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Dos estampas. Federico de la Vega

La tradición del Bestiario, que se remonta al medioevo, ha encontrado espléndidos continuadores entre nosotros. Los dos poemas de Federico de la Vega (Querétaro, 1981) que aquí compartimos fueron rescatados de una hermosa edición ilustrada con espléndidos grabados de Román Miranda

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Imagen de un grabado de Román Miranda
Imagen de un grabado de Román Miranda

El pingüino

Eres el más feo de los esfenisciformes y el más austral de toda la familia Spheniscidae. Endémico de los Galápagos y bobo para aquella tripulación de Fernando de Magallanes, te dieron alas y no puedes volar; para desplazarte por tierra alternas tu andar con paso tambaleante o te deslizas sobre tu vientre, pero siempre llegas.

Por las tardes andas como dormido frente al viento, y sorteas las noches en las galerías subterráneas del acantilado; gregario, formas a la colonia para dibujar un inmenso cuerpo que marmolea las rocas.

Naciste para habitar la soledad del silencio y la inmensidad del aire, para guardar la frontera que divide el mar de la tierra.

 

La cabra

El silencio opaco producido por el albero y los almajos secos entre los recovecos del peñasco solitario, es semejante al silencio árido producido por los libros, el papeleo y el murmullo de un escritorio, pero de otro modo: en el primer escenario gritas para descubrirlo, mientras que acá, de este lado, es preciso pausar la respiración.

Pero la cabra no encuentra diferencia. Entra y sale de la brecha al salón, de la plaza al solar, del peñasco al escritorio, apoyada entre sus dedos cubiertos por pezuñas. No encuentra el ritmo de su respiración y con sus movimientos toscos revuelve, agita, empuja, sacude, menea, zarandea, turba, convulsiona, trastorna, alborota, traquetea, violenta su alrededor. Todo a su alrededor. ¿Quién trajo esta cabra a nuestra casa?

 

*     *    *

 

La compañía ancestral de los animales —sus múltiples lecciones— no podía escapar del imaginario humano. Las cuevas de Altamira y Chauvet, las incontables fábulas, la música de Olivier Messiaen, entre tantos otros ejemplos, dan testimonio de esta dilatada convivencia, no siempre benéfica para ellos. La tradición del Bestiario, que se remonta al medioevo, ha encontrado espléndidos continuadores entre nosotros. Así en Monterroso, Arreola, Pacheco. Poemas en prosa y en verso acompañados de magníficos ilustradores. Los dos poemas de Federico de la Vega (Querétaro, 1981) que aquí compartimos fueron rescatados de una hermosa edición ilustrada con espléndidos grabados de Román Miranda. No es difícil advertir en ellos la perspicacia de una mirada que al describirlos nos muestra otra cara —la menos visible— de nuestra propia historia. Fábulas sin moraleja explícita, arrojan luces y sombras concertadas por un poeta que es también uno de nuestros más finos editores. Federico de la Vega ha publicado Noche cerrada y Veneno de distintos sabores. Ha sido fundador de la editorial Calygrama y de la colección Las Brujas de Oviedo. Actualmente es editor de la Universidad Autónoma de Querétaro.

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