Belleza ante el dolor
Sergio Padilla – Edición 511

Verdi y Puccini vivieron experiencias terriblemente dolorosas; sin embargo, fueron consolados por personas específicas y eso los marcó de manera profunda. Estas vivencias se reflejan en escenas de varias de sus óperas
En el mundo de la ópera hay varias obras que abren ventanas para contemplar escenas de consuelo incapaces de dejar indiferente el corazón de quienes las ven y las escuchan. En estas escenas, marcadas por la belleza del canto y de la música propia de la ópera, se actualiza lo dicho por el papa Francisco en su encíclica Fratelli tutti, cuando describe a quienes “cargan con el peso de los problemas, urgencias y angustias de los demás. Es una manera de tratar a otros que se manifiesta de diversas formas: como amabilidad en el trato, como un cuidado para no herir con las palabras o los gestos, como un intento de aliviar el peso de los demás. Implica ‘decir palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan’”.
Los compositores Giuseppe Verdi y Giacomo Puccini vivieron experiencias terriblemente dolorosas; sin embargo, sus biografías muestran que fueron consolados por personas específicas y eso los marcó de manera profunda. Estas vivencias se reflejan en escenas de varias de sus óperas, donde el consuelo se despliega de dos formas. En primer lugar, como la presencia de alguien que está ahí sin exigir, sin explicar y sin corregir, pues es un modo de consuelo que pretende sostener, pero respetando el proceso de la persona frente a su dolor o sufrimiento. Pero también encontramos escenas que nos muestran que las palabras suelen ser insuficientes y que cuando se intenta consolar mediante explicaciones o consejos, como le pasó al Job bíblico, no hay una verdadera empatía ni consuelo.
Giuseppe Verdi: La Traviata
Cotrubas, Domingo, Milnes, Kleiber
DG, 1990
En el segundo acto de La Traviata, Verdi nos muestra el profundo dolor de Violeta al acceder a romper su relación con Alfredo por petición de Giorgio Germont, padre de éste, para que su hija pueda casarse sin comprometer a la familia por la mala fama de Violeta. Cuando ella decide sacrificar su amor y separarse de Alfredo, Giorgio Germont intenta consolarla exaltando la nobleza de su sacrificio; sin embargo, en el fondo experimenta un gran remordimiento, consciente de estar ofreciendo un consuelo falso.
Verdi: Rigoletto
Domingo, MacNeil, Cotrubas, Diaz, Levine
DG, 2004
Una de las escenas más intensas y conmovedoras de consuelo en el repertorio operístico se presenta en el tercer acto de Rigoletto, de Verdi: el encuentro entre el bufón que da nombre a la ópera y su hija Gilda, justo después de que ella ha sido raptada y ultrajada por el Duque de Mantua, quien la había cortejado mediante engaños durante días en su propia casa. Frente a su vergüenza y su dolor, Rigoletto consuela a su hija con estas palabras: “Llora, mi niña, deja correr tus lágrimas sobre mi corazón”.
Giuseppe Verdi: Nabucco
Dimitrova, Cappuccilli, Domingo, Levine
DG, 1983
No podía faltar, en el repertorio en el que Verdi trata el tema del consuelo, la bellísima y profunda escena de la ópera Nabucco, cuando los hebreos exiliados y esclavizados en Babilonia están junto al río Éufrates esperando la muerte y entonan el famoso coro del “Va pensiero”, en el que muestran su dolor por la patria perdida. Ante tal situación, el sumo sacerdote Zaccaria intenta consolarlos y les insta a confiar en su liberación: “¡Sí, que se rompa la indigna cadena, el valor de Judá reaparece!”.
Puccini: La Bohème
Freni, Pavarotti, Karajan
Decca, 1973
En el acto final de La Bohème, de Giacomo Puccini, hay una escena tremendamente conmovedora, cuando se da el reencuentro entre Rodolfo y su amada Mimí, quien está enferma de gravedad. Rodolfo trata de animarla y darle consuelo mediante el recuerdo de los momentos en que se conocieron y ella tenía las manos frías. Pocos minutos después ella muere, pero previamente arropada en los tiernos actos y palabras de consuelo de Rodolfo y sus amigos. Imposible no derramar alguna lágrima ante la escena.
Giacomo Puccini: Turandot
Nilsson, Corelli, Scoto
EMI, 1966
En el primer acto de Turandot, ópera póstuma de Puccini, hay un fuerte contraste entre la crueldad del poder frente al amor de una joven esclava. Mientras el pueblo clama por la vida del príncipe de Persia y la altiva princesa Turandot ordena su ejecución, Calaf queda deslumbrado por su belleza y decide desafiarla. Ante esta determinación, Liú, esclava y cuidadora de Timur, padre de Calaf, le suplica desistir y rompe en llanto. El canto de consuelo de Calaf —“No llores, Liú”— es muy conmovedor.