Cuestión de excesos

Cuestión de excesos

– Edición 431

En las últimas décadas la comunidad científica ha puesto el ojo en el medio ambiente: asuntos como el calentamiento global o el uso de fuentes renovables de energía son atendidos urgentemente para buscar soluciones eficientes y menos contaminantes, económicamente viables, socialmente aceptables y ecológicamente racionales, porque la amenaza de un colapso parece ser cada vez más real.

La idea del fin del mundo es tan antigua como el miedo. Pero en aquellos finales imaginados las causas eran incontrolables para la humanidad: erupciones volcánicas que incinerarían todo a su paso, océanos desbordados, pandemias lacerantes, asteroides o cometas que habrían de impactar a la Tierra. A partir de los años sesenta del siglo xx, los temores se transformaron con la publicación de Primavera silenciosa, de la zoóloga estadunidense Rachel Carson: la humanidad misma se convirtió en el villano potencial para llevar a nuestro mundo a su fin o —siendo más precisos— para contribuir significativamente a la extinción de nuestra especie sobre la faz de la Tierra, a causa de nuestro comportamiento negligente: la contaminación del aire, el agua y los suelos, la deforestación masiva, el despilfarro de energía y de alimentos, el crecimiento acelerado de la población…

El planeta dejó de parecernos un manantial infinito y se nos reveló como un enfermo más o menos moribundo.

Por eso en las últimas décadas la comunidad científica ha puesto el ojo en el medio ambiente: asuntos como el calentamiento global o el uso de fuentes renovables de energía son atendidos urgentemente para buscar soluciones eficientes y menos contaminantes, económicamente viables, socialmente aceptables y ecológicamente racionales (aunque todavía sin éxito rotundo), porque la amenaza de un colapso parece ser cada vez más real. Ya hace unos años, el versátil científico estadunidense Jared Diamond sugirió las razones básicas por las que las sociedades del pasado se extinguieron —interesante manual de instrucciones para construir el futuro—, y el factor común de todas ellas es el manejo incorrecto de los recursos naturales.

Quizás la humanidad no represente una amenaza seria para la longevidad de este planeta que tanto nos ha soportado durante 4 mil 500 millones de años, pero sí podemos ser un riesgo para nosotros mismos. Octavio Paz lo advirtió: “Nuestro irreflexivo culto al progreso y los avances mismos de nuestra lucha por dominar la naturaleza se han convertido en una carrera suicida. En el momento en el que comenzamos a descifrar los secretos de las galaxias y de las partículas atómicas, los enigmas de la biología molecular y los del origen de la vida, hemos herido en su centro a la naturaleza. Por esto, cualesquiera que sean las formas de organización política y social que adopten las naciones, la cuestión más inmediata y apremiante es la supervivencia del medio natural. Defender a la naturaleza es defender a los hombres”. m

 

Para leer

:: Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen, de Jared Diamond (Debate, 2006).

:: Primavera silenciosa, de Rachel Carson (Crítica, 2010).

:: La economía azul, de Gunter Pauli (Tusquets, 2011).

En la web

:: ¿Cuánto de los recursos naturales necesitamos realmente para subsistir?

Herramienta electrónica para calcular la huella ecológica.

:: Conferencia People and Planet, del científico británico David Attenborough.

MAGIS, año LVIII, No. 490, noviembre-diciembre 2022, es una publicación electrónica bimestral editada por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, A.C. (ITESO), Periférico Sur Manuel Gómez Morín 8585, Col. ITESO, Tlaquepaque, Jal., México, C.P. 45604, tel. + 52 (33) 3669-3486. Editor responsable: Humberto Orozco Barba. Reserva de Derechos al Uso Exclusivo No. 04-2018-012310293000-203, ISSN: 2594-0872, ambos otorgados por el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Responsable de la última actualización de este número: Edgar Velasco, 1 de noviembre de 2022.

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