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Productivos… y en pijama

Para algunos, el estereotipo del licenciado con traje y maletín en una gran oficina como símbolo de ascenso, está cambiando. Con el trabajo a distancia muchos profesionistas cumplen con sus funciones desde casa y en pijama.

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La fotografía que aparece en el Facebook me conmueve: una niñita de no más de cuatro años imita frente al televisor los pasos de baile de un video de Michael Jackson. La imagen la tomó su papá, Óscar, quien se dio una escapadita del trabajo para captar el momento y compartirlo en la red social.

Se siente afortunado en comparación con otros padres, porque hasta ahora él ha podido atestiguar todos los eventos importantes en la vida de Iken. Óscar Martínez es profesor virtual y forma parte de una modalidad de empleo en crecimiento: el trabajo a distancia (o teletrabajo), esquema en el que las personas realizan desde casa, o en cualquier otro lugar, lo que normalmente harían en las instalaciones de una empresa.

Óscar adapta su labor para cuidar a Iken. Ésa es una de las cosas que más le gustan de trabajar a distancia: “El que mi hija sienta la presencia de su papá en casa es muy importante. Aunque sabe que tengo mi espacio de trabajo, también sabe que cuenta con mi disposición de salir por la tarde por un helado, lo que sin duda fomenta las relaciones; algo que tal vez no ocurriría si me fuera por la mañana y no la volviera a ver hasta en la noche”.

El también llamado Home Office llegó para quedarse. La empresa belga Regus, proveedora de oficinas virtuales, calcula que para 2013, tres de cada 10 trabajadores en el mundo serán móviles.

Ésta es una modalidad de trabajo prácticamente nueva —se comenzó a acuñar en los años setenta— que debe su éxito al desarrollo de las telecomunicaciones, aunque las discusiones sobre su impacto social continúan. En México, por ejemplo, la Ley Federal del Trabajo no contempla el empleo a distancia, por lo que las personas que eligen esta modalidad están desamparadas legalmente. Otro vacío, en consecuencia, es que no existen estadísticas oficiales.

En Estados Unidos hay cerca de 10 millones de trabajadores a distancia con un contrato fijo, aunque la cifra se triplicaría si tomamos en cuenta a los que no lo tienen; en 2007 se calculaba que en América Latina había 9.3 millones de laborantes remotos, según datos del investigador Cristián Salazar, de la Universidad Austral de Chile, estadística que no distingue a los contratados de los independientes o freelance.

Con los años, los números aumentarán. Aun así, ni todas las empresas ni todos los profesionistas son aptos para esta modalidad de empleo. Alejandro Valdez, analista de telecomunicaciones de idc en México, firma de inteligencia, servicios de consultoría y conferencias para los mercados de Tecnologías de la Información, explica que hay industrias en las que es necesario el contacto humano, y que todas aquellas que quieran tener empleados remotos deben dotarse de tecnología.

Las empresas que utilizan esta forma de empleo se congregan en áreas urbanas, ya que este tipo de trabajo depende directamente del servicio de banda ancha.

En cuanto al perfil del trabajador, explicó Valdez, se tiene que seleccionar al talento humano con la suficiente madurez psicológica y profesional para trabajar por objetivos y que no requiera supervisión constante.

El futuro no pinta mal. La Organización Internacional del Trabajo publicó el libro Offshoring and Working Conditions in Remote Work (La deslocalización y las condiciones laborales en el trabajo a distancia), en el que asegura que el Home Office está generando empleos de calidad razonable. Óscar, por ejemplo, tiene un contrato con un paquete de prestaciones como el de cualquier otro profesor, aunque, claro, los maestros presenciales no tienen que pagar luz, internet ni teléfono para realizar su trabajo.

El problema de México es que, dadas las condiciones laborales de los trabajadores, primero hay que discutir otros aspectos de los derechos de los trabajadores —como el outsourcing o la subcontratación, esquema cada vez más habitual a pesar de estar prohibido por la ley— antes de llegar al teletrabajo.

Aunque es cierto que ayudaría que el trabajo a distancia tuviera un apartado en la legislación, como sí sucede en Chile, donde se consideran accidentes de trabajo aquellos percances que el trabajador sufra en casa, es más imperiosa una ley justa para todos los empleados.

México es uno de los lugares del mundo con las peores condiciones para los asalariados, explica el maestro Enrique Larios Díaz, abogado litigante y presidente del Colegio de Profesores de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

El país tiene uno de los índices de salario mínimo más bajos del mundo, un sistema de pensiones castigado, obligaciones tributarias onerosas y complicadas, además de una política patronal que deja vulnerable al empleado. En general, las empresas están expidiendo contratos cada vez más reducidos, no sólo para quienes laboran a distancia.

El Sindicato de Teletrabajadores de Argentina recomienda que los contratos de los trabajadores a distancia incluyan un pago extra por los servicios (como internet, luz, teléfono, etc.) y que se estipule una cantidad máxima de horas de trabajo.

 

Trabajo en soledad

En mayo de 2009, cuando se decretó el plan de contingencia por la Influenza AH1N1, Fernanda Carrasco trabajaba de tiempo completo como diseñadora en una editorial. Durante esos días fue necesario que los empleados laboraran desde casa y a ella le gustó no tener que desplazarse y poder coordinar los horarios a su gusto. (Otra de las ventajas del empleo remoto es que se reducen las emisiones contaminantes de los autos).

Fernanda intentó que los directivos mantuvieran el esquema de trabajo a distancia. Propuso una modalidad híbrida, en la que sí fuera a la oficina, pero no todos los días. La diseñadora no sólo obtuvo la negativa de sus jefes, sino que impusieron un reloj checador: “Si llegabas tarde, te descontaban el día”.

Entonces renunció. Otra editorial la contrató para trabajar a distancia con el mismo sueldo, pero sin prestaciones. Aun así sus ingresos mejoraron porque administra su tiempo para hacer proyectos como freelance.

Aunque está feliz de trabajar desde casa, porque tiene la libertad de organizarse como quiera y se siente más creativa, recuerda que una tarde, cuando estaba a punto de salir a comprar un café, tuvo miedo: tendría que hablar con el dependiente, él le preguntaría por qué va tantas veces al local y ella no sabría cómo contestar. Por un momento, Fernanda pensó en no salir.

En algunos casos, el aislamiento puede provocar que las personas se vuelvan menos empáticas, poco tolerantes y agresivas. “La Federación Mundial de Salud Mental está preocupada por dos patologías: la depresión y la esquizofrenia, la segunda tiene mucho qué ver con la soledad”, explica la doctora María Eugenia Patlán, del Instituto de Investigación en Psicología Clínica y Social. Al no tener que acudir a una oficina, las personas que trabajan desde casa pierden contacto humano.

El esquema laboral que recomienda Patlán es el “híbrido” —trabajar desde casa pero asistir algunos días a la oficina—, pues estimula la comunicación, evita el aislamiento y da sentido de pertenencia de los trabajadores hacia la empresa. 

De esta forma trabaja Gabriela Martínez, ejecutiva en un banco. Normalmente sólo necesita una computadora, conexión a internet, un teléfono y un dispositivo para acceder a los programas de su empresa, para monitorear algunos servicios ofrecidos a grandes cadenas hoteleras, aunque tiene que acudir a la oficina varias veces por semana.

Cuando le pregunto si alguna vez ha pensado mudar definitivamente su trabajo a casa, me contesta rotundamente que no: “¿Sabes qué pasa? A mí me gusta ir a la oficina, saludar a mis compañeros, ir a la cafetería. Si trabajo en mi casa, ando en pijama todo el día; a mí me gusta arreglarme para que me vean”.

Hace tres años, cuando ingresó a la nómina del banco, le parecía increíble poder cumplir con sus obligaciones sin necesidad de salir de casa. La fantasía se rompió cuando se dio cuenta de que, literalmente, todo el día lo dedicaba a trabajar: “No me daba abasto porque prendía la computadora, lavaba, planchaba, hacía de comer, salía, corría, y seguía trabajando hasta las 10 de la noche”.

Éste es otro de los riesgos que Eugenia Patlán observa en el Home Office: si el empleado no se organiza, la frontera entre el descanso y el trabajo se diluye. Un estudio de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos reveló que las personas que trabajan en casa laboran dos horas más que sus similares oficinistas.

Gaby se siente cómoda con su forma de trabajo. Ahora está embarazada y considera que trabajar algunos días desde casa le beneficiará en su nuevo rol de mamá.

 

Date a ti mismo lo que no te provee el Estado

Martin, mitad austriaco, mitad español, trabajaba desde casa como programador web en España. Un día conoció a una tapatía, se enamoró, y como en las buenas historias de amor, empacó sus computadoras y se fue a vivir a Guadalajara sin perder su fuente de ingresos.

Llegó a México a mediados de julio de 2010  y ha tenido que cambiar sus horarios laborales, ya que entre Guadalajara y Europa hay siete horas de diferencia. Él solía arreglar asuntos durante el día y producir en la noche —por aquello de la inspiración—; en México tiene que levantarse muy temprano si necesita comunicarse con gente de España.

Al igual que Fernanda Carrasco, Martin no cuenta con ningún tipo de prestación laboral. Cuando les pregunté cómo hacen para paliar la desprotección laboral, sus respuestas fueron sutilmente diferentes. Ella me dijo que las prestaciones que tenía en la editorial son fáciles de sustituir, sin especificarme cómo; Martin, por el contrario, tiene un seguro de vida y un fondo de ahorro para el retiro: “Obviamente me tengo que ocupar yo de lo que no me da el Estado, pero no lo veo como una desventaja, al contrario; así yo controlo mi dinero, de otra forma tú no sabes cómo se administra”.

Eugenia Patlán insiste en que un trabajador con un contrato reducido debe ser más precavido que uno que tiene todas las prestaciones de ley. El abogado Larios Díaz es más directo: “Tienen que ahorrar… aunque no sé de dónde porque generalmente los mexicanos vivimos al día. Que ahorren, aunque sea suspiros”. m.

El caso ACS

La empresa de Javier Carreto Mares es un concepto, no un edificio. Él fundó Agency of Communication Services (ACS) hace cuatro años y desde un principio la pensó para que funcionara digitalmente. Dicha organización ofrece servicio de relaciones públicas a empresas de tecnología de todo el mundo.

“Para mí es un modelo muy rentable porque lo que mis clientes necesitan es pagar el verdadero valor agregado, que es el conocimiento, y no los costos ocultos como son renta, luz, agua”.

Para echar a andar su negocio se equipó con software, sistemas de comunicación móvil con llamadas internacionales, un servidor en su casa y otro que renta por si falla el primero.

Tiene cuatro empleadas, todas mujeres con hijos, a las que dotó de una netbook, teléfono inteligente y línea telefónica: “Yo contrato personas que ya tengan todo el conocimiento de cómo se trabaja remotamente, que conozcan bien el negocio y la logística. Sí tienen que estar más capacitadas que otros”.

Por los costos que implica contratarlas conforme el esquema tradicional de nómina, Javier les arma un contrato propio en el que les incluye un seguro de gastos médicos mayores para ellas y sus hijos, y algunos incentivos: viajes según productividad, organiza lo que él llama Fiesta de los Niños, entre otros.

Una de las cosas que a este empresario le preocupan es estimular la comunicación con sus empleadas: “En ningún momento puedes descuidar la parte de la comunicación física, simplemente ver a la persona te refleja cosas, si luce cansada, si está muy delgada; todo eso tiene que tomarse en cuenta”.

Considera que los pequeños y medianos empresarios mexicanos no están muy abiertos al trabajo a distancia, en primer lugar, porque algunos no dominan las tecnologías necesarias, y, segundo, porque se tiene una idea errónea de la productividad: “Los directivos creen que si no ven a las personas sentadas en la oficina, no están haciendo nada. Yo creo que la productividad se pierde más dentro de la oficina que fuera de ella”.

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