de ultraderecha son realidades que atraviesan la vida política de Rusia y la trascienden
Son muchas las razones que convierten a Pussy Riot en uno de los colectivos artivistas más provocadores de las últimas décadas: la irreverencia en sus formas de apropiación del espacio público, la naturaleza frontal y situada de sus acciones, y la puesta en práctica de una metodología de “guerrilla cultural” heredera de movimientos feministas como Guerilla Girls. A ello se suman la denuncia del régimen liberticida ruso y la reivindicación de las libertades de expresión, creativa, política, sexual, de la sociedad civil.
El surgimiento del grupo en 2011 estuvo condicionado por la posible reelección de Vladímir Putin, quien fue votado presidente por tercera vez en 2012. Durante la campaña electoral, Pussy Riot realizó performances callejeros para visibilizar la ilegitimidad del proceso y denunciar la escalada antidemocrática en el país. Temas como Free the Cobblestones (2011) y Putin’s Pissed Himself (2012) fueron ejecutados, sin autorización, en estaciones de metro, techos de trolebús y enclaves históricos como el Lobnoye Mesto, en la Plaza Roja. Sin embargo, ninguna otra presentación del colectivo tendría un impacto similar al de Punk Prayer (2012), performance que las insertó en el mapa internacional y cambió sus vidas para siempre. A pocos días de las elecciones, el grupo intervino la Catedral de Cristo Salvador y, portando sus coloridas balaclavas, interpretó durante unos minutos Punk Prayer. La pieza expone los vínculos entre el Estado y la Iglesia ortodoxa, y alerta sobre la instrumentalización de la religión con fines electorales. En una suerte de plegaria feminista, pedían a la Virgen María ahuyentar a Putin del país (“Virgin Mary, Mother of God, / chase Putin out”). Este tipo de gestos es propio de la guerrilla cultural, al disputar los territorios físicos y simbólicos de la nación secuestrados por el poder político y buscar un impacto capaz de movilizar a la acción. La respuesta gubernamental a la obra fue inmediata y virulenta: a semanas de la presentación, tres integrantes del colectivo —Maria Alyokhina, Nadya Tolokonnikova y Yekaterina Samutsevich— fueron detenidas durante varios meses sin acceso a asistencia legal ni a sus familiares. Finalmente, las dos primeras fueron a condenadas a dos años de internamiento por hooliganismo. Este suceso, explicaría Alyokhina, supuso un parteaguas para ellas. A partir de entonces redimensionaron su rol como agentes de resistencia y reivindicación social: “Cuando te das cuenta de que tienes una voz, y de que esa voz es escuchada por muchas personas, eso implica […] una responsabilidad”. Comprendieron que la reacción gubernamental es parte constitutiva de la acción política. Esta no sólo traduce la arquitectura del sistema, sino también los modos en los que el estado puja por preservar el statu quo.

M. Gessen, periodista ruso, ha señalado que el colectivo domina el lenguaje de la política contemporánea, lo que permite direccionar la atención hacia espacios poco visibles o monopolizados por la censura. Esto es palpable en las tomas del espacio público realizadas tras la excarcelación de Alyokhina y Tolokonnikova. Entre los ejemplos más recientes está la toma del Pabellón Ruso en la Bienal de Venecia para protestar, al ritmo de Disobey!, por la participación del país en esa edición.
Todo aquello sobre lo que Pussy Riot alertó en 2011 terminó por materializarse en la década posterior: el aumento de la represión, la cancelación de derechos, el ataque a países vecinos y el fomento de movimientos de ultraderecha son realidades que atraviesan la vida política de Rusia y la trascienden. Ante la deriva totalitaria que amenaza nuestro tiempo, la desobediencia cívica del grupo opera como un dispositivo de resistencia y resguardo de las libertades.

Para saber más
:: Sitio web: pussyriot.love
:: Exposición: Velvet Terrorism: Pussy Riot’s Russia.
:: A Punk Prayer, un performance realizado en la catedral de Cristo Salvador, en Moscú.