La paradoja ignaciana

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La paradoja ignaciana

– Edición 410

La espiritualidad de San Ignacio puede definirse por sus propuestas contradictorias: entre la acción y la contemplación, la responsabilidad humana y la confianza en Dios, la indiferencia y el esfuerzo.

Podríamos definir el carisma ignaciano como paradójico. No es esto o aquello, sino esto y aquello. Si buscamos en un diccionario la definición de paradoja, encontraremos que se trata de “la figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que envuelven cierta contradicción”. Por ejemplo, podemos decir como cristianos que es paradójico que Dios, el Omnipotente y Absoluto, decida encarnarse y quiera compartir la condición humana, que es frágil, relativa y contingente. Esto parece una contradicción, una antinomia. De igual manera, la identidad propia de Ignacio de Loyola, su espiritualidad, su manera de concebir y de actuar en el mundo, sólo se entienden desde la lógica de la paradoja. Se puede profundizar desde esta lógica; de lo contrario, correremos el riesgo de vivirla de manera parcial y polarizada. Sin embargo, estamos invitados a experimentarla a partir de la integración de las partes que la conforman, con toda la complejidad y la tensión que esto supone. Veamos ahora tres expresiones clásicas de esta paradoja ignaciana.

a) La espiritualidad ignaciana es contemplativa en la acción

Ignacio está convencido de la acción de Dios en este mundo. Él trabaja y habita en toda la realidad (la naturaleza, el hombre, la historia). Este Dios, que es Creador y Señor, puede ser “descubierto”, por medio de la fe, en todos los acontecimientos, en la vida diaria, en todo lo que hacemos. Mediante esta visión Ignacio rompe con esquemas dualistas (profano-sagrado, natural-sobrenatural, mundo-Dios), al mismo tiempo que propone ser contemplativos en la acción: expresión que nos ayuda a superar las polarizaciones en nuestra vivencia religiosa que, como humanos, tendemos a construir: ocuparnos de lo “espiritual” desvinculados de los problemas y retos del mundo actual (injusticia, pobreza, corrupción, entre otros); o, por el contrario, caer en un mero activismo irreflexivo que “saca” a Dios de la historia. Se trata, pues, de “ver a Dios en todas las cosas”, experiencia profunda que nos posibilita ofrecer una respuesta transformadora de realidades, vivencia de un Amor incondicional que invita a poner todas las capacidades al servicio de los demás.

b) Actúa como si todo dependiera de ti, confía como si todo dependiera de Dios

Este principio nos enfrenta con ciertas maneras de proceder en la vida. Hay ocasiones en que tendemos a “dejarle todo a Dios”, cruzándonos de brazos; o bien, adoptamos actitudes voluntaristas con las que intentamos atribuirnos todo, por méritos, esfuerzos. Sin embargo, el sentido de esta máxima ignaciana nos ubica, por una parte, desde nuestra responsabilidad histórica, para poner todo lo que está de nuestra parte, sabiendo que en última instancia las cosas más valiosas de la vida son gratuitas. Dios no nos suplanta sino que actúa a través de nosotros. Actúa como si todo dependiera de ti, confía como si todo dependiera de Dios: principio ignaciano que nos remite a lo que alguna vez dijo Ernst Bloch: “Sean ustedes hombres, y Dios será Dios”.

c) Entre la indiferencia y el magis

Aquí entran en tensión dos términos. Por un lado, la indiferencia ignaciana que hace referencia a un proceso en donde todo es relativo en relación con Dios: Él es el único Absoluto. Por otra parte, el término magis tiene que ver con la búsqueda constante de lo mejor, de “la mayor gloria de Dios”. Ambos términos aparecen en el “Principio y Fundamento ignaciano” (Ejercicios Espirituales 23). Este texto expresa que el hombre es creado por y para Dios usando tanto cuanto de la creación; en este sentido, todas las cosas son medios para que el hombre se realice, para que alcance el fin para el que fue creado por Dios.

Ambos términos, indiferencia y magis, en su relación expresan una profunda libertad frente a las “cosas”, “personas”, “lugares”, “experiencia”, para desear y elegir solamente aquello que más nos conduce al fin para el que fuimos creados.

En definitiva, cuando esta paradoja se vive con fuerza, surge un estilo peculiar de relacionarnos con el mundo, de pensar y vivir, una mística de la encarnación que une lo divino con lo humano. m.

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MAGIS, año LVII, No. 488, julio-agosto 2022, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de julio de 2022.

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