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Indefinibles

Hay músicos a los que es difícil y hasta injusto querer clasificar, y cuyo trabajo surge precisamente de no querer afiliarse a ningún género en particular. Éstos son los que derriban fronteras conceptuales y buscan una estética propia, irrepetible e incluso inimitable.

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Portada del disco Plat du Jour, de Matthew Herbert: un músico que rompe fronteras.
Portada del disco Plat du Jour, de Matthew Herbert: un músico que rompe fronteras.

Hay músicos que son arquetipos de ciertos estilos musicales: James Brown o Sly Stone en el funk, por ejemplo; Bajofondo en el tango electrónico o Fela Kuti y sus herederos, Femi y Seun, en el afrobeat. Nombres a los que se les asocia automáticamente con un género en particular, que en ocasiones puede haber sido engendrado en su imaginación. Pero hay otros a los que es difícil y hasta injusto querer clasificar, y cuyo trabajo surge precisamente de no querer afiliarse a ningún género en particular. Éstos son los que derriban fronteras conceptuales y buscan una estética propia, irrepetible e incluso inimitable. La fusión de ideas o sonidos quizá pueda explicar su trabajo, o bien la propia experimentación.

Uno que ejemplifica las dos vertientes a las que refiero es Tom Waits, quien, en sus primeros años, se inclinó por un blues urbano que dio vida a discos como The Heart of Saturday Night (1974) y Blue Valentine (1978). Pero, a partir de Swordfishtrombones (1983), inició una etapa en la que su música se acercó a estilos como el tango, la polca y la tarantela, desde una perspectiva muy experimental en la que incluso la invención de instrumentos fue parte de la aventura. Mucho de ello puede constatarse en los dos libros que la editorial Global Rhythm ha publicado en español sobre su persona: Tom Waits. La coz cantante, de Barney Hoskyns, y Tom Waits. Conversaciones, entrevistas y opiniones, de Mac Montandori. A continuación, otros músicos cuyas creaciones sonoras son inclasificables.

 

Tom Zé

Este prolífico compositor brasileño se considera a sí mismo un experimento genético alimentado con frijol y harina de Mandioca, el recurso alimenticio más común en los cinturones de miseria de São Paulo. Estuvo en el olvido durante años, hasta que David Byrne, a través del sello Luaka Bop, dio a conocer al mundo esa música que parece surgir de un folclor propio, delirante y descabellado. Melómano recalcitrante, Zé ha hecho una serie de relecturas de estilos típicos brasileños como el pagode, la samba y la bossa nova desde su alucinante perspectiva.

tomze.com.br

 

Sainkho Namtchylak

Muy poco conocida en esta orilla del Atlántico, esta nativa de la república rusa de Tuva hace una música en la que el folclor de esa región mongola, caracterizado por el canto armónico, encuentra salida a través de las más inimaginables fusiones musicales. En la paleta musical de Namtchylak cabe todo tipo de recursos, y lo mismo puede vérsele acompañada por un grupo musical que detrás de una laptop y una tornamesa. Su genial obra está editada por el sello italiano Ponderosa Music & Arts.

sainkho.org

 

Scott Walker

El documental 30 Century Man narra la zigzagueante historia de este raro cantante estadunidense. Inició su carrera en los años sesenta como parte del trío The Walker Brothers, haciendo música pop. Su carrera solista inició en 1967 y se extendió hasta 1974, año en que decidió desaparecer debido al poco éxito de sus composiciones. Produjo un disco en los ochenta y uno más en los noventa. Pero es The Drift (2006) el que da cuenta no sólo de su espíritu experimental y su carácter dramático, sino también del culto que se profesa hacia su persona. Un disco extraordinario con tracks que llegan a los 12 minutos de duración, al que le sigue el no menos inclasificable, Bisch Bosch (2012).

scottwalkerfilm.com

 

Matthew Herbert

En el horizonte de la música electrónica, Herbert es uno de los talentos más sorprendentes. Valga dar cuenta de sus múltiples alter egos —Doctor Rockit y Mr. Vertigo, entre ellos— para comprender la multiplicidad de personalidades sonoras en que se desdobla. Aunque ya de por sí su trabajo firmado como Herbert recorre una gama de experimentos en los que lo mismo hay música clásica, que jazz, que canción pop, que microhouse. Uno de sus experimentos más celebrados es su álbum Plat du Jour (2005), realizado con sampleos relacionados con la necesidad humana de comer y preparar alimentos. Hasta allá llega su ilimitada imaginación.

matthewherbert.com/music

 

Sufjan Stevens

Aunque algunos de sus discos se concentran en un estilo en particular —Enjoy Your Rabbit (2001) es electrónico y Seven Swans (2004) netamente folk—, hay otros que son la prueba irrefutable de su vena iconoclasta. Illinois (2005), para muchos su obra más lograda, va del rock eléctrico a la canción barroca cobijada por arreglos orquestales. Y The Age of ADZ (2010), de igual manera es singular en su combinación de recursos que van de lo orgánico a lo sintético, del arpa a la laptop. Valga agregar que entre sus excentricidades está un gusto por la música navideña que ya ha canalizado en dos discos.

music.sufjan.com

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