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Lucien Freud, pintura y memoria del cuerpo

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para mmcg
"Un momento de felicidad completa no se da núnca en la creación de una obra de arte.
La promesa se siente en el acto de la creación, pero desaparece cuando la obra se acerca al término.
Porque entonces el pintor se da cuenta de que no hace más que pintar un cuadro.
Hasta entonces, casi se había atrevido a esperar que la pintura se pondría a vivir".
Lucien Freud

Después de 20 años de ausencia en ese espacio, desde el 10 de marzo el Centre Pompidou de París exhibe una monumental selección de las más representativas composiciones de Lucien Freud: soberbios autorretratos, retratos minuciosos  y sus  variaciones (versiones libres) sobre antiguos maestros.   Hay  en esta cronología de su trayectoria creativa,  un magno reconocimiento a uno de los grandes maestros de la pintura universal, probablemente el artista vivo más  caro. 

Lo expuesto, casi 50 obras de gran formato reunidas bajo el tema del "Taller", configura una incisiva metáfora del escenario donde el artista confronta las tentaciones y des-venturas del oficio. Freud obliga a  mirar desde una aciaga cercanía. Acercamiento a la esencial desolación del cuerpo: hombres y mujeres desnudos, muestran una humanidad transmutada; los trazos  atestiguan los estragos de la  existencia. ¿Qué hacemos ahí? ¿qué vemos? Víctimas de la obesidad y la flacidez, los cuerpos  dicen del calvario de la edad, pero también en esos pliegues asoma la corroción de toda condición humana y las huellas de una civilización autodestructiva.  Somos testigos incómodos del abandono y la desilusión.

La pintura de Freud  (Berlín, 1922, -sí, es nieto de Sigmund)  carece de ideales restrictivos sobre  la belleza; lo que el ojo encuentra frente a sus cuadros,  sea el desnudo  de Kate Moss embarazada o  el pequeño y polémico retrato de  la reina Isabel II,  ayuda a  entender (se)  y  penetrar (a indagar)  más allá del cuerpo

Lucien Freud comenzó a dibujar compulsivamente a los 10 años. Conoció  el surrealismo  y otras corrientes que alimentaron su camino, fue amigo de grandes maestros de  la pintura del siglo XX.   A mediados  de los años 50 se reconoció en el realismo expresivo como  forma de registrar su incesante búsqueda. Desde hace décadas pinta parado, con el torso desnudo y el gesto perplejo de creador. Sus pinceladas, justas e insinuantes, nos llegan cargadas de una irradiación inquietante. Los personajes que plasma en sus lienzos son casi siempre seres cercanos a su vida: amigos, familia, compañeros pintores, amantes, niños, perros y caballos. Nunca modelos profesionales. Todo  en su pintura, ha declarado, es autobiográfico, es decir, cargado de sensualidad, memoria, esperanza en el poder vindicador del arte. Como eje temático de sus composiciones, la desmesura del cuerpo desnudo, la carne como  extrema singularidad de quien modela miradas. Más allá de la representación, Freud carga la memoria del cuerpo de sensaciones y experiencias turbadoras, se asoma a una desolación.

Cada lienzo  invita a atestiguar  la  desnudez y el silencio circundante. Uno frente a otros, uno mismo. La luz de la pintura es luz sobre la piel de las  emociones; luz que transforma  al cuerpo de quien pinta, de él asoman  las oblicuas y dolorosas presencias que nos habitan.

                 

Bacon por Freud                                                                                 Freud por Bacon

1 Comment(s) to the "Lucien Freud, pintura y memoria del cuerpo"
Gregorio Vallejo (no verificado) says:

Lucien Freud es alucinante

Enviado por Gregorio Vallejo (no verificado) el 13 Abril, 2010 - 11:43

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