Las nuevas startups mexicanas: revolución de tecnología, creatividad y riesgo
Julio Sánchez Onofre – Edición 435
Son jóvenes. Su materia prima son las tecnologías de la información y su creatividad. Pertenecen a organizaciones que experimentan con modelos de negocio y desarrollos tecnológicos a una velocidad de vértigo: ensayo y error, ensayo y error. Estos emprendedores del startup creen que la tecnología puede convertirse en la palanca del cambio y del desarrollo del país
José Rodríguez nunca sintió un dolor tan intenso como el del año pasado, cuando vio desvanecerse un contrato de 10 millones de dólares con el gobierno federal. Por presentar cotizaciones erróneas, la empresa Modebo, que Jorge dirige y fundó con Marisol Contreras y Antonio Bojorges, quedó fuera del programa Luz Sustentable.
Modebo desarrolla un sistema de monitoreo y control remoto del gasto energético en inmuebles a través de internet y dispositivos móviles como smartphones y tabletas. De haber logrado el contrato, los participantes en el programa de sustitución de focos habrían recibido sensores de consumo de energía eléctrica que prometen ahorros de al menos 30 por ciento. “Fue por falta de idea, falta de estrategia y por no saber de números”, se lamenta el empresario de 29 años. “Era un proyecto a diez años, con un par de meses de salida. Hubiéramos hecho lo que nadie en México: llevar tecnología para el uso eficiente de energía a millones de inmuebles en México”.
El equipo de Modebo forma parte de un movimiento de emprendedores que emerge con fuerza en el país. Son jóvenes creadores de proyectos que pudieran convertirse en negocio. Su materia prima son las tecnologías de la información y el talento creativo; su pan de cada día, el aprendizaje basado en el método de ensayo y error, donde no hay cabida para el miedo al fracaso.
“Startup es una organización pequeña diseñada para aprender cómo aprovechar una oportunidad del mercado. En el proceso no saben a quién le venden, no saben qué venden y ni cómo venderlo. Tampoco saben cómo construirlo, pero la organización está optimizada para aprenderlo”, explica César Salazar, socio de 500 Mexico City, subsidiaria local del fondo de capital de riesgo estadounidense 500 Startups.
Modebo lo vivió en carne propia. Con 10 millones de dólares que perdió con el contrato, la empresa habría llevado su tecnología a ciudades como Nueva York o San Francisco, y después al resto del mundo, según calcula su director general. El sueño no quedó en el olvido, aunque “ahora alcanzar este sueño nos llevará más tiempo”, dice José, quien fue reconocido por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) como uno de los diez jóvenes mexicanos más innovadores en 2013.
Ya existen empresas mexicanas de tecnologías de la información, creadas hace varias décadas como emprendimientos, que incluso ya tienen presencia internacional; es el caso de Softek, en el ramo de servicios de tecnología para la industria. Nació en Monterrey en 1982 como una pequeña industria y ahora tiene más de 8 mil empleados en todo el mundo. Grupo Naranya (2002), también de Monterrey, y Ooyala, de Guadalajara (2007), son otros ejemplos.
Pero la creación de startups tecnológicas apenas cobra fuerza en México ahora, impulsada en gran medida por una generación de “emprendedores seriales” —aquellos que fundan una empresa para venderla a una más grande, para después volver a empezar—, el aumento en la penetración de tecnologías de la información y conectividad a internet.
En todo el país ha crecido exponencialmente la celebración de eventos en formato “hackatón”, como HappyDevHouse o Startup Weekend, donde es necesario crear en pocas horas un desarrollo digital que resuelva alguna problemática de la industria, gobierno o sociedad. Iniciativas de fondeo y aceleración de empresas tecnológicas en etapa temprana —como 500 Mexico City, Wayra, de Telefónica México, o BizSpark de Microsoft— han acompañado la conformación del ecosistema de startups, observa Iván Zavala, coordinador de Tecnologías de la Información de la Fundación México-Estados Unidos para la Ciencia (Fumec).
“En 2012 pasamos de tener 13 eventos a cerrar el año con 36 encuentros”, afirma Gustavo Álvarez, director de Operaciones de Startup Weekend México, organización que promueve encuentros para desarrollar un prototipo en 54 horas, de los que el ITESO ha sido sede en dos ocasiones. “Tuvimos eventos desde Cancún hasta Tijuana. En este momento hemos tenido 28 y esperamos cerrar con 50, con miras incluso a cerrar el año con 60 eventos para emprendedores”.
Los expertos identifican un mayor desarrollo de startups enfocadas a soluciones móviles, sistemas de cómputo en la nube y análisis de datos para sectores como el financiero, el educativo, el de cuidado de la salud, el de administración de negocios y el de entretenimiento. Estos emprendimientos son considerados de alto impacto por su potencial transformador.
“No están inventando la tecnología, pero están llevándola a un mercado donde las condiciones para traer esas tecnologías no son obvias, a fin de transformar esos mercados”, comenta César Salazar, quien fundó en 2011 Mexican VC, el primer fondo de capital semilla fondeado con recursos de Silicon Valley para proyectos mexicanos, y que fue comprado por 500 Startups en 2012. Hasta el momento se carece de registros oficiales sobre el número de startups mexicanas o el efecto en su ecosistema, como la generación de riqueza o de empleos; sin embargo, las proyecciones son alentadoras. El Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), organismo de la Secretaría de Economía encargado del fomento al emprendimiento en México, proyecta que si 60 startups innovadoras y de alto impacto se convierten en grandes empresas en los próximos seis años, el PIB podrá crecer un punto porcentual. “Es un ecosistema muy nuevo con oportunidades bárbaras en México. Los estudiantes ya están buscando emprender en este sector, en lugar de buscar empleo en grandes compañías”, explica Marcus Dantus, director de Wayra México, la academia para startups de Telefónica.
La realidad es que el universo de los emprendedores de alto impacto es muy pequeño. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en México existen alrededor de 4.5 millones de pequeñas y medianas empresas que generan 52 por ciento de los 9.2 billones de pesos del PIB, y 72 por ciento del empleo en el país. El Inadem puntualiza que, de estos emprendimientos, sólo 4 por ciento es de alto impacto.
En busca de la innovación
En los últimos tres años, los avances han sido significativos en la consolidación del sistema con más inversionistas de riesgo, aceleradoras y encuentros de emprendimiento, considera Manolo Díaz, fundador en 2010 de Yogome, empresa que desarrolla juegos móviles educativos, y quien prefirió buscar en Estados Unidos las oportunidades de financiamiento y mentoría que no encontró en México.
Pero para llegar al escenario “ideal” para las start-ups todavía es necesario pavimentar buena parte del camino, y uno de los “baches” es la falta de impulso a desarrollos con mayor grado de innovación. Jorge Madrigal, creador de los “hackatones” de aplicaciones móviles Apptualízate y Ciudad Móvil, señala dos acciones urgentes para fomentar la innovación: democratizar las tecnologías y llevar las acciones de emprendimiento, hasta ahora focalizadas en las universidades privadas —como el Programa para la Gestión de la Innovación y la Tecnología del ITESO—, a las instituciones públicas de educación.
“No es una razón tecnológica, aunque lo que promuevo es el emprendimiento de tecnología, sino social. Esto tiene que permitir la movilidad social. México es un país de 120 millones de personas y tenemos que traer emprendedores de la parte socioeconómica de abajo”, comenta Madrigal, quien también es fundador y director de Aventura Capital. “Ya vi 400 veces la misma idea: los archivos médicos, expediente médico electrónico, e-commerce, marketing móvil, salud… todas son iguales. Me gustaría ver más gente tratando de emprender tecnología sin importar el fondeo, y yo me concentraría más en las universidades públicas”, sentencia.
Para Rogelio Martínez, cofundador del fondo de inversión de Grupo Naranya —especializado en desarrollos móviles—, la repetición de ideas exitosas provenientes de Estados Unidos y su adaptación al mercado mexicano también forma parte de la evolución del movimiento, que cambiará tan pronto los emprendedores se enfoquen en resolver “los problemas que le duelen a la sociedad mexicana”.
Aumentar las inversiones de alto riesgo
Todos coinciden: en México hay inversionistas y hay dinero. Tan sólo en la Asociación Mexicana de Capital Privado (Amexcap) existen 43 fondos de capital privado y emprendedor que administran más de 8 mil millones de dólares… Pero menos de 15 realizan inversiones de riesgo, asegura César Salazar, de 500 Mexico City.
La razón es una actitud de aversión al riesgo que prevalece en los inversionistas, explica Marcus Dantus, de Wayra México. Asegura que tener una actitud distinta ya ha dado resultados visibles en Estados Unidos: “La Asociación Nacional de Venture Capital de Estados Unidos calcula que en 30 años se ha invertido 0.5 por ciento del PIB en estas compañías, que ya generan 21 por ciento del PIB”.
César Salazar reconoce que el riesgo no es menor. Sus propios cálculos señalan que de una inversión a diez años en un portafolio de diez startups, sólo la mitad generará utilidades a los cinco años y sólo una de ellas dará retornos superiores a los montos de inversión, ya sea por la adquisición de otra empresa, por la recompra de acciones o por el mercado bursátil. “Cuando uno va a levantar capital de los inversionistas, no sólo trata de convencerlos de invertir en un proyecto, sino de invertir en toda la industria”, agrega Salazar.
Según cálculos de la Asociación Latinoamericana de Venture Capital (LAVCA), en México se registraron 21 inversiones de riesgo durante 2012, que alcanzaron los 684 millones de dólares, 49 por ciento más que los 459 millones de dólares del año pasado. Pero sólo 2 por ciento de estos recursos se invirtió en el sector de tecnologías de la información.
¿Dónde está el gobierno?
En el ecosistema de startups, el motor de crecimiento está en el sector privado, y el gobierno entra como un impulsor mediante la creación de las condiciones básicas que permitan su desarrollo, pero no es protagonista.
Enrique Jacob Rocha, presidente del Instituto Nacional del Emprendedor (Inadem), afirma que desde el gobierno se buscará impulsar el desarrollo de empresas de alto impacto mediante la transformación del sistema de incubadoras que reciben apoyo federal, para que prevalezcan las de alta tecnología.
Actualmente en el Sistema Nacional de Incubación de Empresas se tienen registradas 463 incubadoras. De ellas, 197 desarrollan negocios tradicionales, 246 de tecnología intermedia y sólo 20 se enfocan en la alta tecnología. Con el nuevo esquema, sólo se contemplarán las “Básicas” y las de “Alto Impacto”.
En la convocatoria del Fondo Pyme para 2013 se tiene una bolsa de 355.5 millones de pesos para el fortalecimiento de estas incubadoras; ahí, las de alto impacto podrán acceder a recursos de hasta 8 millones de pesos para repartirlos entre los proyectos que alberguen y las básicas contarán con apoyos de hasta 2 millones de pesos.
También se destinarán 590 millones de pesos del Fondo para la creación y el fortalecimiento de los fondos de inversión de riesgo, conforme esquemas de inversión conjunta. “Agregamos a la mesa subsidios con los que no distorsionamos el mercado, pues se trata de una industria liderada por los privados y por el movimiento del mercado”, agrega Adriana Tortajada, directora general de Programas de Emprendedores y Financiamiento del Inadem.
César Salazar, de 500 Mexico City, considera que estas iniciativas “son el camino correcto”, mas no la panacea, pues el principal empuje llegará cuando se genere una cultura de mayor riesgo por parte de los inversionistas y se les acompañe con asesorías, conexiones y oportunidades en el extranjero para fortalecer la red de colaboración entre las empresas nacientes y los grandes expertos en negocios y tecnología.
“La gente quiere encontrar el Facebook mexicano, pero nadie está dispuesto a invertir en el tipo que está en su dormitorio, creando una red social, sin tener idea de cómo va a generar dinero, que es cuando realmente se crea la historia de éxito”, asegura. “Cuando el Mesías está ahí, nadie cree que es el Mesías. Nadie lo sabe. Probablemente nosotros ya invertimos en esa persona. Yo tengo que creer que es probable que en una de las 30 inversiones que ya hicimos, lo hayamos encontrado; pero nadie lo sabe… Ni siquiera esa persona lo sabe”. m