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Es peligroso asomarse al interior

Asomarse al interior siempre es peligroso: se corre el riesgo de encontrarse con un espejo. Aquí compartimos cinco películas que son prueba de ello

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Imagen de la cinta «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos»
Imagen de la cinta «Eterno resplandor de una mente sin recuerdos»

Abundan los cineastas que, con sus personajes, han explorado el interior de la psique, que han iluminado las cavernas del inconsciente: practican la cinematografía como espeleología. Han aprovechado las virtudes del cine para exteriorizar, para proyectar lo más profundo. Como Darren Aronofsky en Cisne negro (2010), en la que comparte con nosotros lo que hay en la mente de la protagonista, y vemos lo que sólo ella ve. Con David Lynch asistimos a un “desdoblamiento” del relato exterior (aparente) a la experiencia interior (tan real como demencial). Para Claire Denis, los tormentos de la mente son expresados corporalmente (High Life, 2018).

Christopher Nolan manipula el tiempo objetivo para ocuparse de los sinsabores del tiempo subjetivo, y concibe saltos temporales para lidiar con la culpa (Memento, El inicio), o multiplica la tensión utilizando bases de tiempo diferentes (Dunkerque). Carlos Reygadas, en  Post Tenebras Lux (2012), revela el caudal emocional que surge de una mente que no está todo el tiempo en el presente.

Michael Haneke sostiene que “el realizador crea con poco una tensión exterior, mientras que sólo es válida la que se desarrolla en el interior de los personajes”. Sus películas tienden un puente con el espectador al generar “una duda sobre la realidad” que se muestra en ellas, para que aquél “se infiltre en esa duda” y experimente la tensión. El resultado: es difícil salir indemne de El listón blanco (2009) o Amor (2012).

Asomarse al interior siempre es peligroso: se corre el riesgo de encontrarse con un espejo.

 

Persona (1966), de Ingmar Bergman

Al inicio de Persona, una chispa enciende el proyector de cine; enseguida acompañamos a una actriz en crisis —que guarda un silencio mórbido— y a una enfermera —locuaz— y se iluminan algunos rincones sombríos de la mente. Con la convivencia caen las máscaras (persona es la máscara utilizada por los actores en el teatro clásico), surgen las verdaderas personalidades y se instala un espejo inquietante. Como bien sabían Bergman, Freud y los surrealistas, al indagar en los sueños aflora lo profundamente humano… (y) la patología.

 

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos(Eternal Sunshine of the Spotless Mind, 2004), deMichel Gondry

Los vericuetos de la psique son insondables, como los caminos del Señor. Así lo ha mostrado Charlie Kaufman en más de un guion. En esta película exhibe las trampas de la memoria: el protagonista busca borrar de ella a ella, la mujer de la que ha estado enamorado. Pero no quiere que se vaya del todo: después de todo, hay pasajes compartidos a los que vale la pena aferrarse. Michel Gondry muestra las suturas de la memoria con un estilo de artesanía “rupestre” que deliberadamente deja ver las costuras. El resultado es memorable.

 

Anticristo (Antichrist, 2009), de Lars von Trier

Una pareja viaja para expiar su culpa por la muerte de su hijo. En la Naturaleza aflora su naturaleza: la irracionalidad de él, el lado fuerte de ella. El cineasta se basó en investigaciones sobre la ansiedad, el terror y la misoginia. La autora del trabajo que se ocupa de esta última, Heidi Laura, afirma que “esta película no examinaría más la tendencia de las mujeres hacia el propio sacrificio, sino el lado fuerte, peligroso, malvado de la mujer como lo perciben los hombres”. Von Trier se asoma al interior del hombre; y Anticristo es una película de terror.

 

La isla siniestra(Shutter Island, 2010), de Martin Scorsese

Para Scorsese, ir al interior de la mente es un asunto policial. Las motivaciones de sus personajes son tan fuertes que pueden llevarlos a su perdición. Son bastante obsesivos y sus pulsiones los impelen a cruzar el umbral de lo racional, y pronto aprenden a acallar su conciencia moral. La investigación que encabeza el protagonista de esta película se dirige directamente a su cabeza: la historia es una recreación terapéutica, y como sucede en el diván, se abre para el paciente un amplio espacio para el autoengaño.

 

Hilo fantasma (The Phantom Thread, 2017), de Paul Thomas Anderson

¿Qué explica la elección de la pareja? Las respuestas optimistas aparecen en las fantasías que recogen las tarjetas que se intercambian en San Valentín. Para Freud, la respuesta está en casa, en papá y mamá; y Paul Thomas Anderson estaría de acuerdo. En esta cinta acompaña a un modisto que viste a una clientela distinguida, y va del exterior de sus diseños al interior de su edípico corazoncito. Para no variar con este cineasta, la propuesta es densa y rigurosa; y el asunto resulta tórrido y sumamente iluminador.

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