El judoka refugiado en Río de Janeiro: del Congo a las Olimpiadas

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El judoka refugiado en Río de Janeiro: del Congo a las Olimpiadas

Mientras crecía como huérfano en la República Democrática del Congo, un país convulsionado por la guerra, Popole Misenga nunca imaginó que competiría en los Juegos Olímpicos de su ciudad adoptiva, Río de Janeiro, y mucho menos que lo haría como parte del nuevo equipo de refugiados. Pero este 5 de agosto de 2016, el luchador de judo habrá marchado con otros nueve refugiados de Siria, Sudán del Sur, Etiopía y su país natal, en la ceremonia de apertura, para competir junto a ellos con la bandera olímpica.

“Nunca esperé esto”, ha dicho Misenga en el barrio pobre de Río donde entrena. “En el Congo hay mucha violencia, mucha guerra, mucha confusión… Decidí permanecer en Brasil para encontrar una vida mejor”.

Misenga llegó a este país en 2013 para un campeonato de judo. El viaje fue una oportunidad para dejar atrás su tierra, donde décadas de guerra han costado millones de vidas. Su propia madre murió cuando él tenía ocho años de edad.

Al lado de su compatriota Yolanda Mabika, quien también competirá en judo como parte del equipo olímpico de refugiados, Misenga abandonó el hotel donde se alojaban. Sin conocer a nadie y sin hablar portugués, pasó un tiempo viviendo en las calles antes de encontrar albergue con una pequeña comunidad congolesa en una favela, en el norte de Río.

Luego de sobrevivir prestando sus servicios a los vecinos y gracias a trabajos ocasionales, Misenga se las arregló para registrarse como refugiado y retomó la práctica del judo, deporte que había aprendido como parte de un programa para huérfanos en el Congo.

Hoy tiene una esposa brasileña, Fabiana, y un pequeño hijo. Aún le cuesta un poco de trabajo el portugués, pero afirma que Brasil es ahora su casa.

“He encontrado una buena vida aquí y estoy feliz de haberme quedado”, ha dicho, aunque admite que a veces sueña con retornar al Congo.

Para el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, Misenga y sus compañeros de equipo conseguirán que se incremente la atención sobre la crisis de los refugiados. La Organización de las Naciones Unidas estima que hay más de 60 millones de desplazados a la fuerza alrededor del mundo, y que la tercera parte es de refugiados.

“Estos atletas refugiados mostrarán al mundo que, a pesar de las tragedias inimaginables que han enfrentado, cualquiera puede contribuir a la sociedad gracias a su talento, a sus habilidades y a la fuerza del espíritu humano”, ha dicho Bach. m.

Texto: Pilar Olivares

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