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El profesional bilingüe: ¿todos podemos aprender una segunda lengua?

Hace unos años era el inglés. Ahora se habla del chino mandarín. Sin importar mucho cuál sea, dominar otro idioma es una llave que puede abrir puertas no sólo en el mundo laboral, sino también en la cultura de un profesional.

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Menuda tarea: la alemana Christina Lembrecht se propuso aprender a hablar chino. En la universidad tomó un curso al que le invertía hora y media cada semana… lo único que obtuvo fue frustración. “Sólo enfrentarse a los dibujos que son los caracteres chinos fue todo un reto y no llego a nada. Creo que para aprender bien un idioma, y más si es tan complejo como el chino, es necesario vivir en el país”, escribe en perfecto español.

La afirmación se sustenta en su historia: Christina tomó cursos de francés e inglés en la escuela, pero se fue de intercambio a Francia y Canadá para dominarlos. El español le llegó tras una estancia de cinco meses en Salamanca, España.

Hago la entrevista vía mail, mientras ella estudia un doctorado en el gélido Berlín de los días de febrero. Su posgrado es sobre Buchwissenschaft, que en español se traduciría en algo así como “historia o estudios sobre el libro”.

¿Es verdad que para aprender una segunda lengua hay que vivir en el país donde se habla? No precisamente, explica Alison Clinton, jefa del Centro de Lenguas del ITESO. En realidad, tres elementos son cruciales: una metodología didáctica adecuada, tiempo suficiente de exposición al idioma y alta motivación para estudiar.

“Aprender un idioma es un ejercicio mental y requiere dedicación. Me refiero a que si alguien está tratando de aprender inglés y en su tiempo libre va a ver televisión, que ponga un canal en inglés; si va a escuchar música, que sea en ese idioma. No importa si no entiende todo, la cosa es exponerse. Cuando una persona se va a otro país, está expuesta todo el tiempo y por eso aprende”.

Alison conserva un poco de acento al hablar, aunque tiene casi 24 años viviendo en Guadalajara. Es escocesa y aprendió español a los 22 años: “Viví un tiempo en España, estuve en contacto con el idioma y mi motivación era muy alta”.

Foto: flickr/aloxe

Comencemos por descartar lo obvio: Clinton advierte que esos programas de estudio que prometen que se dominará un idioma en corto tiempo generan expectativas falsas: “En seis meses pudieras tener un entendimiento muy alto de un idioma si vivieras en ese país, pero yendo dos horas al día no vas a dominarlo en ese periodo de tiempo, todo dependerá de la cantidad de horas que le dediques y la práctica que tengas fuera del aula”.

Un instituto de inglés ayuda al correcto aprendizaje y a formar una sólida estructura mental, pero no es la única vía. Atahualpa Kraemer está aprendiendo inglés y alemán por su cuenta. Es físico, tiene 27 años y una risa fácil que suelta varias veces durante la entrevista. Pertenece a un grupo llamado Polyglot, fundado en Francia y replicado en todo el mundo, que agrupa a personas que quieren practicar un idioma.

Desde la página de Polyglot se puso en contacto con quienes están aprendiendo inglés en el Distrito Federal y organizan reuniones para practicar.

“Yo enseño español y francés, y aprendo inglés y alemán”, cuenta Kraemer. “Nos reunimos siempre en diferentes lugares. Tenemos prohibido hablar español salvo que haya algún extranjero que quiera practicar. Todo comienza como una charla: qué hacemos, qué nos gusta, etcétera. Me apunté porque es gratis, sólo pago mi consumo, y ahora varios de los polyglots ya son mis amigos”.

Entre ellos se ayudan a corregir errores gramaticales y a resolver dudas. El quórum mínimo que han tenido ha sido de ocho asistentes y el máximo de 27. La mayoría de los que llegan está aprendiendo algún idioma por su cuenta porque consideran que las clases generalmente van con más lentitud de lo que ellos pueden aprender, explica.

Hasta los 17 años Atahualpa hablaba sólo español, pero una francesa le llenó el ojo y por ella aprendió dicho idioma. Ahora, cada verano se va a Francia a trabajar en algo que le apasiona: difundir la ciencia; en México tiene un blog dedicado al mismo tema.

Foto: flickr/beny shlevich

Mercedes no sólo es un nombre de carro

Cuando los padres de Mercedes Guhl tenían que abordar temas delicados y no querían que sus hijas entendieran, se hablaban en inglés. Ambos son trilingües, por lo que ella creció en un ambiente donde era normal que se hablara otro idioma además del español.

Ese contexto le dio la agilidad mental para aprender inglés. Lo estudió en los cursos que le ofrecían en el bachillerato y la Universidad de Bogotá, donde nació, y lo perfeccionó por su cuenta: leyendo, haciendo amigos angloparlantes por correspondencia, escuchando música, etcétera. Ahora es traductora y vive en Guadalajara.

Acaba de nacer su hijo, Félix. “Una de las razones para elegir ese nombre es que tanto mi marido como yo tenemos nombres que son complicados cuando pasan a otra lengua. A mí me preguntan por qué me llamo como el carro… y mi marido se llama Salvador. Pensamos que Félix es un nombre que, aunque se pronuncia ligeramente diferente en otras lenguas, se escribe igual, y no le causará complicaciones multiculturales”.

De la declaración anterior puedo deducir que Mercedes le acercará a su hijo las herramientas para ser bilingüe. Se lo pregunto y responde: “Definitivamente. Este bebé tendrá su buena dosis de oír otras lenguas en casa y se le inculcará la importancia de aprenderlas”.

Hay factores sociobiológicos que propician que durante la infancia sea más fácil aprender otro idioma, por lo que pensar en un preescolar bilingüe es una buena idea: “A esa edad son como esponjitas y ni se dan cuenta de que están aprendiendo”, considera Clinton.

Foto: flickr/môsieur j.

Hay países que tienen muy estandarizado el aprendizaje de una segunda lengua desde la infancia. El sueco, por ejemplo, es un idioma que sólo hablan nueve millones de personas en el mundo. Por eso, la educación pública ha instrumentado en sus planes de estudio la enseñanza del inglés. Lo anterior se detalla en el texto “Las actitudes en el aprendizaje de una segunda lengua”, de Andrea Bergfelt, publicado por la universidad sueca Estetisk-Filosofiska Fakulteten Spanska.

Otros países embarcados en lo mismo son Francia y Alemania, refiere Clinton: “Donde no está tan bien es en Gran Bretaña, y quién sabe, tal vez es porque hay cierta resistencia: si todo el mundo va a aprender su idioma, no tienen necesidad de aprender otro; a ellos les dan clases de segunda lengua hasta la secundaria”.

Ante tantos idiomas, en China también se ha priorizado el aprendizaje del mandarín desde la educación básica, y tienen un portal en internet  patrocinado por el gobierno, donde ofrecen recursos didácticos para poder estudiarlo online.

Pero para los adultos no es misión imposible. La mayoría de las personas puede aprender una segunda o tercera o cuarta lenguas sin importar su edad, ataja Alison Clinton. Físicamente sólo están imposibilitados aquellos que tengan un alto grado de dislexia. Las trabas con las que se topan son más bien de actitud. Lo importante es estar motivado ante el aprendizaje, buscar el método pedagógico que más les funcione y tener la mayor exposición posible al idioma, insiste la docente del ITESO.

Margarita Espinosa, académica de la Escuela de Pedagogía de la Universidad Panamericana, detalló en un reportaje publicado en la revista Clase Premier en marzo de 2011, que para tener éxito en los estudios, los adultos deben tener en cuenta algunas cosas: primero, llegar a las aulas con toda humildad intelectual, pues habrá un maestro que los estará evaluando y corrigiendo; disciplina, ya que generalmente tendrán que distribuir su tiempo entre el trabajo, la vida social y el estudio, y, por último, involucrar a la familia, porque también se modifica su tiempo, por lo que su falta de apoyo es un factor que suele influir en la deserción escolar de los adultos.

 

Foto flickr/david shankbone

El travestismo del bilingüe

Gustavo Ng podría funcionar como una sencilla metáfora de lo que es la globalización: tiene un apellido impronunciable para los acentos occidentales, es argentino de padre chino, vivió en Brasil, recorrió Latinoamérica como corresponsal y ahora dirige, desde Buenos Aires, la revista de intercambio cultural con China, Dang Dai.

Además de español, habla inglés y portugués con tal fluidez que no se sabría cuál es su segunda lengua. De niño le contrataron una maestra para que le enseñara inglés, pero dominó el idioma cuando se lo llevaron a vivir un tiempo a Estados Unidos. El portugués, en cambio, lo aprendió siguiendo a una ola de rockeros argentinos (como Charly García) cuando visitaban Brasil.

“Cada lengua me da un mundo distinto, me permite pensar de una manera totalmente diferente, tengo la posibilidad de ser otra persona, porque cuando hablás otro idioma, sos otra persona”, revela en entrevista realizada vía Skype.

La clave para que él haya podido aprender otros idiomas fue que en su casa escuchaba hablar a su papá en chino y en inglés, por lo que desde chico aprendió que era posible y fácil hablar otras lenguas. Ahora intenta darle la misma apertura de pensamiento a sus hijos y ve con agrado cómo Irina, su hija adolescente, comienza a aprender japonés por el sólo gusto que le provoca el anime.

Gustavo lamenta que su papá que no le haya enseñado chino. Mercedes Guhl, tomando como base sus investigaciones como traductora, afirma que las lenguas generalmente son transmitidas por las madres.

Como parte de las herramientas que necesita para dirigir la revista, Gustavo se enfrascará en aprender chino. En este sentido, advierte un fenómeno que se está dando en Buenos Aires: “Hay chicos que están buscando retomar el chino. Se vinieron a Argentina, lo hablaron de chiquitos y lo perdieron. Ahora se están recibiendo de abogados, médicos, y se dan cuenta de que les serviría de mucho hablarlo”.

Foto flickr/uair 01

Los placeres de la lengua

La vida de Mercedes Guhl sería otra si no hablara inglés. Nunca hubiera entrado a trabajar como traductora a una editorial cuando tenía 22 años; nunca hubiera ido a esos congresos en los que conoció a su esposo; nunca se hubiera mudado a vivir con él a Guadalajara. “Dominar una segunda lengua me abrió una carrera. Si no me hubiera dedicado a mejorar mi dominio del inglés, simplemente no sería traductora. Tal vez sería profesora de literatura en una secundaria o algo así”.

Se graduó en Filosofía y Letras. Ella tiene muy claro que hablar dos lenguas le da la oportunidad de acceder a otros mundos, pero aun así el ejercicio termina siendo reflexivo. Cuando se enfrenta a un texto para traducir y tiene que internarse en otro idioma, al final de cuentas termina fortaleciendo el conocimiento de su propia lengua, y por lo tanto, de su propia identidad.

Gustavo revela sus placeres: leer a Kurt Vonnegut en inglés y cantar a Chico Buarque en portugués. Cuenta una historia que parece de ficción: “Cuando regresé a Buenos Aires procedente de Estados Unidos, mi vieja se ocupó de que yo cultivara el inglés. Ahí me encontré con un cura irlandés que era profesor de literatura y me daba clases”.

A Christina Lembrecht, el español le dejó un vínculo con Guadalajara. Llegó unos meses a estudiar y se conectó con la Feria Internacional del Libro, a la que cada noviembre regresa a trabajar. “He entrado en muchas áreas que se habrían quedado cerradas si yo no hubiera hablado otros idiomas. En concreto, la experiencia de la Feria del Libro ha sido muy enriquecedora”.

Además, para su investigación en el doctorado, su poliglotismo le ha resultado de mucha utilidad. Ella está estudiando las políticas de la unesco para el fomento de la lectura y ha tenido que consultar archivos de París y Bogotá.

Atahualpa Kraemer ha encontrado viajes y conocimiento. Mucha de la literatura sobre ciencia está en inglés y al recorrer el mundo se ha encontrado con gente que se convirtió en entrañable, que incluso lo ha hospedado. “A mí me gustan los idiomas y ellos me han dado muchas de las amistades que ahora tengo, incluso a mi novia. Hace unos meses fui a Eslovenia, iba por todos lados escuchando a la gente y cuando les hablaba en su propia lengua, yo veía que les gustaba; eso me ha ayudado mucho a viajar”.

Comparte con su pareja la afición a las lenguas y ella tiene un blog que busca difundir herramientas sobre el aprendizaje de los idiomas.

Foto flickr/eperales

Otros idiomas y el trabajo

Sin inglés, un profesionista mexicano difícilmente podrá aspirar a un puesto más alto, asegura Carmen Suárez, considerada en 2008 por la revista Bussiness Week como una de las 50 cazatalentos más influyentes en el mundo y  headhunter de la empresa de recursos humanos Stanton Chase.

“En los perfiles que me piden mis clientes, detallan que los candidatos tienen que tener la carrera, preferentemente maestría, pero no es tan importante; sólo podría ser un elemento de decisión entre dos candidatos muy cerrados. Donde el 99 por ciento de los reclutadores no hace concesiones es en el inglés”.

Las empresas requieren personas capaces de estar en una junta o en una conferencia telefónica en inglés, que entiendan lo que se está discutiendo y puedan hacer una aportación o consulta, que sean capaces de comunicarse por correo electrónico y tomar un curso en inglés. Además, Carmen comienza a ver que los reclutadores le piden que los aspirantes tengan algún tipo de experiencia internacional.

“En ocasiones muy contadas me han pedido que hablen portugués, cuando se trata de puestos para Brasil y prácticamente no me han pedido gente que domine el chino, ni francés, ni nada de eso”.

Sin embargo, Sergio Troitiño, integrante del Centro de Investigación y Publicaciones de Idiomas de España, confirmó en entrevista realizada en 2010 que se proyecta que, durante las dos décadas siguientes, el mandarín se consolide como el idioma de los negocios, por lo que no sería mala idea comenzar a aprenderlo.

Carmen Suárez explica que para muchos de los trabajos que ofrecen sus clientes, en la práctica no se necesita saber el inglés, pero los reclutadores piden a sus empleados que lo dominen: “Lo consideran parte del bagaje cultural mínimo que un ejecutivo debe tener”.

Sobre el perfil de los candidatos que recibe, hace una comparación. Hace 13 años, cuando empezó en el oficio de cazar talentos, era prácticamente imposible encontrar a un contador o contralor que supiese inglés; sin embargo, ahora casi todos los egresados de las universidades cuentan con algún nivel del dominio del idioma.

Hablar una segunda lengua es una habilidad indispensable para la vida profesional. Pero más allá del aspecto práctico, como dice Mercedes Guhl, aprender otra lengua implica la sencilla y compleja tarea de encontrar otra forma de organizar el universo. m

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