Experimentos pensados

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Experimentos pensados

– Edición 509

Representación gráfica de la paradoja de Schörindger. Foto: Wikimedia Commons.

Schrödinger elucubró el más célebre de los así llamados Gedankenexperiments para de una vez por todas resolver lo que él consideraba “un gran embrollo”. El ejercicio en cuestión se conoce como el gato de Schrödinger

A 2025 lo nombraron Año Internacional de la Ciencia y la Tecnología Cuánticas para celebrar que hace un siglo el físico austriaco Erwin Schrödinger elaboró un esquema para explicar la teoría cuántica, al que se le conoce como mecánica ondulatoria, en un intento por esclarecer por qué los electrones “brincarían” de un lugar a otro, sin ocupar ni cruzar el espacio intermedio, a partir del argumento de que las partículas que conforman el átomo tienen propiedades mecánicas.

Luego, a inicios de 1927, se organizó en la ciudad de Bruselas el afamado Consejo Internacional de Física y Química Solvay, que terminó con el surgimiento de lo que se llamaría después interpretación de Copenhague, que enuncia las características principales de la mecánica cuántica oficial, al ofrecer una explicación de la materia y la energía muy contraria al sentido común, abismalmente distante de aquella antigua idea de que el universo era una especie de “mecanismo de relojería”. El patriarca de la física, Albert Einstein, nunca estuvo de acuerdo con ello y dedicó los últimos veinte años de su vida a buscar una alternativa afín a sus convicciones científicas, a su intuición acerca de cómo debe ser la realidad, mientras lanzaba a sus adversarios intelectuales (en especial a Niels Bohr) intrincados “experimentos pensados”, o Gedankenexperiment (simbiosis germánica de Gedanke: pensamiento y experiment: experimento), rigurosos ejercicios de imaginación informada.

Hacia 1935, Schrödinger elucubró el más célebre de los Gedankenexperiments para de una vez por todas resolver lo que él consideraba “un gran embrollo”. El ejercicio en cuestión se conoce como el gato de Schrödinger: imaginemos que colocamos un gato vivo en el interior de una caja, junto a una muestra radiactiva unida a un contador Geiger que, a su vez, estuviera conectado a un martillo habilitado para romper el contenedor de la muestra radiactiva. Bastaría abrir la caja para provocar que el mecanismo entrara en acción y el gato muriera de inmediato. Pero si nos aguantamos las ganas de echar un vistazo, en el transcurso de una hora las probabilidades de que la muestra radiactiva accionara el contador Geiger serían de cincuenta por ciento y entonces el gato se convirtiera en un mártir de la mecánica cuántica. Y también las probabilidades de que el gato sobreviviera a semejante experimento serían de cincuenta por ciento; de acuerdo con la interpretación de Copenhague… mientras tanto, el gato estaría en dos estados simultáneamente: vivo y muerto.

Con este experimento pensado, Schrödinger intentó ridiculizar a Bohr y a Heisenberg, y de paso ganar la batalla acerca de las implicaciones físicas y filosóficas de la mecánica cuántica. Sin embargo, los más refinados experimentos de laboratorio llevados a cabo desde los años ochenta, junto con gran cantidad de evidencias experimentales obtenidas en las últimas décadas, corroboraron que el Gedankenexperiment de Schrödinger efectivamente ocurre en la naturaleza. Que si un gato pudiera considerarse un electrón y funcionara como tal, podría caer en una superposición de estados: podría estar vivo/muerto. Es decir, involuntariamente Schrödinger dio la razón a sus rivales intelectuales y se colocó en una situación propia de la mecánica cuántica, al quedar en dos estados simultáneos; como ganador (su imaginación acertó en el comportamiento de la naturaleza en el mundo subatómico) y como perdedor (sus críticas a la mecánica cuántica quedaron descartadas).

Tal vez la mejor de las síntesis de estas luchas se la debemos al propio Niels Bohr: “Es un error pensar que la tarea de la física sea descubrir cómo es la naturaleza. La física se ocupa de lo que podemos decir sobre la naturaleza”.

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MAGIS, año LXI, No. 509, enero de 2026, es una publicación electrónica mensual editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A. C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: José Israel Carranza Ramírez. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Édgar Velasco, 1 de enero de 2026.

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