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Vencer el azar

Llegó la fecha de la boda. El gobierno de Colombia anunció el cierre de fronteras y la cancelación de vuelos no se hizo esperar.Todo concluyó en que la boda no se realizaría como la habían planeado

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Foto: Pexels
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A diferencia de la “casualidad”, que suele asociarse a situaciones positivas, el azar es un concepto abstracto que no tiene un valor positivo ni negativo. De ahí que el azar es el objeto abstracto que está presente al hacer un experimento aleatorio. Por ejemplo, si una moneda cae sello o águila, o el número que saldrá al tirar un dado. Si tuviera que darle una cualidad sería la de la indiferencia, porque a estos objetos abstractos les da igual el resultado que arrojen. Sin embargo, ¿hay alguna manera de vencer el azar?

Para responder la pregunta, mi punto de partida es la realidad de la pandemia provocada por el coronavirus. No quiero decir que la pandemia sea resultado del azar. Sin embargo, el azar, en este caso, está presente en las mutaciones de los virus. Es gracias al azar que el virus pasó del animal original al ser humano, lo que generó después una crisis de salud, económica y política en el mundo. Los efectos del azar en el virus han tocado nuestras vidas. Quiero ahora concentrarme en una, en particular.

Desde hace más de dos años, un par de personas que se aman habían decidido casarse en una hermosa playa mexicana. Los novios comenzaron con los preparativos, buscaron la fecha y, ya que la tuvieron, armaron la lista de invitados; alistaron los detalles del menú, la música, las flores, el pastel, y así una serie de elementos que harían de la fiesta una verdadera experiencia colectiva del amor que ambos sienten. Yo había acompañado a la pareja desde que inició su romance en la ciudad de Bogotá. Y estaba convencido, junto con ellos, de que esa fiesta sería el comienzo de una nueva etapa de sus vidas.

Llegó la fecha de la boda. El gobierno de Colombia anunció el cierre de fronteras y la cancelación de vuelos no se hizo esperar. Los familiares que habían sido invitados comenzaron a llamar a la novia para consultarla sobre la posible cancelación de la boda. Argumentos iban y venían por teléfono. Razones diferentes interpretaron la realidad desde diversos ángulos. Todo concluyó en que la boda no se realizaría como la habían planeado. La única fiesta sería prometerse amor eterno ante la presencia de Dios, un violinista y un artista plástico.

La pareja, frente a las condiciones impredecibles, que sugerían un cierto ambiente absurdo después de tantos planes cancelados, asumió lo que tenía en sus manos: su vida, sus deseos más profundos y una actitud de rebeldía frente al azar. De esta forma, decidieron comenzar una nueva aventura como compañeros de camino. Nació la esperanza entendida como horizonte abierto, lleno de lugares, mares, ríos y montañas que recorrer. El mundo como regalo de bodas que Dios les dio para disfrutar los años venideros. De esta forma vencieron el azar: desde la fuerza del espíritu hecho historia, siempre abierto a construir desde lo que la realidad posibilita como don de Dios ahí.

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