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Alejandra Xanic, la Pulitzer mexicana

A lo largo de su carrera, esta periodista, egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación del ITESO y ganadora del Pulitzer, se ha distinguido por su fino y trabajado olfato, que le ha permitido dar con grandes historias en sitios improbables. He aquí el retrato de una reportera que, ante el agobio que le provocaba escribir la nota diaria, decidió dedicarse al género periodístico menos practicado, el más lento y el que se lleva peor con la corrupción política y empresarial

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Alejandra fue galardonada con el Pulitzer junto con David Barstow. Foto: Federico Gama
Alejandra fue galardonada con el Pulitzer junto con David Barstow. Foto: Federico Gama

Cuando a Trino Leroy, maestro de ceremonias del Casino Veracruz —el tradicional salón de baile de Guadalajara—, le hicieron saber que entre la concurrencia de aquella noche, sábado 20 de abril de 2013, estaba alguien que había sido merecedor de un importante premio, aprovechó una de las pausas de la orquesta y tomó el micrófono:

—Esta noche, el Casino Veracruz se viste de gala pues contamos con la presencia de la periodista Alejandra Xanic, ganadora del premio Pulitzer —dijo Leroy, según recuerda el periodista Juan Carlos Núñez, que estaba ahí con su esposa y un grupo de periodistas tapatíos, la mayoría de ellos excompañeros de Xanic en el desaparecido diario local Siglo 21.

La cronista Vanesa Robles, quien también celebraba entre cervezas el primer Pulitzer para un periodista de nacionalidad mexicana en la categoría de Periodismo de investigación, recuerda que Xanic pasó “chiveadísima” a la pista de baile, hizo una reverencia y dijo: “Gracias”. El antro vibró con los aplausos y, cuando la música tropical sonó de nuevo, varios de los bailarines asiduos del casino se acercaron para pedirle autógrafos en servilletas de papel.

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Han pasado 20 años entre el Premio Nacional de Periodismo que Alejandra Xanic von Bertrab Wilhelm (ciudad de México, 1967) obtuviera por la nota que alertaba sobre el olor a gasolina en la calle de Gante —publicada en Siglo 21 el 22 de abril de 1992, el mismo día de las trágicas explosiones en el sector Reforma de la capital jalisciense— y el premio Pulitzer por un reportaje de largo aliento, en mancuerna con el experimentado periodista estadounidense del New York Times, David Barstow, sobre la política de sobornos con la que la trasnacional Walmart abrió decenas de tiendas en México entre 2003 y 2005. A final de cuentas, dos historias de corrupción en México que salieron a la luz gracias a la tenacidad de una reportera que ha encontrado en el periodismo de investigación una manera de combatir el agobio que le provoca la nota diaria.

El reportaje galardonado con el Pulitzer trata de una trama de corrupción —que supuso un desembolso total de 24 millones de dólares para sobornos— para abrir tiendas en todo el territorio nacional, durante la gestión de Eduardo Castro-Wright como director general de Walmart México, y que solaparon las oficinas centrales en Bentonville, Estados Unidos. Se trata de un texto sobrio, sin licencias literarias, con pocas descripciones y anécdotas. “Muy factual”, define Xanic.

Dos son los protagonistas de este relato: Sergio Cicero Zapata, un abogado que fue empleado de Walmart México, quien, además de ser el responsable de la contratación y la operación de un grupo de gestores externos que sobornaron a distintos funcionarios, fue quien terminó “soltando la sopa”; y la zona de Teotihuacán, Estado de México, donde, en noviembre de 2004, fue abierta al público una Bodega Aurrerá en medio de encendidas protestas que se oponían a que un almacén de estas características operara en el corazón del México prehispánico, a una distancia de kilómetro y medio de las pirámides, dentro de una zona protegida (fuera del área arqueológica turística) por el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

Para esta historia, publicada en dos entregas en el Times neoyorquino (“Wal-Mart Hushed Up a Vast Mexican Bribery Case”, el 21 de abril de 2012; y “How Wal-Mart Used Payoffs to Get Its Way in Mexico”, el 17 de diciembre del mismo año), Xanic hizo una de las cosas que más disfruta en la vida: reportear, es decir, husmear, hurgar, fisgonear, expurgar, detectar, descubrir. Es decir, investigar. Quizá la otra cosa que más disfruta esta austera mujer de ojos verdes y cabello rubio-canoso, con predilección por la mezclilla y los huaraches, es hacer artesanías, regalitos para sus amistades, objetos creados con sus propias manos (lo último fue una lámpara con tubo de cobre y cordón).

Durante 19 meses ininterrumpidos, de mayo de 2011 a diciembre de 2012, la periodista tapatía se aisló de sus amigos, colegas y conocidos para concentrarse en una discreta, minuciosa, delicada y compleja investigación que le exigió, por una parte, dedicar jornadas laborales de ocho horas en dependencias municipales, revisando archivos, cajas de papeles, pero también discos duros y respaldos de información en formato digital. La búsqueda tenía como objetivo reconstruir la historia documental de cómo —en un lapso de tres años— fueron abiertas tiendas Walmart, Sam’s Club y Bodega Aurrerá en DF, Estado de México, Coahuila, Jalisco, Morelos, Tabasco o Tamaulipas, para así corroborar, o no, lo que Cicero Zapata había denunciado: que los distintos trámites necesarios para abrir estos mega-almacenes eran “agilizados” mediante “pagos facilitadores”, en un momento en que la multinacional —fundada por Sam Walton en 1962— había fijado a sus ejecutivos internacionales el objetivo de expandirse con la mayor rapidez posible.

Hoy en día, una de cada cinco tiendas Walmart está en México. Y esta cadena de almacenes es la empresa privada que más empleos da a los mexicanos (más de 200 mil), según los informes anuales de la propia compañía.

Alejandra Xanic durante una de sus visitas a Guadalajara Juan Carlos Núñez y Francisco Vázquez (atrás) conversan con Alejandra Xanic en el Salón Veracruz. Foto: Cortesía Rubén Alonso 

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Visito a Margaret Wilhelm, madre de Xanic, en su casita de ladrillos rojos de la colonia Providencia, en Guadalajara. En una visita anterior me había encontrado con un letrero en la puerta de la entrada, de madera, que decía: “atención. Si a usted le viene bien, le regalamos 1 kilo de arroz o frijol y usted pone la cebolla… y una sonrisa”.

—Lo mandó quitar el Ayuntamiento, o eso nos dijeron —cuenta Margaret, sentada en la cocina, frente a una mesa artesanal de madera, mientras busca el encendedor para prender un cigarro—. Un día llegaron unos tipos y me dijeron: “Señora, en México no hay pobres”. También había puesto otro letrero que decía: “Si usted tiene sed, le regalamos agua buena en una botella como ésta” —Margaret me muestra un envase reciclable de plástico—. La pura maldad que lo hayan quitado, ¡pero no me dejo!

En la sala está Guillermo von Bertrab, su esposo, tocando unas canciones alemanas en el piano. “Freut auch des Lebens” (“Aléjense de la vida”). Ítem, un precioso setter irlandés, lo acompaña.

Cuando le pregunto por el premio obtenido por su hija, ella me dice:

—Estoy contenta, sí, porque algo hice bien con cada uno de mis hijos. Pero, ¿sabes de qué estoy realmente orgullosa? —me dice con una sonrisa un tanto maliciosa esta mujer de pequeña estatura, pelo absolutamente blanco y 80 años cumplidos, mientras me muestra una copia a color donde aparece Xanic, con una sonrisa de oreja a oreja, a punto de subir una escalera de la redacción del New York Times, mientras David Barstow le cede el paso—. De su pelo.

Y enseguida, agrega:

—Xanic es tan hermética. No creas que porque soy su madre a mí me cuenta lo que hace. Pero aprecio su hermetismo porque sólo así se puede cumplir con un deber.

Margaret y Guillermo se conocieron hace 50 años, en plena época de la posguerra, en la Escuela Técnica de Stuttgart. Ella estudiaba Física y Matemáticas; él, un posgrado en Ingeniería. Luego de casarse en Múnich, se subieron a un barco de carga que los llevó al puerto de Tampico, donde Guillermo tenía familiares. Cuando desempacaron las cinco cajas de madera en las que habían guardado sus pertenencias, se dieron cuenta de que en cuatro de ellas había sólo piedras.

—¡Ésa fue mi primera impresión de México! —dice Margaret, quien en 1955 estuvo a punto de entrar a la redacción del diario Berliner Zeitung, pero un problema de la vista se lo impidió.

Apenas entré a la casa, acompañé a Margaret al librero que está junto a su mesa de trabajo. Me mostró una cajita de madera con la leyenda “Wie ich wurde was ich bin” (“Cómo me hice la que soy”), de la que sacó una tarjeta con un texto en alemán, escrito a mano. Se trata de una exhortación a la nación alemana, en la que el filósofo de finales del siglo XVII Johann Gottlieb Fichte, exigía la renovación espiritual por medio de la educación. Le pedí a Margaret que, por favor, lo tradujera.

—“Debes creer en el futuro de tu país, en el resurgir de tu pueblo. No te dejes robar esta fe a pesar de todo, de todo lo sucedido. Y procede como si de tu actuar dependiera el destino de tu patria y la responsabilidad fuese sólo tuya”.

Me despido de Margaret y Guillermo con la promesa de volver a visitarlos muy pronto.

Por la noche recibo una llamada telefónica. Es Margaret.

—¿Gerardo? Algo que olvidé mencionarte de Xanic es su gran creatividad. La creatividad fue escrita en casa con mayúsculas. En esta casa no compramos regalos… ni para Navidad… Nomás no, de veras. Todos los regalos los hacemos a mano. Otra cosa que quería decirte es que una cosa es el impacto cuando llegas y otra cosa es la gente a la que comienzas a amar. Yo amo a México y me siento quizá más mexicana que muchos.

 Alejandra Xanic en el Archivo General de la Nación Alejandra Xanic en el ARchivo General de la Nación. Foto: Federico Gama

*     *     *

“La corrupción no deja recibos”, reflexiona Xanic desde su departamento-oficina en el DF, en entrevista vía Skype, días antes de la ceremonia de premiación. “Lo que paga la corrupción son excepciones. Paga para que se salten la regla”.

Con estas afirmaciones, la periodista alude al tipo de trabajo que realizó para ir obteniendo, una por una, todas las evidencias que le dieron respaldo a una investigación que, por sus características, supone un enfrentamiento con una de las empresas más poderosas del planeta y, claro, con su equipo de abogados. Cada afirmación, cada frase, cada párrafo, cuenta Xanic, tuvo que sustentarse con pruebas.

La carta de postulación del reportaje al premio refiere que Xanic, “una veterana reportera mexicana de negocios” —durante cuatro años fue editora de la sección Ideas de la revista Expansión—, encontró la pieza crucial de evidencia (un mapa alterado de la zona de Teotihuacán donde se construyó el almacén) en un disco de computadora que estaba dentro de una caja de zapatos en una oficina de gobierno.

Ella es una de esas periodistas con inclinación por las investigaciones de fondo y los viajes largos. En 1995 recorrió el país de punta a punta a bordo de los trenes de pasajeros (que aún funcionaban) y de carga para un reportaje que apareció publicado en Siglo 21. “Descubrió que el aire acondicionado de los ferrocarriles del Pacífico no funcionaba por la sencilla razón de que los ductos iban llenos de paquetes de droga”, escribió Diego Petersen en El Informador. Por aquella época, Xanic también hizo un viaje de cinco semanas a las Islas Revillagigedo, sin que hasta el momento haya publicado nada al respecto.

Sin embargo, también le gusta embarcarse en aventuras menos románticas. Para el caso Walmart, buena parte de su trabajo consistió en solicitar información desde su departamento-oficina en la ciudad de México. Básicamente le sacó jugo a las relativamente nuevas leyes de transparencia, tanto las estatales como la federal. Partiendo del principio de que los documentos que generan los funcionarios de gobierno son públicos, ella fue recabando información y haciendo cruces de datos, algo que ha caracterizado su labor desde sus inicios en el periodismo, a principios de los noventa, en Guadalajara, cuando aún era estudiante de la carrera de Ciencias de la Comunicación en el iteso y evitaba los baches de las calles a bordo de una moto Vespa viejita.

“Algo que aprendí con este reportaje”, dice Xanic, “es que hay que saber pedir la información; hay que entender cómo funciona la burocracia en México”.

Confiesa que su gusto por las novelas policiacas no sólo le ayuda a hacer mejores preguntas, sino que, durante la extenuante investigación del caso Walmart, le permitió relajarse y descansar. “Llevo años metida en asuntos de detectives”, cuenta quien reconoce en el sueco Henning Mankell, autor de El hombre inquieto, a uno de sus autores favoritos. “Me gusta mucho su manera deliberativa, lenta y progresiva de ir desentrañando misterios”. Además, el detective Wallander —el más célebre de los personajes de Mankell— y ella coinciden en algo: el gusto por el café. “Cuando estoy leyendo y él le da un trago, yo le doy otro”. 

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“Se suele ver al periodista de investigación como arriesgado”, dice Juan Carlos Núñez, quien fuera compañero de Xanic en los diarios tapatíos Siglo 21 y Público. “Pero Xanic demostró que este tipo de periodismo exige también muchas ‘horas-nalga’. Su trabajo cambia el estereotipo del periodista intrépido, de aventuras, por uno más analítico, que sabe hilar fino”.

Luis Miguel González —actual director editorial de El Economista— asegura que Xanic “tiene una especie de fobia por los reportajes que requieren menos de un día para investigarse y publicarse. Es una maratonista del trabajo periodístico, capaz de trabajar seis meses en el seguimiento de una pista”.

Otro excompañero suyo es Sergio René de Dios Corona, actual editor del diario El Informador. “Con ella hice la investigación más larga que he hecho en mi vida profesional”, cuenta De Dios refiriéndose al diagnóstico que, como parte del equipo de reportajes e investigaciones especiales de Público (conformado también por Luis Miguel González, Esperanza Romero Díaz e Isaac Guzmán), hicieron en 1998 sobre el narcotráfico en Jalisco. Se trató de una investigación de seis meses a partir de expedientes de personas detenidas y sentenciadas por delitos contra la salud. “Me acuerdo de que fuimos 33 días seguidos al penal de Puente Grande a revisar expedientes”, dice. Al final leyeron más de 400, y con ese material hicieron una matriz con más de 40 variables: perfil de los sentenciados, municipio en el que fueron detenidos, corporación que los detuvo, forma en que se les detuvo, drogas que les encontraron, etcétera. Como resultado publicaron 14 reportajes que revelaron, entre otros asuntos, que después de la Zona Metropolitana de Guadalajara, los sitios donde había más detenidos eran Tomatlán y Tequila; que los retenes no servían para nada; que las investigaciones de la policía eran en realidad “pitazos”; que los campesinos eran los más afectados.

“En la PGR, los funcionarios coleccionaban estos reportajes porque estábamos haciendo el trabajo que ellos no hacían”, relata De Dios. 

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La distinción obtenida por Xanic no se puede entender sin la invitación de David Barstow para ser coautora de un reportaje de alto impacto, publicado en un periódico como The New York Times —fundado en 1851 y considerado como el diario por excelencia de Estados Unidos—, cuyas condiciones de trabajo para sus periodistas son excepcionales, comparadas con las de la mayoría de los periódicos en el mundo.

Barstow, de 50 años, originario de Maine, y que trabaja en el influyente diario estadounidense desde hace una década, ya tenía tres o cuatro meses realizando la investigación sobre Walmart cuando cayó en la cuenta de que necesitaba un colaborador que se moviera con soltura en la jungla burocrática mexicana. Fue él quien, luego de entrevistarse con varios reporteros, apostó por Xanic.

Miembro de la unidad de investigación del diario neoyorquino y ganador del Pulitzer en otras dos ocasiones, Barstow no se involucra en más de una o dos investigaciones al año. Para el caso Walmart viajó a México varias veces y se encargó de la investigación en Estados Unidos. Fue también el responsable de escribir las versiones finales de las dos entregas.

“Barstow es uno de esos periodistas que se zambulle en un tema y no se vuelve a saber de él hasta que termina”, dice Xanic. “Es un tipo extraordinario, estudia muchísimo, posee grandes capacidades de pensamiento y análisis. Es un gran estratega. No había visto eso antes en un periodista”.

Alejandra Xanic y David Barstrow, ganadores del Pulitzer 2013 David Barstow y Alejandra Xanic antes de recibir el premio Pulitzer 2013. Foto: Reuters

—¿Una investigación de largo aliento como ésta sólo la hubiera podido realizar el New York Times?

—Aunque reconozco que la experiencia que viví fue única, como de cuento o de ciencia ficción, creo que la nota diaria tiene tantos desafíos… ¡Tenemos tanto qué hacer que para qué “tristeamos” con el tema del largo aliento! Primero hagamos notas redondas, inteligentes, explorativas, informativas, explicativas. ¿Cuántas veces leemos algo y nos quedamos con la sensación de que ya entendimos? Muy pocas, creo. Y eso ocurre porque los reporteros no estamos haciendo bien nuestro trabajo. Seguimos haciendo un periodismo muy poco leal al lector. ¡Hay tantas capacidades que tenemos que desarrollar! El periodismo de investigación en nuestra realidad lo vamos a lograr haciendo buenas coberturas diarias, sacrificando tiempo personal, investigando más, metiendo más el diente. Para saber hacer investigación grande tenemos que saber hacer primero la chiquita. Como reporteros debería emocionarnos el desafío que tenemos: poco espacio, pocos recursos. Conozco muchos periodistas que están publicando libros por la libre, robándole tiempo al tiempo.

—Pero, ¿qué hace el New York Times que no estamos haciendo los periodistas en México? —le pregunto.

Su respuesta es de largo aliento.

Corroborar. “Los medios en México se hubieran ido con lo dicho por Cicero Zapata sin cuestionarlo. Tendemos a ser reproductores de las declaraciones de otros”.

Editar. “El editor es ese otro que te cuestiona, te reta, no es el que hace que la nota quepa; el editor acompaña al reportero en el proceso, formulando y afinando las preguntas”.

Discriminar. “Muchas veces los periodistas queremos contar todo, presumir todo lo que hacemos, lo cual nos hace renuentes a discriminar, a dejar fuera lo que no es tan importante. El desafío del reportaje sobre Walmart fue discriminar. Por eso, habiendo hecho una investigación extensa, al final nos quedamos sólo con la historia de Teotihuacán”.

Actuar con estrategia. “Pensar muy bien cuándo hacer qué cosa. Pensar mucho cada entrevista, cada búsqueda, cada solicitud de información”.

Trabajar en equipo. “En este caso, Barstow y yo nos potenciamos mutuamente. Yo tenía el know how de reportear en México; él tenía la frescura de ver las cosas desde afuera”.

Actuar con sigilo y con ética. “Cuando estás haciendo una investigación no quieres que se enciendan las alarmas, así que necesitas sigilo y discreción. Cuando estás explorando un tema, debes cuidar la reputación de las personas y las instituciones. Cuidamos de no embarrar a nadie que fuera ajeno a este tema”.

Escribir con claridad. “Muchas veces queremos que el lector pase por el mismo suplicio que pasamos los periodistas al investigar, le pedimos un grandísimo esfuerzo, cuando de lo que se trata es de llevar al lector de la mano por un camino suave”. 

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Los Pulitzer se otorgan en 14 categorías periodísticas, así como en las áreas de ficción, drama, historia, biografía o autobiografía, poesía, no-ficción y música; existe también una categoría especial que premió, por ejemplo, a Bob Dylan en 2008 y que en esta ocasión fue declarada desierta.

En su veredicto, el jurado de la categoría de Periodismo de Investigación —conformado por dos académicos, dos editores, dos directores de periódicos y un reportero— decidió otorgarle el premio al trabajo de Barstow y Von Bertrab “por sus investigaciones sobre cómo Walmart usó el soborno para dominar el mercado en México, provocando cambios en las prácticas de la compañía”, según consta en el sitio web del premio.

La premiación se llevó a cabo el jueves 31 de mayo en la biblioteca de la Universidad de Columbia, en Nueva York. La elegante ceremonia —en la que también fueron premiados los fotógrafos mexicanos Javier Manzano y Narciso Contreras— no fue obstáculo para que, durante el brindis, Xanic levantara una copa de agua mineral. Más tarde se sentaría a la mesa con Arthur Sulzberger (hijo), editor y presidente del Consejo del New York Times; Matthew Purdy, editor de investigaciones del diario, y David Barstow.

La 97ª entrega de estos premios se inscribe en la aguda crisis económica que azota a las empresas periodísticas de todo el mundo. Así lo hizo saber el periodista del Tampa Bay Times, Paul Tash, director ejecutivo y presidente de la junta directiva de la organización que otorga el premio: “La presentación de los premios Pulitzer es ocasión no sólo para la celebración, sino también para la inspiración. El trabajo puede ser difícil. Los retos pueden ser grandes. ¿Y qué? Cada día presenta una oportunidad para la excelencia y la posibilidad de hacer un trabajo que haga una gran diferencia”.

Después de la foto oficial, en las escalinatas de la universidad neoyorquina, Xanic y su esposo salieron a caminar por las calles de Manhattan. Los acompañaba una pareja de amigos que hicieron el viaje desde Guadalajara para celebrar en vivo y en directo con la reportera.

No se gana un Pulitzer todos los días. m

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